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4649 Palabras
presupuestos, deudas externas,algo que tuviese relación con corrupción, o cosas por el estilo. Definitivamente, sabían hacer sus cosas. El presidente había tratado por siempre de parecer un hombre intelectual, un político eminente y un ente necesario para la pacificación del país. Y realmente era muy inteligente, políglota inclusive, amante de la lectura, experto en oratoria y un gran etcétera. Honor a quien honor merece; pero siempre es necesario saber enfilar la inteligencia. En su caso, saber orientarla a favor de los gobernados, como siempre ha de hacerlo un buen gobernante. Sin lugar a dudas, él fue quien inició la bendita frasecita (Paz) que los golpistas de 1.992, cuando llegarán al poder después de matar a tanta gente e intentar liquidar también al presidente que si caminaba; cacarearán de manera persistente. Pero la realidad había sido distinta a la que él había querido dar a entender. A la mente aturdida de Jesús se apretujaron continuos, una gran cantidad de actos de traición. Fueron muchos los que sucedieron y se arremolinaba en ese instante en aquel cerebro poseído por un sueño perverso. Y eran traiciones descomunales. Habría que hurgar en los anales, cuando en 1.948 depusieron al novelista, entre los primeros en presentarse al palacio de gobierno en ese momento acéfalo, para brindar sus servicios a quienes se habían apertrechado en el “coroto”; fue precisamente él. Quienes recordaban aquel episodio gris que protagonizó el callado caballero, referían que se le había visto contento y radiante. Aquel hombre le vociferaba a quienes le acompañaban (aduladores también), que estaba agradablementeofuscado por el valor y el perfildel líder indiscutible que era el gordito General. “Sin lugar a dudas basta echarle unaojeada para darse cuenta de que es todo un guía”, expresaba, “Lo que lapatriademanda para salir deldesgobierno”. Se le miraba adulante.Suporte majestuoso no engañaba a quienes les conocían. Si le hubiesen llegado a ofrecerle un cargo de envergadura, lo hubiese aceptado sin lugar a dudas, por el simple hecho de colocar un granito de arena por el progreso del país; sólo por eso. Refería que sería capaz de sacrificarse una vez más por la nación.           En aquel país se habían vivido cien años de perfidia. Se había iniciado ese ciclo de traiciones cuando el siglo veinte apenas se hacía sentir. Bajaron los andinos y cuando eso ocurrió,ya no habría vuelta atrás. Emergió la figura de un campesino criador de ganado, que había querido darle un nuevo rumbo a su vida y cansado ya del comercio que también ejercía, se alistó en la lucha armada. Estando en esos menesteres, un compadre suyo lo embulló de manera desmedida y finalmente le hizo seguir el camino de la política. La traición miraba desde la distancia. El compadre aquel se apoderó del coroto y puso a su amigo del alma a su lado, como su perspicaz hombre de confianza, su mano derecha. El futuro “honorable” se arrastró hasta más no poder, raptó lo que hubiere que raptar, haló bolas, chupó medias, jaló bastantes mecates; hasta que caló muchas posiciones. Supo ganarse así, la confianza de quien le había tendido la mano, de quien precisamente en sus manos, le servía los alimentos. Luego supo morder esa mano.Tuvo las bolas bien puestas para destronar a su benefactor compadre, cuando por pura confianza y consideración; fue dejado encargado del coroto. La traición ya no lo miraba de lejos, ya se había acercado lo suficiente, ya estaba el traidor embarrado de ella y al irse el mandamás a hacerse un chequeo en un país lejano, le asestó el golpe traidor, la puñalada trapera y con la peor de las traiciones, se montó 27 años en el poder absoluto para ejercer una tiranía desmedida y de no habérselo llevado el demonio, todavía estuviera allí, de seguro.           El fantasma de la traición reapareció algunos años después. Había estado aplacado después de la muerte del tirano y mientras el ronquito de la gran nuez de Adán gobernaba. Pero al llegar a ocupar el trono quien quiso modernizar al país, quien nombrado por un poder a la usanza de siempre, no convenció a una élite; pues ya no convencían sus actuares. Se había afianzado un propósito. Ya el presidente estorbaba. La carne hiede a los pocos días de expuesta.Yaexistía un fastidio hacia la forma de escogencia del candidato presidencial. Era un enorme desgano de parte del principal opositor al gobierno, del partido político liderado por quien fumaba cachimbo, que terminaría finalmente montándose en el coroto.Se inventó un posible riesgo de que se embochinchara el país. Emergió un mítico enfrentamiento entre dos grupos y surgió entonces la figura del menudo líder de sombrero de guama y el de la eterna pipa pendiente de la comisura de los labios. Sería él el único quien podría apaciguar los ánimos. El tufo de la traición se sentía ya muy cercano. El chiquitito personaje proponía una solución salomónica.Tomaría entonces, la bandera de la libertad para reprimir un enfrentamiento sanguinario entre ambos conjuntos.           Llama a la reflexión las actuaciones mezquinas de dirigentes de un país de grandes héroes. Una nación grande, de innumerables riquezas y de insuperables bellezas naturales. Una patria de ciudadanos valiosos que no merecieron ni merecerán nunca, falsos profetas, ignaros políticos, nefastos dirigentes que se saboreaban golosos (y aún hoy en día lo hacen y probablemente siempre lo harán);ante dichas riquezas. Egoístas mezquinos que no pensaban más que en ellos, no les importaban ni les importarán los pobres; los ciudadanos vulnerables. Siempre fue así y siempre lo será. Entonces allí estaba Jesús, un hombre joven sumergido en un sueño letárgico.Un soñador inmerso en un estado estático en el tiempo, donde aparecían fugaces pero poderosos; momentos pasados y momentos que algún día llegarían. Jesús soñaba en ese instante con traiciones desdeñosas, ventas y lavados de conciencias. Con miserables actores que pensaban en intereses propios y que sumergían en lo más profundo de un lodazal, las esperanzas y la fe de un pueblo que merecía definitivamente, vivir con dignidad, gozar de calidad de vida; y sentir que en sus pechos podría también existir el amor.           El pequeño líder de la pipa hurgaba entre sus argucias, tratando de encontrar la manera de codearse con los verdaderos factores que ostentaban la fuerza, la que era obtenida mediante las armas; las fuerzas armadas. Trataría de buscar una complicidad necesaria, haciendo ver que esa unidad era a favor del pueblo y no como realmente resultaba, ineludible para sus particulares intereses. Convino con los militares en cuanto al cambio ingente que habría que llevar a cabo.En la manera como se había venido escogiendoal Presidente de la República. Era que realmente la escogencia de los dirigentes de la nación, resultaba algo que tenía que haber quedado en el pasado. Había llegado la modernidad.Habían sucedido realidades de gran relevancia. Para esa época se había logrado vencer al belicismo nipón.Apabullado al nazismo y desvanecido el fascismo de Mussolini; pero aún así, en aquella nación apenas  votaba el 10% de los habitantes y solamente para elegir ediles y representantes a las CámarasRepresentativasRegionales. Los Concejales votaban, al mejor estilo pontificio(en conclave), para seleccionar a los parlamentarios.LosAyuntamientos Legislativos escogían a los Parlamentarios y las dos Cámaras del Congreso decidíanquien sería el Presidente de la República. De allí nacería la eterna excusa para ejecutar aquella sublevación.Necesario era que se aprobara la votación universal, en lugar que el nombramiento a dedos. Desde el momento que recibió y sintió el apoyo armado, el hombre menudo, concibió, y así se lo hizo saber a la nación entera; que élera el más idóneo para hacer realidad, las esperanzas que tenía el pueblo de participar vivamente en la vida política nacional. Era inminente un golpe de Estado. Se habían agotado los recursos, la paciencia; puesto que el presidente había resultado testarudo, porfiado y obtuso. Se empecinaba el mandatario en que continuara ese modelo obsoleto, a juzgar por el adversario mañoso y traidor. Propusouna técnica donde se eligiera al Gobernante sin ningún tipo de militancia. Se exigió que se emplazara a votaciones generales. Pero el presidente de sonrisa amplia no cedió a aquellas detestables pretensiones. Por lo tanto, se produjo su derrocamiento. Se impuso una traición interna. Nunca fue la manera de escoger o seleccionar al presidente, no. Se impuso un interés personal, que sin ambages; se valió de todas las argucias.El traidor logró el apoyo de las fuerzas y quitó de en medio a quien entorpecía unos deseos. Por otra parte contaría con la valiosa colaboración de un factor extrínseco. Aunque los Estados Unidos de Norteamérica no había participado de manera directa en el golpe, estos sintieron beneplácito por el hecho violento en contra de esa democracia. Para nadie era un secreto, y eso reza en infinidades de documentos de Estado, que el gigante del norte percibía con poco agrado esa gestión gubernamental.           El traidor se había valido previamente de un arma infalible y cobarde, la descalificación del adversario. Constantemente se valía de esa sucia estrategia. Se refería al gobierno como de ignominiosodespotismo, paraíso del desfalco, de la concusión, deltráfico de influencias,del cuanto hay para eso, en fin; lo más abominable y putrefacto de cuanto había conocido la historia patria.Pero la realidad había sido otra.  Aquel hombre sencillo, de alta factura ideológica y excelsa preparación académica y militar,resultaba cercano a las masas y alejado del antiguo patrón dictatorial que había prevalecido incluso hasta los tiempos de su antecesor (El tirano gobernó aún hasta después de su muerte, decían), donde el Presidente era un ser apartado e inabordable.Se trataba de una gestión donde había una gran obediencia y un gran respeto hacia la libertad de palabra y la disidencia.Siendo estas particularidades, la primordial carta de promoción de ese gobierno. Sin temor a equivocarse, habría que aceptar una realidad que estará latente por siempre en las crónicas de ese país. Se trató del único sistema de libertades y decoros de ese siglo.Sin embargo, nunca cesó el asedio obstinado de la oposición recalcitrante, liderada por quien ansiaba llegar el poder, por ese tipejo que no escatimaría lo que fuere con tal de cumplir de una u otra forma; sus planes perversos. Se había propuesto llegar a la presidencia de la República valiéndose de lo que fuere y el cicatero vaya que supo lograrlo, y por partida doble inclusive. Nadie en sus cabales entendía el porqué de aquel ensañamiento perverso de parte de ese partido político en particular. El odio y la traición calaban hasta lo inimaginable y nadie se explicaba la causa de tan desmedida animadversión. Hasta donde se había sabido, ninguno de los dirigentes de dicho grupo político había sufrido ni sufriríaasechanza, prisión o expatriación; ni sus domicilios resultaron objeto de allanamientos sin orden judiciales o con ella, de parte de los cuerpos policiales. Ningún medio de comunicación adverso al gobierno sufrió censura,sanciones pecuniarias ni de ningún tipo o acosamientos. Jamás se le hizo daño a algún militante de dicho partido político.Entonces ¿Porqué tanto odio?, ¿Porqué tan despreciable conducta? No se tenían respuestas convincentes, sencillamente porque no las había. Lo único cierto, resultó ser aquel continuo veneno vertido hacia una administración exitosa, que no le servía a los intereses retorcidos del aspirante al poder. La política de bisbiseos infamantes, era el arma predilecta de todos los pérfidos sectores que estaban rendidos a los pies del futuro gobernante golpista.Existía el apoyo de quienes ostentaban el poder económico que, como siempre ocurriría; eran los dueños del país. Ellos, esa aviesa oligarquía,se configuraban entre los más pertinaces ytestarudosantagonistas al Gobierno; se entusiasmaban con los embates sufridos por el gobierno y vanagloriaban a la vez que aplaudían, colmando de elogiosas palabras adulantes a quien consideraban lo mejor de lo mejor que habría en el país, por los siglos de los siglos. Finalmente pudo más el odio. La traición que sufrió la patria grande surtió efectos. El Presidente prefirió la retirada. Eligió no propiciar ningún desafío violento que acabara en un baño se sangre. Terminaría de ese modo, el gobierno del último presidente de ese país nacido en el siglo XIX.           Otro episodio traidor llegó a finalesdel año 1.948. Por aquellos tiempos un grave suceso ocurrido en un país cercano prendió las alarmas, ya que iniciaría uno de los episodios violentos más grandes en la historia de ese lado del planeta. Se iniciaban así cruentos enfrentamientos. Nacían grupos rebeldes que sembrarían por décadas, muertes y más muertes y una enorme cantidad de desplazados. El terrorismo se hacía presente para nunca marcharse.Fue liquidado cobardemente en una emboscada, un dirigente popular. Un líder que se iba perfilando para ser Presidente. Un hombre en quien el pueblo de a pie, había puesto sus esperanzas. Ese vil suceso pasó a ser pasto para acrecentar la polarización de la patria grande, luego de que sectores de uno de los principales partidos del país vecino responsabilizaron a un ex presidente (al hombre de la pipa), de haber organizado los hechos. Se tensaron las relaciones entre ambas naciones, lo que no proporcionó para nada, la confianza requerida para avanzar en el progreso. El gobierno estaba en manos del novelista. Los tocayos se habían distanciado, lo que iba a ocasionar desbarajuste en la militancia del partido de gobierno. El literato fue bestialmente sitiado por los requerimientos del alto mando militar, encabezado por uno de sus mejores amigos, el mismo que ostentaba el cargo denada menos, Ministro de la Defensa. Éste sería secundado por otra mano poderosa, quien en un tenebroso futuro,sería el hombrefuerte en una década; el gordito General. Ocurrió una traición, si; una errática traición. Definitivamente, una triste confusión ocasionó un debacle. Se trató del infortunado hecho que resultó de la declaración de un alto funcionario que había sido prisionero en el palacio de gobierno el día antes del golpe militar. Éste, desde el sitio donde permanecía privado de libertad, observó extrañado al Agregado Militar de la Embajada Norteamericana. Aunque resultara increíble, el alto funcionario norteamericano conversaba amenamente con los dos oficiales allí presentes. El detenido, confundido hasta más no poder, entendió erradamente que lo que a sus ojos llegaba, eran lineamientos venidos desde el gigante del norte para derrocar al gobierno. Tristemente se supo cuando ya la alarma había corrido como pólvora, que el militar gringolo que estaba haciendo en ese momento, era buscando unas entradas para una lidia de toros que tendría lugar el domingo siguiente, yque se las había ofrecido muy amablemente un alto funcionario de Palacio.Entonces ocurrió lo que parecía inevitable. En aquella noche de 1.948, el contexto en el país era de grandísima tensión. El desengaño que se teníadel gobierno era evidente, a tal extremo que ladisplicencia no sólo era entre el Presidente y laoposición; sino inclusive, entre el él y muchos sectores de su mismo partido. Definitivamente el Presidente era más escritor que político. Rechazó cualquier acuerdo y con la frente en alto, con altivez; se enfrentó a lo que le deparaba la existencia.Como corolario podría decirse que el debacle de esa administración se debió, al estremecimiento general de un partido envolviendo todos los espacios, y a la contestación de grupos de castrensesalarmados con laevoluciónnotoria del partido de gobierno.           Luego del derrocamiento del novelista, su pupilo, su compañero de partido, quien le había colocado la banda presidencial, el hombre que fumaba pipa; corrió desbocado a desmentir lo dicho por el presidente depuesto, desde su exilio. El menudo hombre, a toda costa refutaba lo que se había dicho de la participación de los Estados Unidos de Norteamérica en aquel derrocamiento. La premura de ese aclaramiento de confusiones tenía como única finalidad, elno enemistarse con el gobierno ni con la opinión pública norteamericana. No perdió tiempo para precisarenérgicamente, que el punto de vista del depuesto presidente no era el suyo. Era muy enfático en ese momento, cuando se empecinó en hacer entender que se encontraba profundamente estupefacto y decepcionado por las afirmaciones hechas por el Gobernante. Dijo tajantemente el traidor, el cobarde avaro, que su maestro siempre había sido una persona honesta y sincera; pero desafortunadamente en ese momento, no estaba en sus cabales, estaba medio trastornado, casi loco. Fue un duro golpe el recibido de parte de su propia gente. Habían descartado a los gringos. Hasta llegaron a acusar a los sindicalistas petroleros, para con ello; hacer una cortina de humo. Locierto del caso fue que la intensión del escritor del llano, y que había causado esa hecatombe política; era llevar a cabo un cabal programa de gobierno basado en losideales de su partido. Se sumarían a los seguidores de dicho programa,amplios sectores independientes. El presidente había mostrado, según lo manifestó la crítica en su momento, un sectarismo salvaje cuando dejó por fuera a una oposición, la misma que luego de esa exclusión que resultó considerada desmedida, buscaría el apoyo de las fuerzas armadas.Entonces surgió unadesagradable realidad. Llegó para unirse a una traición, un personaje que hasta ese momento había sido icónico, respetable y admirado por muchos. Se trataba de aquel hombre joven a quien el novelista había dejado encargado del coroto en la oportunidad de acudir a una ciudad norteamericana, invitado por ese gobierno; en la ocasión de la develación de una estatua del libertador. En aquellos últimos meses se había acentuado la grave situación política y económica del país. Una tarde lúgubre, se presentó el joven acompañado por el gordito General y otro ser igualmente despreciable. Se apostaron frente al presidente y precisamente aquel muchacho protegido, Ministro de la Defensa, y eterno orgullo de quien lo había querido como sólo quiere un padre a un hijo, leyó una fuerte epístola en la que le exigían la expulsión del país del hombre de la pipa y su salida del partido que precisamente él había fundado. Por supuesto que el presidente se negó. Faltaba más. En vista de la negativa, todo se complicó aún más. Al día siguiente algunos de sus ministros habían dimitido y las garantías constitucionales habían sido suspendidas. La cosa se había puesto color de hormiga, como quien dice. Se había producido un golpe de Estado. Posteriormente el gobernante fue apresado y expulsado del país. Eso fue lo que realmente sucedió. Muy a pesar deladilatada victoria electoral obtenida, había caído aquel hombre sabio. Después se preguntarían insistentemente lo que pudo haber sucedido, de haber completado el períodogubernamental aquella lumbrera. Por desgracia, había sido derrocado un hombre cultoun día de noviembre de 1.948, por los mismos castrenses que ya habían actuado contra el anterior mandatario. La polarización política y la desconfianza hacia esa organización y sus líderes,de parte de las clases media y alta de la población; fueron considerados factores fundamentales en ese desenlace político. Un golpe bajo llegado de la traición.El nuevo gobierno había quedado en manos del joven militar, el consentido del depuesto novelista. Luego de algunos años de gobierno se llamaría a elecciones para una nuevaadministración que habría de garantizar la democracia, y siendo el propio presidente de la junta de gobierno el favorito a ocupar el cargo, ocurrió algo también devenido de una abominable traición. El aspirante a presidir el gobierno de ese país, fue cobardemente asesinado. La orden de ese repudiable magnicidio habría llegado también de manos de la traición. El gordito General quiso, tal como lo hacen los mininos; esconder la suprema cagada arrojándole tierrita. Pretendió darle a entender a la gente, que la idea de restablecer la democracia, que había sido fervientemente propuesta por el difunto;era la mejor opción. De plano, no quiso en ese primer momento, proponer un régimen totalitario. No había lugar a dudas en cuanto a sus aspiraciones políticas. Medio mundo sabía que su participación en aquellos dos golpes de Estado no había sido por amor al arte. Pero supo utilizar su sapiencia, su veteranía e ingenio para ganar indulgencias con escapulario ajeno.Entonces devino un fraude electoral ocurrido en noviembre de 1.952.En las elecciones llevadas a caboese día, resultó favorecido uno de los firmantes de aquel pacto de élites. De alguna manera, la traición asechaba ya desde muy cerca y fue utilizado aquel mojigato personaje como carne de cañón para satisfacer oscuros propósitos. Fue desconocido el resultado a la fuerza. No había otra alternativa ni la habría nunca, cuando alguien acompañado por un séquito armado hasta los dientes, le dice a alguien excesivamente cobarde que se quite de en medio. Realmente no la hubo, no la hay, ni la habrá; a menos que ese alguien optara por que la pelona se lo llevase.De tal manera que fue en diciembre de 1.952 cuando, con severidad, se impuso un grotesco proyecto militar. El candidato amarillo que había triunfado en aquella contienda electoral, hubo de batallar fuertemente durante una accidentada campaña electoral plagada de ventajismo; para tratar dehacerle entender al pueblo, la necesidad de utilizar la sagrada oportunidad de manifestarse a través de los votos. La gente tenía que hacerse sentir, decir que estaba presente. Era la única manera, la es hoy en día y la será por siempre; de poder reclamar las ineptitudes de los gobernantes decrépitos que existiránperpetuamente. Se trató de una desigual guerra contra el abstencionismo formulado por el principal partido político. Su esfuerzo supremo hizo eco.La gente acudió a ejercer el voto. El éxito fue arrollador, sorprendente; el esperado. Tras el conteo de los votos, se impuso la inteligencia, la voluntad del pueblo. Surgió la voz de “Juan Bimba”. El candidato de la razón, de los ideales que habría querido el inmortal libertador;había obtenido una abrumadora victoria. Muchos de los votos no fueron a favor del candidato, resultaron ser contra la opresión. Desde ese entonces se le denominaría a esa especie de protesta; voto castigo.Había triunfado el sentido común.Sin embargo, el militarismo, la fuerza más influyente de la historia de ese país de héroes, impidió que esa realidad gloriosa; pudiera ser sostenible. El gordito militar, traidor supremo; decidió gobernar con las Fuerzas Armadas y en su nombreactuaría de la peor manera. Utilizó para tal fin, una de las peores represiones vividas por aquella patria grande, semejante a la realizada por el “honorable”; pero jamás como la que propiciará el nefasto gobierno que sepultará a todo un pueblo en la desgracia, en los alboresdel siglo XXI, de manos de una pérfida revolución. Aquella retahíla de traiciones que se habían aparecido cuales fantasmas, se marcharon presurosas de aquel sueño sombrío de Jesús.Continuaban las realidades de un tiempo apegados a una correcta cronología. Llegaba la patria vieja(como dirá despectivamente aquel insidioso petulante que con su maldito populismo alcanzará el poder cuando ya el siglo XX agonice). El tiempo transcurriría ataviado de considerable desespero y desconfianza. En medio de mucho miedo hacia los desmanes que se habían hecho sentir en los últimos tiempos, más cuando cada vez se hacían sentir crecidamente altisonantes, los alzamientos armados. Y asi había llegado el año 1.972. Un año sorprendente si se tomaba en cuenta, la atmosfera demasiado colmada de una tranquilidad que espantaba. Era una enorme tranquilidad, una dejadez; el extremo nefasto de la desidia que se traduciría en una pobre participación a favor del más necesitado.El presidente actuaba siguiendo los lineamientos de un folleto devenido de otras latitudes, con el que pretendía tener éxito. La responsabilidad que le habían dejado en sus manos era mucha, y tenía que responder del mejor modo posible. En aquel catálogo rezaba que debería buscar la posibilidad de lograr que emergiera casi que de la nada, una sociedad nacional más floreciente y más certera.Que sabiamente supiera hacer sentir una democracia recíprocaque lograra progresar y fortalecer económicamente a la patria grande, sobre la base delesparcimiento del comercio con las grandes potencias, afianzando los lazos de amistad con las mismas. En virtud de la política empecinada de su antecesor, de romper y romper relaciones con otros países basado en lo que fuere, pecando de extremo injerencista; el Presidente engominado inició o restableció relaciones diplomáticas con más de una veintena de países, incluyendo un gigante con mucho poder; la Unión Soviética. Con esa decisión pudo lograr un gran avance, puesto que antes de llegar al podersu país solamente mantenía trato con Colombia, Uruguay, Paraguay y Guyana en esa parte del globo terráqueo. Con el enorme caudal de dinero que caía en sus manos, llevó a cabo inmensas obras de infraestructura. Hizo lo que nadie se había atrevido acometer; colocó la primera piedra como quien dice, para la construcción del famoso metro de aquel país. Mismo que una década después, solucionaría en gran medida, una enorme problemática en la ciudad capital y que se extendería posteriormente a otras ciudades de grandes envergaduras. En una ciudad colonial se construyeron muchas obras entre edificios educacionales, sobre todo, universidades.Además de diversos hospitales y otros centros asistenciales de menor complejidad. Al mismo tiempo de que, en virtud de que la economía había crecido considerablemente tras la llegada de inversionistas foráneos, los particulares también procedieron a realizar sus emprendimientos. La gente le metía la mano a sus casas para realizar mejoras. Una campaña de pavimentación se comenzó a fraguar y de esa manera, los caminos fueron adecentándose. Del mismo modo, tras el fracaso de la construcción de letrinas para erradicar algo que al parecer se negaba a marchar; se decretó la absolución de ese tipo de disposición de aguas servidas relegándolo por ese entonces, a las comunidades rurales. Entonces una red de cloacas se dio inicio y en poco tiempo, aquello que daba tanta repugnancia y la daría eternamente, dejaba de darla un poco menos. Al disminuir progresivamente la cantidad de aguas acumuladas, los vectores devenidos desde esos pantanales también disminuyeron y por ende, las enfermedades por ellos transmitidas; también lo hicieron. El hombre de pocas palabras y de voz temblorosa, aprendió sobre la marcha. A pesar de que en ese entonces nunca imaginó que décadas después cometería un garrafal error que contribuiría a la destrucción de su propia patria; se reivindicó con quienes creyeron en el proyecto propuesto en su campaña electoral y también con quienes no.           Zenón estaba en ese entonces, empleado en una empresa de construcción en la que devengaba pocos ingresos; pero en virtud de que le era asegurada una buena compensación al terminar la obra, Isaira le había persuadido de trabajar por cuenta propia. Conociéndolo como lo conocía, como si lo hubiese parido, según sus mismas palabras; estaba más que segura que el derroche de dinero sería descomunal. Zenón era malgastadorcuando salía a tomar unas copas con algunos compañeros de trabajo o vecinos. Nunca faltaban los “gorrones” que se aprovechaban de aquella particularidad del derrochador y lo dejaban como se dice coloquialmente, en la “carraplana”. Hasta que no le hacían gastar la última moneda no dejaban de chupárselo. Entonces, cuando quedaba tan limpiecito como talón de lavandera, era cuando lo dejaban completamente solo. En ocasiones lo abandonaban durmiendo la rasca, exponiéndolo a la delincuencia o la intemperie en el mejor de los casos. Isaira sabía, y con sobradas razones, que mientras Zenón más ganara más gastaba y de esa manera nunca echarían para adelante. Eran seis los muchachos y ya casi todos estaban estudiando. Zenón era excelente marido y padre; pero la cultura ahorrativa nunca había sido su fuerte. Entonces ella creyó más que conveniente que trabajara con la constructora. En el contrato de trabajo le era descontada cierta cantidad de su salario para depositarla en un fondo de retiro. De esa manera, al concluir dicho contrato, además de las prestaciones devengadas, le era otorgado ese ahorro “obligado” y, sin darle tiempo al despilfarro, adquirían lo que les urgiera. De esa forma agrandaban la casa poco a poco hasta hacer que cada muchacho tuviera la privacidad suficiente. Ya tenían baños en el interior de la casa unidos al sistema de cloacas. La cocina era amplia. El solar contaba con piso en su casi totalidad. Y ya tenían hasta televisor, licuadora, cocina a gas y lavadora. Zenón compró un tocadiscos, y entonces las rancheras se escuchaban más bonito. Isaira escuchaba a los “antaños del estadio” con mucha emoción. Los muchachos tirados en el piso, contemplaban las comiquitas “gozando un puyero”.  
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