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4780 Palabras

Liam se levantó, y con una servilleta le secó las lágrimas al pequeño mientras susurraba algo a sus oído. El señor Daniel palmeteó la espalda del otro niño. —Ya, tranquilos, campeones. Pancho esta en el cielo; y es muy feliz ahí.—Aseguró Daniel. Los rasgos de Verónica se suavizaron, cuando volvió su vista a mí. —Hace un par de meses murió la mascota de los niños; era un pez payaso.—Estiró su mano por sobre la mesa y apretó la mía en un gesto de simpatía.—Lamento lo de tu padre, debió ser muy difícil para todos ustedes. Tomé una profunda aspiración, e intenté evocar el recuerdo de mi padre. Era un hombre bueno, ese fue mi primer pensamiento, no tenía sentimientos o recuerdos pesados que me hicieran pensar en él con dolor o tristeza. Lo extrañaba muchas veces, y me entristecía cuando ve

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