Octavio, aprovechando que Karina se la puso fácil, salió de su habitación, sin hacer ruido, encendió su coche y salió hacia el apartamento de Suheil, no obstante, antes se detuvo a comprar dos pizzas familiares. No la llamo para darle la sorpresa. El vigilante al ver su auto de inmediato abrió y él se estacionó en el lugar de visitantes, le extrañó ver una camioneta estacionada en el lugar que siempre él ocupa, pensando que alguien se equivocó, estacionó justo al lado. El subió al apartamento y se sorprendió de conseguir a Suheil en compañía de dos personas mayores y dos hombres jóvenes, casi de la misma edad que ella…
- Perdón, debí llamarte, pero quería darte una sorpresa. Él se quedó de pie en el umbral de la puerta. Ella estaba en el mismo lugar donde él la dejó temprano, por lo que se levantó y caminando hacia él, dijo…
- Octavio te presento a mis padres y mis hermanos…
- Su papá… mucho gusto, soy Ricardo Camargo y tú me imagino eres el amor eterno de mi hija, Octavio Abreu ¿cierto?
- El, mirándola a ella asombrado, respondió… sí mucho gusto, soy su novio, solo que no sabía, era su amor eterno,
- Antes de que su padre dijera algo más, ella le presentó a su mamá… es mi mami, Mercedes Rico de Camargo,
- Su mamá… mucho gusto, hijo, realmente es un placer conocerte.
- Octavio… el gusto es mío.
- Ella… mis hermanos Oscar y Richard, somos casi de la misma edad, porque Oscar me lleva un año y yo le llevo un año a Richard,
- El… es un placer conocerlos, cuñados
- Ellos… para nosotros también.
- Octavio… bueno yo traía dos pizzas para merendar con Suheil, pero en vista que están ustedes, merendaremos todos juntos ¿te parece mi amor?
- Suheil, estaba nerviosa, ella no estaba preparada para esta reunión… si mi amor y salió detrás de él para la cocina y ayudarlo a servir,
- El colocando las pizzas sobre el mesón de la cocina junto con el refresco, le comentó… no te llamé, porque quise dar la sorpresa, que me pude escapar nuevamente para estar aquí contigo y el sorprendido fui yo. Discúlpame por favor, creo te puse en apuros con ellos ¿verdad?
- Ella… sinceramente sí, primero porque no sabía que ellos venían y segundo no estaba ni estoy preparada para esta reunión, nunca le he presentado un novio a mi familia, tu eres el primero,
- El… como siempre debió ser, porque no se me olvida que fui el primero en tu vida,
- Ella… y el único, disculpa que mi padre te haya dicho lo de amor eterno, no es mi intención para nada, que te sientas defraudado, por no haberte dicho la verdad, que te amo desde que te conocí. Juro, que nunca utilizare esto para retenerte o para que te quedes. Tu eres libre de ir y venir, soy yo quien asumió y aceptó que vengas cuando quieras, pero sin obligación alguna.
- El abrazándola por la cintura y besándola, le reclamó pero por el hecho de no haberle dicho que lo amaba y que era su único hombre. Sabes que quería pronunciar hoy esa palabra, pero tenía duda en cuanto a que sentías por mí… pero ahora si la puedo pronunciar, te amo Suheil, te amo y la beso muy apasionadamente.
- En ese preciso momento la mamá de Suheil, Mercedes entra y tose intencionalmente, para que se den cuenta de su presencia. El soltándola suavemente, sonríe y busca los vasos,
- Suheil… mami ayúdame a picar las pizzas,
- Su mamá… si mi amor ya te ayudo. Octavio, quédate tranquilo, tú las trajiste, déjanos que nosotras sirvamos, por favor y gracias por compartir tu merienda con nosotros.
- Octavio… a sus órdenes señora Mercedes, es un placer compartir con la familia de la mujer que amo.
- Su mamá… y a mí me fascina, que ames a mi hija.
- Octavio… con todo mi corazón.
- Suheil, no resistió y soltó sus lágrimas, las cuales observó Octavio, quien no pudo controlarse,
- Octavio, abrazándola, no llores mi amor, aquí estoy, creo que a Suheil le afectó encontrarnos a todos juntos y frente a ella.
- Su mamá… me imagino, ella siempre ha sido una niña muy discreta, callada, uno no sabe a ciencia cierta qué le pasa, ni que siente, por ese defecto que tiene, porque para mí no es una virtud, que ella se calla todo. Eso que dijo mi marido lo de amor eterno, fue porque hace como dos o tres años en una navidad que Suheil paso con nosotros, él le dio varias copas de vino y así fue como le saco que estaba enamorada del único hombre de su vida, quien sería su amor eterno Octavio Abreu, pero a quien nunca nos presentó, pensábamos que a lo mejor dijo eso para que no insistiéramos en que debía tener aunque sea un novio.
- Octavio, sintiéndose feliz, de esta revelación, la abrazó y la besó delante de su mamá, luego él comentó, perdón suegra, pero su hija me tiene loco.
- Mercedes… me alegro, ven vamos a la sala para compartir.
- El… déjame ayudarte, busco el hielo, ¿mami si tenemos hielo aquí?
- Ella… sí, recuerda que esta mañana tú mismo metiste los envases para hacer hielo en el freezer.
- El… tienes razón, ya busco.
Así el preparó cada vaso y los llevó en una bandeja detrás de Mercedes y Suheil. Ella, buscó servilletas y las pasó a cada uno. Luego, se sentó justo al lado de él. Octavio paso una tarde tranquila y muy familiar, conversando con su suegro quien era el gerente general de una de las tiendas donde el solía comprar. Ya casi para las seis de la tarde, los padres de ella, se despiden y ellos los acompañan hasta el estacionamiento. Al sacar la camioneta el papá de Suheil, el estacionó su vehículo, en el puesto donde lo hizo toda la semana.
Al bajar de su vehículo, abrazó a Suheil y caminó con ella así hasta llegar al ascensor. Al entrar la atrae hacia su cuerpo, la abrazó y la besó apasionadamente. Octavio se siente feliz de ser el único hombre en su vida, él no le preguntó nada antes porque le parecía absurdo, porque él la había dejado después de haberla hecha suya. Pero ahora sí quería saber. Al abrir el ascensor los dos se separan y salen camino al apartamento.
- Ella cuando está frente a la puerta le comenta, tapándose la boca con las manos… dejé las llaves adentro.
- El… gracias a Dios, tengo las mías y le muestra el llavero que ella le dio.
El abrió la puerta, entraron, recogieron todo de la mesa de la sala, organizaron todo lo que tenía que ver con el trabajo de ella. Y se dirigen a la habitación, una vez ahí, Octavio besa, acaricia y desviste a Suheil, ya se le estaba haciendo un hábito verla así, le fascina observar el cuerpo de ella, simétricamente perfecto, totalmente desnudo.
Suheil, hace lo mismo con él, los desviste y se colocó encima de su cuerpo, para comérselo, literalmente hablando, a besos. Ella toda emocionada recorre su cuerpo con su boca y sus manos; produciendo en él un fuerte placer que lo induce a gemir, aunque se muerde los labios, para evitar emitir el sonido, pero este igual se escapa y ella lo escucha, con lo cual se siente satisfecha porque sabe que le gusta lo que le hace.
Octavio, levantándola con sus brazos la acuesta a su lado, de frente a él, ahora es ella la que gime de placer, con las caricias que él le brinda. Los dos se funden en un solo cuerpo, en un solo ser, se aman, se entregan, se acoplan, estremeciéndose y vibrando de pasión. Al alcanzar el máximo estado de éxtasis los dos se vienen simultáneamente y terminan abrazados, otra vez, recordando después, que nuevamente lo hicieron sin protección.
Con este sedante natural y dada la situación vivida hoy, los dos se quedan dormidos plácidamente. En la mañana al despertar, tanto ella como él, al abrir los ojos, lo primero que ven es el rostro sonreído de su pareja, se besan y se desean un feliz día.
- Mami… nos quedamos dormidos temprano.
- Ella… sí y al parecer no despertamos en toda la noche, porque al moverte me hubiera despertado, si mira, como estamos enlazados,
- El… si, pero creo es el hacer el amor, lo que nos está sedando.
- Ella… el mejor sedante y al natural.
- El… sabes, anoche te quería preguntar sobre lo que me dijo tu padre y luego tu mamá, para ver mi vida cuéntame ¿Cómo fue que me convertí en tu amor eterno?
- Ella… no te quería hablar sobre eso, porque eso es demasiado mío, no lo había compartido hasta ese día con nadie, pero mi padre valiéndose del vino, me saco la verdad, todos en mi familia están preocupados porque siempre he estado sola. Cuando te conocí, me enamoré, tan es así, que terminé entregando lo que había estado cuidando para mi primera noche de boda. Bueno, luego te fuiste, me pegó mucho, pero seguí adelante, no era ni la primera ni la última mujer que se entregaba por amor.
- El… pero recuerdo que tú nunca me dijiste que me amabas.
- Ella… porque tú nunca me lo dijiste a mí, no estaba dispuesta a aceptar ni a recibir tu rechazo. El caso es que a raíz de tu partida me aferré a mi trabajo, me dediqué a él, en cuerpo y alma, todos los trabajos que en la compañía se requería hacer dentro o fuera del país, yo lo hacía, porque era la candidata ideal, sin novio, sin pareja, sin marido, sola, totalmente sola. Posterior a eso, vino mi ascenso y ahí estoy. Pero resulta que estos logros profesionales no era todo lo que quería mi familia, ellos querían más.
- El… ¿un marido?
- Ella… no tanto como eso, porque mis padres son de criterios muy amplios y ellos no tienen nada en contra de las uniones libres, solo que ni eso tenía. Como no podían creer que yo no tuviera novio. Esa navidad mi padre, se propuso conocer la verdad y saber más de mí. Como no estoy acostumbrada a beber licor, me cayó mal y así fue como él me preguntó y en medio de la borrachera le respondí lo que él te dijo. Esa es toda mi verdad… discúlpame, por haberte involucrado sin querer en esta situación. Sinceramente, no fue mi intención.
- El… por un lado, no te imaginas lo feliz que me hizo sentir, saber que me amabas, que no era un pasatiempo para ti; pero por el otro, me preocupa, la responsabilidad que lamentablemente tengo desde hace años y de la cual no he podido zafarme, lo que menos deseo, es que sufras por mí.
- Ella… tranquilo, que eso no te atormente, yo he aceptado esto contigo como se vaya presentando, sin que represente en ningún momento una obligación para ti.
- El… esto no es una obligación para mí, estoy porque lo deseo, ven, vamos a salir a desayunar.
- Ella… ok, vamos a ducharnos, tengo mucha hambre
- El… y yo que pensé había calmado tu apetito, bromeando y sonriendo con ella,
- Ella… esa la saciaste totalmente, pero ahora falta la biológica, sonriendo junto a él.
Los dos se levantan, se asean y se visten para salir. Ella, asiste a misa todos los domingos en las mañanas, pero para aprovechar su compañía, prefirió dejarlo para asistir en la tarde. Y así van a desayunar al lugar preferido de ella, luego fueron al lugar donde los dos se reencontraron de nuevo, a caminar un rato.
Ahí Suheil se consiguió a sus dos amigas, quienes la saludaron y le preguntaron porque no les contestó el celular, ella se lleva las manos a los bolsillos de sus jean y les comentó… si supieran que desde ayer, no sé nada de mi celular. Las tres se sonrieron con complicidad, deduciendo fácilmente porque su amiga andaba tan perdida y en las nubes, con semejante ejemplar masculino.
Suheil se despide de ellas y sigue caminando con Octavio, quien la estaba esperando unos pasos más adelante. Luego la invitó a almorzar a un restaurante retirado, pero cerca de la playa. Ella accedió encantada. Ahí escucharon música, bailaron, se bebieron unos tragos y finalmente almorzaron. Para ella todo esto era nuevo e incluso no conocía el lugar, porque quedaba fuera de la Ciudad.
- El… es un ambiente campestre, pero a veces vale la pena cambiar de aire,
- Ella, gustándole el lugar, le contestó… totalmente de acuerdo contigo,
- El… ven para que veas algo, la condujo de la mano, a un área donde se observan claramente los peces, es decir, que en este restaurante, el pescado es fresco, porque lo pescan ahí mismo, lo preparan y lo sirven en la mesa.
Suheil emocionada por el hecho de que el anda libremente, sin esconderla, también se emocionó al ver los peces de distintos colores. El, riendo y disfrutando su bello rostro, la sorprendió con un beso, razón por la cual, ella lo abrazó por el cuello y le respondió besándolo apasionadamente. Octavio, la llevó al apartamento, estuvo nuevamente con ella, pero ya cerca de las cinco y treinta de la tarde, le manifestó…
- Me voy, mi amor, porque no quiero preocupar más a mis padres.
- Ella… ok, mi amor como quieras, ya te lo he dicho esta también es tu casa cuando lo desees puedes venir, por favor, quédate con el juego de llave, para que puedas ir y venir sin contratiempo.
- El… gracias, mi vida. Me las llevo, porque voy a volver, pero el ¿cuándo? No sé. Estamos en contacto, te voy llamar, por cierto ¿Conseguiste el celular?
- Ella… se me olvidó, por favor déjame buscarlo. Busco en su bolso y ahí estaba, apagado totalmente descargado. Ya lo pongo a cargar,
- El… por favor, apenas te agarre carga, préndelo, por si te llamo.
- Ella… ok, mi vida y se abrazó a su pecho, besándole directamente la piel de su pectorales.
- El, sonriendo, le dijo… no hagas eso mi amor, que me debo ir.
- Ella, levanta su mirada cargada de amor, mordiendo su labio inferior, sin emitir ninguna palabra…
- El… descifrando totalmente el mensaje, la tomó en sus brazos y al oído le susurró… los rapiditos también son ricos,
- Ella, riendo, lo disfruto al máximo y satisfecha, le comentó al final, tenías razón son divinisimos.
- El… te lo dije. Vamos, acompáñame, porque por lo visto se nos hace más difícil despedirnos aquí.
- Ella, sonriendo… bajó con él, lo despidió en el estacionamiento y subió nuevamente al apartamento con la incertidumbre de no saber cuándo volverá.
Octavio salió del estacionamiento feliz, encendió el radio de su carro, puso música, e iba cantando. Al llegar a su casa, saludó a su mamá y a su papá, quienes estaban solos en la casa; él se sienta de frente a ellos, su rostro tenía cara de felicidad, sin embargo,
- Su mamá preocupada, le dice… hijo ¿Qué está pasando? Ya no me está gustando estas ausencias, no entiendo, me preocupa el no saber dónde estás ni con quien.
- Él… tranquila mami, dónde y con quien estoy me hace sentir muy bien.
- Su mamá… hijo tienes un compromiso, si no te consideras listo para el matrimonio, no te cases por favor, detén esto ahora, antes que sea demasiado tarde.
- El… mamá, es cierto que estoy algo confundido, pero debo pensar bien, antes de tomar una decisión.
- Ella… recuerda que nosotros te apoyaremos en la decisión que tomes
- Su papá… ya te lo he dicho antes, hijo, te apoyare en lo que decidas.
- El… gracias a los dos, sé que siempre cuento con ustedes
Esa noche Octavio antes de dormir llamó a Suheil, y le preguntó…
- ¿Cómo terminaste de pasar la tarde? ¿Terminaste el trabajo que tenías pendientes?
- Ella… sí mi amor, ya tengo todo listo para mañana, y a ti ¿cómo te fue?, ¿cómo está todo?
- El… muy bien, tengo unos padres excepcionales que me apoyan incondicionalmente
- Ella… me alegro,
- El… en algún momento los conocerás, te lo prometo
- Ella… me encantaría de veras conocer los autores de tan bello ejemplar. El sonriendo le comenta…
- El… tú sabes que soy calidad, como el premio gordo de una lotería y soltó una carcajada. Que a ella le fascino, porque evidenciaba que se encontraba contento y feliz.
- Ella… en este instante, que hablas conmigo ¿Dónde te encuentras?
- El… en mi habitación, me encerré temprano, quiero descansar y no hablar con nadie más, solo contigo. Mañana voy a ver cómo me escapo, ¿estarás muy ocupada?
- Ella… no creo (así lo estuviera, no le diría que sí). ¿Por?
- El… porque se me hace más fácil verte en la hora del almuerzo. Hasta ahora no recuerdo tener nada pendiente, porque la semana pasada trabajé cómodo y relajado toda la semana, tú haces que me rinda el trabajo y que lo haga todo con amor, alegría y sobre todo con la adrenalina a millón, para poderme ir y estar contigo.
- Ella… bueno me voy a venir a las once y treinta para prepararte almuerzo, si por x o por z no puedes venir, por favor, mi vida aunque sea un mensaje de texto, para avisarme, te lo agradezco.
- El… seguro mi vida, sabes, te extraño, deseo estar ahí contigo
- Ella… y yo de que esté aquí conmigo.
- El… te amo Suheil.
- Ella… y yo a ti.
- El… hasta mañana vida
- Ella… hasta mañana mi amor y colgó.
Esa noche, Octavio, tampoco llamó a Karina, se acostó temprano, pensando mucho lo que le habían aconsejado sus padres y sobre todo lo que estaba viviendo y sintiendo por Suheil.
Al día siguiente, se levantó temprano y al llegar a la empresa, se encuentra en el estacionamiento, con Enrique, Marie y el Presidente de la Compañía. Todos se saludan y especialmente este último, se acercó a Marie, le dio un beso en la mejilla y le exaltó lo juvenil y bella que se veía. Haciéndole ver que este paseo con su esposo le devolvió la vitalidad y lo jovial que ella es. Caminando todos hacia el área de los ascensores y continuando la conversación con Marie, el presidente le pregunta…
- ¿Cómo sigue Leo?
- Ella… extraordinariamente bien, antes de venirnos lo vio un médico amigo de él, y nos dijo que estaba excelente, para su criterio, ya Leo está recuperado totalmente, solo que debe mantenerse en forma, alimentarse adecuadamente y evitar cualquier tipo de excesos.
- El presidente… que bien, me alegro mucho por los dos, porque sé que te has dedicado a él, en cuerpo y alma.
- Ella… gracias y sí, me tocaba, no podía echarme para atrás.
- El… dile que le envío muchos saludos y trataré de ir este fin de semana que viene para verlo, posiblemente sea el domingo en la tarde, pero temprano,
- Ella… pueden ir cuando quieran, esa es también su casa.
- El… gracias Marie.
Octavio, reconoció que ella vino más bella que nunca, es más tenía un brillo en su mirada que semanas atrás no tenia, por lo que dedujo que Marie había estado en una luna de miel.
- Marie le preguntó a su jefe… ¿ingeniero y como le fue sin mí?
- Octavio, te diré que el primer día, fue duro porque me tocó hacer tu trabajo junto al mío, pero al día siguiente me enviaron de recursos humanos una secretaria, igual que tú, muy buena y fue fácil trabajar con ella.
- Marie… o sea que perfectamente soy sustituible.
- Octavio… no dije eso, sino que “Al Cesar lo que es del César” la joven hizo un excelente trabajo conmigo, tan es así, que no hay asuntos pendientes para hoy.
- El presidente, pidiendo disculpas e incorporándose en la conversación de ellos, le preguntó a Octavio ¿Cómo se llama la joven?
- Octavio… María Isabel…
- El presidente, ah sí, ya sé cuál es la joven y si realmente ha demostrado que es buena. Por favor, Octavio pásame un correo para hacerle un reconocimiento a la joven y darle un bono de producción porque estas dos semanas tus trabajos alcanzaron los máximos niveles de evaluación y ella estuvo contigo…
- Octavio… con gusto señor.
Marie, percibió en Octavio como cierto distanciamiento con ella. En todo caso, no prestó mucha atención a esto, porque ella venía decidida a conservar su matrimonio y no lo iba a arriesgar por cualquier desliz.
Ana María, quien también iba llegando y subía con ellos en el ascensor, saludó a su amiga. No obstante, hizo lo mismo con el presidente, Octavio y Enrique. Al llegar a su respectivo piso, todos se encaminan hacia su lugar de trabajo. Marie, se acerca a Octavio y le comenta…
- Ya sé que no me extraño jefe, que le fue muy bien con mi sustituta, pero aquí estoy, lista para iniciar mi trabajo,
- El… ¿dime como te fue? ¿Cómo sigue tu marido? Aunque te miro y observo una mujer, recién casada en plena luna de miel,
- Marie… se sonrojó, al sentirse descubierta por él, en cuanto a la luna de miel, solo atinó a decir, me fue muy bien, excelente y en cuanto a Leo está totalmente sano, gracias a Dios.
- El, habiendo observado el sonrojo en el rostro de ella, se sintió un poco decepcionado. En todo caso, no se ocupó de esto, porque pensó en ese instante en Suheil y no la cambiaría por nadie. Así que solo respondió, me alegro. Y de inmediato comenzó a trabajar con ella, sobre la nueva planificación y sus respectivas estrategias. Asimismo le avisó que a las once y media de la mañana, le llamé para recordarle que tiene un almuerzo, fuera de la empresa,
- Ella, le pidió el nombre de la persona con la que almorzará… ¿Cómo se llama?
- El… la señorita Suheil Camargo Rico.
- Ella… ok.
Así cada uno se dedicó a sus actividades. Siendo las once y media de la mañana, Marie llama por la extensión a Octavio y le recuerda su almuerzo con la señorita Suheil Camargo.
El, apagando la laptop, sale de inmediato camino al apartamento de Suheil, al salir de la oficina al área de los ascensores, lo llama Karina por teléfono y él le hace señas a Marie para que le diga que ya salió a almorzar. Ella hace exactamente lo que le indicó
- Marie, apenas comprueba que su jefe salió, llamó a su marido… hola amor…
- El, sonriendo… ya extrañándome,
- Marie… totalmente.
- El… me alegro, estoy en la oficina, ya hoy comienzo a trabajar duro, mi pequeña niña.
- Marie… ¿Cómo te sientes?
- El… extraordinariamente bien ¿almorzamos juntos?
- Marie… sí.
- El… bueno pasó por ti en veinte minutos.
- Marie… ok.
- El… te amo.
- Marie… y yo a ti. Ella colgó, justo en el momento que venía su amiga Ana María.
- Hola Ana… ¿para dónde vas?
- Ana… voy a presidencia a subir esto (mostrándole unos papeles)
- Marie… ¿te tardaras mucho?
- Ana… no, subo y bajo de una vez ¿Por qué?
- Marie… porque quiero preguntarte algunas cosas,
- Ana… bueno, déjame seguir y ya vuelvo
- Marie… ok.
Ana María subió por las escaleras, para no perder tiempo esperando el ascensor. Mientras Marie, terminó de hacer lo que tenía pendiente porque su marido vendría por ella en quince minutos. Al bajar Ana, Marie abrió la oficina de su jefe, entraron las dos y le comentó…
- Mira, desde que llegué he observado a Octavio distinto, es como si no confiara en mí, está trabajando a puertas cerradas,
- Ana… de repente siente celos, aunque…
- Marie… aunque ¿Qué? Yo también pensé eso que me dijiste,
- Ana… que quede entre nos, por favor, grado 33, porque si no Enrique va a saber que te lo dije yo.
- No entiendo y porque vinculas a Enrique en esto,
- Ana… porque ellos son muy grandes amigos, diría que confidentes, se tapan el uno y el otro, la interrumpe Marie,
- Aja, pero dime ¿Qué es lo que está pasando?
- Ana… que tu admirado Octavio, creo que está enamorado
- Marie… qué novedad amiga, si hasta se va a casar,
- Ana… pero no es con Karina, anda con una tal Suheil, Marie interrumpiéndola…
- ¿Suheil Camargo?
- Ana… ella misma y ¿tú cómo sabes?
- Marie… porque acaba de salir a almorzar con ella,
- Ana… ¡oh!
- Marie… lo que no entiendo todavía es ¿por qué vinculas a Enrique en esto? a ver amiga cuéntame todo.
- Ana M… vamos a almorzar y hablamos.
- Marie… no puedo porque ya Leo debe estar abajo esperándome. Así que por favor, hazme un resumen.
- Ana… porque el viernes cuando salía, iba caminando hacia la parada del bus y Enrique iba saliendo, me dijo que me llevaría, pero por el camino conversando me invitó a una tasca cerca de aquí y acepté. Tendríamos una hora ahí, cuando apareció tu querido jefe con la susodicha, es una mujer menuda, bajita, delgada pero se ve que tiene muy buen cuerpo, joven y bella. Estuvo comiéndosela a besos durante las horas que estuve ahí, que fue hasta las 12. Ellos se dedicaron a bailar y a casi hacer el amor bailando
- Marie, muy decepcionada, le dijo a su amiga… gracias y me voy porque Leo me está esperando.
Marie bajo y al llegar donde estaba su esposo le comentó que se le hizo muy difícil bajar antes porque estaba muy ocupada. El besándola le comentó que no había problemas, tenía apenas cinco minutos esperándola. Ella entre triste y decepcionada, le pide que la abrace, él de inmediato lo hace, pero preocupado le haya pasado algo, le preguntó…
- ¿Qué paso Marie? Venias contenta a tu trabajo,
- Ella… si, pero te extrañe mucho.
- El, sonriendo… si quieres vamos a la casa.
- Ella ¿y donde me llevaras?
- El… a un restaurante nuevo, que quería conocer contigo
- Ella, sobreponiéndose, le contestó… vamos al restaurante.
- El… como quieras, mi reina bella.
- Ella… me encanta cuando me consientes.
Leo, la llevo al restaurante, almorzaron y luego la llevó nuevamente a la oficina. Ella tocando la puerta buscando a su jefe, se dio cuenta que aún no había llegado. Así que, por lo visto no fue solo a almorzar...