docencia a los estudiantes de medicina después de las diez de la mañana. En ese sitio trazaban las profesoras las estrategias a usar. Atesoraban proyectos y daban consejos casi que maternos. Un grupo se dedicaría al área de maternidad y el grupo (donde figuraban entre doce alumnos más, Jesús y Lucia) lo haría en el área de los niños. A las siete y treinta se dispusieron cada grupo a ubicarse en sus respectivos destinos. Era encantadora la escena. Caminaban de acá para allá, mujeres en su mayoría jóvenes, con sus niños en los brazos. Ellos quejumbrosos, mantenían en sus rostros las sempiternas muecas del descalabro en la salud. Algunos, sobre todo los más grandes, pernoctaban en sus camas. Algo tenebroso constituía el común denominador, severos cuadros de desnutrición eran mirado

