Capítulo 12

1749 Palabras
Esa noche Selena se fue sin pasar a ver a Robert. Lo había visto tomando la mano de su esposa y ella… ella estaba llorando. Se fue a su casa y pasó directo a la casa de Marcela y Jorge; ellos la esperaban con una cena ligera, ya que ni ella ni su amiga cenaban alguna comida muy pesada en la noche. Luego de saludar a su hijo, a Marisela y a sus amigos, ellos la invitaron a la mesa. ―Chicos, no tenían que molestarse… ―Sabes que nos gusta mucho que cenes con nosotros, pero esta vez tenemos que hablar contigo, amiga ―exclamó Marcela. ―¿Hablar conmigo? ¿Sobre qué? ―preguntó Selena con extrañeza. ―Vamos, siéntate, los niños ya cenaron ―invitó Jorge. ―Ustedes están muy raros, ¿pasó algo? ―Ay, amiga, es que no sabemos cómo decirte esto ―comenzó Marcela. ―Ya sé, no puedes seguir cuidando a Evans, pero no te preocupes por eso, Marcela… ―No, no es eso, Selena ―la interrumpió Jorge―, esto es algo mucho más serio. ―¿Mas… más serio? ―Sí, amiga, ¿podrías contarle a Jorge porqué dejaste a Robert? ―pidió Marcela. ―¿Qué? ¿Qué tiene que ver él en todo esto? ―Mucho, Selena, a Robert lo conozco, es mi amigo ―respondió Jorge. ―¡¿Qué?! ―Sí, Selena, Robert y yo somos amigos, Marcela me contó la relación que tuviste con él, luego recordé lo que él me contaba de ti y bueno, descubrimos que eran el mismo Robert y la misma Selena. ―No… No, Jorge, debe haber un error, eso no puede ser cierto… ―No, Selena, no hay un error, es así ―aseguró Jorge. Selena calló un momento. ¿Jorge le diría a Robert que ellos tenían un hijo? No, no podía permitirlo. ―Jorge, puede ser una coincidencia de nombres. ―No, Selena, la Selena que tenía la relación con mi amigo también era doctora. ―Y Robert, el amigo de Jorge, es CEO de una empresa de minería. No es una coincidencia de nombres. ―La Selena de mi amigo lo dejó un día sin darle ninguna explicación y sin dejar ningún rastro. ―Es lo que tú hiciste con Robert, amiga. ―Pero… no… no puede ser… ―Sí lo es, Selena, pero tranquila, yo no diré nada, pero creo que en algún momento deberías tomar la decisión de hablar con él y contarle la verdad. ―Jorge, él ama su libertad, por eso no quise amarrarlo con un hijo, por eso me fui, no quería arruinar su vida, pero sufrí mucho al hacerlo, pasé muchos días y noches llorando, tuve que acostumbrarme a vivir sin él ―confesó Selena. ―Es lo mismo que él sentía en el momento en que te fuiste, nunca ha entendido él por qué lo hiciste, aunque piensa que tú no lo amabas y por eso te fuiste, él también sufrió mucho, Selena, te buscó por mucho tiempo pero luego se rindió, dijo que tú no querías ser encontrada. ―Eso es exactamente lo que pensaba ―reconoció Selena. ―Amiga ―habló Jorge otra vez―, ¿no crees que Robert debía decidir si quería ser padre o no? ―Yo no quería obligarlo a nada, Jorge, por eso me fui. ―Pero no sabías cuál iba a ser su reacción. ¿No piensas que tal vez habría sido el hombre más feliz del mundo? ―¿Y su libertad, Jorge? ―Él te amaba con su vida, Selena, y estaba dispuesto a renunciar a su libertad por ti. ―¿Qué? ¿Y por qué nunca me lo dijo? ―Te lo iba a decir la noche en que desapareciste, pensaba pedirte matrimonio ―contó Jorge. ―¡¿Qué?! ―Sí, amiga, Jorge me lo contó, por eso es importante que hables con él ―intervino Marcela. ―¿Ahora? ¿Ahora que está casado? ―No, Selena, Robert no está casado con Susana, ellos solo conviven, de hecho, la última vez que hablamos me contó que quería cortar con esa relación que no lo llevaba a ninguna parte, y me había dicho lo mismo un par de veces antes. ―Pero… Susana se presentó allá como su esposa. ―Tal vez lo dijo así, pero ellos no se han casado, Selena. ―¿Qué sabes tú de Susana, Jorge? ―No mucho, solo que vive con él, que de pronto es caprichosa, que no se lleva bien con sus padres, esas cosas. ―¿Tú la conoces? ―No, no la conozco. ―¿Sabes si sus padres están de viaje por Europa? ―No, no me ha contado eso, no lo sé. ―Ellos ni nadie de su familia lo han ido a visitar, solo Susana. ―¿Cómo? ¿Sus hermanos tampoco? ―Tampoco, Jorge; además, Susana le dijo que recogería su celular en la estación de policía, pero la policía nunca tuvo el celular de Robert, en el hospital se lo entregaron a ella la misma noche del accidente. ―¿Qué? ¿Y por qué le diría eso? ―preguntó Jorge. ―Tal vez en el celular hay cosas que ella no quiere que él recuerde, ¿no? ―Sí, claro, puede ser ―respondió Jorge―, voy a ir a verlo mañana. ―Jorge, no le digas lo que hubo entre nosotros, no sería bueno para su salud entregarle tanta información de golpe y lo digo como doctora. ―Tranquila, no le diré nada, Selena, iré de a poquito con él, tampoco le contaré lo del celular ni que te conozco. ―Yo creo que debieras contarle que conoces a Selena, así no habrá tanta mentira después ―aconsejó Marcela. ―Sí, creo que tienes razón, solo le diré que somos amigos y que te encontré en el hospital por casualidad. ―Creo que eso sería lo más conveniente ―estuvo de acuerdo Marcela. ―Está bien, Jorge, así será ―respondió Selena―, lo que me preocupa es que su familia no haya ido a verlo. ―Tal vez Susana no les ha avisado ―acotó Marcela. ―Yo creo que así es ―añadió Jorge. ―Pero… ¿por qué no les avisó? Su familia tiene derecho a saber lo que pasa con Robert ―se preguntó Selena. ―Ya escuchaste a Jorge, Selena, ella se lleva mal con la familia de él. ―Sí, claro, pero esa no es una razón para no llamarlos y contarles lo que sucede con él. ―No te preocupes, amiga, cuando yo vaya a verlo le diré que lo mejor es que hable con su familia. ―¿Tú los conoces? ―preguntó Selena. ―Sí, pero los vi solo en una oportunidad en que estaba con él en su oficina y ellos llegaron allí, nos presentó, cruzamos unas palabras y me fui para dejarlos hablar con tranquilidad. ―Ellos están viajando por Europa, es lo que dijo Susana. ―Sí, Selena, pero yo creo que por muy de viaje que estén, siempre es más importante la salud de un hijo. ―Es lo mismo que pienso yo, Marcela, por eso se me hace incomprensible que nadie de su familia haya ido al hospital a verlo. ―Mañana le preguntaré qué le ha dicho Susana sobre su familia. ―Está bien, Jorge, muchas gracias, pero… por favor, no le digas nada de mí, solo que somos amigos, no le hables de Evans, te lo suplico. ―No, Selena, tranquila, ese tema debes hablarlo tú con él cuando lo estimes conveniente. ―Gracias, Jorge, gracias, Marce, por cuidar de Evans, ahora me voy, mañana debemos levantarnos temprano. ―Por nada, amiga, ahora ve a descansar y trata de no darle tantas vueltas a lo que te acabas de enterar, quizá todo esto sea para mejor. ―¿Tú crees, Marcela? ―Sí, amiga, tal vez este reencuentro les sirva para analizar los sentimientos de ambos. ―No lo sé, Marce, ya han pasado casi cuatro años… ―El tiempo no cuenta cuando el amor es verdadero, Selena. ―Jorge, yo lo dejé sin darle ninguna explicación, ¿tú crees que Robert pueda perdonarme algo así? ―La verdad es que él quedó muy dolido, no te imaginas cuánto, pero si en algún momento le das tu explicación, tal vez él te entienda, Selena ―exclamó Jorge. ―Tengo muchas cosas que pensar y, aunque tú Marcela, me digas que no le de muchas vueltas al asunto, no puedo dejar de hacerlo, además… todo esto está muy confuso. ―Sí, es verdad, pero ya se irá aclarando todo, amiga, debe ser así. ―Sí, Marce, espero que sea así; bueno, ya me voy, buenas noches, amigos, muchas gracias por todo. ―Chao, amiga, nos vemos mañana. ―Chao, Selena, mañana nos vemos en el hospital. ―Sí, nos vemos allá, Jorge. Selena tomó la mano de Evans luego de que él se despidiera de la familia y caminaron hacia la casa. Cuando el niño se durmió, Selena se sentó en la terraza con un café y un cigarrillo. No podía dejar de pensar en lo que le había contado Jorge sobre Robert. La noche en que ella se fue, él iba a pedirle matrimonio… si hubiese esperado un poco más, pero cuando supo que estaba embarazada entró en pánico y solamente pensó en escapar; no quería coartar la libertad del hombre que amaba y que solo estuviera con ella por el hijo que esperaban. Pero Selena no era de llorar sobre la leche derramada, las cosas ya estaban así y ahora debería pensar en lo que haría si él recuperaba la memoria y recordaba la relación que ambos tuvieron. ¿Sería capaz de contarle que tenían un hijo juntos? ¿Sería capaz de ocultárselo? Si se decidía a decirle la verdad, ¿cómo lo haría? ¿Y qué pasaría si él quería quitarle al niño? No, eso no, eso no lo permitiría jamás y si debía escapar otra vez, pues… lo haría con tal de que nadie la separara de su hijo. Luego de terminar su café y el cigarrillo se fue a la cama, pero antes pasó a ver a Evans, lo miró un momento dormir y le dio un beso en la frente. Luego de dar muchas vueltas en la cama logró dormirse bien entrada la noche.
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