David permaneció en silencio mientras ella buscaba las palabras con las que poder explicarse. -David, ninguno de los dos podemos cambiar lo que pasó...no dejes que el pasado afecte a lo que tenemos ahora. Más calmado, él agitó el coñac en la copa mieras aba por a ventana. Cuando esta tarde en la galería dijiste que ibas a ir a ver a un abogado, pensé que querías el divorcio y sentí que mi mundo se derrumbaba. -Pero yo nunca...¿de verdad sentiste eso? -Allí estabas tú, de pie debajo de tu retrato, y no pude imaginarme lo que haría si me dejabas. Puede que yo haya cambiado tu vida, ángel pero no más de lo que tú has cambiado la mía. Aquello hizo que Mariana pensara en Pigmalión. Sin embargo, David estaba enamorado de la imagen, era posible que al final acabara amando a la mujer.

