Sábado, fue deprimente. Me la pasé viendo películas y deprimida por ser ignorada por mi amor platónico cuando se suponía que era yo quién lo tenía que ignorar. Domingo, no era día laboral. Menos probabilidades de arreglar las cosas. Lunes, el inicio de una nueva semana. Ya habían pasado 7 días, eso quería decir que sólo quedaban 23 días para cumplir mi meta, pero como iban las cosas eso se veía difícil. Me encontraba acomodando unos documentos que me había entrado Andrea, órdenes del jefe, cuando fui interrumpida —Gabrielle. No hacía falta que levantara la vista para ver quién era, decía mi nombre tantas veces al día que ya me había aprendido de memoria como era su timbre de voz. Levante la vista y fingí una sonrisa —¡Andrea, que sorpresa! ¿Qué sucede? —El jefe te quiere en su ofi

