Capítulo 25

1656 Palabras
Selena abrió la puerta despacio y se asomó un poquito. Ahí estaba Robert, dormido. Entró y cerró tras de sí y quedó de pie al lado de la cama del enfermo. Después de un momento se sentó en la silla que había al de la cama y lo miró. A su mente llegaron muchos recuerdos. Recordaba cuando estaba a su lado dormido, cuando despertaba y le sonreía para luego darle los buenos días con un beso en los labios. ―Robert… ―le habló bajito. Nada. ―Robert… ¿puede oírme? ―insistió. En ese momento él movió un poco la cabeza, pero no abrió los ojos. ―Robert… ―lo habló otra vez la doctora. Entonces él abrió los ojos lentamente y la miró. ―Selena… ―Robert… ¿cómo se siente? ―No lo sé, Selena, estoy un poco mareado. ¿Qué pasó? Ya te vas al hospital. ―Robert, usted está en el hospital, yo lo estoy controlando; tuvo una crisis. ―Pero… ¿no estamos en el departamento? Selena se preocupó al ver que la mente de Robert no estaba en el presente. ―Robert, usted está en el hospital ya que sufrió un accidente y yo soy la doctora que lo atiende, ¿lo recuerda? Robert cerró los ojos y trató de recordar. Sí, era verdad lo que decía Selena, recordó el accidente y a ella cuando lo rescató del auto, luego llegó la ambulancia y lo llevaron al hospital y desde entonces… Selena era su doctora. ¿Selena? ¿Por qué pensó que estaban en el departamento? ¿Por qué habría de estar con ella? ―Robert… ―escuchó la voz de Selena. Selena. Robert no entendía nada. ―Robert… Él abrió los ojos y la miró. ―¿Recuerda el accidente? ―Sí, sí, doctora, perdón, no sé por qué le pregunté si estábamos en el departamento. ―Está un poco confundido, Robert, tuvieron que sedarlo anoche, pero ya está mejor. Robert no dejaba de mirar a Selena. Recordaba esa imagen que siempre volvía a su mente. ―Llamaré a Clarita para tomarle los signos vitales; a las nueve vendrá Sergio a verlo. ―No quiero hablar, doctora, estoy bien así. ―Robert, necesitamos saber qué pasó. ¿Usted recuerda algo? ―Solo recuerdo que vinieron muchas imágenes a mi mente, doctora, como en una película en cámara rápida, pero solo imágenes, muchas y luego no sé qué pasó, pero no quiero hablar de eso. ―¿Se pone nervioso ante esa situación? ¿Esas imágenes le recuerdan algo, Robert? ―Eso es lo desesperante, doctora, que son imágenes que vienen a mi mente, pero… no sé qué me quieren decir o qué recuerdos son, solo son imágenes, no entiendo, no entiendo nada, es como si tuviera que armar un rompecabezas y no sé hacerlo, por eso no quiero hablar con Sergio. ―Pero él lo ayudará a descifrar lo que hay en su mente, Robert, solo tiene que hablarle sobre las imágenes que llegan a su mente y él tratará de descifrarlas junto a usted. ―No sé, doctora, no sé si quiero recordar… ―¿Cómo no va a querer recordar? ―En muchas imágenes veo a Susana gritando, sin escuchar lo que dice… ¿es que solo sabe discutir? También yo le digo algo sobre mi mamá, pero no sé qué es y además… Robert calló en ese momento. ―Además, ¿qué, Robert? ―No, nada, doctora, nada, hablaré con Sergio, pero dudo que él pueda ayudarme. ―Sergio es un buen profesional, Robert, y por supuesto que lo ayudará. ―No dudo de su profesionalismo, doctora, pero soy yo que tengo una maraña en mi mente. ―Es normal después de lo que le pasó, Robert, pero si tuviera todo claro no necesitaría la ayuda de Sergio y tal vez no estaría aquí; solo debe confiar en que todo saldrá bien. ―¿Y si lo que recuerdo no me gusta, doctora? ¿Si recuerdo una vida que no quiero llevar? ―Robert, siempre se puede cambiar el estilo de vida; usted debe vivir de acuerdo a sus gustos, a lo que lo hace feliz, a lo que lo hace sentirse realizado y siempre es tiempo de cambiar lo que a uno no le gusta. ―No sé por qué tengo la sensación de que no me gusta la vida que llevaba, tengo la sensación de que me falta algo… ―Entonces con mayor razón tiene que recordar su vida, Robert, y buscar aquello que le falta. ―¿Y si no lo encuentro o aquello no es para mí, doctora? ¿Qué hago entonces? ―Eso se verá en su momento, cuando esté seguro de qué es lo que quiere para su vida o… cuando sepa qué es lo que le falta, Robert, pero trate de ir despacito, no trate de descifrar todas las imágenes de una vez. ―Es desesperante estar así, doctora, es como ver un rompecabezas desarmado en donde hay una pieza que no calza, que no es del rompecabezas. ―¿Una pieza que no calza? ―Sí, doctora, pero son cosas que ni yo mismo entiendo. ―De a poco irá entendiendo todo, Robert, solo trate de estar tranquilo; llamaré a Clarita y luego lo dejaremos con un sedante suave, que no lo hará dormir, solo lo tranquilizará un poco. ―Está bien, doctora, pero… ¿usted no está libre hoy? ―Sí, lo estoy, pero Ernesto, el médico que lo vio anoche me llamó para contarme lo que pasó y por eso vine, necesitaba saber cómo estaba. ―Doctora, muchas gracias, pero ahora debiera estar con su familia. ¿Tiene familia? ¿Está casada? ―No, no estoy casada, pero sí tengo una familia. ―Tiene una pareja, ¿hijos? ―No tengo pareja, mi familia es… mi hijo, Robert. ―Ah, tiene un hijo; ¿qué edad tiene? ―Cuatro, tiene cuatro añitos. ―Es chiquito, doctora, no tenía que haberlo dejado para venir a verme, podría verme el médico de turno. ―No se preocupe, Evans está en el jardín en estos momentos. ―Ah, qué bueno. ¿Se llama Evans? Por lo menos no tuvo que dejarlo. ―Sí, se llama Evans y está bien en el jardín, luego pasaré por él y haremos algo entretenido. ―Eso debe hacer, doctora, hacer algo entretenido. ―Sí, es lo que hacemos cada vez que tengo libre, pero ya, llamaré a Clarita. En ese momento tocaron a la puerta y entró Gonzalo Freeman con Claudia, la tens que estaba de turno. ―¡Selena! ¿Qué haces aquí? ¿No se supone que hoy es tu día libre? ―preguntó el médico. ―Así es, Gonzalo, pero Robert sufrió una crisis de pánico anoche y tuvieron que sedarlo; Ernesto me llamó para avisarme. ―Sí, lo vi en la ficha, justamente veníamos a controlarlo. ―No te preocupes, yo lo controlaré, Clarita me ayudará. ―Está bien, como quieras, buenos días ―respondió Gonzalo y salió junto a Claudia de la habitación. Selena llamó a Clarita. ―Gracias, doctora. ―¿Gracias? ¿Por qué, Robert? ―Por atenderme usted, ya sabe que no me gusta mucho ese doctor. Selena sonrió. ―Usted es mi paciente, Robert, y si estoy aquí, yo lo controlaré. Clarita llegó en ese instante. Luego de tomar los signos vitales, Clarita le dio a Robert el medicamento que lo mantendría calmado. ―Gracias, doctora, gracias, Clarita ―agradeció Robert. ―Por nada, señor Ivanek ―respondió Clarita, saliendo de la habitación. Selena sonrió. ―No tiene que agradecerme, Robert, es mi trabajo y lo hago con gusto. ―Más gracias, entonces ―Robert sonrió. Se sentía bien al lado de Selena. Sentía como si la conociera de siempre y esa imagen… ¿por qué? Selena sintió un escalofrío. Era como si el Robert que había sido su pareja la estuviera mirando. ―¿Pasa algo, Selena? Ella sintió un nudo en el estómago. ―No, no, nada, Robert, solo que me gusta verlo así, un poco más animado y sonriendo. Saldrá de todo esto, ya lo verá. ―¿Ya se va? ―Sí, estaré en mi consulta unos momentos y luego me iré. ―Está bien, doctora, lamento que haya venido solo por mí. ―No se preocupe, lo haría de nuevo si fuera necesario. ―Gracias… Selena. ―Robert… nos vemos, que esté bien. ―Hasta mañana, doctora. Ah, quiero contarle algo. ―¿Sí? ¿Qué quiere contarme? ―Ayer vino Susana y le dije que nos diéramos un tiempo, que ya no viniera a verme. ―¿Y eso por qué? ―Es lo que le decía antes, sobre si no me gusta la vida que llevo, siento que no quiero estar con Susana. ―¿Cómo reaccionó ella? ―Se enojó, me dijo que me iba a arrepentir de no querer verla. ―Claro, no le gustó que usted le dijera eso. ―No, no le gustó, además, siempre está enojada o reclamando por algo y la verdad es que me aburre verla, es desagradable. ―¿Qué le puedo decir? Solo que no tome decisiones apresuradas, en estos momentos no está en condiciones de tomar ninguna decisión, Robert. ―Lo sé, por eso le dije que nos diéramos un tiempo, pero creo que en su momento terminaré mi relación con ella. ―¿Está seguro? ―Seguro, de eso estoy seguro ―respondió él mirándola a los ojos sin pestañar. ―Bueno, espero que le vaya bien con eso, Robert, ahora me voy, pasaré a verlo antes de irme del hospital. ―Gracias, doctora. Selena salió de la habitación hecha un atado de nervios. ¿Por qué de pronto sentía que Robert la miraba como antes? Y cuando la llamaba por su nombre… era como si la recordara. Además, Susana ya no iría a verlo…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR