expresó, sin miramientos y sin un asomo de arrepentimiento: "Hemos fusilado, fusilamos, y seguiremos fusilando mientras sea necesario". Fue ese, uno de los tantos vestigios de lo despreciable y malévolo que fue ese monstruo quién en mala hora, llegó a la vida y vergonzosamente resultaba idolatrado en la patria grande. Jesús dejaba transcurrir el tiempo sin darse cuenta. Normalmente cuando estaba libre, caminaba lentamente por alguna parte de la pequeña ciudad.Aunque en aquellos paseos solitarios usualmente solía reflexionar,ese día en particular no lo hacía. Sólo se entregaba al deleite, al placer insuperable de entregarse a esa gran belleza naturalque se presentaba ante él. Caminaba despacio, sin pensar en nada. Era como arrastrado por una corriente compasiva, para calmar sus p

