Abre mis piernas y corre mi braga a un lado. Siento su lengua jugar con mi centro, juega con mi botón a su antojo. Las manos arañan las sábanas por el placer que siento, la habitación se lleva de jadeos, de súplicas y de sonidos que despiertan los deseos del mismísimo hielo. Lo veo quitar su camisa y volver a mi centro. Los círculos que hace este hombre con la lengua enloquecen a cualquier mujer. Mi orgasmo llega arrasando conmigo, con mi ser, y Bianchi se encarga de prolongarlo, metiendo dos de sus dedos y tocando esa parte que me hace ver el cielo. Las sabanas de mi cama se empapan, muerdo mis labios y cierro mis ojos. Mi cuerpo se encorva, el placer es tremendo, es inexplicable. Bianchi pone una de sus manos en mi abdomen bajo, para no dejarme cerrar mis piernas, el hombre quiere e

