Era esa voz lo único que se escuchaba en aquel sitio. No había sido posible administrarle la medicación que requería, puesto que su incontrolable violencia hacía imposible ese cometido. Extrañamente las voces del personal no eran escuchadas por él. Nada de lo que le decían era captado. El pobre muchacho, no miraba más que al gran número de seres que su imaginación se encargaba de presentar ante él. Los otros pacientes ingresados ya había superando la crisis propia de los primeros días. En un principio, eran ingresados por incumplimiento del tratamiento, o porque escapaban de donde fuere para entregarse a una interminable caminata; que parecía que no les agotaba las fuerzas. Los cuerpos de seguridad o los mismos familiares, los llevaban a la emergencia y de allí, neutralizados con especiale

