Jane asiente rápidamente, pensó que pagaría los platos rotos, después de todo ella debía de informarle todo, pero su jefe no estaba en condiciones de escuchar a nadie, le alegra que este de vuelta, para Baltasar solamente existe una culpable, sale de la oficina para ir en busca de esa mujer.
*
En la oficina de presidencia Sullivan Group, una mujer elegante, morena, con mirada penetrante, de 35 años, sonríe divertida, el ratón caerá en la trampa, lo siente, solo es cuestión de tiempo para tenerlo entre las cuerdas y no demora en suceder sorpresivamente, la puerta de su oficina se abre abruptamente, el hombre que invade sus pensamientos aparece frente a ella, su presencia invade todo el lugar inmediatamente.
—Baltasar Howard, creí que se le había programado una cita para dentro de una semana. — Mantiene su postura imperturbable y su frente en alto desde su posición, alza una ceja, puede verlo un poco agitado.
—No te hagas la desentendida Electra, ¿Cuánto quieres por las acciones de mi empresa?
Electra sonríe desde su interior sin exteriorizar nada, su seriedad la preside, guarda silencio mientras se concentra en su laptop, quiere llevarlo al límite y con cada gesto lo guía hacia ello, Baltasar comienza a perder la paciencia.
—Tendrás que esperar, tengo mucho trabajo, por favor retírate. — Señala la salida con sutileza, Baltasar acorta la distancia y se pone frente a ella, lo único que los separa es el escritorio.
—No voy a esperar, tampoco te quitaré tu tiempo, solo quiero que me devuelvas lo que me pertenece, no sé cómo lo hiciste, pero no quiero pelear, quiero que esto sea lo más rápido posible y todo vuelva a mi poder como debió de estar siempre. — Electra siente un tinte de desesperación en su voz, pero también sabe que si lo presiona demasiado lo llevará a explotar, su vena en su cuello delata lo enojado que está, tirar mucho de la cuerda podría ser contraproducente.
—Me interesa mucho tu empresa, podría expandirme y diversificar Sullivan Group ¿Qué te parece esa idea? — Baltasar endurece su mano en el escritorio mientras la mira con odio, siente que está jugando con él.
—¿Cuánto dinero quieres? — Electra sonríe.
—No quiero dinero Baltasar; sin embargo, hay algo más atractivo, por lo que sí cambiaría de parecer, ¿Estarías dispuesto a todo por tener tu empresa de vuelta?
—Habla de una vez, maldita sea. — Mientras más lo prolonga, más enojado lo pone.
—Nos casamos y todo vuelve a ti, sin dinero de por medio, un trato justo. — La sangre abandona el cuerpo de Baltasar, verse casado con esa mujer ni en sus sueños más oscuros lo ha pensado.
—Fija un montón Electra, el que desees, podré superar al monto que vale la empresa completamente, es tu momento. — Saca su chequera, dispuesto a firmar el monto que ella le diga, no está dispuesto a ceder.
— Baltasar, has interrumpido mi trabajo, aquí no se trata de dinero, no me interesa, mi oferta termina en el momento que salgas de mi oficina, así que tú decides, nos casamos o nunca volverás a tener tu empresa de vuelta. — Baltasar empuña su mano con una ganas inmensas por apretar su cuello, si no fuera mujer no lo pensaría tanto, se siente entre la espada y la pared, la mira a los ojos y la escudriña, ella solamente se muestra tal cual es, una mujer segura de sí misma y que lo tendrá a toda costa, respira profundo, no está dispuesto a irse sin lo que le pertenece, asiente a su petición, podrá manejar la situación.
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Casandra Sullivan, una mujer de 23 años tenista profesional, ojos azules y cabello castaño con reflejos rubios, piel clara y de hermosa sonrisa como un ángel, sale de los bastidores para encontrarse con su amigo Hans.
—Los rumores hacia tu madrastra se han intensificado ¿Seguirás renuente a saberlo? — Hans Lee, alto, rubio, de ojos azules, con barba recortada, sabe que su amiga no quiere saber nada que tenga que ver con Electra, pero siempre busca molestarla, además en esta ocasión es distinto porque lo que se ha enterado no es una tontería.
—No me interesa, estamos por terminar el torneo, cuando vuelva lo sabré, de todas maneras si fuera tan importante mi tío me llamaría, no te preocupes, sigamos en lo nuestro. — caminan para ir de vuelta al hotel.
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El torneo en Londres termina y como siempre Casandra queda dentro de los primeros lugares, en esta oportunidad Gordon Bennett, su novio, ha venido por ella para llevarla devuelta a Chicago, moreno de ojos marrones, cabello n***o y barba incipiente, vestido con su camisa blanca y chaqueta de cuero negra.
La recibe en las gradas, Casandra al verlo se tira a sus brazos, Gordon trata de mantener la compostura, le da un beso corto en sus labios, al igual que un pequeño abrazo y se aleja sin dejar de sujetar su mano, dejándola desconcertada, Casandra frunce los labios sin decir nada, él toma su mentón y la gira hacia él sutilmente.
—¿Por qué esa cara princesa? Felicidades, lo has hecho extraordinario como siempre. — Acaricia su mejilla levemente, le extiende un regalo en una caja pequeña con un hermoso lazo, Casandra emocionada la abre y se decepciona al ver su contenido, unos pendientes extravagantes de un amarillo intenso, él sabe cómo odia ese color, aun así se los compro, cierra la caja y finge una sonrisa, después de todo tuvo el detalle de traerle algo.
—Están hermosos mi amor, ¿Nos vamos? — Pregunta lanzando en el fondo de su bolso los pendientes, Gordon asiente, la sostiene y le quita el bolso para cargarlo, mientras la toma de la cintura buscando la salida junto a ella.
—Ey no me dejen... — Hans, termina por llegar hasta ellos, agitado se lleva las manos a las rodillas para tomar aliento mientras sostiene con una de sus manos, su bolso.
—¿Vuelven a Chicago? — Su mirada está fija en Casandra, Gordon lo ignora, ninguno de los dos se tolera, es algo con lo que ha tenido que batallar Casandra, desde que está con Gordon, él y Hans no han podido estar los tres en un mismo lugar de manera tranquila.
—Así es, he dejado a mi tío mucho tiempo, está solo con la bruja, no podría tomarme más tiempo lejos de él, ¿Vienes con nosotros? — Su invitación toma por sorpresa a Gordon, la mira de manera probatoria, Casandra lo ignora.
—Por supuesto. — Habla con efusividad y alegría, una que contagia a Casandra, pero para Gordon es causa de conflicto y molestia.
—Bien, es hora de volver a casa.
Se van hasta el aeropuerto y abordan el jet privado de la familia Bennett, Hans no pierde tiempo para molestar al novio de su amiga, en todo el viaje conversan sobre todo lo vivido en Londres, dejan a Hans en su casa y durante el camino a la mansión Sullivan, Casandra se queda dormida, no es hasta que siente la mano de Gordon sobre su mejilla que despierta, parpadea un poco, puede ver que llegaron.
—¿Princesa ha venido a vivir a tu casa algún familiar? — Casandra lo mira confundida, sube su vista hasta el lugar donde está viendo, Gordon frunce el ceño al ver a un hombre desconocido junto a su madrastra, la cercanía que puede ver de parte de ella le da a entender que son íntimos, los ignora baja del auto con la ayuda de Gordon quién lleva su maleta y su bolso de mano, camina tomada de la mano de él, hacia ellos.
—Te he dicho que no tomaras decisiones en mi empresa, quiero los documentos en mi poder lo antes posible, no seguiré confiando en tu palabra ¿Está claro? — La deja con la boca abierta y se va.
Electra puede ver el auto del novio de su hijastra, llegar, presiona los labios con molestia, no quería que llegara tan pronto, su mirada altiva que le da siempre la provoca, pero no es un problema, es como la Caperucita, tierna e inofensiva.
—Buenas noches, Electra.
—¿Se te acabaron las vacaciones, Hija? — Se burla.
La mira de arriba abajo y niega rodando los ojos, se gira hacia Gordon quien la toma de la cintura y no duda en besarla.
—Buenas noches, princesa.
—Buenas noches mi amor. — Casandra le da un último beso, Gordon le guiña el ojo y se va luego de encender el auto, Casandra fija su mirada en él hasta que lo pierde de vista.
—Quiero hablar contigo, no sé si tu tío te lo dijo, pero muchas cosas cambiaran en esta casa de ahora en adelante.