Esa tarde, Jorge llevó a los niños a un parque de diversiones que había cerca de la casa para que las amigas pudieran hablar tranquilas.
Luego de servirse unos cafés y sentarse en la terraza con un cigarrillo cada una, la conversación no se hizo esperar.
―Marcela, Robert es…
―¿Qué? ¿Quién es?
―Él es el… el padre de Evans…
―¡¿Qué?! ―Marcela estaba sorprendida con la confesión de su amiga.
―Sí, Marce, él es el papá de mi hijo.
―Pero, Selena, ¿él lo sabe?
―No, nunca supo que yo estaba embarazada…
―Me lo imaginaba. ¿Por qué no se lo dijiste? Necesito saberlo todo, Selena.
―Marce, ya sabes cómo conocí a Robert y te conté que él amaba su libertad, pues bien, al saber que era un alma libre no quise atarlo con la noticia de que tendríamos un hijo, por eso, al momento de saber que estaba embarazada me alejé de él sin dejar ningún rastro; no quería que él se sintiera obligado conmigo…
―Pero por lo que me contabas en ese tiempo él siempre quería estar contigo, se veían todos los días, no fue un juego lo de ustedes.
―No, yo creo que nos amábamos, pero él quería ser libre, por lo mismo nunca nos presentamos a nuestras familias…
―Aunque él te lo pidió en más de una oportunidad…
―Sí, eso es verdad, pero en ese tiempo solo nos necesitábamos los dos, con estar juntos nos bastaba y bueno, nunca llegamos a conocer a nuestras familias y amigos.
―Y por eso te fuiste cuando supiste que estabas embarazada, pero… ¿no crees que él tenía derecho a saberlo?
―¿Y amarrarlo con un hijo? No, Marce, él quería ser libre y yo respetaría eso hasta que él dijera lo contrario…
―Y nunca lo hizo, pero sí te lo demostró, Selena, si quería estar siempre contigo, quería conocer a tu familia y que tú conocieras a la tuya es porque esa libertad quería vivirla a tu lado, no solo, amiga.
―Sí, puede ser, pero…
―Pero nada, fue así, yo creo que la que tuvo miedo ahí fuiste tú, Selena, no él.
―¿Miedo?
―Así es, amiga, tal vez tuviste miedo a su reacción, pero yo creo que él no te habría dejado sola, es más, creo que habría estado feliz de tener un bebé contigo.
―No sé si quería ser padre, Marce, por eso me fui.
―¿Sin darle la oportunidad a que él decidiera?
―Es que sé que se habría hecho cargo de todo, de eso estoy segura, pero no habría soportado que se hiciera cargo del bebé y a mí me hubiese dejado, Marce.
―¿Y por qué habría hecho eso? Yo creo que él te amaba, amiga, no creo que te hubiese dejado, tal vez todavía estarían juntos, quizá habrían formado una familia juntos.
―No lo sé, Marcela, no sé si él quería formar una familia conmigo.
―Pero si casi vivían juntos, Selena, cuando no se veían era porque tú estabas en doble turno en la clínica.
―Sí, Marce, eso es verdad, pero estábamos juntos porque queríamos no porque hubiera un bebé de por medio.
―A ver, si estaban así de juntos porque los unía el amor, imagínate si él hubiese sabido que en tu vientre llevabas un bebé suyo… yo creo que él jamás te habría dejado, Selena, es lo que creo.
―Pero ya no lo hice, Marce, y ahora no sé qué pasará si cuando recupere la memoria se acuerda de mí, creo que este es el momento preciso para irme del hospital y no verlo nunca más.
―¡Eso no, amiga! ¡Tú no vuelves a huir de Robert! Eres una mujer fuerte y valiente, tuviste un hijo sola, lo has criado sola y ahora no vas a salir corriendo como lo hiciste hace unos años, eso no; él tiene todo el derecho de saber que tiene un hijo…
―Pero él está casado, amiga.
―Y eso… ¿qué? el hecho de que esté casado no le quita el derecho de ser padre, yo creo que Robert debe saber la verdad, Selena.
―Amiga, él tiene esposa… ¿crees que a ella le gustará enterarse de que Robert tiene un hijo con otra mujer?
―Selena, eso sucedió antes de que él la conociera a ella por lo tanto no la engañó; él debe enterarse de que tiene un hijo y Evans debe saber quién es su padre, es algo que los dos deben saber.
―¿Y si me lo quita?
―¿Tiene algún motivo para hacerlo?
―No, pero él tiene a sus pies todos los abogados que quiera, Marce.
―No, Selena, por lo que me contabas de él, no es una persona así, quizás te pida explicaciones, es lo más probable, pero de ahí a quitarte a tu hijo, no, amiga, no lo creo.
―¿Y qué hago? ¿de buenas a primeras le digo que tenemos un hijo juntos?
―No, por supuesto que no, tienes que ver cómo se dan las cosas cuando él recupere la memoria y, bueno, entonces ves cómo se lo dices.
―No será fácil, Marce…
―Lo sé, una noticia así no es fácil de dar, menos cuando ya han pasado unos años.
―Menos cuando yo escapé de él sin decirle nada, amiga.
―Exactamente, tú nunca se lo dijiste y él nunca tuvo la oportunidad de decidir si quería seguir a tu lado o no, amiga, y si no se lo dices nunca lo sabrás.
―Tienes razón…
―Ahora debes estar tranquila y esperar que Robert evolucione bien y pueda recuperar la memoria y entonces, recién, debes ocuparte de eso, Selena.
―Es tan difícil, Marcela, lo veré cada vez que tenga turno y sé que no podré dejar de pensar en que él es el padre de Evans, el hombre que todavía amo con mi alma…
―¿Y Félix?
―Marce, sabes que con Félix me siento bien, él es amable, pero… quiere que me case con él, ¿sabes?
―¿Te lo dijo?
―Sí, hoy, dice que quiere formar una familia conmigo, tener nuestros propios hijos…
―Pero tú no quieres, ¿verdad?
―No, amiga, no quiero y no sé si querré en algún momento y así se lo dije, pero dice que me esperará, que sabe que me enamoraré tanto de él que no querré vivir lejos de él y yo sé que eso no pasará.
―Menos ahora que Robert apareció otra vez en tu vida y no sabes qué pasará cuando despierte, ¿verdad?
Selena miró a su amiga y una lágrima rodó por su mejilla.
―No, amiga, no llores, tranquila, ya se dará el momento en que puedas hablar con él y todo se solucionará, ya lo verás.
―Él está casado, Marce; a lo más querrá conocer a su hijo y… no sé la reacción de Evans, no sé qué pasará… tal vez tenga que compartir con Robert a mi hijo y…
―No quieres…
―No lo sé, Marce, ya que eso significaría tener que verlo a menudo y no sé si eso me hará bien sabiendo que alguien más está a su lado, tampoco sé cómo ella tratará a Evans, son tantas cosas.
―Sí, claro, tienes razón, pero eso se verá cuando llegue el momento, además, si Robert quiere pasar unos días con Evans, tendrá que ser cuando él tenga tiempo, no lo dejará con su esposa, es él quien debe estar con el niño, ¿no crees?
―Sí, claro, no se va a llevar a Evans para dejarlo con… su esposa, eso se lo dejaré en claro si llega a suceder.
―Exactamente, amiga, si llega a suceder, no sabes nada aún, no sabes si querrá levarlo con él, tal vez solo salga con él por el día y entonces todo sería más fácil.
―¿Fácil? Nada será fácil con Robert de aquí en adelante, Marcela.
―No lo sabes, amiga; cuando hablen los dos recién sabrás cómo se darán las cosas.
―Sí, tienes razón, no tengo idea qué pasará cuando él recupere la memoria, tal vez no quiera ni saber de mí.
―Puede ser…
―Por otra parte, Gonzalo quería salir hoy conmigo y con Evans, dice que ya llevamos un año juntos con Félix y no formalizamos nada, que él sí está dispuesto a formar una familia con Evans y conmigo.
―Gonzalo siempre ha estado enamorado de ti, amiga.
―Pero yo no de él.
―Tú nunca te volviste a enamorar luego de que dejaras a Robert, Selena, porque tampoco estás enamorada de Félix.
―No, me siento bien con él, pero enamorada, no, nunca lo he estado, creo que hablaré con él nuevamente; no se merece estar esperando eternamente por algo que yo sé que no sucederá nunca.
―Tienes razón, amiga, pero de eso te diste cuenta ahora que viste de nuevo a Robert…
―Sí, creo que sí, amiga. Bueno, ya te conté todo, Marce, ahora voy a preparar algo para cenar para cuando llegue Jorge y los niños.
―Vamos, te ayudo.
Ambas amigas se fueron a la cocina y mientras una preparaba palta, la otra preparaba café, luego pusieron queso y mermelada y pusieron en la mesa todo lo preparado y calentaron la merienda para los niños.
Entonces llegaron ellos y se sentaron todos a la mesa.