—No puedo sacarte de mi cabeza —empuja. —No puedo apartarme de tu aroma —empuja. - Tus gemidos son la música que siempre quiero escuchar - empuja. Estoy por correrme de solo escucharlo, esa maldita voz sexi y ronca que me enloquece. Pongo mis manos en sus hombros y arqueo mi cabeza. Bianchi me pone tan sensible, tan caliente. - Vamos, nena, córrete para mí — esa maldita orden me hace llegar a mi primer orgasmo. La música alta amortigua mis gemidos. Gimo tan alto y tan malditamente bien, que no me importa si alguien me escucha. Enredé mis piernas en su cadera y Bianchi me carga, se mueve tan bien, toca esa parte que me enloquece, esa parte que me hace explotar con cada estocada que me ofrece. Bianchi expone mis pechos y muerde mis pezones, pasa su lengua para aliviar el ardor y sop

