Clara sostuvo con fuerza su caja. Había vaciado completamente su escritorio y se había despedido de sus compañeros de trabajo. Su renuncia había tomado por sorpresa todo el hotel, menos a Giovanni, quien ni siquiera se había dignado a despedirla o a decir algo, aunque claro, cualquier cosa que tuvieran para decirse ya había quedado más que dicha durante su última conversación. Miró las cosas en su caja mientras en aquella parada de autobus pensaba en el giro que había dado todo. Se sentía debil, y se cuestionaba lo ilusa que había sido pensando en que podría competir con una mujer como Lorraine. Miró su pluma color dorada y las iniciales que tenía de Giovanni impresas en ellas, acarició aquellas siglas sintiendo un nudo en la garganta. ¿Cómo era posible que lo hubiera perdido en unos

