El sufrimiento lo envolvió en sus tormentosos brazos y se quedó dormido. Había madrugado extensamente luego de una noche de gran insomnio, donde a duras penas, había dormido dos horas a lo sumo. Además, todas esas sobrexcitaciones vividas, más el terror sentido venido desde las maldiciones proferidas con enormes gritos ensordecedores; lo extenuaron abundantemente. Se quedó dormido como un niñito de pecho. No se movía siquiera. Nuevamente soñaba Jesús que estaba soñando. Y en ese otro sueño, Jesús miraba a Isaira que, a su lado, le acariciaba la cara como cuando era niño, lo besaba tiernamente y lo bendecía con su fe inquebrantable. Isaira también soñaba esa noche con él. Se compaginaban tres sueños milagrosos prodigándose amor por los cuatro costados, y hasta el final de los tiempos. A las

