Seguía allí sentado ensimismado, cuando Edén paso de vuelta de la cocina. Al pie de la escalera, se detuvo, miro hacia la puerta entreabierta de la biblioteca y recordó. -Adams en mi casa -murmuro y entonces sonrió mientras subía las escaleras hasta sus habitaciones en el tercer piso. -¿Te has preguntado que mente simple pudo darle a un rió el nombre tan poco imaginativo de Río Ancho?- Edén se apoyo sobre una columna mientras el día desaparecía del cielo y del rió. La cena que habia compartido con Adams hacia tiempo que habia acabado, al igual que la cuidadosa selección de vinos de Cullen. -Es maravilloso- concedió Adams-. Atardeceres como estos son algunas de las cosas que mas echo de menos. -La tranquilidad. El ver las distintas tonalidades reflejadas en el agua -Edén hablaba en susu

