Llegamos al apartamento, después de comer todo fluyo con naturalidad. No vimos nada fuera de lugar, las sensaciones persistían, pero Alam, no dejaba que me alterara por nada. Prometió dejarme unos de sus guardas para que me cuiden. Nunca me ha gustado tenerlos, pero esa sensación de inseguridad y de ser vigilada no me gustó. - ¿Puedo dormir contigo? - abro la puerta de la segunda habitación, no quiero dormir sola en mi cama - - Claro que sí, cariño - abre la sabana para que pueda acostarme - Me acuesto abrazando el pecho de Alam y mi mirada se queda fija en la pared. La respiración de Alam, es tranquila, me tranquiliza y me brinda una sensación de hogar. - Al final de todo, no sería tan malo, casarnos - las palabras salen de mi boca y escucho a mi amigo reír a carcajadas - - Eres mi m

