Capítulo 11

1668 Palabras
―¿Qué pasa, Jorge? ―Ella… ella se llamaba Selena… Sí, ahora lo recuerdo. ―¡Entonces es el mismo Robert! ¡No puede ser tanta la casualidad! ―Sí, puede ser, entonces mi amigo tiene un hijo… ―Jorge, pero no puedes decirle nada, debemos hablar antes con Selena, es ella quien tiene que contárselo. ―No le diré nada, pero él se enojará conmigo si se entera que yo sé, Marce. ―Hablaremos hoy con ella, ¿sí? ―Sí, hoy se lo diremos. ―Jorge, yo no puedo traicionar a mi amiga. ―Ni yo a mi amigo, menos sabiendo cuánto él la amaba. ―Pero Selena es tu amiga también; ¿qué ibas a decirme cuando te acordaste del nombre de ella? ―Que en varias oportunidades Robert le dijo que quería conocer a su familia y que ella conociera a la suya, pero siempre pasaba algo y lo postergaban. ―Entonces quería algo más serio con ella. ―Por supuesto, dijo que por ella cambiaría su libertad, que ya no la necesitaba. ―Y Selena se fue para no amarrarlo con un hijo y no quitarle la libertad que él tanto amaba. ―A ella era a la que amaba, no a su libertad. ―¿Qué pasó luego? ―Un día él compró un anillo de compromiso, la iba a invitar a cenar y le pediría matrimonio, pero cuando llegó al departamento ella había sacado todas sus cosas y se había ido, cuando me llamó pensé que iba a enloquecer. ―¿Y luego? ―Nada, vino la desilusión pensando en que ella no lo amaba, que él solo había sido un juego para ella. ―¿Y después? ―Estuvo mucho tiempo solo hasta que conoció a una chica en un Pub y están juntos, pero él no la ama, es más, estaba pensando en terminar esa relación que no lo llevaba a ninguna parte, eso me lo dijo la última vez que nos juntamos, aunque ya me lo había dicho antes un par de veces. ―¿Está casado? ―No, solo vive con ella. ―¿Cómo se llama ella? Porque Selena dijo que al hospital había llegado la esposa de él, Susana, dijo que se llamaba. ―Sí, Susana se llama, pero no están casados. ―Entonces es el mismo, ya no cabe ninguna duda, pero Selena dijo que ella se había presentado como la esposa de Robert. ―Quizá no quiso decir que era su pareja. ―Pero no hay nada de malo en eso, Jorge. ―No, lo sé, pero tal vez solo no lo quiso decir. ―Pero ahora Selena piensa que él está casado. ―Pero esta noche hablaremos con ella. ―Sí, le contaremos todo, ¿verdad? ―Sí, claro que lo haremos. ―¿Cómo irá a reaccionar? ―Lo sabremos cuando hablemos con ella, Marcela. Susana esa tarde llegó al hospital nuevamente. En el pasillo se encontró con Selena. La miró de arriba a abajo y continuó su camino. Selena se volvió y la miró alejarse por el pasillo en dirección a la habitación de Robert; ella se dirigió al estar médico en donde estaba Alice. ―Doctora, el señor Ivanek me dijo que su esposa pasaría a la estación de policía a buscar su celular. ―Qué bueno, quizás ahí tenga algo que lo ayude a empezar a recordar. ―No es eso, doctora, lo que pasa es que la policía jamás tuvo el celular del señor Ivanek; el celular se lo entregaron a su esposa la misma noche del accidente, ¿se da cuenta? ―¿Cómo? ―Sí, doctora, el celular siempre lo tuvo ella, entonces… ¿por qué le dijo a él que pasaría a buscarlo a la estación de policía? ¿Qué esconde? ―Tienes razón, Alice, todo esto es muy extraño, ahora cuando venía para acá ella iba a la habitación de él. ―¿Y si no es su esposa? ―¿Qué? ―No sé, solo se me ocurrió… ―¿Por qué diría entonces que es su esposa? ―No lo sé, tal vez sea alguna amante… ―Si fuera así… ¿dónde está su esposa? ―Tal vez él no está casado… ay, no sé, doctora. ―¿Por qué le ocultaría que ella tenía su celular? ―Tal vez hay algo que ella no quiere que él sepa. ―Pero… ¿qué? ―No lo sé, pero no encuentro otra explicación para que no le dijera que ella tenía su celular. ―Todo esto es muy raro. ―Es verdad. ―Susana, ¿conseguiste mi celular? ―Sí, aquí está ―respondió ella entregándole el celular a Robert. ―Gracias ―agradeció él. Robert revisó su celular, no había nada más que algunas fotos con Susana, pero nada más. ―¿No hay nada de mi familia aquí? Quiero verlos, saber quiénes son. ―Hace poco perdiste tu celular y todas las fotos quedaron en el otro, eso es todo lo que hay. ―Pero aquí deben estar registrados los números de ellos. Susana miraba a Robert. Si los llamaba… ¿qué pasaría? ―Sí, aquí dice “mamá” y acá “papá”. Llamaré a mi mamá primero. No, mejor a mi papá. ―¿Es necesario que lo hagas ahora? Quizás en qué horario estén ellos ahora. ―Tienes razón. Llamaré a mis hermanos. Susana guardó silencio. ―Los llamaré más tarde, después que tú te vayas. ―Creo que es lo mejor, no vine a verte para que hables por teléfono. Susana estaba nerviosa, no sabía qué pasaría cuando Robert hablara con sus cuñados, pero, en todo caso, ella seguiría afirmando que él le había dicho que viajaría a Escocia, de todos modos, él no lo recordaría y, en última instancia, podría decir que él tenía una amante y que seguramente se reuniría con ella. No debía perder la calma. Lo que la tenía muy intrigada era la foto de la doctora que había encontrado en el celular de Robert. ¿De dónde la conocía? ¿Los uniría algo? ¿Qué sería y por qué ella no decía que lo conocía? ¿Qué ocultaba? ―¿En qué piensas? ―preguntó Robert. ―Que en el celular no encontrarás nada que te haga recordar. ―No, no hay fotos por lo menos, pero podré hablar con mis hermanos y ellos me contarán. Susana no contestó, sentía que lo que había planeado no daría resultado; no quería que Robert recuperara la memoria ya que sabía que su relación estaba llegando a su término. Susana dejó caer unas lágrimas. ―¿Qué pasa, Susana? ¿Por qué lloras? ―preguntó Robert. ―Pienso en que no quieres ir a vivir conmigo y me da mucha pena, somos tan felices, disfrutamos tanto el uno del otro que ahora, al decirme que no irás a vivir conmigo me da una tristeza enorme. Robert tomó la mano de la que suponía era su esposa. ―Susana, no llores, pero entiéndeme, para mí es muy difícil convivir con alguien de quien no tengo recuerdos; dormir contigo, despertar contigo es hacerlo con una desconocida, con alguien a quien conozco recién, para mí no sería cómodo y creo que para ti tampoco. ―Para mí sí lo sería, Robert, eres mi esposo, yo no perdí la memoria, te recuerdo perfecto. ―Puede ser, pero yo no podría actuar o comportarme como tú quisieras, Susana, y entonces surgirían los problemas, ¿me entiendes? ―No, no lo entiendo, porque estando a mi lado yo te haría recordar muchas cosas, Robert, te haría recordar todo. ―¿Y si no recupero la memoria, Susana? Es algo que podría pasar. ―Si es así ― “ojalá así fuera” pensó Susana―, entonces haría que te enamoraras otra vez de mí, Robert, y te daría otra vez cada momento vivido conmigo. ―No, Susana, yo a ti no te conozco, perdóname que te lo diga así, pero es lo que siento, no iré a vivir contigo. ―Pero, Robert… ―Susana lloraba. En ese momento tocaron a la puerta y entró Selena con Alice. Era la hora del control de Robert. ―¡Doctora! ¿No ve que estamos conversando? ―se alteró Susana. ―Lo siento, señora, es la hora de los medicamentos del paciente y de su control, le pido que salga un momento, por favor ―habló Selena, con calma, pero con firmeza. ―¿No pueden hacerlo conmigo presente? No molestaré ―pidió la supuesta esposa. ―Si al señor Ivanek no le molesta, sí podemos hacerlo ―respondió la doctora. ―Has lo que dice la doctora, Susana ―pidió Robert. ―No molestaré, lo prometo ―pidió Susana secamente. ―Está bien, puede quedarse ―respondió Selena, que no quería seguir discutiendo con Susana. Luego de Selena tomara los signos vitales, Alice le dio los medicamentos que correspondían a la hora. ―Todo estable, señor Ivanek ―informó Selena―, trate de estar tranquilo y no alterarse para que siga así. ―Está bien, doctora, muchas gracias, gracias, señorita ―se dirigió a Alice. ―Por nada ―respondieron ambas y salieron. ―¿Y para eso querían que saliera? ―se molestó Susana. ―Son los protocolos del hospital, Susana. ―Y tú habrías estado feliz de que yo hubiese salido, te vi cómo mirabas a esa doctora. ―Ah, no, no me vengas con celos, Susana, no estoy en condiciones de coquetear con nadie. ―Pero vi cómo se miraban. ―Como doctora y paciente, solo así nos miramos, Susana, y no sigas con eso. Susana quería ver la reacción de Robert, pero solo consiguió que se molestara. En algún momento hablaría con ella y le preguntaría de dónde lo conocía. Ella no se quedaría con la duda y, si él no la recordaba, ella sí que debía acordarse de él, claro que sí.
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