Llegamos al punto de encuentro y todos están esperanzados para arrancar. Apenas nos ven, acomodan sus cascos y arrancan las motocicletas. Somos más o menos 12 motocicletas, una tras otra; el sonido es excitante, espectacular. Conducimos por casi dos horas y hacemos una parada en un hermoso pueblo. Las personas del pueblo se quedan mirándonos mientras pasamos por el lado. Somos una banda de moteros vestidos de cuero y en unas motos que hablan mientras aceleramos. La adrenalina corre por mis venas y me hace sentir viva. Alam hace una señal para acercarnos a un café, necesitamos comer y refrescarnos. Aún nos falta mucho camino por delante. - Niña bonita —me dice Alam, mientras me ayuda a quitar el casco— ¿Tienes hambre? - Un poco - termino de bajarme de mi motocicleta. Alam toma mi ma

