-Estoy seguro de que me lo dirás - masculló él secamente.
-Pienso que no te atreves a arriesgarte. Que has olvidado cómo ser una persona normal, en vez de un oso gruñón y exigente al que han despertado de la hibernación.
-Sé lo que quieres, Laura, pero no puedo permitirlo. Y no lo haré.
-¿Y yo no tengo voto? - con las manos en las caderas lo miró, él agarraba con fuerza el pie de la copa-. Veo que la opinión que tienes de mí empeora por momentos.
-No, pero la experiencia me ha enseñado mucho - explicó él con paciencia, deseando que llevara algo más de ropa puesta y se alejara del fuego-. Simplemente odio lo que me haces sentir.
-¿Odio? Oh, cualquier chica se derretiría ante tanto halago, Richard. Pero ya dejaste claros tus sentimientos la otra noche. Supongo que es una suerte que solo vaya a quedarme hasta que puedas ocuparte e Kelly como un padre e verdad - espetó ella, yendo hacia la puerta.
-Entonces no te irás nunca.
Eso la detuvo. Lo miró con una mezcla de compasión y furia. El fuego iluminaban su cabello oscuro y sus anchos hombros y deseó por un lado sentar en su regazo y sentir su cuerpo, por otro lado golpearlo hasta que recurara el sentido común.
-No puedo quedarme para siempre, Richard.
-Tenemos un contrato legal -replico él, poniéndose en pie tras la silla. Ella percibió cierto pánico en su voz y se arrepintió de haberlo amenazado, pero desesperaba su tozudez.
-Sí, lo tenemos -lo tranquilizo suavemente. Alzo la mano hacia él y, como un gato al acecho, Richard agarro su muñeca y la aparto.
-No intentes tocarme. Entra en el contrato.
Se quedaron quietos y Laura sintió un cosquilleo de anticipación en la piel. Podía dar un tirón y arrastrarlo a la luz, pero no quería que perdiera la confianza en ella. Richard necesitaba tiempo.
-Te propongo un trato -dijo-. Si no me echas en cara los concursos de belleza, yo no intentare mirarte.
-De acuerdo -con una risa profunda, la soltó.
Laura sintió el sonido recorrer su espalda como una corriente eléctrica. Asintió y dio un paso hacia atrás, deslizando la mano por el respaldo de la silla. Richard apretó la copa con fuerza, al imaginar esa mano acariciándolo.
-Una cosa mas -dijo ella, deteniéndose en el umbral.
-¿Si? -se volvió, ella estaba de espaldas.
Soy una mujer sincera. Casi nunca me callo nada. Si me enfada te diré por que y...-giro el cuerpo levemente hacia él- ...y no pienso pagar por la traición de ella, ni por su debilidad.
Se refería Andrea, y Richard sabia que tenia razón. Las dos mujeres no se parecían en nada pero, aun así, no quería arriesgarse a ver en sus ojos una mirada de horror como la de Andrea.
-Dices eso por que no me has visto.
-No necesito verte, Richard para saber que clase de hombre eres realmente -se dirigió hacia la escalera y cuando rozo el primer escalón, él se puso a su espalda. Ella no se volvió. El calor que irradiaba su cuerpo la envolvió y cerro los ojos, esperando. Casi se le doblaron las rodillas al sentirlo tan cerca y se agarro de la barandilla.
-Piensas que soy honorable -le dijo él al oído, provocando le un escalofrió.
-Sé lo que eres.
-Quizás debería recordar que hace tiempo que no veo una mujer bella. A ninguna mujer.
-¡Que halagador! -susurro ella, con un nudo en la garganta.
-Deberías de sentirte halagada. Por que eres lo único que me ha hecho desear salir de las sombras -ella asintio un cosquilleo en el estomago -. Maldita sea Laura -continuo él con voz ronca de deseo -. Cuando te veo, lo único que quiero es probarte ...
Ella noto un calor abrazador que la quemaba y se puso la mano sobre el corazón desbocado.
-...sentir tu piel desnuda bajo mi boca...
Laura se trago un gemido.
-...y estar...-su voz se convirtió en un gruñido -...dentro de ti.
>. Sus palabras le evocaron imágenes de cuerpos ondulantes y besos profundos, y se dejo caer contra él. Richard le sujeto los hombros y hundió el rostro en la curva de su cuello.
-Oh, Laura -gimió, aspirando su fragancia como si fuera lluvia en el desierto. Ella se puso la lengua por los labios y alzo la mano para tocarlo, deteniéndose a medio camino. Giro, pero él le agarro la muñeca y le sujeto los brazos tras la espalda. Ese movimiento la obligo a apoyarse en él y tuvo que respirar profundamente al sentir la dureza de su virilidad.
-¿Ves lo que haces a mi cuerpo?
-No es mas de lo que tú le haces al mio, Richard -alzo el rostro hacia el suyo, escondido en las sombras. Su cuerpo ardía con una pasión que no habia soñado con sentir nunca.
-¿Harías siquiera esto sin verme? -pregunto él, acercando el rostro y rozándole los labios con los suyos, provocando chispas de pasión-Sí -susurro ella.
Inmediatamente, él cubrió su boca con un beso suave y reposado. Todo se desboco, y la beso una y otra vez, con fuerza y deseo.
Ella lo acepto, disfrutando de su poder, adorando las gloriosas oleada de sensaciones que envolvía su cuerpo en fuego. El corazón amenazaba con estallarle en el pecho y cuando él se apoyo en la pared, sujetándola entre las piernas , le dejo hacer sin protestar. Era muy erótico estar a oscuras en la escalera, sin poder tocarlo, deseando hundir los dedos en su cabello y demostrarle que no podía dominarla.
Cuando introdujo la lengua entre sus labios, ella se abrió a su invasión, haciéndole gemir de deseo. El sujeto las muñecas con una mano, llevo la otra hacia la espada y la apretó contra sí. Ella se movió y se revolvió, gimiendo de frustración al no poder tocarlo.
Richard estuvo a punto de perder el control cuando ella recorrió sus labios con la lengua, volviéndolo loco de pasión. Pasión. Un fuego que solo ardía una vez en la vida. Era como si ambos intentaran apagarlo con un solo beso, pero lo único que conseguían era avivarlo.
Poso la mano en su hombro, rozando su piel desnuda al borde de la bata. Ese simple contacto fue como un relámpago para su cuerpo, apretó y ella se arqueo hacia él. La toco deslizando la mano por su pecho hasta su seno . Ella comenzó a besarlo de forma salvaje, apretándose mas contra su cuerpo. El le acaricio el pecho, dibujando círculos a su alrededor del pezón, mientras su lengua acariciaba lo mas profundo de su boca. Richard se sentía vivo, caliente y palpitante por ella; deseaba más. Deseaba sentir sus manos, su cuerpo acoplado sobre él, disfrutar las caricias de una mujer, de esa mujer. Solo de ella.
Pero no podía. Aunque deseaba quedarse allí el resto de la noche, sabia que habia cruzado una frontera prohibida. Aparto la boca de golpe.
-No -grito ella, al saber que iba a abandonarla, a dejarla así, húmeda y hambrienta.
-No puedo -haciendo un esfuerzo por respirar, Richard la aparto y se irguió. La soltó y Laura cayo hacia atrás, temblorosa. Apoyo los brazos en sus hombros para equilibrarse y él se puso tenso.
-Laura, no lo hagas.
No lo obedeció. Dejo que sus manos se deslizaran por el torso cubierto de seda, sintiendo los labios de su corazón y los músculos tensos, bajando hacia el cinturón de la bata. El se puso duro como una roca.
-No lo hice por lastima Richard -musito con dulzura -. Deseaba hacerlo -sus dedos llegaron a las caderas, peligrosamente abajo, después se volvió y comenzó a subir las escaleras -. ¿O es que no te has dado cuenta?
Richard se quedo parado. No podía moverse. Ni siquiera fue capaz de contestar . La vio subir, con la bata entreabierta y gran parte del pecho al descubierto. Sin taparse ella se detuvo en el primer rellano y miro a las sombras.
-¿Sigues odiando como te hago sentir?
-Sí,...y no -replico él apoyando la cabeza en la pared.
-¿Que parte de ti ganara, Richard? El hombre que acaba de llevarme al paraíso con un beso, o la bestia que esta encerrada dentro? - tras esa palabra, corrió escaleras arriba, como si temiera volver a bajar y caer rendida en sus brazos.
Cuando desapareció de su vista, Richard dio un puñetazo a la pared. Habia sido un estúpido por tocarla.Iba a tener que mantenerse alejado de ella. Pero la idea de no verla le causaba dolor.
Llevaba días evitándola; dos para ser exactos y ansiaba su compañía. Oír el correteo y las risas de Kelly no lo ayudaba en absoluto. El sonido competía con el de la lluvia del exterior. Durante todo el día, el ruido, la música y las risas habían invadido su soledad; deseaba contemplarlas, pero intentaba convencerse de que tenia demasiado trabajo. Miro los tres ordenadores desde los que dirigía sus empresas y se comunicaba con sus empleados y soltó un gruñido. Incendio la televisión con el control remoto y subió el volumen para no oírlas jugar al >.
Mientras miraba la tele, pensó en cuanto, cariño y devoción le daba Laura a Kelly. No solo se notaba en las risas y en el parloteo, sino en sus cosas pequeñas como en los lazos de colores, a juego con la ropa, que le ponía en el pelo. Y en como lo dejaba todo para abrazar a su hija cuando la necesitaba. El también deseaba abrazarla, ser quien le atara los zapatos y limpiara sus lagrimas.
Encendió el intercomunicador para oír toda la casa. Se le hacia extraño escuchar a otras personas no lo habia hecho en años.
-¡Laura, mira!
Oyó pasos y un gemido de Laura. La ultima vez que habia escuchado ese sonido, ella se rendía gustosa a su beso, y se estremeció al recordarlo.
-Oh, Kelly, que pena.
-Lo aplastaran si se queda en el establo, ¿no?
-Sí.
-¿Puedo ir por el?
-Oh, sí hay que ir. Ponte el impermeable. Tendrás que agacharte y tener paciencia. Si va hacia ti, puedes traerlo. Si no habrá que dejarlo , sera por que no quiere y podría arañarte.
-Bueno -dijo Kelly sombría -. Pero ya veras como viene.
Richard arrugo la frente y se acerco a la ventana desde la que veía el jardín. Su hija corrió afuera, con un impermeable amarillo, y fue a la puerta del establo. Se agacho y estiro la mano, esperando como le habia dicho Laura. Richard pulso el intercomunicador.
-¿Un gato Laura?
-Es un gatito, ¿no estabas trabajando?
-No creo que sea buena idea -dijo él, ignorando su pregunta -. Solo tiene cuatro años.
-Necesita algo que cuidar. Aliviara la perdida que sufre, Richard. Quiere responsabilizarse de algo y el gatito es inofensivo.
-Los gatitos maúllan a todas horas, y eso no paliara su dolor.
-No, no lo hará. Lo que necesita es que su padre salga de su cueva y este con ella, pero no vas hacerlo ¿verdad?
-Maldita se Laura -se miro la mano cubierta de cicatrices con remordimiento -, sabes que no puedo hacer eso.
-No, Richard, no lo sé -su exasperación se reflejo claramente por el intercomunicador -. Lo que si sé es que nos has echado encima a Kelly y a mi la reacción de unos pocos, y que te estas perdiendo un montón de amor.
Richard se froto la nuca.
-¡Oh, mira ! Ha ido hacia ella - la excitación de su voz le golpeo en el pecho.
-Laura...
-Ve despacio, cariño. El suelo resbala. Sujétalo con cuidado, no es más que un bebe -grito por la puerta de atrás. Poco después volvió al intercomunicador, su voz cálida pero firme. -. Si vieras su cara ahora no tendrías ninguna duda. Te lo prometo, haré que lo cuide bien. Sera mi responsabilidad. ¿Satisfecho, milord?
Era imposible negarse sin parecer un ogro.
-Y me asegurare de que el gatito no te vea.
-Muy graciosa -hizo mueca de enfado -. De acuerdo es tu responsabilidad.
Ella desconecto el aparato, pero podía seguir oyéndola por el altavoz que habia sobre la mesa.
-Oh, es precioso canturreo Laura.
-¿Puedo quedármelo?
-Claro que si. Necesita un hogar.
-Pero...¿que dirá papá? -pregunto la niña con miedo. A Richard no le gusto nada, no queria que su hija le tuviera miedo.
-A tú papá le parece una idea estupenda.
Richard la lamo mentirosa para sus adentros y aunque no podía verla, percibió la sonrisa de Kelly por toda la casa. Laura estaba empeñada en hacerle parecer un héroe ante su hija.
-¿Es chica o chico? -pregunto Kelly. Tras una pausa y una risita llego la respuesta.
-Es una chica cielo.
Tres hembras en la casa. Un hombre no tenia nada que hacer allí; aun así, se apoyo en el marco de la ventana y escucho, deseando formar parte del grupo. Deseo ver el rostro de Kelly mientras tenia en sus brazos la volita de pelo.
-Tiene los ojos como tú, Laura
-No, no creo que los míos sean tan verdes ni tan bonitos.
Richard pensó que si lo eran. Esmeralda, felinos y llenos de misterio.
-Vamos a secarla. La pobre esta tiritando. Encenderé el fuego en el salón. Envuélvelo en la toalla y sujétalo para que se acostumbre a ti.
-¿Como vamos a llamarlo?
Vamos. Richard comprendió que ya se sentía vinculada a Laura. Sus voces se apagaron y no pudo resistirlo, al menos tenia que oírlas. Ya era bastante malo no poder ver a su hija , pensó mientras bajaba por las escaleras del pasadizo.
-...pero nunca he conocido que hiciera caso a su nombre -oyó momentos después.
-¿Has tenido algún gatito? -pregunto Kelly. Richard salio del pasadizo y, desde la cocina, contemplo a Laura encender el fuego.
-Claro, cuando era pequeña teníamos al menos tres. Y un par de perros y una cabra o dos -obsequio a la niña con una sonrisa que hizo que a Richard le hirviera la sangre -. Ganado, pollos y muchos, muchos cacahuetes.
-¿Cacahuetes?
-Mi papá cultiva cacahuetes.
-¿Hace mantequilla de cacahuetes? -a Kelly se le ilumino el rostro.
-No, vende la cosecha a los fabricantes de mantequilla de cacahuetes -explico Laura -.¿Que tal? -pregunto indicando el fuego con un gesto.
-Muy calentito, pero el gato sigue tiritando .
-Bueno háblale suavemente para que se acostumbre a tu voz y sepas que no vas hacerle daño. Secale el pelo. Iré por leche caliente.
-Muchísimas , gracias Laura -Kelly, acurrucada en una esquina del sofá le dedico una sonrisa radiante.
-De nada preciosa -Laura la beso en la cabeza y fue hacia la puerta. Se detuvo en el umbral a contemplar como Kelly y su mascota se acostumbraban mutuamente.
En la cocina, iluminada solo por la luz de la campana, abrió la nevera, saco la leche y fue a buscar un platillo. Su mano se detuvo un segundo.