—¿Estás preparada? Micaela movió la cabeza para ver mejor a Anton, parado a unos metros. Aún no se acostumbraba a mirarlo del todo, creyéndolo más una bestia salvaje antes que un salvador predestinado a alguna mierda mística milenaria. —Eres afortunada de tener agua y comida. Cualquier otro en tu lugar ya estaría muerto. Debo admitirlo, tu fortaleza en esta situación tan extrema. Espero que no hayas tomado a mal nuestra charla del otro día. Come, bebe. Necesitarás fuerzas para viajar —Anton seguía hablándole con la mente, para que solo ella pudiera escucharlo. —¿Qué? ¿Dónde me llevan? ¿Qué es este lugar? —Estás a punto de volver a donde te sacamos. Lamento que hayas tenido que pasar por esta experiencia, nos equivocamos contigo. No eres apta para seguir aquí, necesitamos alguien espec
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