Victoria Fletcher Estos dos meses han sido, sin duda, los mejores de mi vida. Las guardias extenuantes, las cirugías de alto riesgo, las decisiones a contra-reloj… cada instante me ha demostrado que estoy exactamente donde debo estar. Alexander se ha convertido en un gran compañero; nuestra amistad ha sido un pilar en estas largas noches de emergencia. Y qué decir del doctor Jacob Morgan, un mentor excepcional que no solo me ha enseñado técnica, sino también a mantener la calma en el caos. Pero lo que más he amado es la sala de emergencias. Aquí, todo es visceral, una danza caótica entre la adrenalina y la incertidumbre. Cada latido acelerado, cada segundo que pende de un hilo, me recuerda por qué estoy aquí. En este espacio donde la vida y la muerte se desafían mutuamente, encuentro

