Esa tarde Susana llegó a ver a Robert. Entró sin llamar antes y se encontró con un doctor y una tens que no había visto antes.
―Perdón, buenas tardes, soy Susana, la esposa de Robert. ¿No está la doctorci… la doctora?
―Buenas tardes, señora, la doctora Dreckmann está en su día libre, yo soy el doctor Gonzalo Freeman, mucho gusto.
―Es un gusto, doctor, ojalá estuviera siempre usted, la doctora Dreckmann es tan seca para dar información.
―Susana, no digas eso ―intervino Robert.
―Pero si es verdad, amor.
―Hasta el momento solo hay opiniones buenas de la doctora Dreckmann, señora Susana, usted es la primera persona que nos dice algo así.
―Bueno, yo la veo así.
―Bien, Robert, estamos listos por hoy ―indicó el doctor―, su evolución ha sido bastante buena y espero que siga así; que pase una buena noche y nos vemos mañana.
―Gracias, doctor, hasta mañana.
―Hasta pronto, señora.
―Hasta pronto, doctor ―se despidió Susana.
―Hasta mañana, señor Ivanek ―se despidió la auxiliar.
―Hasta mañana y muchas gracias.
Ellos salieron y cuando Robert y Susana quedaron solos, ella lo miró.
―Veo que no viste a tu doctorcita hoy.
―Susana, no empecemos, ¿quieres? Necesito estar tranquilo.
―¿Vino tu familia a verte?
―Sí, vinieron en la mañana.
―¿Y tu amigo? No me gusta él, ¿sabes?
―¿Jorge? ¿Por qué no te gusta si no lo conoces?
―No sé, no me da confianza, siento que es cómplice tuyo.
―¿Cómplice? ¿Y en qué podría ser cómplice? No digas tonterías, Susana.
―No sé, siento que te ha contado cosas que yo no sé.
―Me ha contado cosas que yo he querido saber y que tú las debes saber también.
―Mmm, no lo sé, como son tan amigos tal vez sabe cosas de ti que yo no sé.
―Susana, no quiero hablar de Jorge, no sabes lo que dices, pero quiero hablarte de otra cosa.
―¿De qué quieres hablar? Yo quiero preguntarte cuándo me vas a transferir la plata para comprar el departamento, nos están esperando.
―Sobre eso quería hablarte.
―¿Lo vas a hacer? ―preguntó Susana, entusiasmada.
―No, Susana, no compraremos ningún departamento, pero quiero pedirte que nos demos un tiempo, estoy muy confundido con todo lo que estoy viviendo y necesito que dejemos de vernos por un tiempo.
―¡¿Qué?! ¿Estás terminando conmigo?
―No. Susana, no te alteres, solo te estoy pidiendo un tiempo, solo eso.
―¿Por qué quieres que dejemos de vernos?
―Porque estoy confundido, déjame salir de todo esto y entonces conversamos, ¿sí?
―¿Conversamos? ¿Qué vamos a conversar?
―Susana, necesito recordar para ver como seguirá mi vida, en estos momentos no sé nada, no recuerdo nada, no sé ni siquiera qué hago en mi trabajo, ¿te das cuenta? Tengo muchas cosas en la cabeza y necesito estar tranquilo.
―Tu familia seguirá a tu lado, por supuesto.
―Exactamente, Susana, ellos son mi familia y están a mi lado.
―Yo soy tu esposa, también soy tu familia y tengo derecho a estar contigo.
―Susana, uno puede separarse de la pareja, pero no de la familia.
―¡Yo soy tu familia! ¡No me voy a separar de ti, Robert!
―Te estoy pidiendo que nos demos un tiempo, Susana, solo eso.
―¿Y si no quiero?
―Tendrás que querer, de lo contrario no te veré nunca más.
―No puedes hacerme esto, mi amor, nosotros nos amamos, tú no podías vivir sin mí, Robert.
―Susana, no recuerdo nada de lo que me dices y es difícil vivir con una persona de la que no recuerdo nada, ¿puedes entenderlo?
―No, Robert, no lo entiendo, porque yo sí recuerdo cada cosa que vivimos juntos y como soy tu esposa mi deber es estar a tu lado y ayudarte a recordar. Cuando salgas de aquí debes seguir con tu vida lo más normal que puedas, solo así podrás recordar; viviendo el día a día a mi lado, como lo hacías antes de sufrir el accidente.
―No, Susana, lo que necesito en estos momentos es paz y no sé por qué siento que a tu lado no la tengo, necesito estar tranquilo.
―¿Qué no tienes paz a mi lado? ¡Conmigo eres muy feliz, Robert!
―Necesito paz, Susana, paz, tranquilidad y contigo no siento eso, ahora por lo menos, por eso quiero que nos alejemos un tiempo.
―¡Robert, te vas a arrepentir de querer dejarme, soy tu esposa y tengo todo el derecho de estar a tu lado!
―Susana…
Ella lo miró con indignación y salió de la habitación dando un portazo.
Robert tuvo la sensación de haber vivido eso antes. Vio a Susana gritando y saliendo de una habitación que no era la del hospital dando un portazo, como lo había hecho recién, el problema es que no escuchaba lo que ella decía. ¿Es que solo recordaría cosas de Susana? Además, la vez anterior ella también gritaba.
Quería recordar más, saber por qué Susana gritaba, que la hacía reaccionar así. ¿Es que solo discutían? ¿Por qué no recordaba algo bueno con ella? Si siempre era así como cuando lo iba a ver seguramente discutían mucho.
Tal vez Jorge sabía algo más; su amigo le había dicho que él pensaba dejar a Susana. ¿Es que ya se lo había dicho y por eso Susana reaccionaba así?
“¡Es mi mamá!”, decía él en su mente. ¿Su mamá? ¿A quién le decía eso? Sentía que se iba a volver loco si no recordaba pronto. ¿Qué tenía que ver su mamá? ¿A quién le hablaba él?
Necesitaba hablar con la doctora, pero ella no estaba y al día siguiente tampoco la vería.
Llegó a su mente el rostro de ella riendo, la misma imagen que había visto el día anterior. ¿Por qué venía su mente esa imagen? ¿De dónde la recordaba a sí? ¿Recordaba? No podía ser, él no la conocía de antes.
En su mente se cruzaron muchas cosas que Robert no pudo manejar y cayó en una crisis de pánico muy fuerte, por lo tanto, Ernesto, el doctor que estaba de turno esa noche ordenó que lo sedaran y llamó a Selena, ya que era su doctora de cabecera.
La doctora le dijo que estaría temprano en el hospital, aunque estuviera libre ese día.
Selena se preguntaba qué pasaría por la mente de Robert que provocó esa crisis de pánico.
¿Recordaría algo desagradable? Esa podía ser una razón, pero también podía ser que la mente de Robert no resistió tanta tensión y estalló en la crisis.
Quería ir en ese momento a verlo, pero Evans estaba dormido y no molestaría a Marcela a esa hora, pero al día siguiente estaría temprano allá en el hospital.
Llamó a Marcela para pedirle que al día siguiente llevara ella a Evans al jardín y le explicó lo sucedido con Robert contándole que la habían llamado para que fuera al hospital; Marcela le dijo que no había problema y que ella hiciera tranquila todo lo que necesitaba, por lo que Selena se sintió agradecida y se lo hizo saber a su amiga.
Esa noche durmió muy mal, estaba preocupada por Robert; tal vez estaba comenzando a recordar y eso… le daba miedo. Quería con toda su alma que él se recuperara totalmente, pero eso implicaba que él la recordara a ella y entonces tendría que contarle la verdad.
Al día siguiente, Selena estaba antes de las ocho en el hospital para hablar con Ernesto y ver juntos a Robert.
―Selena, el señor Ivanek tuvo una severa crisis de pánico, como te lo expliqué anoche; yo creo que se cruzaron muchas cosas por su mente y eso provocó que él estallara así. En medio de su crisis y con lo poco que podía hablar decía “mi mamá” y nombraba a Susana; también decía “la doctora, la doctora”; tal vez se refería a ti, ya que se sentía tan mal que solo te llamaba. Tuvimos que sedarlo para que se tranquilizara.
―Él no ha despertado aún ¿verdad?
―No, sigue dormido, pero debiera despertar dentro de las próximas dos horas.
―Gracias, Ernesto, me quedaré aquí hasta que despierte y ojalá lo haga mejor que anoche.
―Yo creo que él está recordando ciertas cosas y por eso reaccionó así, Selena.
―Yo también pienso lo mismo, Ernesto, antes ya había tenido como ciertos flashes de recuerdos; tal vez comience a recordar…
―Eso sería muy bueno, Selena.
―Sí, claro que sería muy bueno, esperemos que así sea, Ernesto; muchas gracias por llamarme anoche para contarme lo sucedido.
―Era mi deber, Selena, pensé que tenías que saberlo en el minuto que pasó. Tú estás libre hoy.
―Sí, es mi segundo libre.
―Dejaste a tu hijo por venir al hospital, Selena.
―Tú sabes que nuestro trabajo es así, Ernesto, pero Evans está ahora en el jardín, después pasaré por él y haremos algo entretenido.
―Ah, qué bien, entonces igual podrá disfrutar de su mamá.
―De todas maneras, Ernesto; ahora vete, tu familia te espera.
―Así es, y un turno en la noche también.
―Anda, ve a descansar y espero que el turno de esta noche sea más tranquilo, Ernesto.
―Gracias Selena, nos vemos mañana.
―Sí, Ernesto, nos vemos mañana y otra vez gracias.
Selena salió de la oficina y se dirigió hasta la habitación de Robert.
No sabía con qué se encontraría en el momento en que él despertara.
Sintió miedo.