Cuando lo hacía, una red de finos pliegues aparecía alrededor de sus ojos y por alguna razón eso fue lo que más atrajo a Jesús. No pudo contralar el encanto que aquella belleza produjo en él. Quedó prendado de manera definitiva por el encantamiento de esa diosa que se presentaba ante sus estupefactos ojos. Resplandecía en ella un conjunto de seda precioso de un suave color durazno, e iba sin adornos, salvo sencillos pendientes de coral en las orejas. Había sido amor a primera vista, indudablemente. Cuando estaba por terminar el año 1.982 las exigencias académicas eran pocas. Las pasantías por ese año habían concluido. Restaba para el siguiente año, el área de emergencia y finalmente un internado (trabajar por guardias como si ya fuesen profesionales), en el área de medicina int

