Kelly no se hizo de rogar y Laura sonrió al verla subir. Sus piernas apenas alcanzaban los peldaños. Se tiro y cayo de pie, haciendo que Laura se preguntara si los aterrizajes perfectos eran un don que se pedía con la edad.
Cuando se canso de los columpios. Laura sugirió ir a la playa. Recogió un cubo y una pala de arenero y corrió hacia allí con la niña. Cuando llegaron, Laura tiro del cubo y alzo a Kelly por el aire, volteándola y haciéndole cosquillas. La niña grito y rió encantada. Se sentaron en la arena húmeda y, sorpresa de Kelly, Laura se puso a construir un foso para el castillo de arena.
-Estoy toda llena de arena -comento Kelly cuando volvían hacia la casa.
-Se quita con agua-dijo Laura, encogiéndose de hombros.
-¿No te vas a enfadar?
-Claro que no cariño - se acuclillo y miro a la niña a los ojos -. No se puede vivir al lado de la playa y no mancharse de arena.
-A mi mama no le gustaba la arena -la niña se echo a llorar y Laura, apenada, l levanto en brazos y se puso en pie.
Desde lejos Richard vio que Kelly lloraba. Sintió dolor de corazón cuando Laura se levanto en brazos con cariño y la llevo hacia la casa. Las observo, preguntándose por que estab triste su hija, deseando estar con ellas. Sintió una oleada de celos. No habia trabajado en todo el día, pues iba de ventana en ventana, atraído por sus risas.
Laura se detuvo en la entrada principal y miro hacia arriba. Richard se aparto demasiado tarde. La expresión de ella lo decía todo: >. Laura subió a Kelly al dormitorio, murmurando palabras cariñosas mientras que la niña sollozaba. Le quito la ropa húmeda y arenosa y la baño. Media hora después Kelly estaba limpia y lista para la siesta; se quedo dormida encima del sándwich y Laura la subió al dormitorio en brazos. Después de acostarla en su cama de princesa, volvió a la cocina a fregar los platos de la comida. Preparo una bandeja para Richard y algo para Sergio y pulso el intercomunicador.
-La comida esta servida, milord -anuncio.
-Gracias.
-No pienso subirla. Tendrá que bajar y arriesgarse a chocar conmigo a la luz del día.
-Laura.
-Tengo trabajo señor Smith. Cosa que no hice por estar jugando con su hija.
-¿Por que estaba triste? -pregunto él tras unos segundos de silencio. Laura decidió ahorrarse los detalles y fue directo al grano.
-Echa de menos a su madre.
-Tuve la impresiona de que lo solucionaste.
-Lo intente -dijo ella, recordando con dolor las lagrimas de Kelly.
-Gracias Laura.
-De nada es una niña encantadora. Ahora sal de esa cárcel y baja a comer.
-Te comportas como una tirana.
-Esa soy yo -replico ella, ignorando el tono divertido de su voz. -Laura la despiadada -apago el intercomunicador, pero un momento después volvió a encenderlo -. Y cuando te pida disculpas por lo de anoche, espero que estés en la habitacion conmigo, ¿me oyes?
Él la llamo, pero no le respondió. Iba a conseguir que saliera. Aunque fuera la ultimo que hiciera en la vida, lo devolvería pateando y gritando al mundo de los vivos.
Richard oyó los gritos de Kelly, que aumentaron de intensidad mientras corría hacia su habitacion, abrochándose el cinturón de la bata. Abrió la puerta y miro la cama, la niña se retorcía entre las sabanas.
La lamparita de noche daba una luz tenue, y Kelly chillo justo cuando llego a su lado. La tomo en brazos, susurrándole que todo iba bien y que él estaba allí. Estaba rígida y temblorosa, y sus manitas agarraron la bata con desesperación.
-Papá esta aquí, cielo, papá esa contigo -murmuro frotándole la espalda. La niña se relajo y rompió a llorar
-Tenia...tenia miedo.
-Lo se, cariño lo sé.
-Oh, papá, mami se ha ido -sollozo desconsolada. Él apretó los ojos, preguntándose como se enfrentaba una niña de cuatro años al dolor, a una muerte que no entendía.
-Ahora yo estoy aquí Kelly.
Los sollozos se callaron lentamente, y cuando se abrazo a su cuello, Richard se tenso. La niña no pareció notar las profundas cicatrices y se relajo un poco, acunándola con cariño. Deseaba protegerla ser el caballero andante de sus sueños, ese que la libraba de los dragones. Quería que se sintiera segura.
La beso en la cabeza y le contó que estaba muy contento de que estuviera allí, y que hubiera deseado conocerla antes. Cuando la niña se durmió, siguió con ella en brazos un buen rato. Era la tercera noche que tenia una pesadilla y las dos anteriores Laura habia llegado a la habitacion primero que él.
Laura debía estar agotada. Habían pasado el día jugando en los columpios y en la playa y habia observado como le enseñaba a Kelly a dar volteretas. Después con la ayuda de Sergio, montaron en la yegua y pasearon por la playa. El percibió que se llevaban muy bien y le dieron celos, aunque lo alegraba que la niña fuera feliz. Era obvio que Laura seria la madre perfecta y se pregunto por que no se habia casado.
Richard escucho el ruido de la puerta abrirse, se puso de pie y se oculto en el pasadizo. Laura entro al dormitorio con el ceño fruncido, segura que habia oído algo. Miro a su alrededor y se inclino para darle un beso a la niña. Al hacerlo percibió un olor que no era el de Kelly, era un olor especiado...masculino. Se irguió.
-¿Smith? -susurro. No hubo respuesta, pero supo que habia estado con Kelly, aunque estuviera dormida. Eso la alegro; implicaba que no existía el distanciamiento que él pretendía.
Salio de la habitacion y decidió prepararse una manzanilla. Los pasillos estaban iluminados con tenues luces laterales, en el suelo, así Richard conseguía que su rostro siempre estuviera en la penumbra. Fue a la cocina y, cuando calentaba el agua, oyó el chismorrear de la madera. Corrió al salón; la chimenea estaba encendida, se acerco lentamente a calentarse los pies desnudos y percibió la presencia de él a su espalda.
-Quédate.
Laura se volvió. Estaba sentado en una silla de respaldo alto, con el rostro sumido en las sombras. La irrito que él supiera exactamente como y donde situarse para que no pudiera verlo. Recorrió con los ojos la bata de seda marrón que cubría sus piernas.
-¿Por que no estas durmiendo?
-Supongo que por la falta de actividad -replico él, llevándose una copa de vino a los labios. Ella noto que su mano derecha era lisa y sin cicatrices pero que escondía la otra junto a su cuerpo.
-Eso es culpa tuya. Nadie te pide que te quedes encerrado en la torre.
-No quiero discutir sobre eso, Laura. O déjame en paz o une a mi. Hay vino en el aparador -dijo, indicándole con la copa. Ella titubeo, preguntándose si era prudente quedarse allí-,¿tienes miedo? -pregunto él.
-¿De ti? -ella rió suavemente -. No, ladras mas que muerdes.
-¿Como lo sabes?
-Por que no te acercas lo suficiente como para morder -se burlo ella.
-Que valiente -murmuro él contra la copa, deseando que se sentara de una vez.
El fuego iluminaba la bata de satén n***o y veía a tras luz la silueta de su sensual cuerpo desnudo. Intento controlar su frustración, pero no podía apartar la vista. La perfección se erguía tentadora ante él y noto la tensión que verla provocaba entre sus muslos. No quería desearla, pero era humano, como cualquier hombre. Era una belleza de piernas largas y senos formados, y estaba en su casa embrujándolo.
-Siéntate, Laura -pidió al fin, incapaz de soportar esa visión un segundo mas.
-Voy por mi té -replico ella volviendo a la cocina. Cuando regreso él la esperaba y eso la alegro a pesar suyo. Se sentó en el extremo del sofá, junto al fuego y, con la taza en las manos, miro el bailoteo de las llamas. Él se resolvió en la silla y Laura lo percibió sin verlo.
> Le habia dicho la noche anterior. Se pregunto si percibía lo que sentía en ese momento. Bebió un sorbo de té, deseando alejar es sensaciones, pero no pudo. Recordó la fotografía y pensó lo dificil que debía ser para un hombre que habría hecho suspirar de deseo a muchas mujeres, el pensar que ahora se estremecían de horror al verlo.
-Lamento lo que dije la otra noche -dijo, mirando en su direccion.
-¿Por que? era verdad.
-Fue una grosería expresarlo con palabras.
-Acepto la disculpa
-Gracias señor Smith.
-Creo que nos hemos herido lo suficiente como para utilizar nuestros nombres de pila.
-Oh, Richard -murmuro suavemente-. No era mi intensión herirte.
-La verdad te hirió mas a ti que a mi.
-¿Deja de ser tan endiabladamente frió -dejo la taza sobre la mesa con un golpe.
-¿Que quieres que haga? negar que siento atracción por ti? Eres una chica de póster, por Dios santo.
-¿Y que? Mi cuerpo es un mero accidente de la naturaleza. No soy lo que aparento ser -se puso en pie, airada por que la hiciera sentir tantas cosas cuando se habia jurado olvidarse de los hombres, no volver a involucrarse con alguien que no viera mas allá de su rostro, que ni siquiera lo intentar -.¿sabes lo que pienso?