El día de la boda de Díaz hacía muchísimo calor, así que aproveché para bajar con Aarón a la piscina de casa por la mañana, se había venido a pasar el día aquí porque había varios vecinos con hijos de su edad y se llevaba muy bien con ellos, así que desde que abrieron la piscina a principios del verano, se venía casi todos los fines de semana y también muchos días entre semana desde que le dieron las vacaciones en el colegio.
Era increíble verle jugar en el agua, disfrutaba como un pez y ya sabía nadar bastante bien, pero aquel verano me pidió que le enseñase a tirarse de cabeza porque le daba miedo. Me encantaba pasar esos ratos con él.
Me eché un rato en la cama a descansar después de comer. Díaz no había querido despedida de soltero y le respetamos, pero le prometimos que en la boda íbamos a darlo todo, así que después de descansar un rato, me di una ducha y me vestí para subir a la catedral. Habíamos quedado un rato antes todos los del grupo para recordar cómo nos teníamos que organizar después de la celebración y para aprovechar a tomar algo. Algunos ya habían ido a más bodas, pero era mi primer pasillo de sables y además tenía una responsabilidad importante con los novios.
Nos sentamos todos juntos durante la ceremonia. Fue una misa sencilla y a la vez elegante, y cuando finalizó, todo el mundo empezó a moverse hacia la salida de la catedral. Nos organizamos para el pasillo de sables como habíamos ensayado, pero esperamos de forma relajada a la orden de uno de los mayores para formar. La gente nos miraba emocionada mientras chocábamos los sables en alto formando arcos para que los novios pasasen. Yo miraba serio, guardando el tipo, al capitán Pérez que tenía justo enfrente, él iba a darme la señal, y cuando lo hizo, miré de reojo a mis amigos recién casados acercarse a nosotros, caminando despacio y sonrientes. El capitán y yo bajamos nuestros sables cerrándoles el paso y, pese a que me temblaba todo por dentro, con la voz firme dije en alto:
- Si el arco quieres cruzar, a la novia has de besar.
Díaz besó a Inma, y esa era la señal para que el capitán y yo levantásemos nuestros sables de nuevo. Comenzó una lluvia de arroz para los novios que nos pilló de lleno, pero enseguida rompimos filas para disfrutar de la fiesta junto a todos los demás invitados.
Me reuní con todos mis amigos para comentar la ceremonia. Las chicas que iban con el uniforme de gala se marcharon rápido para poderse cambiar de ropa, y el resto nos quedamos charlando un rato hasta que avisaron de que debíamos ir a los autobuses que nos llevarían al club deportivo donde se iba a celebrar el banquete.
Me senté en un asiento con ventanilla justo delante de donde se había sentado Saúl con un teniente amigo de Díaz y a mi lado se sentó el capitán Pérez porque su esposa se había ido a la parte de atrás del autobús con otras chicas que conocía. Estaba sentado en el reposabrazos y apoyado en el cristal riéndome con Saúl cuando al girar la cabeza vi a una chica parada, de pie al principio del pasillo del autobús, a escasos dos metros de nosotros. Me sorprendí al verla y pestañeé un par de veces, incrédulo, esperando que hubiese sido una alucinación. Eran sus preciosos ojos verdes, pero estaba diferente, se había cambiado el pelo y estaba más delgada. Me sonrió. Sin duda era ella. Sus hermosos ojos verdes y su sonrisa, de nuevo ahí, frente a mí. Le devolví la sonrisa y ella saludó con la mano.
- Desi… avanza que estás haciendo cola – escuché a un tipo justo detrás de ella ¿quién era? ¿sería su novio?
Avanzaron por el pasillo hasta más o menos la mitad del autobús y vi que se sentó con una chica y se pusieron a cuchichear. Era ella. Estaba ahí. ¿Cómo?
Intenté seguir la conversación con mis amigos y compañeros, pero mi cabeza sólo pensaba en Desi. Debía de ser amiga de Inma, porque conocía a muchos amigos de José y no me sonaba haber escuchado nunca el nombre de Desi en ninguna conversación. Levanté mi cabeza varias veces en todo el trayecto hasta el club para mirarla, a veces nuestras miradas se cruzaban y me hacía sonreír.
Me dio la sensación de que seguía siendo la misma chica tímida de siempre. Sorprendida, como yo, por encontrarnos así, pero… ¿estaría igual de ilusionada que yo por este reencuentro? Mi corazón iba a mil por hora desde que la vi parada frente a mí. Todas las ideas de intentar olvidarla de los últimos meses desaparecieron de mi mente. Estaba allí, tenía la oportunidad de hablar con ella, y las personas con las que estaba no parecían mala gente.
Al llegar al club me entretuve hablando con varios compañeros, así que la perdí de vista cuando bajamos del autobús, pero estaba seguro de que en algún momento de la noche podríamos hablar. Quería abrazarla.
La primera parte de la fiesta era un cóctel en el patio del restaurante del club, era un ambiente distendido con la gente mezclándose y saludándose, quizás la primera oportunidad para saludarla. Desde donde estaba hablando y tomando algo con mis compañeros, echaba un vistazo a la gente de alrededor para ver si localizaba a Desi, pero no la encontré entre tanta gente.
Los novios llegaron un poco más tarde que el resto. Les recibieron con unas copas de champán y el padrino de boda, que supuse que era el padre de Inma, hizo un brindis al que nos unimos todos los invitados. Después seguimos con el cóctel y vi a José e Inma saludando a varios grupos de personas.
Cuando los novios llegaron a saludar a nuestro grupo, todos les abrazamos y felicitamos. Y ya cuando se iban para seguir saludando a sus invitados, me acerqué a ellos.
- ¡Chicos! – agarré a José del codo mientras se giraba. – Perdonad el asalto, supongo que queréis saludar a más personas, pero… ¿hay entre los invitados una chica llamada Desiré? – no sabía bien cómo preguntar.
- Sí – respondió Inma sonriendo – es una amiga de la universidad, ¿la conoces?
- Fuimos amigos en el instituto, pero… no la había vuelto a ver hasta que se ha subido al mismo autobús que nosotros – dije con algo de cautela.
- Pues creo que está allí – dijo mientras se giraba un poco. – He visto por esa zona a mis compañeros de la universidad, vente que vamos a saludarles.
No me dio tiempo a responder, Inma se giró hacia donde había señalado y empezó a andar deteniendo por el camino a un par de personas que se acercaban, diciéndoles que luego volvía a saludarles. José y yo la seguimos. José no preguntó, pero cuando Inma se paró frente a sus amigos, no vi a Desi en el grupo, José me dio una palmadita en la espalda y se acercó a saludar. Yo me quedé a un lado, pero cerca de Díaz.
Desi apareció un minuto después, probablemente estuviese en el aseo. Inma soltó el abrazo a su otra amiga para acercarse a abrazar a Desi.
- Desi… estás preciosa, me alegro tanto de que todos hayáis podido venir. – dijo Inma.
- Tú sí que estás preciosa, es todo maravilloso y muy bonito. – respondió ella sonriendo.
- ¿Sí? ¿lo estáis pasando bien?
- Sí, es todo genial y este sitio está muy bien.
- Desi – Díaz también se acercó a saludarla.
- Tú también estás muy guapo, cuídanosla mucho – él se rio de su comentario.
- Por supuesto, siempre lo he hecho y siempre lo haré – Inma cogió de la mano a su ahora marido. – Desi, creo que tenemos amigos comunes – dijo él echándose a un lado para que yo me pudiese acercar.
Vi a Desi sonreír y morderse los labios claramente nerviosa. No pude mirar a nadie más, sólo a ella.
- Hola Desi – dije abriendo mis brazos invitándola a un abrazo.
- Checo… - susurró mi nombre y mi corazón se aceleró mucho más al ver en sus ojos el millón de emociones que habían venido a ella, siempre había sido muy expresiva.
La vi un poco paralizada, pero me atreví a dar un paso hacia ella y envolverla en un abrazo que paró un instante el reloj cuando ella también me abrazó a mí.
- Teniente Montes ahora – se rio José dándome una palmada en la espalda.
- Por supuesto, Teniente Díaz – le respondí riendo por la broma.
Solté mi abrazo, pero no pude dejarla marchar tan rápido y mantuve mi mano en su espalda.
- ¿Te han presentado? – dijo Desi en apenas un susurro. Negué con la cabeza manteniendo una sonrisa por estar de nuevo con ella. Señaló a sus amigos mientras decía sus nombres. – Tere. su novio Sergio, Jero e Iván. – hizo una pausa y me miró a mí – Él es Sergio, mi… mejor amigo del instituto, llevábamos… seis años sin vernos… – la miré intentando descifrar si en aquella presentación había algo oculto, porque sonó un poco raro. – Inma, Tere, Jero, Iván y yo somos compañeros en la universidad.
- Bueno, nosotros nos vamos a seguir saludando – dijo Inma. – Chicos, para el banquete estaréis con algunos de nuestros amigos en la mesa.
José e Inma se fueron a seguir saludando invitados. Los amigos de Desi empezaron a hablar entre ellos, supuse que para darnos un poco de espacio. Y nosotros, simplemente seguíamos mirándonos el uno al otro, sonriendo, sin pronunciar palabra. Me perdí una vez más en el verde de sus ojos, pero esta vez no era un recuerdo, la tenía de nuevo frente a mí.
- Creí que nunca volvería a verte – dijo en apenas un susurro, y de nuevo volví a sentirme culpable por todo lo que había pasado años atrás.
- Lo siento, Desi… - agaché la mirada un instante hasta que volvió a hablar.
- No, tranquilo, está todo olvidado y superado. Me alegro mucho de volver a verte. – Me sonrió y con ver su sonrisa, mi ánimo volvió a cambiar.
- Estás preciosa… cuando te he visto en el autobús no podía creer que fueses tú.
- Sigo siendo la misma Desi, un poco más mayor y más rubia, - dijo de forma un poco coqueta, - pero la misma.
- ¡Teniente! – una voz me llamó por encima del murmullo del resto de gente y me giré a ver quién era. El capitán Pérez me hacía señas para que fuese.
- Tengo que irme – sonreí – me reclaman.
- Claro, luego nos vemos – respondió ella.
- Guárdame un baile, por favor – le pedí.
- Todos los que quieras – se empinó para darme un beso en la mejilla que volvió a acelerar mi corazón, pero me marché hacia donde estaban mis amigos.