Capítulo 7. Los esponsales y carteles…

4170 Palabras
Para finalizar ese domingo, en horas de la tarde Marie volvió a practicar la subida de las escaleras con su marido, quien se sintió bien, no le afectó para nada. Estuvo un rato con ella en la recámara matrimonial y luego bajaron a la habitación que él ocupaba en la planta baja de la casa. Ella se recostó junto a él, él estaba acotados de lado y ella boca arriba, lo que le daba la oportunidad de acariciar el rostro de él, besarlo muy suavemente y percibir que no tenía problema alguno para amarla. Ella segura que con estos cambios ya no seguiría pensando en su joven jefe, se sintió tranquila y hasta feliz con Leo. Esa noche volvió a dormir con él, sintiendo el calor de su cuerpo en el de ella; con unas ganas inmensas de que él le hiciera el amor. No obstante, ella misma fue quien puso la condición de esperar, hasta estar seguros que no habría problema. En la madrugada, se despertó agitada, pues, veía cómo su esposo la abandona porque se había enterado que ella tenía algo con su jefe. Esta agitación que sintió, despertó a su marido, quien le preguntaba… -      ¿Qué pasa mi amor? -      Ella… solo fue una pesadilla -      El… es raro, nunca desde que estamos casados me has dicho que soñaste algo -      Ella… sí, es cierto, pero con razón, si los sueños se convierten en pesadillas demasiado reales, prefiero no soñar. -      El… ¿qué soñaste? -      Ella… que tú me abandonas… y le dio un puño en su brazo… -      El, riendo… tú lo has dicho fue una pesadilla, porque solo así sería capaz de abandonarte, eso no lo voy a hacer nunca, te lo prometo… anda  ven duérmete en mis brazos… -      Ella… abrázame por favor, muy fuerte… -      El… ven mi chiquita. Cumpliendo lo que ella le pedía, la abrazo y la pegó fuertemente a su cuerpo…   para que ella lo sintiera total y plenamente… Así si volvieron a quedar dormidos. Al siguiente día, Marie, se levantó tarde, para ir al trabajo, así que subió rápido a su habitación, se duchó, vistió y metió en su bolsa, uno de los estuches de cosméticos para maquillarse en su oficina, era la primera vez, que esto ocurría, pero no le quedaba de otra. Bajo y solo se bebió un jugo, Leo preocupado porque se iba sin desayunar, con el cabello suelto, que la hacía ver más juvenil, además de estar muy nerviosa por la hora, el para que no manejara en esas condiciones, le ofreció llevarla, lo cual acepto. Así que el de inmediato llamo al chofer, le solicitó que preparara el coche porque iban a llevar a la señora a su trabajo. En el camino, Marie desayuno en el vehículo, para Leo eso era lo más importante, lo de su apariencia, para él estaba demás porque ella era muy bella al natural y no necesitaba absolutamente nada. Ella incómoda porque sentía sus dientes sucios, se tranquilizó cuando su esposo le dijo que no se veían así. Como Marie insistía en sus dientes sucios, el, la beso profundamente para quitarle esa sensación. Ella sonriendo se bajó del coche, porque aparte de no darse cuenta que estaban en el estacionamiento de la empresa, tampoco había observado que el chofer, había abierto la puerta… y los que estaban ahí, se habían dado cuenta del beso apasionado… entre ellos Octavio y Enrique… Marie lleva el cabello totalmente suelto, sin un rastro de maquillaje, sin la chaqueta, con un pantalón y un top que moldeaba perfectamente su bella y juvenil figura… al levantar su mirada, se encuentra de frente con la mirada de su jefe, quien la observa muy serio y así la saluda… -      Buenos días, Marie… -      Ella… buenos días jefe, discúlpeme la facha, pero se me hizo tarde… -      El… se ve usted muy bien, solo que parece ir a su escuela y no a su lugar de trabajo… -      Ella… ya me arreglo el cabello y diciendo esto se colocaba la chaqueta, que ocultaba su bella y espectacular figura. -      Enrique… buenos días,  Marie, te ves distinta con el cabello suelto y sin maquillaje… -      Ella… si, debo estar horrible, pero apenas si me dio tiempo a ducharme, tuve que desayunar en el auto... -      Enrique… para nada, ¿verdad Octavio? Te ves más bella y me disculpa el piropo, pero es la verdad… -      Ella… gracias, señor… -      Marie, acomodando su chaqueta voltea y ve salir justo en ese momento el auto de su marido, o sea, que pudo haber presenciado la conversación con su jefe y con el otro gerente… Los tres caminan hacia la entrada, además de otras personas que también llegaban en ese momento, entre ellos el Presidente, quien al verla, la saludó muy efusivamente, le dio un beso en la mejilla y le pregunto… -      Hija, ¿Cómo sigue Leo? -      Ella, mirándolo cariñosamente, le respondió… gracias a Dios, está mejor, por fin, superando la etapa post-operatoria y todas sus complicaciones, aunque le van a hacer otros estudios. -      El… ¿por qué? -      Ella… porque aun la semana pasada se ahogaba, se sentía cansado y le daba mareo… -      El… pero, el tenía consulta en estos días… (los cuatro suben en el ascensor) -      Ella… si fuimos el viernes, el médico me pidió tener paciencia y me recordó que su proceso ha tenido muchos altibajos, así que dentro de todo, está mejor, porque en los estudios anteriores salió muy bien. -      El… dile que en cualquier momento lo visito, que por asuntos de trabajo no he podido, pero que lo tengo pendiente, mi mujer siempre me pregunta por ustedes. Hoy le digo que se encargue de eso para ir a tu casa. Por favor dale mis saludos a Leo… -      Ella… con gusto y si dile a Vero que me llame y nos ponemos de acuerdo. -      Como el ascensor llego al piso donde ellos trabajaban, el presidente se despidió de todos deseándoles un excelente día, salvo a ella, a quien besó nuevamente y le dijo que había sido muy placentero verla de nuevo. -      Ella… igual para mi Regino. Tanto Enrique como Octavio, estaban impresionados por la forma como el presidente trataba a Marie y a su esposo, al parecer son muy buenos amigos. Esto hizo que Octavio, reflexionara mejor lo que estaba sintiendo por Marie, porque el más mínimo error en ese sentido, le costaría su puesto de trabajo, que tanto le ha costado alcanzar. Ellos caminaron adelante, hacia sus oficinas, mientras Marie había quedado detrás despidiéndose del Presidente de la corporación. Octavio entró directamente a su oficina y tratando de ocupar su mente en otra cosa, se dedicó a su trabajo sin molestar a Marie. No obstante, su imagen besando apasionadamente a su marido no se apartaba de su mente, así como su cabello suelto, largo, lleno de vida y su rostro con esa piel tan tersa, bella, suave y ni decir su cuerpo. A las once de la mañana, la novia de Octavio llama a Marie, para que le recuerdes  que debemos ir a firmar los esponsales y hacer la fijación de los carteles, al mediodía. Ella responde… -      Con gusto, ya le informó al Ingeniero… -      Marie, se levanta de su escritorio, toca la puerta… -      Octavio… adelante… -      Marie… Octavio te llamo Karina, que recuerdes al mediodía deben ir a firmar los esponsales y fijar los carteles… -      Octavio… gracias, no me había fijado en la hora -      Marie… si te puedo ayudar en algo, ya estoy disponible recién termine lo que me habías asignado y te lo envié a tu email… -      Octavio… gracias, al terminar esto, te lo paso para que por favor corrige  y lo adaptes al formato de la empresa… -      Ella… ok. Pide permiso y cierra la puerta. Octavio se levanta, saldrá unos minutos antes para que le dé tiempo de hacer las dos cosas hoy mismo. Al salir se despide de ella y le asegura estar ahí de vuelta a las dos de la tarde. El entra en el ascensor, baja, camina hacia el estacionamiento, se monta en su coche, sale a la casa de Karina. Por el camino la llama para que esté lista esperándolo y así salir de una vez hacia el registro civil. Karina apenas lo vio venir, salió de una vez y se montó en su coche, ella se acerca a él lo besa y muestra las dos carpetas con los recaudos, tanto para el registro como para la iglesia. -      El… ¿Por qué no me llamaste directamente al celular? -      Ella… para no molestarte, sobre todo pensando que ahora te la pasas en reuniones… -      El… tienes razón, gracias… ¿Cómo has pasado el día? ¿Qué te han dicho tus padres sobre la fecha? -      Ella… la he pasado muy bien, ahora en la tarde es que debo ir al complejo habitacional, así que vamos a ver cómo me va… y en cuanto a mis padres, están felices y locos organizando todo. MI vida mami, necesita la lista de tus invitados. -      El… pero solo para el eclesiástico ¿cierto? Porque el civil lo haremos como lo habíamos programados, es un acto íntimo, solo nuestros familiares más allegados y obviamente nuestro amigos más íntimos. Por mi parte solo mis padres, hermanos y Enrique con Diana. -      Ella… si, eso lo hablé con mami y estuvo totalmente de acuerdo porque ellos dicen tirar la casa por la ventana, en nuestra boda eclesiástica. -      El… me parece perfecto… -      Ella… Octavio tu hermano mayor ¿puede ser el padrino de boda? -      El… yo creo que sí, déjame preguntarle ahora en la noche y te aviso… -      Ella… ok, la madrina sera mi prima Chela. -      El… muy bien… Al llegar al registro, Karina ubico a alguien conocido que trabaja ahí y era quien tenía los esponsales listos solo de firmar. Ella entregó la carpeta con los recaudos y los dos firmaron, quedando fijada la fecha para la boda con traslado a la casa de ella, para el día sábado 11 de diciembre a las siete de la noche. Una vez que firmaron, Karina lo toma del brazo y lo besa delante de todos los presentes ahí en el Registro. El un poco perturbado por esto, la separa de sí, muy disimuladamente. Al llegar al vehículo, ella le pregunto… -      ¿Por qué hiciste eso? -      El… ¿Qué hice? -      Ella… me separaste de ti, cuando te bese… -      El… porque me dio la impresión que no era ni el lugar ni el momento indicado para ese gesto Karina, estábamos en una oficina pública… -      Ella… ¿y cuál es el problema? Si estamos fijando nuestros carteles -      El… bueno, hoy no estoy de humor para discutir ni para aguantar tus caprichos… tú decides… ¿si seguimos o no? -      Ella… como quieras… -      El… entonces vamos a la iglesia… -      Ella… si por favor… Al llegar a la iglesia, estaba todo cerrado, pero ella le informa a Octavio, no te preocupes que la secretaria del Despacho Parroquial nos está esperando… El estaciono el vehículo afuera y entraron por un portón pequeño. Al entrar, los dos caminaron en silencio hacia la oficina y era cierto, estaba la secretaria esperando a Karina, a quien saludo con un beso… -      Hola amiga, casi que me iba, porque debo ir a servir el almuerzo en mi casa -      Karina… hola, es que fuimos primero a la oficina de registro, pero bueno ya estamos aquí y aquí están los recaudos que me dijiste… -      Amiga… para revisar. Una vez que comprueba los documentos, les indica dónde deben firmar, porque ya Karina había llenado todo el formato. Solo faltaba la firma de los dos… Una vez terminado el acto, ellos se despiden y en el coche, Octavio a modo de disculpa con ella, por su mal carácter en la oficina de registro, la atrae hacia su cuerpo y la besa apasionadamente, diciendo… -      Ahora sí, Kari, estamos a un paso de ser marido y mujer… -      Ella… sí, me siento realmente realizada, porque a veces dudaba un poco si lo lograríamos o no… -      El… espero esto te calme un poco y te dé más confianza y seguridad en mi… -      Ella, sonriendo, le responde… totalmente… El la dejo nuevamente en su casa, ella le invita a almorzar, pero el con las pocas ganas que tenia de conversar con alguien, prefirió rechazar la invitación alegando que tenía mucho trabajo que hacer. Así que apenas se bajó Karina del coche, el arranco camino a la oficina. Al llegar, aún era temprano, recordando que en el quinto piso estaba el comedor, se dirigió hasta allá, se recordó todo lo que le explico Marie y solicito un almuerzo. Se ubicó en una mesa solo, apartado del resto del grupo, concentrado en sus pensamientos. Estando en esto, observa salir del área de los baños, a Marie y Ana María. Ellas lo observan y caminan hacia la mesa donde él está, ella le dice… -      Jefe, buen provecho… -      El… gracias y les pregunta ¿ustedes ya comieron? -      Las dos, responden al unísono… sí -      El, sonriendo… me alegro, apenas voy llegando, así que en cuanto termine subo… -      Ella… ok, jefe, ya subo… -      El… perfecto, así no dejamos la oficina sola. -      Ella… si -      Ana M… hasta luego ingeniero. -      El… hasta luego Ana María. Las dos salen del comedor, Octavio las sigue con la mirada y luego continúa comiendo, mientras, ellas suben en el ascensor y Marie le comenta a su amiga que no tiene el rostro de un hombre feliz, que viene de firmar sus esponsales para fijar los carteles… -      Ana María… ¿estás segura? -      Marie… si su novia me llamo para informarme que se casaban, porque imagina, llamo para que le recordara a él, que al mediodía debían ir a firmar los esponsales y fijar los carteles. Ese mensaje estoy segura era para mí, porque lo más lógico es que lo llame a su celular y se lo recuerde ella directamente. -      Ana M… tienes toda la razón, ese es un mensaje subliminal… -      Marie, sonriendo… definitivamente, era para mí… -      Ana M… ¿Qué sentiste? -      Marie… nada, sinceramente, estoy emocionada con el restablecimiento de mi marido y es a él a quien me debo dedicar, es más tengo otros planes con Leo, en los cuales me voy a enfocar, para no dejar que otras personas los alteren… -      Ana M… estoy de acuerdo totalmente contigo, tu sabes que aprecio mucho a Leo… -      Marie… si lo sé y él a ti. Al llegar al piso, las dos bajaron del ascensor y caminan directamente cada una a su oficina de trabajo, Marie se despide hasta la hora de salida. De repente, Ana M. le pregunta si Leo la viene a buscar, para que le den un aventón hasta su casa, le urge llegar temprano, porque su mamá tiene que salir. -      Marie… tranquila, vente para mi oficina y bajamos juntas… -      Ana M… gracias amiga… -      Marie… tranquila, para eso estamos… Al llegar a su oficina, Marie llama a su esposo… -      El respondió… hola mi amor… -      Ella… hola mi vida ¿comiste? -      El… sí ¿y tú? -      Ella… también, voy subiendo del comedor con Ana María, quien por cierto, necesita la llevemos hasta su casa, le respondí, que no había problemas… -      El… ninguno, mami, claro que la llevamos, cinco minutos para la seis, ya debo estar ir abajo esperándote… -      Ella… perfecto mi rey, nos vemos… -      El… te amo… -      Ella, justo en el momento que tiene de frente a Octavio… y yo a ti. Ella colgó y miro a su jefe como si la hubiera pillado en una travesura… -      El… por favor ven a mi oficina, necesito dictarte unas cartas que debes enviar con un llamado de urgencia, hoy mismo… -      Ella, se levanta y le responde… si vamos, tomando una libreta y bolígrafo. Octavio alcanzó a escuchar la parte final de la conversación que Marie tenía con su esposo, así que prefirió no comentar nada sobre lo sucedido el fin de semana. Ella entró a la oficina, luego él y cerró la puerta… -      El la observa y le comenta… porque te recogiste el cabello, se te ve muy lindo suelto… -      Ella… porque se me hace incómodo para trabajar, porque es algo rebelde… -      El… te ves mucho más juvenil… -      Ella… lo cual no es apropiado ni en mi trabajo ni en mi estatus de señora casada… -      El… ¿Por qué? -      Ella… tú conoces ya las normas de la empresa, así que debemos respetarlas… -      El… pero no creo tengas problemas con eso… -      Ella… debo dar ejemplo, precisamente por ser quien soy… -      El, intrigado… ¿Quién eres? -      Ella… el presidente de la corporación y sus hermanos, quienes son los mayores accionistas, son primos de mi esposo… -      El… ah, caramba… eres como una caja de sorpresa, cada día que pasa descubro nuevas cosas sobre ti… -      Ella… ¿te parece malo? -      El… no, me encanta, saber todo sobre mi equipo de trabajo y especialmente sobre ti… -      Ella… ¿Por qué? -      El… eres muy valiosa para mí y no desearía perderte por nada… -      Ella… gracias y de la única forma que me pierdas es que tus mismo pidas mi cambio… -      El… entonces, seremos por siempre un equipo y los dos sonrieron… Los dos se concentraron en el trabajo, la tarde se pasó volando y cuando Octavio término de dictarle lo que debía hacer, faltaba una hora para la salida. Ella al ver la hora le comenta… -      Este trabajo te lo termino mañana en la mañana, a menos que necesites saque algo de esto urgencia para hoy, te lo digo, porque queda una hora para la salida, no me traje mi auto, mi marido llegara cinco minutos antes de la hora de salida y a mi amiga Ana María la esperan puntual en su casa y ofrecí llevarla… -      El… tranquilo, solo necesito con urgencia la primera que te dicte, que te agradezco redactes en timbre oficial de la empresa… -      Ella… ok. Ya la hago, y te la envío a tu email. Te aviso… -      El… ok Marie salió y se concentró en su trabajo, casi simultáneamente con haber pasado el correo a su jefe, llego su amiga. Ella, avisándole que ya había terminado, toca la puerta a su jefe, a quien le anuncia…  Ya termine, me despido hasta mañana. -      El gracias… que pases una feliz noche… -      Ella… gracias, igual para ti… y cerró la puerta. Marie camino con su amiga hacia el ascensor, las dos bajaron y al salir al estacionamiento, ahí estaba su esposo de pie junto al chofer. Ella lo saluda con un beso, en la mejilla, e igual hace su amiga Ana María. Las dos, suben al coche y van conversando, mientras Leo, escucha la conversación que llevan las dos, especialmente, la explicación e información que Ana le está brindando sobre la nueva póliza. Una vez que ella termina de explicar Marie comienza a preguntar lo indispensable para incorporar a su esposo, quien al escucharla le comenta… -      Mami, tu sabes que no necesito ese seguro… -      Ella… pero nos sirve para ampliar la cobertura del que tenemos y no está para nada oneroso, me parece deberíamos aprovechar la oportunidad. -      El… solo lo aceptaría con una condición lo pago yo. Tomando el rostro de ella en sus manos le dice… amor, te agradezco infinitamente me quieras ayudar, pero no voy a dejar que los ingresos que obtienes por tu trabajo lo inviertas en mi… -      Ella… pero mira la cifra irrisoria que invertiré, es nada, absolutamente nada, comparado con lo que tu depositas en mi cuenta mensualmente… -      El… ok, te voy a complacer pero con la condición que te mencione, la besa en los labios, y le dice, no hay vuelta atrás… -      Ella sonriendo… como digas y le devuelve el beso. Al llegar a la residencia de Ana María, el chofer se baja, abre la puerta y ella se despide de su amiga, contenta, porque Marie adquirió la paliza. Ella, les agradece a los dos el haberla llevado hasta su casa. Leo, acomodándose en el asiento trasero, atrae a su joven esposo hacia su cuerpo y le anuncia… hoy subí y baje dos veces las escaleras… -      Marie… emocionada ¿y?... -      El… estoy perfectamente bien, mi dulce amada… no te imaginas, la felicidad que traigo encima… -      Ella… lo abraza y lo besa muy apasionadamente (no está dispuesta a arriesgarlo por cualquier tontería) al soltarlo, le dice suave y audible solo a su oído… te amo y te deseo… -      El… respondiendo igual… yo igual mi princesa, mi reina, mi todo… El antes de llegar a la casa le pide al chofer lo lleve a que su barbero personal. Ella sonreída porque era cierto volvería a ser el mismo de antes, como le prometió, le pide que se haga el corte de cuando ella lo conoció… -      El… bájate conmigo y dile a Roy lo que quieres haga en mí. -      Ella… perfecto, claro que me bajo,  no te voy a dejar solo ni un segundo… hay mucha competencia… -      El, sonriendo… dudo que tengas competencia, en mi vida, en mi corazón, en mi mente, en mi alma y sonrió… -      Ella… de todas maneras no me confío, creo en ti, pero en las demás, no. -      El, alegre por despertar aun celos en su joven esposa, se sintió infinitamente mejor y le dijo… te juro, que solo miro hacia donde tu estas. -      Ella, tomando nuevamente su rostro en sus manos, le sentencio… más te vale, porque no sé qué te haría o que le haría a la que este contigo… -      El… no pienses así, todo transmutado, yo soy hombre de una mujer, y ya te lo he demostrado, soy fiel y leal. -      Ella… por favor mi vida, no cambies nunca, te quiero siempre así, solo mío y exclusivamente mío. Es más, sé  que tu cuidas mi cuerpo y a mí, pero creo debemos hablar ya, sobre mi futuro como madre, deseo tener un hijo tuyo… -      El… ¿te sientes preparada mami? -      Ella… creo que casi el cien por ciento de las mujeres no está preparada para ello, porque no es una carrera o profesión, es algo que solo se aprende practicando y yo quiero vivir esa etapa como mujer, como tu mujer… -      Él, sabía que no podía negarle nada a ella y menos después de todos estos meses de dedicación exclusiva a él, así que aceptando lo planteado por ella le comentó… entonces desde hoy comenzamos la tarea… -      Ella… riendo y con un brillo muy especial en sus ojos, le dijo… te amo, te amo, te adoro, eres mío y solo mío, ya eso lo entendí, a pesar que tengamos un hijo, tú siempre serás mío… -      El… si mi amor, ese derecho no te lo quita nadie. Ven que ya llegamos, acompáñame y dile a Roy como me quieres ver… -      Ella buscando en su celular una foto, que le fascinaba de él, de cuando lo conoció, lo llevaba a la mano para mostrárselo a Roy, por si se había olvidado cómo era el antes. Ellos entraron, Roy estaba desocupado, el al reconocer a Marie y a Leo, se asombró porque tenía algo más de un año que no los veía. Los saludo muy cordialmente y de inmediato empezó a complacer a Marie, en cuanto a cómo quería ver a su esposo nuevamente. Ellos le comentaron lo de la operación sin profundizar mucho en esto, pero, le hicieron ver, que ya estaba totalmente curado, por lo tanto, querían retomar de nuevo su vida como antes, comenzando por el look de él. Una vez finalizado, su trabajo, Marie se sintió muy complacida, porque volvía a tener frente a ella, al hombre guapo que la trastornó hace años tanto, que contra el qué dirán y contra su propia familia, terminó casándose con él. Marie satisfecha, se acercó y ahí frente a Roy y sus empleados, lo beso apasionadamente, todos aplaudieron, ese gesto de ella y la obra realizada por su jefe. Leo, orgulloso de la mujer que tenía, salió de ahí, tomado de las manos con ella, caminando con seguridad y confianza por el centro comercial, hacia la salida del estacionamiento donde estaba su chofer. Este al verlo, lo felicito por el cambio físico que había dado, le comento que se veía muy bien. Leonardo, seguro de que esto era el inicio de su total recuperación, solo sonrió y se montó en el coche después de Marie, quien a pesar de todo lo que estaba viviendo se sentía muy bien y hasta feliz, de observar los cambios totalmente positivos que su marido estaba viviendo.  
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