Con la cabeza un poco más despejada y tranquila, comencé a observar el club, en especial el sofá rojo del centro. Me decepcioné al no ver a Dante… Lo único que pude ver fue como unos tipos comenzaron a mirarme con lascivia. Rodé los ojos, me puse de pie y salí del club con poco ánimo. No quería irme, pero ya estaba de mal humor y lo último que quería era aguantar miradas hambrientas como tuve que hacerlo gran parte de mi asquerosa vida. Salí del bar y comencé a caminar distraídamente por la vereda. —¡Fiamma! —gritó una voz masculina. Me volteé y me encontré con los ojos celestes de Benjamín, quien trotaba hacia mí. —Benja… Hola —lo saludé nerviosa en cuanto se paró frente a mí, muy cerca. —¿Dónde has estado? Llamé muchas veces a la puerta de tu apartamento cuando veía que los Gonzáles

