—¿Cuánto falta para que tu jefe venga? Quiero entregarle mi hoja dd vida y marcharme. —confesé.
—¿La dejarás aquí? —preguntó mirando a Kelly.
—Conmigo o sin mi, terminará volviendo a casa con ese sujeto. —reproché. —Prefiero pasar el resto de mi noche envuelta en sábanas y viendo un par de películas. —avisé.
Rió. —Observa. —dijo señalando la tarima, lugar donde tres chicos subian.
Uno era baterista, mientras los otros dos, llevaban guitarra.
Rápidamente, al posicionarse ante el micrófono lo reconocí. Era Zack, el chico del autobús.
—¡Buenas noches mi gente, una bulla! —pidió. —¡Que alegría verlos por aquí, ésta noche una vez más, tocaremos para ustedes! ¡Disfrútenlo! —gritó.
Sin más, y poco a poco, aquella banda comenzó. Quedé observando fijamente su cuerpo entero, una sonrisa que rápidamente me hizo recordar lo que horas antes había sucedido cuando recién le conocía.
Mientras que, el pequeño concierto comenzó.
Tocaba la guitarra con pasión, el ruido, la música, todo era increíble, inclusive para mí, quien amaba el silencio. Haciéndome sonreír durante todo el tiempo que lo observé, descuidando por completo aquella conversación que recién llevaba con Tyler.
Así estuve durante todo el concierto, observando cómo tocaba y cantaba de vez en cuando, la gente gritaba, aplaudía y disfrutaba cada parte de aquel momento, mientras yo solo observaba aquel chico que había robado un beso en mi mejilla de manera inusual.
Cuando los minutos pasaron, el concierto acabó, ellos sudaban a montón, haciendo que Zack abriera levemente su camiseta y me dejara ver su abdomen definido.
Me ruboricé inmediatamente, desviando mi mirada al sentir que él rápidamente recordó quien era, tomando aquel trago que había sido servido para Kelly y acabandolo por completo.
Al sentir que caminaba hacia mi, el miedo me ganó, terminando por girar mi cuerpo y llamar a Tyler inmediatamente, él sería mi puerta de salida.
—¿Y cuál es el jefe? —pregunté rápidamente.
—Zack. —dijo Tyler apenas se acercó él a mi lado, ofreciendo su mano mientras la estrechaba firmemente. —Casualmente te esperaba para presentarte a alguien, se trata de Tara, ella está buscando empleo. Le dije que le ayudaría. —explicó muy deprisa.
Giré hasta verle, sus ojos, al igual que su mirada, eran totalmente intimidantes, haciéndome casi temblar al sentirle tan cerca.
—Pensé que no te vería nunca más. —dijo al acercarse y sentarse a mi lado. —Tara, no podría olvidar ese rostro de miedo. —recordó.
—¿Se conocen? —preguntó Tyler frunciendo su frente con confusión.
—¿Aparte de robar besos en el autobús también eres el jefe en un bar? —pregunté intentando tomar valor y sintiendo el efecto de aquellos tragos que tomé sin siquiera pensar.
Rió limpiando su frente. —Soy el dueño, para ser más exactos, Tara. —explicó luego de hacerle señas a Tyler y pedirle un poco de agua. —Entonces, ¿buscas empleo? —cuestionó. —¿De dónde conoces a Tyler?
—De hecho, nos acabamos de conocer. —avisó Tyler al regresar con el vaso de agua. —Estudia medicina con Kelly Monroe, ya sabes. —explicó.
Zack rió. —Kelly Monroe, sí, claro que sé quién es. —susurró al tomar el vaso de agua. —Entonces, ¿amigas? —preguntó frunciendo su frente. —No parece siquiera que fueran del mismo mundo. —confesó.
—Vine por empleo, Zack. No sabía que eras el dueño, mucho menos que tocabas tan bien, debo reconocer. —insistí. —Pero solo quería presentarme y dejar mi hoja de vida antes de marcharme, pero ya que sabes quién soy, creo que no queda más nada que hacer por aquí. —dije firme al ponerme de pie.
—Espera. —dijo rozando mi mano y haciendo mi piel entera erizar. —Quédate un poco más, la casa invita. —avisó de acuerdo a los tragos. —Tengo que cantar una última vez, luego puedo hacerte una pequeña entrevista, ya sabes, sobre el empleo. —corrigió.
Sonreí de lado y negué. —Una entrevista no lleva tragos, música y un bar. —reproché riendo. —Lo que necesites saber para contestarme está en esa hoja. —aclaré. —Creo que debo irme.
—¡Amiga! —apareció Kelly un poco subida ya de alcohol, casi arrastrando aus pues mientras reía y bailaba a montones. —¡Te extrañé! ¿Qué te habias hecho? ¿A dónde habías ido? —preguntó.
Zack rió observándola.
Ella rápidamente lo reconoció y entendió por completo al unir las piezas. —¿¡Era este zack!? —gritó señalando con asombro. —¡Pero que pequeño es el mundo! —insistió.
Zack levantó su ceja y mirándome de manera acusadora dijo; —¿Entonces fui lo suficientemente relevante como para que le contaras a tu amiga sobre mi? —preguntó.
—¡Llegó sonriendo a la universidad, eso nunca había sucedido! —gritó balanceándose.
Puse mis ojos en blanco, mirándola fijamente al morir de la vergüenza.
—¡UPS! ¡No debí decir eso! —gritó. —¿Pero dónde vas? ¡Aún no nos vamos, Tara! —avisó. —Tengo un nuevo amigo.
—No quiero estar aquí, Kelly, no es mi lugar. Pediré un Uber quizás. —avisé.
—Yo te llevo a casa, no dejaré que vayas a estas horas, completamente sola y en vestido hasta tu casa. —avisó Zack.
Reí. —¿Habla el chico que robó un beso sin mi consentimiento en la mañana? —cuestioné. —Estoy mejor así, puedo sola. Solo llámame si tengo un puesto para trabajar. —pedí observando a Zack. —Y tu, por lo que más quieras, no conduzcas en ese estado. —dije al observar a Kelly. —Este no es mi lugar, no debí venir.
—¡Tara! ¡Vamos, no seas así! —gritó Kelly reclamando. —¡Me prometiste la noche entera, solo van un par de horas! —reclamó.
—¡Puedo sola, Kelly, vuelve a casa sana y salva por favor! ¡Hasta mañana! —avisé terminando por salir de allí rápidamente.
Esperé fuera, buscando en la app lo más pronto posible hasta encontrar un Uber que se encontraba a quince minutos. Lo más rápido que había a aquellas horas.
Así que solo me senté sobre la acera fría, suspirando y esperando alejarme de allí y de Zack lo más pronto posible.
Había sido una pésima idea, claro que un bar, música, bebida y una Kelly ebria no eran mi lugar favorito en el mundo.
Solo quería ir a casa, envolverme enis sábanas y dormir en silencio el resto de la noche. Esa sí que era mi noche perfecta.