Mi sonrisa se esfuma, mi uva vejiga inició su cuenta regresiva para detonarse, por lo que corrí rápidamente al baño, cerrando la puerta de mi habitación en el trayecto.
En la ducha, mientras el agua caliente caía desenfrenadamente sobre mí, relajando cada músculo de mi anatomía.
Mi cabeza dio mil vueltas en la respuesta de Trey.
Él estaba en el grupo de apoyo por depresión.
Nunca me imaginé que alguien como Trey llegará a tener síntomas depresivos. Pero la verdad es que no se puede determinar si estás deprimido basado en tu aspecto.
¿Estará estable? Era la pregunta que revolvía mis sesos.
Al salir con mi poderosa bata de baño rosa, tarareaba una canción pegajosa de algún comercial. Estaba por quitarme la bata cuando alguien carraspeó su garganta obteniendo un sobresalto de mi parte. Apoyado en el marco de la puerta un Rey Ricura me sonreía.
—Sé buen chico y vete de mi habitación. —le eché.
Pero ni parpadeo.
—No me gustan los chicos demasiado atrevidos.
—Pero puedo gustarte yo.
—Trey, no pongas a prueba mi paciencia.
—Y si necesitas ayuda para desamarrar ese complicado nudo de tu bata.
Comentario libidinoso detectado.
—No necesitaré ayuda. Yo puedo sola. —solté con hastío.
—¿Segura? —preguntó, dando un paso adelante.
—Cien por ciento. —dije firme y alto, frenando su paso.
—Bien. Tienes quince minutos para arreglarte para el partido. —avisó y salió de mi cueva.
¿Quince minutos?
¿Qué frijoles hago en quince minutos?
Busqué desesperadamente un conjunto deportivo, sin embargo, un vestido n***o casual me sedujo y mi gusto es débil. Me gustó lo cómodo que era, no llevaba mangas y era un tanto ajustado, pero no lo demasiado, terminaba a la mitad de mis piernas. Unas deportivas de color vino tinto complementaron mi sencillo atuendo.
Recogí mi cabello en una coleta alta, que estilizo mi rostro el cuál no llevaba marcas de maquillaje excepto por el brillo labial. Con respecto a mis accesorios, poseía un reloj en mi mano izquierda como referencia.
Sin más cogí un bolso y salí de mi habitación para encontrarme con un Trey revisándome con sus intensos ojos. Sentí hormigas en el estómago. ¿No eran mariposas?
—Te ves demasiado bien.
—Tu tampoco te ves nada mal. —le repuse con una sonrisa.
Su atuendo era deportivo pero la franelilla se le ajustaba como segunda piel, trastornaba mi sexy imaginación.
Le quite la gorra juguetonamente para colocármela y esquivarlo para volver a tener sanos pensamientos.
—Vamos o llegaros tarde, Trey.
Cruce la puerta sintiendo sus pasos siguiéndome y el presentimiento de que la noche se podría interesante.
Cuando llegamos a la ostentosa cancha, era gigantesca, me sentía como las hormigas que habitaban en mi estómago. Todos saludaron a Trey. Me dio la impresión de que era muy popular por aquí. Supuse que era un aficionado más a tal deporte.
Al igual que ustedes pensé que nos sentaríamos en las gradas, aunque me sorprendió cuando nos dirigimos a los asientos VIP cuyo espacio era muy exclusivo y reducido en cuando a personas, y la vista a la cancha era excelente.
No nos habíamos adentrado y ya se acercaban las personas a Rey Ricura, sentí su mano en mi espalda para guiarme a nuestros puestos y efectivamente nos sentamos.
—¿Te gusta el básquet? —miraba a la vacía cancha que esperaba a los jugadores.
Oh, conque era un partido de baloncesto.
Visualice la gran cantidad de personas en el público. Vaya, los equipos deben de ser muy bueno en su liga.
—Mi tío y yo no nos perdíamos los partidos de Básquet y Béisbol que transmitían los domingos, éramos los únicos fanáticos del deporte en la familia —le conté—. A él le hubiese encantado estar aquí.
Recordé sus gritos de Euforia con cada home run y sus bailes de victoria con cada anotación.
—Así que también el Béisbol.
—Sí, pero después mi tío se mudó a Atlanta, dejé de verlos —sonreí—. Cuando nos visita solemos ver algunos.
—Tu tío me agrada.
Iba a seguirle la plática, pero unas voces femeninas me lo impidieron.
—Trey, hasta que llegas. —dijo la pelirroja de Ashley, soltando aire de forma exagerada.
—Eddy te va a descuartizar si no vas ahora —le siguió Tania enojada—. No estoy bromeando.
Vaya que carácter de Calamardo.
Se percata de mi presencia y rápidamente cambie su enojón semblante a uno amistoso. Ok, eso sí asusta.
—¡Hey! —saluda—, Mia ¿cierto?
—La misma, ¿Tania?
—La misma. —me respondió.
—Tania, necesito que la cuides como si de eso dependiera tu vida. —le dijo Trey seriamente a su hermana. Se refería a mí.
—¿Cómo? ¿no te quedas? —le pregunté liada.
¿Para qué me invitaba a un partido de Básquet si me iba a dejar sola a mi suerte? Y vaya que era muy mala la mencionada.
—Tengo que hacer algo primero, llámame si te sientes incomoda.
—Pero…
—Lo harás, o me enojaré ¿okey?
—Está bien. —besó mi frente para irse corriendo.
Ahora debía parecer un perrito abandonado, me senté en mi asiento de brazos cruzado, jurando no volver a aceptar una invitación de Rey Ricura.
—No te enojes, chica con estómago de cocodrilo adolorido. —habló Ashley.
Con ese mote, seguramente mi estómago debía estar orgulloso de su reputación.
—¿Conoces a Mia, Ashley?
Tania se le veía confusa, pasaba la mirada de mi a Ashley constantemente.
—Trey, la llevó a comer al Rockabilly. –soltó con simplicidad Ashley.
—¿Trey? —cuestionó aún más confundida la pelinegra.
—Lo sé. Es algo increíble.
—¿Estás hablando del mismo Trey? Es decir, del Trey que no le importa más nada que el mismo.
Chispas, eso no me lo esperaba.
Pero lo que respondió Ashley supero mis estándares.
—El mismo que ha roto el corazón de media universidad. —expresó indiferente—. Tú hermano es un ser cruel. Sin ofender.
Ok, tenía suficiente información por procesar.
1) Tania y Trey eran hermanos.
2) Trey era todo un rompe corazones, de muchos corazones en realidad.
Luego recordaron mi existencia y me sonrieron.
—Cuentéanos, ¿Qué amarre le hiciste? —esa fue Tania.
—¿Guarapo o pantaletas? —le apoyó Ashley.
La situación era chistosa.
—No le hice nada —Entrecerraron sus ojos—. Lo digo en serio.
Sospecho que me creyeron ya que cayeron rendidas en los asientos.
—Toma —me ofreció Ashley unos guantes enormes y silbatos para animar al equipo… The Dragons—. Mi nombre es Ashley y creo que nos llevaremos muy, demasiado bien.
Desde que la vi me agradó, le apreté la mano sonriente.
—Mia, y concuerdo contigo.
Las luces se apagaron y los llamativos reflectores hicieron su aparición. Y el partido empezaría sin Trey. Genial.
Las bocinas emitieron una voz de un locutor.
—Buenas Noches, residentes de Houston, Bienvenidos a la legendaria batalla del siglo, está noche marcará la historia del baloncesto. Dos grandes equipos. Un solo ganador. Nuestro primer contrincante es un equipo que aniquila a su paso, con ustedes los The Monsters.
El público se enfureció.
Los The Monsters eran exageradamente altos. Literal, verlos a la cara seria como hablar con el techo. Y ni hablar de sus atléticos cuerpos. Los The Monsters eran justamente eso, Monstruos.
Su presencia en el campo de juego enloqueció a las gradas, las chicas gritaban más que piropos.
—¡Rinocerontes con asteroides! —vociferó con repugnancia Ashley, la miré perpleja—. ¿Qué?
—Ellos tienen pinta de ser unos oponentes letales, Ashley.
—Cariño, The Dragons los dejarán hecho añicos. —hubo seguridad en lo que dijo.
—Por últimos, pero mucho menos importante, Los The Dragons. —presentó el narrador.
Los nombrados se hicieron presentes en la cancha y con ellos los gritos de los aficionados aumentaron drásticamente. Los chicos tenían una estatura lejana a la estándar y su fornida anatomía dejaban muy en claro que podían triturar cualquier cosa.
—Pero vienen con un arma letal, su mejor jugador, su capitán ha vuelto en busca de triunfo…—volvió a hablar el narrador, que era dramático.
Y Trey perdiéndose todo el espectáculo.
—Trey, ¿en dónde está? —le grité dentro del bullicio a Tania.
—Allá. —apuntó a la cancha.
Mi mirada buscó en su dirección.
—…Con ustedes el semental Trey Lifford o mejor conocido como el legendario Starboy. —avisa. Con eso el narrador aloco al público, pero la aparición de Trey en la cancha me dejó atónita.