Magnus
Llamé a varios conocidos hasta que uno de ellos dijo lo que tanto temía. Juré no arruinar el cumpleaños de Julieta; por eso me quedé callado.
—El doctor Julián solía preocuparse por una paciente en especial —dijo un conocido por teléfono—. Apellido Sanz. Joven. Paciente frecuente. Decían que eran caídas accidentales, pero todos sabíamos que su novio la golpeaba. El era un maldito viejo que incluso la llego a golpear frente a nosotros.
Sentí un tirón seco en el pecho.
—¿Había algo extraño en él, en Julián? —pregunté, cuidando que mi voz no revelara nada—. Cuando… cuando estaba cerca de esa mujer.
—Parecía enamorado —respondió—. Pero cada vez que le decíamos que la sacara de ahí, decía que no podía. Que no la veía como mujer. Pero incluso llegó a golpear a ese tipo.
Colgué sin despedirme.
Si aquello era cierto, Julián conocía a Julieta antes que yo. Conocía a Joshua. Conocía sus golpes. Sus silencios. Y aun así se quedó al margen. Fingió sorpresa cuando la subí a su auto cuando estaba dormida.
No supe qué dolía más: que la hubiera visto rota antes que yo… o que me hubiera ocultado que la conocía. Julián siempre ha sido extraño pero está vez, es diferente.
No iba a arruinar el cumpleaños de mi Julieta. No esa noche. Me repetí eso como una orden.
Cuando me acerqué a la cama, Julieta estaba recostada con un camisón ligero, vulnerable sin saberlo.
— ¿Que pasó?— preguntó doblando las piernas sobre la cama— ¿Todo está bien verdad?
— Si, princesa — mentí para no preocuparla — Todo está bien, ahora tengo que consentir a la cumpleañera más hermosa del mundo.
— ¿Con sexo?— preguntó Julieta, ruborizada— No, no me he depilado.
.
—Sabes que no me importa —le dije, jugueteando con el borde de su prenda íntima — Yo también estoy lleno de vello y a tí nunca te ha dado asco, así que por qué tendría que importarme.
Ella se sonrojó.
—Aún no creo que tú seas mi exnovio —dijo, medio en broma, medio en serio—. Si lo eres… hagámoslo como aquella vez.
Aquella vez.
La palabra me atravesó.
—¿Y si lo soy? —pregunté, acercándome—. ¿Qué harías?
—Creería que el destino por fin quiso pagarme por aguantar tanto —respondió—. Y tengo preguntas. Muchas sobre esa noche.
Claro que las tenía.
Era normal que quisiera preguntar sobre eso, pero no sé si yo estaba listo para dar respuestas.
Estaba a punto de recrear la escena de ese día, cuando la lleve a mi casa después de que se quedara dormida en el cine hace siete años cuando éramos simples estudiantes desesperados por el ambiente toxico familiar.
Apenas y la toqué. La memoria me traicionó.
Esa noche no solo perdimos la virginidad.
Esa noche nació algo que nunca dejé de cargar: Yo hice algo que jamás debí, pero no me arrepiento en absoluto.
Vi a mi padre al lado de nuestra cama, con la misma playera color café, y el pantalón desabrochado. Era muy realista la alusinacion, y cuando lo imaginé tocando la pierna de Julieta. Me encendí.
—¡Enciérrate en el baño! —le grité entonces a Julieta.
Y entendí, demasiado tarde, que no importa cuántas veces la abrace ahora… esa noche sigue viva dentro de mí. Nunca fue buena idea decirle que era su exnovio, “El psicópata".
Esa noche se destruyó más que una familia, se perdió más que en una guerra.
Julieta.
Magnus se empezó a comportar extraño, su respiración fue cambiando, y me colocó el camisón solo para ordenarme que me encerrara en el baño.
— ¡¿Dime qué te pasa?!— grite buscando tomarlo de las manos.
— Llama a Julián — dijo intentando contenerse— dile que venga de inmediato.
— Mag, él está al otro lado del país... Además me prohibiste cualquier cercanía con él — respondí tratando de tranquilizarlo.
— Julieta, ahora mismo estoy luchando por qué el demonio no salga — susurró apoyándose en la pared— no quiero que te lastime.
— Magnus todo estaba bien, ¡¿dime qué hay en tu cabeza?!— le pregunté.
El sonrió, pero está vez lo desconoci por completo. Sus ojos de volvieron completamente negros y sus puños: estaban apretados listos para lanzar un golpe.
—Demonio...— susurré.
Podría jurar que conocía esa oscuridad indescifrable en él.
El me acorraló hacia la pared y colocó una mano en mi cuello.
— ¿A quien prefieres, a Magnus o a mí? — dijo con voz frívola.
— Tú eres Magnus, déjate de payasadas— contesté — Eres su estado cien por ciento puro y no...no me das miedo.
El comenzó a ejercer presión en mi cuello, pero aún podía respirar.
— ¡Suéltame, sabes que odio cuando me toman del cuello estando molestos!— dije tratando de apartar su mano de mi cuello.
Molestos.
Eso sonó una declaración de guerra, y me di cuenta hasta que lo había dicho.
— ¿Molestos? Aún recuerdas a tu amado. Joshua, ¡maldición!— grito y golpeó la pared con la mano que tenia libre.
— ¡Suéltame, además sabes que nunca ame a esa rata!— dije dándole golpes en el pecho para que me soltará— Me estás ahorcando, ¡suéltame!
Se descontroló, dejo de escucharme y yo dejé de respirar. Recordé que Julián y Seira solían decirme que un golpe bajo me daría ventaja y lo hice, lo golpee con la rodilla en la entrepierna. Aún que era aterrador golpear a un hombre de casi dos metros.
El me soltó y yo me caí al suelo. Magnus nunca haría algo como eso, menos cuando sabe cuánto me aterra que me tomén por el cuello. El se doblo adolorido y en ese instante llame a Julián escondida en el baño
— Magnus se puso mal— dije con la voz entrecortada— No se que pasó, se descontroló... por un instante pensé que...
— Sabía que algo así pasaría si te decía que era “El psicópata" — contestó Julián— Llegó en cinco minutos, apenas subieron al avión supe que el demonio despertaría.
Salí de la habitación, Magnus estaba recargado en la pared sin despegarme la vista, estaba adolorido y a la vez parecía querer abrazarme.
— Lo...siento— susurró.
— ¿Lo que pasó esa noche tuvo algo que ver con tu comportamiento?— le pregunté mientras me cambiaba de ropa y me colocaba una bufanda en el cuello en pleno verano— por qué si vas a actuar así muy seguido, no puedo... ¿Fue el sexo o algo más?
— No fue el sexo— respondió — Julieta, tu sabes lo que pasó después de nuestra primera vez o quizás quisiste olvidarlo.
Me pare frente a él y bese su frente.
— El hombre que entró en la habitación era tu padre y quería hacerme cosas malas ... Lo sé.
— ¿Sabes por qué te quedaste ahí por horas?— me preguntó, preocupado.
Yo lo sabía.
El había cruzado la línea.
— Mi ropa quedó llena de sangre cuando me abrazaste después de esperar tanto — respondí — Así que supe que esa noche no solo dejamos de ser vírgenes y lo que pasó después no me importa, yo te amo y tú me amas.
— Si tú madrastra llega a investigarme di que no sabías nada.
— Me protegiste de tu propio padre, Magnus— contesté tomándolo de la mano — Pudiste haberme entregado, y dejar que hiciera lo que quisiera conmigo, pudiste convertirme en tu amante por un tiempo y devolverme a Joshua cuando te cansaras de mi incluso abandonarme cuando grito su nombre en pesadillas.
El meneo la cabeza
— Nadie va a tenerte compasión, Julieta— contestó Magnus — Nadie va a entender por qué te metiste conmigo siendo un as...
— No estoy acostumbrada a que me tengan compasión— respondi — y no dejaré que toques la prisión, así tenga que comprar jueces y vender mi alma al diablo.
Magnus sonrió, quizás por qué sabía que yo era capaz de volverme en una Insurrecta por su causa.
— No me vuelvas a tomar por el cuello— sentencie — No me hagas tenerte miedo, no a tí, Magnus.
Julián no tardó en llegar, y de inmediato reviso mis brazos y mi cuello. Si expresión era puro enojo.
— Cabrón, ¿viste lo que le hiciste?— escupió Julián— Casi la matas con las mismas manos que juran protegerla.
— ¡¿Cómo llegaste tan rápido?!— reclamó Magnus — ¿Estás enamorado de mi mujer verdad?.
— No digas tonterías, Magnus — respondió Julián — Estoy saliendo con Seira, y sabes que estoy loco por ella.
— ¿Entonces por qué...
Magnus dió un lado al frente, dispuesto a enfrentarlo y Julián se acomodo la playera para pelear con el. Estaba a punto de ponerme en el medio cuando recibí una llamada de mi madrastra, contesté de inmediato.
Seria interesante saber que nuevas estupideces diría.