Anya.
–Estás muy pensativa –mencionó Yoongi, llamando mi atención, girando un poco mi cabeza para mirarlo.
Hoy sería el tercer día de grabación, pero como ayer logramos terminar todas las tomas, ahora sólo está terminando de editarse para ver el resultado final, además, JungKook me invitó a lo que podría llamar como "nuestra primera cita", así que estoy aquí en la sala, esperando mientras ellos siguen discutiendo sobre algunos temas del video, excepto Yoongi, que se quedó conmigo.
–Tal vez sea porque estoy preguntándome si tomé la decisión correcta –fue mi respuesta, a lo que él sólo me sonrió, levantándose del sofá de una plaza donde estaba, para sentarse a mi lado.
–¿Lo dices por tu cita con JungKook?
–Sí.
–¿Es miedo o duda lo que sientes?
–Creo que es miedo de echarlo a perder... –respondí a media voz.
–No debes tenerlo, no vas a echar a perder nada. Confió en que podrás superar esos miedos.
–Es muy fácil decirlo –murmuré, escuchando un suspiro de su parte.
–Lo sé, superar tus miedos y debilidades es algo muy difícil. Todos los días y todo el tiempo luchó contra ellos, tratando de no dejarme vencer a pesar de que eso se ve como lo más sencillo –reflexionó, recargando su espalda del respaldo del sofá.
››Hay veces en que avanzó tres pasos y al otro día retrocedo uno, es una pelea constante que en ocasiones me deja agotado, pero con la esperanza de que, si sigo luchando, algún día podré verme libre de las cadenas que intentan atarme a una vida llena de tristeza y dolor.
Estaba sorprendida de la manera tan abierta y clara en la que Yoongi habló de sus inseguridades frente a mí. Las pocas veces que hemos estado en un mismo espacio, no hemos sido muy habladores el uno con el otro, somos más de coexistir en el mismo espacio, sin sentir la presencia del otro como una especie de intromisión.
Es la primera vez que es tan abierto con sus emociones, es como si tratará de consolarme y apoyarme, se siente bastante bien, además, está el factor de saber que él también está luchando contra cosas que le hacen daño, que no le apena decirlo y alentar a los demás a hacerlo, eso es demasiado admirable.
–Eres muy valiente y fuerte, Yoongi –lo halagué, a lo que él tomó una de mis manos, apretándola con suavidad.
–Tú también lo eres Anya, lograrás vencer tus miedos si sigues luchando, tienes todo mi apoyo para conseguirlo.
–Muchas gracias, Yoongi. Tendré en cuenta tu consejo y te agradezco el apoyo.
–¡Oigan! –nos llamó Taehyung –Vengan a ver el video –nos invitó, a lo que asentimos, levantándonos del sofá para ir al cuarto donde los demás estaban frente a una gran pantalla.
–¿Listos para explotar de la emoción? –preguntó Jimin con una sonrisa.
–Hazme explotar –respondí, haciéndolo reír antes de que comenzará a reproducirse el video.
La palabra "increíble" se queda corta ante lo que vi en esa pantalla. Todo lo que había visto era hermoso, impactante y fantástico. Las imágenes, el movimiento, los bailes, todo era más que perfecto, todo estaba en completa armonía y sintonía, ocasionando que no le quitaras la mirada de encima, por lo cautivante que resultaban las escenas.
Creo que fue una de las pocas veces que me sentí orgullosa de algo, porque este video era tan hermoso, tan mágico, que me hacía sentir emocionada, honrada y maravillada ser parte de él, que ellos me permitieran crear a su lado algo tan maravilloso que sabía a las ARMYS les encantaría con todo el corazón. A mí me encantaba, hacía que mis manos temblaran y mi corazón latiera desbocado.
–Anya, ¿estás bien? Estas algo pálida –señaló Jin, tocando mi frente con su mano, porque no dije ni una sola palabra durante el tiempo que duró el video.
–Es que…no tengo palabras para describir lo que he visto –confesé en voz baja, mientras Jin quitaba su mano de mi frente
–Te entendemos, es algo casi imposible, quedó maravilloso –compartió Namjoon con una sonrisa orgullosa.
–Es algo hermoso, y me siento tan honrada de que me dieran la oportunidad de haber compartido y creado esto con ustedes –suspiré, colocando una mano en mi corazón, que aun latía con mucha fuerza.
–Tú fuiste de mucha ayuda –aseguró Jimin, abrazándome por la espalda, rodeando mis hombros con sus brazos –, tu pasión, entrega, inspiración y dedicación hicieron de este video algo maravilloso, creo que de no ser por tu ayuda no habríamos logrado algo tan maravilloso.
–No se menosprecien, ustedes también hicieron mucho, no todo es por mi causa.
–Gracias por reconocer nuestro esfuerzo –agradeció Hoseok abrazándome cuando Jimin dejó de hacerlo –. Ahora tú y JungKook ya pueden irse a su cita –dijo como si nos diera permiso.
Me reí nerviosa separándome de él, notando que JungKook se acercaba a mí de modo alegre, pero rodando los ojos ante lo que Hoseok había dicho.
–Espero que trates a Anya con respeto, JungKook, todos aquí sabemos que de inocente sólo tienes la cara –comentó Yoongi, haciendo reír a los demás.
–¡Yoongi Hyung! –exclamó él avergonzado, haciéndome reír.
–Gracias por cuidar mi honor Yoongi, pero igual se me cuidar sola –agradecí, guiñándole un ojo.
–Nosotros ya nos vamos. Si sucede algo me llaman –comenzó a despedirse JungKook, tomando mi mano y llevándome a la salida del lugar.
–Nos veremos luego, chicos –me despedí con la mano saliendo por completo del cuarto con JungKook.
–Lamento sus burlas, creo que están emocionados de lo que pasa –dijo avergonzado.
–Tranquilo, entiendo su comportamiento.
–Ahora, tú y yo tendremos una primera cita –expresó emocionado.
–¿Dónde?
–Es una sorpresa –contestó, tomando una chaqueta, sus gafas y una gorra.
–No soy fan de las sorpresas.
–Yo sé que esta te encantará –aseguró con una sonrisa, tomando la manija de la puerta y saliendo del cuarto para ir al ascensor.
♫♫♫♫♫
–¿Ya llegamos? –pregunté apenas se detuvo.
JungKook tuvo la maravillosa idea de vendarme los ojos y llevarme a ciegas por no sé dónde. Le doy puntos porque no me hizo caer o tropezar de manera vergonzosa, pero de verdad me pone ansiosa todo esto, la incertidumbre y yo no somos buenas amigas.
–Eres impaciente –contestó entre risas.
–Ya dije que es uno de mis tantos defectos.
–Y recuerdo haberte dicho que tienes más virtudes que defectos.
–¿Vas a quitarme la venda o no? –pregunté desviando la conversación.
Él volvió a reír y sentí sus manos en el nudo de la venda, pero la presión de sus labios en los míos me tomó por sorpresa. Casi caigo porque soy una exagerada cuando me sorprendo, pero su agarre en mi nuca no me hizo ir muy lejos.
–¿Y eso por qué? –pregunté tocando mis labios.
–Porque quise besarte, y ahora que salimos puedo hacerlo –respondió como si fuera algo obvio.
–Que sutil.
–Un poco, pero la verdad ahora quiero hacerlo de nuevo –confesó, tomándome de la cintura, acercándome más a su cuerpo y besándome como dijo que haría.
No supe si me sentí aturdida porque estaba con los ojos vendados y parecía que mis otros sentidos se habían multiplicado, o porque estaba besándome de manera lenta y dulce, como si quisiera saborear cada rincón de mi boca, haciéndome estremecer más de una vez. Como quiera que sea, JungKook es un buen besador, uno que no termina de sorprenderme.
Correspondí a su beso con la misma lentitud y dulzura. Me paré de puntas para intentar estar a su misma altura, colocando mis manos en su pecho, subiendo lentamente para rodear su cuello con mis brazos, así podríamos estar más cerca. Tuve este loco impulso de morder su labio, haciéndolo de manera ligera, causando un leve sobresalto en él.
–Mordiste mi labio –señaló, luego de que nos separara y terminara por quitarme la venda.
–Lo siento, fue un impulso loco que tuve –murmuré avergonzada, sonriéndome de modo dulce.
–No te disculpes ni te avergüences si era algo que deseabas hacer –trató de calmarme, dándome un beso corto –. Ahora, quiero que mires tu sorpresa –dijo él, haciéndose a un lado.
Vale, puedo decir a mucha honra que pocas veces algo logra sorprenderme de tal manera que me deja sin palabras, y JungKook sí que lo logró con honores.
Frente a mi había una cesta con lo que parecían recipientes de comida, globos y una manta encima del césped, algo sencillo, pero bastante significativo para alguien que sabe apreciar los pequeños detalles que marcaban la diferencia en cualquier situación de la vida.
–Pero, ¿qué rayos es esto? –pregunté confundida y maravillada.
–Es tu sorpresa –respondió, tocando levemente su oreja –. Me has dicho que nadie te ha llevado a comer o a pasar un buen rato al aire libre, pude haberte llevado a un restaurante, pero me hubiesen reconocido ahí –suspiró avergonzado.
››Estuve pensando en que hacer y este fue el único escenario que se me ocurrió, uno donde tendríamos privacidad, o al menos un poco de ella. Sé que es algo cursi y bobo, pero quería que tuvieras algo especial –sonrió, quitando su mano de la oreja, esperando mi reacción.
Vale, otra cosa que puedo admitir con lo que es franqueza, que muy pocas veces he tenido ganas de llorar por alguna situación. No sé si es por mi naturaleza fría que hace que no me conmueva fácil o qué, pero ahora mismo sentía mis ojos arder ante las lágrimas que intentaban escapar de ellos.
No puedo recordar ahora mismo si alguien hizo algo igual de dulce y especial como JungKook lo ha hecho ahora, y admito que esto me hace sentir más de lo que esperaba. Una opción era enloquecer ante este hecho, comenzar a buscar razones del porque lo haría o que querría a cambio, pero hice algo mucho mejor que eso, o al menos, algo que no esperaba.
Rápidamente fui hacia él y lo abracé por el cuello, en un afán de demostrar lo mucho que significaba para mí ese pequeño pero significativo detalle, porque ahora mismo sentía que las palabras no podían describir las emociones que estaba experimentando.
–Muchas gracias JungKook, es algo realmente especial...
–Anya, ¿estas llorando?
–No –respondí con voz más firme, tratando de ocultar lo tembloroso de mi voz.
Sus manos tomaron mi rostro con delicadeza para observarme fijamente. Supe el momento exacto en que vio esa lágrima traicionera deslizarse por mi mejilla, porque sonrió con dulzura y limpió su rastro con su pulgar, juntando nuestras frentes y mirándome con fijeza a los ojos.
–Tus ojos parecen más claros cuando están húmedos, es algo que me parece muy hermoso de ver, pero creo que es porque son lágrimas de felicidad y no de tristeza.
–No te burles de mí.
–Nunca lo haría preciosa, eso te lo puedo jurar – prometió, dándome un beso en la mejilla que tenía húmeda –. Vamos a disfrutar de esta cita, te prometo hacerla inolvidable.
Y sí que lo hizo.
No creo que sea necesario que relate toda la cita, pero sí creo necesario recalcar lo tierno, dulce y atento que fue JungKook conmigo. La plática, la compañía y el momento eran más que perfectos, eran ideales para mí, lo cual me hizo sonreír demasiado. Si antes no había tenido citas, o siquiera había tenido el intento de una, cualquiera se queda anulada con esta, siempre la considerare la primera de mi vida.
–Admito que jamás he tenido una cita así de linda –confesé, comiendo un poco del pay que había traído.
–Me alegra darte esta alegría, te ves muy hermosa cuando sonríes así.
–¿Siempre eres así de halagador?
–En ocasiones, pero contigo parece ser algo imposible de no hacer –murmuró en voz baja, inclinándose más hacia mi rostro.
Sonreí a medias. Sabía que iba a besarme, algo que se le estaba haciendo costumbre, pues durante este tiempo que estuvimos juntos, no dejaba de robarme pequeños o largos besos que me hacían suspirar sin que se diera cuenta, había tomado mis precauciones para que no me viera hacer algo tan vergonzoso.
–¿Anya? –preguntó una voz masculina que me hizo girar, encontrándome con alguien familiar.
–¿Kike? –pregunté casi sin creer a quien miraba a unos cuantos pasos del lugar donde estaba con JungKook.
–El mismo, ¿o conoces a alguien más? –se burló de mí, sonriéndome.
–Ahora vuelvo, voy a saludar –le avisé a JungKook en coreano, quien sólo asintió un par de veces, levantándome de mi lugar para caminar hacia mi amigo.
–Sólo conozco a un chico que se llama así y es un aventurero –respondí su pregunta anterior, chocando el puño con él, como nos saludábamos de manera habitual.
–Y yo sólo conozco a una Anya, y jamás pensé encontrarla en una cita –se burló de mí, acomodándose uno de los mechones de su muy rizado cabello detrás de la oreja.
–La vida esta para sorprendernos.
–Y a mí me sorprendió mucho, pensé que soñaba cuando estaba observándote besar a un chico que supongo, no es tu novio, o ese no fue el último chico con el que te vi.
–Eres un imbécil –me quejé, dándole un golpe en el brazo –. Y tienes razón, no es mi novio.
–Aun, porque se nota que le gustas mucho.
–¿Qué es lo que haces aquí? –pregunté, desviando el tema antes de que hiciera algún comentario estúpido.
–Vine a visitar a unos amigos.
–¿Yo soy parte de esa lista?
–Claro, tú eras la primera, pero veo que te interrumpí tu follada –se rio divertido.
–No voy a follar con él.
–Qué raro, cada chico con el que sales te lo quieres follar.
–De nosotros dos, el adicto al sexo eres tú, no yo –le recordé, lo que hacía que se metiera en varios líos amorosos.
–Es cierto, tú sigues siendo una inexperta en el tema, alguien tiene que hacer uso de lo que tiene.
–Creo que tu mamá si te dejó caer de pequeño, porque eres un idiota –me burlé, sintiendo unos brazos rodear mi cintura, al mismo tiempo que un peso se instauraba en mi espalda.
–¿Está todo bien aquí? –me preguntó JungKook, usando un tono de voz extrañamente serio, mientras recargaba su barbilla de mi hombro.
–Sí, sólo estábamos hablando un poco –respondí, extrañada de su tono de voz y la mirada seria que le daba a Kike.
–¿Acaso me ofendió? Porque sonó mucho a una ofensa –preguntó Kike confundido, pues no sabía ni una sola palabra en coreano.
–¿Por qué te ofendería?
–Porque a kilómetros se nota que esta celoso, pero no tiene motivos cuando nosotros somos amigos.
–Él no está celoso –lo contrarié con el ceño fruncido.
–Eres tan ciega, con razón usas lentes –se burló, haciendo que lo golpeará en el hombro con fuerza.
–¿No te ibas ya?
–Uy, qué cruel –se quejó, masajeando su brazo golpeado –. Ya me voy antes de que tu novio me mate, se ve muy... grande –murmuró la última palabra, como si le diera miedo.
–Miedoso, cobarde, eso es lo que eres –me burlé de él, a lo que Kike sólo se rio antes de irse. Cuando ya no lo veía, me giré hacia JungKook, que seguía con esa mirada y aspecto serio –. ¿Y a ti que te pasa? ¿Por qué tan serio? –le pregunte, llamando su atención.
–¿Quién era él?
–Era Kike, mi amigo de la preparatoria.
–¿Sólo amigo?
–¿Estas celoso? –pregunté de repente, recordando las palabras de mi amigo.
Llámenme ciega, pero no soy buena reconociendo los celos, de hecho, no recuerdo una sola vez que me haya puesto celosa con algún novio o alguien que me gustara. Nunca hice una escena, le grité o recrimine, de hecho, no creo que alguien me haya hecho sentir los celos, así que identificarlos es algo raro.
–Sólo un poco, es que... estabas tan a gusto con él riendo... –murmuró inseguro.
Lo observé atentamente, anonada de ese cambio de humor, luego comencé a reír, girando como pude entre sus brazos, para darle un beso en la mejilla que lo hizo verme confundido, como si no entendiera mi actitud.
–Kike es un amigo, no puedo decir que es mi mejor amigo, pero nos llevamos bien. Es algo idiota y enamoradizo, pero jamás me ha faltado al respeto u ofrecido algo más que amistad.
–¿Enamoradizo?
–Sí, se enamora de muchas chicas y estas suelen romperle el corazón, así que yo aparezco para consolarlo de buena manera, escuchando sus lamentos y lloriqueos, pero jamás me ha dicho alguna palabra de amor porque no existe algo así entre nosotros.
–Lo siento, es que... no puedo evitarlo –dijo avergonzado, haciéndome reír de nuevo, se veía adorable.
–Tú eres un celoso sin remedio, pero era algo que ya esperaba.
–¿En serio?
–Sí, pero eso no le quita lo raro.
–No debería ser raro, a ti siempre debieron celarte, más porque eres una chica hermosa –aseguró sonriéndome.
–Si lo hicieron jamás me di cuenta, pero es mejor irnos, ya es tarde.
–Déjame llevarte a tu casa.
–Está bien, no hay problema –acepté, ayudándolo a recoger todo e ir a la camioneta que nos esperaba.
No tardamos mucho en llegar a mi casa, tal vez porque nos la pasamos hablando y no sentí el viaje, pero muy pronto vi cómo llegamos a mi calle, sintiéndome triste de no poder pasar más tiempo con él. El conductor nos dejó a una cuadra, lo que le dio oportunidad a JungKook de dejarme hasta mi casa y tomar mi mano, lo que me hizo sonreír un poco, dejando de lado la tristeza que pude haber sentido.
–Siento que el tiempo pasó muy rápido –dijo él en un suspiro.
–Eso sucede cuando pasas tiempo con la persona que te gusta –solté de manera casual.
–Me gusta cuando eres expresiva con tus sentimientos.
–Tú me haces ser así –confesé de pronto, avergonzándome rápidamente por lo cursi que sonó eso.
–¿Por qué te avergüenzas? –preguntó, colocándose frente a mí –. Es lindo que digas esas cosas
–No estoy acostumbrada a decir ese tipo de palabras.
–Conmigo te acostumbrarás –aseguró, inclinándose para besarme, por lo que me alcé un poco de puntas, antes de oír un ruido muy parecido a alguien chocando con un mueble, girando a la puerta –. ¿Qué pasa? –preguntó. Negué con la cabeza, abriendo la puerta, encontrando a mis hermanos del otro lado.
–¿Y ustedes que hacen aquí? –pregunté cruzándome de brazos, cuestionándome el porqué de sus caras serias.
–¿Crees que estas son buenas horas de llegar? –preguntó Jasón arqueando una ceja.
–¿Desde cuándo me vigilan?
–Mamá lo ordenó –respondió Rick.
–Sí, claro, ¿por qué no van a hacer otra cosa? –los corrí sin tacto, mientras ellos se fueron refunfuñando, pero Rick volvió, señalando a JungKook.
–No te sobrepases con nuestra hermana o te daremos una paliza, no nos importa que tan famoso seas.
–¡Rick! –exclamé ofendida, yéndose antes de que le dijera algo más.
–Tus hermanos sí que te quieren, te celan mucho –dijo JungKook divertido.
–Están locos, eso es lo que pasa –comencé a divagar, siendo interrumpida por su beso en mi mejilla.
–Mejor me voy antes de que regresen y me corran a patadas.
–Está bien. Gracias por la cita.
–Gracias a ti por aceptar – se despidió, sonriéndome y dando la vuelta para regresar a la camioneta.
Me fijé en ambos lados de la calle y luego detrás de mí, para hacer la cosa más loca y divertida que alguna vez he hecho, algo que sabía que tenía que hacer sin importar lo cursi o tonto que se viera después.
–¡JungKook! –lo llamé, haciendo que girará para correr hacia él y besarlo.
Mis manos tomaron sus mejillas, alzándome en las puntas de mis pies para besarlo, sintiendo sus manos colocarse en mi cintura, para luego, deslizarse a mi espalda. Sé que estaba sorprendido porque nunca tomó la iniciativa, pero esta vez tenía muchas ganas de hacerlo. No fue un beso exageradamente largo, fue corto y dulce, porque corría el riesgo de que alguien me viera y se burlara.
–¿Y eso por qué fue? –preguntó cuándo me separé.
–Porque en toda nuestra cita me di cuenta que te gusta mucho hacerlo, no era algo que te iba a negar ahora –respondí con una sonrisa. Me sonrió de vuelta y me dio otro beso.
–Gracias por eso. Buenas noches, Anya, que sueñes lindo.
–Tú también – me despedí, soltándolo y observándolo irse.
Fui hacia mi casa, cerré la puerta y corrí a mi cuarto desplomándome en mi cama. Hoy fue un día maravilloso y sentía que nada ni nadie podía arruinarlo. Me sentía tan feliz, tan positiva que me aferré a esas sensaciones durante mucho rato, no quería que me abandonaran ahora que tenía la seguridad de que podía tocar la felicidad con mis dedos.