Hablé con los chicos, Miguel y Pepe habían confirmado que sí irían a la fiesta y ya habían contactado con algunos otros chicos de los que nos juntábamos en clase para confirmar quién iría, así que les dije que me apuntasen en la lista. Qué pena que Borja aún estuviese fuera de España, pero un día chateando por internet le comenté mis intenciones de ir a aquella fiesta, no dijo gran cosa, pero me animó a no arrepentirme a última hora.
Reservaron un salón en un bar-restaurante que ponía comida para picar y bebidas, y además tenía música y juegos tipo diana, mesa de billar y futbolín en el mismo salón. Cuando me lo dijeron me pareció un sitio un poco cutre para un reencuentro de antiguos alumnos, pero probablemente muchos compañeros aún estuviesen estudiando y no tuviesen mucho dinero, así que no le di mayor importancia al lugar.
Llegó el día de la reunión. Era noviembre y ya hacía frío, pero me sudaban las manos mientras caminaba hacia el lugar. Había pensado mil veces qué le diría a Desi si realmente la veía ese día, pero nada de lo que se me ocurría me parecía buena idea, así que, aunque iba con todas las ganas de volverla a ver, una parte de mí tenía ganas de decepcionarse porque ella realmente no fuese. Quizás el no verla sería lo más fácil, quizás yo ni siquiera debería estar allí, pero me había apuntado y había quedado con algunos compañeros y amigos, y no podía darles plantón por miedo a no saber qué decirle a Desi.
El sitio me sorprendió, conocía el bar de haber pasado por delante en varias ocasiones, pero nunca había entrado, y aunque parecía el típico bar de viejitos de barrio, el salón tenía muy buena pinta para cualquier tipo de celebración. Los chicos me estaban esperando en la puerta cuando llegué, así que enseguida entramos y pedimos unas cervezas. Había bastante gente ya, pero entre tantas caras que intentaba reconocer, no encontré a Desi. Después de dar varias pasadas con la vista a todas las caras, definitivamente ella no estaba, mi corazón se paró un instante y se me hundió en el pecho. Respiré hondo un par de veces para calmar la idea de salir de allí lo más rápido posible. Ya había ido, estaba allí, al menos aprovecharía para hablar con algunas personas, comer algo y tomar unas cervezas con mis amigos.
Me reía de algunas anécdotas que estaban contando los chicos cuando alguien me agarró del brazo suavemente.
- Hola, Checo. – Ella sonrió cuando me giré a mirarla.
- ¡Lidia! – la abracé para saludarla. Era una de las mejores amigas de Desi y también la hermana pequeña de un buen amigo y antiguo compañero de equipo. - ¿Cómo estás?
- Bien, muy liada en la universidad, pero cuando me enteré de esta quedada me apeteció mucho venir. Me ha sorprendido verte… - En ningún momento dejé de prestar atención a Lidia, pero mis ojos hicieron otro recorrido entre las caras del salón, si ella estaba aquí, seguro que Desi también.
- Ya, bueno… decidí venir casi a última hora. Llevo sólo un par de meses viviendo en Madrid, he estado fuera todos estos años.
- Sí, ya… algo me contó mi hermano.
- Joe, tengo que llamarle, no he quedado con él desde que volví. ¿Tiene el mismo número de siempre? – no la veía entre la gente, pero seguía buscándola.
- Sí, claro, llámale, le alegrará saber que has vuelto. – Lidia hizo una breve pausa. – Ella no está aquí… - dijo con algo de pesar.
- Oh vaya… lo siento.
- No te disculpes – sonrió de nuevo. – Cuando te vi, tenía claro que estabas aquí por ella.
- Ya… ¿cómo está? – di por hecho que ellas seguían siendo amigas.
- Sinceramente, no sé mucho de ella. Dejamos de hablar los primeros años de universidad… - se puso algo triste al recordar. – Creo que teníamos objetivos diferentes, y yo me quise centrar en mi carrera, así que perdí el contacto con ella. Lo poco que sé es por Roberto y Rosi, a veces salen juntos, y Rosi sigue siendo muy amiga de María, así que a veces me llega alguna cosilla, pero poco te puedo contar, sigue en la universidad y creo que se junta con alguna gente que a María no le gusta mucho, pero no sé mucho más.
- Oh… se me hace raro escucharte así, erais tan inseparables que cuesta no veros juntas como otros grupillos – señalé en general al salón haciendo círculos al aire con mi dedo.
- Ya… a veces los caminos se separan.
- Y a veces pueden volver a juntarse – respondí casi en un susurro.
- ¿Por eso has venido a la fiesta? – asentí. - ¿La sigues queriendo?
- Siempre… - agaché la mirada. – Aunque quizás ya no seamos las mismas personas que se conocieron en el instituto.
- El tiempo pasa para todos, Checo, y aprendemos a vivir con las decisiones que tomamos. – Me dio otro abrazo, y se sintió como una despedida. – Me alegro mucho de verte, quizás nos veamos por el barrio ahora que has vuelto a Madrid, aunque yo realmente paso más horas en la universidad que en ningún otro sitio.
- Yo también me alegro de verte. Dile a Roberto que le llamo un día de estos. Cuídate mucho, Lidia.
- Y tú.
Volví con mis amigos cuando ella se dio la vuelta para ir a saludar a otras personas y poco después la vi ponerse su abrigo y salir del salón.
Efectivamente, sentí decepción de no ver allí a Desi, no por ella, sino por mí. Me había creado una falsa esperanza de verla y unas expectativas de poder abrazarla y hablar con ella, aunque no se me ocurriese nada que decirle. Y no pude hacerlo. El resto de la noche quizás estuve un poco apagado, cansado, quería marcharme, pero me quedé un rato más por mis amigos, hacía tiempo que no veía a algunos de ellos y en el fondo lo estaba pasando bien recordando viejas anécdotas y charlando con ellos de lo que habíamos pasado cada uno estos años desde que salimos del instituto.
Estuvo bien ver a la gente, algunos parecían haber madurado y otros seguían siendo bastante niñatos, pero en general fue una noche agradable.
En los días siguientes, las palabras de Lidia resonaron en mi cabeza más de una vez “creo que se junta con alguna gente que a María no le gusta mucho”. María siempre había sido protectora con Desi, me lo dejó bien claro el día que me enteré de que eran hermanas, así que empecé a creer que Desi ya no era la misma niña que yo conocí. Estaba claro, el tiempo pasa para todos y queramos o no, nuestras vivencias nos cambian. Decidí dejar de imaginarme cómo sería la nueva Desi y con qué clase de gente se juntaría. María una vez creyó en mí, y yo estaba convencido de que mi cambio personal había sido a mejor, así que, si ella se juntaba con gente que a María no le caía del todo bien, entonces quizás ya no le gustase alguien como yo. ¿Debía tomar esto como otra señal para intentar olvidarla? Definitivamente, sí.
Durante varias semanas estuve un poco alicaído, yo mismo me daba cuenta, pero como siempre, me refugié en mi trabajo y mis sobrinos para mantenerme ocupado y no pensar mucho.
Por suerte, el trabajo también me había dado grandes amigos con los que hablaba a menudo, aunque fuese por mensaje, y a los que veía de vez en cuando. Hacía ya tiempo que habíamos decidido fijar un día al mes para vernos, a veces solos y otras veces con las parejas (los que tuviesen) así alimentábamos esta relación de amistad que iniciamos en el trabajo, o incluso en la academia, porque invité a Saúl a unirse a nuestro grupo ya que habíamos hablado de que fuera del trabajo los rangos de cada uno no nos importarían. Nos lo pasábamos bien cuando quedábamos, daba igual si era ir al campo de tiro a practicar, ir de cañas, hacer alguna escapada a la montaña o salir de copas alguna noche.
Antes de terminar el año nos llegó una comunicación a la brigada sobre la siguiente misión en el extranjero, en la que quizás tocaría participar. No se sabía aún y no se sabría hasta como mínimo seis u ocho meses después si tendríamos que ir finalmente. Como brigada de apoyo sanitario, hasta el último momento no nos dirían si teníamos que ir o no, de todas formas, al recibir la comunicación no me lo pensé mucho y me apunté voluntario. Era una buena oportunidad para conseguir puntos de cara al próximo ascenso. Había decidido parar un poco, establecerme como teniente unos años y después volver a estudiar para seguir ascendiendo.
Después de las vacaciones de Navidad, Díaz me comentó que se iba a casar, habían hablado de casarse cuando su novia terminase la carrera universitaria, pero él se iría de misión en el segundo relevo del año y querían casarse antes de que él tuviese que marchar.
En la siguiente quedada del grupo, a la que también fueron las parejas, Díaz y su novia, Inma, nos dieron las invitaciones a la boda. Además, nos pidieron que todos formásemos parte del pasillo de sables al terminar la ceremonia, y no pudimos negarnos. Y menos yo, Díaz me pidió que estuviese al final del pasillo y fuese yo el encargado de dar el broche final a la ceremonia. Fue todo un honor que me eligiese a mí para eso, significaba que me apreciaba tanto como yo a él, pese a que sólo hiciese unos pocos años que nos conocíamos, así que acepté dándole un gran abrazo de hermano.
Los meses pasaron rápido. Hablaba con Díaz a menudo sobre su preparación para la misión, era la misma a la que quizás fuese mi brigada sanitaria, así que intentaba apuntarme a cada charla y ejercicio de preparación que me notificaban por si finalmente tenía que ir, aunque la realidad era que todos los relevos de misión nos tocaban de cerca, aunque sólo fuese para preparar material sanitario y de ayuda humanitaria.
Además, Borja había vuelto de Inglaterra, así que a veces quedaba con él para salir a tomar algo o ver algún partido, y también retomé el contacto con Roberto y con algunos otros antiguos compañeros del equipo de fútbol así que de vez en cuando quedaba con ellos para echar un partidillo. Seguíamos quedando en el campo del parque, era el único sitio donde seguía recordando a Desi, tal vez porque mi mente se concentraba en el balón y por un rato creía tener quince años de nuevo y ser el mejor con el balón. Alguna vez la imaginé llegando al campo con sus amigas, pero era sólo una ilusión, un recuerdo.
Al acercarse la fecha de la boda de Díaz, tuvimos que hacer un par de ensayos del final de la ceremonia. Mamá me ayudó a preparar mi traje de gala para la ceremonia, y a limpiar el sable que el abuelo me había regalado en el ascenso a teniente. Era el suyo, así que tenía mucha historia, muchos eventos y muchas ceremonias, y yo lo llevaba con orgullo.