No había mujer más insistente que Noelle Laurent. No existía pero que valiera, ni tampoco argumentó que la hiciera retroceder. El culpable de su actuar era su marido quien se encargaba de cumplir cada uno de sus caprichos y es que no había nada que la mujer hubiera deseado y que él no le hubiese dado, pues ella le había dado a lo que más amaba y no pensaba que existiera regalo excéntrico que compensará el hecho de que era la madre de su hija, sin embargo, esta vez Antoine quería ahorcarla, especialmente cuando sus ojos verdosos se toparon con los azulados de Giovanni quien no tardó más de hora y media en llegar. —Debiste negarte. —Me gustaría escucharte persuadir a tu madre. Lorraine no pudo argumentar nada, mucho más cuando ella conocía lo persuasiva que podía ser su madre. La fra

