MIA Mamá suspira y continúa. —Después de su funeral, el Alfa Robert se mantuvo a sí mismo —dice—. No quería a nadie cerca, ni siquiera a tu padre. Aunque éramos todos amigos, ambos de nuestras parejas amaban al otro. Fue extraño porque la diosa de la luna siempre hace que nuestras parejas nos amen y sean nuestras verdaderas parejas destinadas. Mama mira a Sasha, quien le da una sonrisa significativa. —Tenías cinco años cuando sucedió todo eso, pero empeoró para mí después de ese día —dice, mirándome de nuevo—. Tu padre empezó a beber más. Cuanto más bebía, peor se ponía —comenta, enviándome un escalofrío—. Empezó a hacerme daño y a cortarme con cuchillas de plata. Colocaba una mano sobre mi boca mientras lo hacía, porque no quería que nadie me escuchara mientras hacía lo que quisiera

