Mirar su virilidad alborota mi deseo por este hombre. Tiene la altura perfecta y lo complementa su grande m*****o. Cuanto puede medir, veinte o veintidós centímetros, quizá más, pero lo que realmente impresiona es el grueso que posee. Lo tomo en mi mano y trato de cerrarla a su alrededor, pero llega a un cuarto del grueso tamaño de Bianchi, es impresionante la flexibilidad que tiene mi centro al recibirlo. Lo miro a los ojos, y mira atento a cada movimiento que hago, esperando, anticipando que haré con él. Me desea y lo deseo. Se siente en la forma en que respira, en que su pecho sube y baja cada vez que muevo mi mano, arriba y abajo. Sonrío, le sonrío y saco mi lengua, lo hago por el deseo que tengo de darle placer y de manejar su deseo a mi antojo. Deposito la cabeza en mi lengua y

