El gran castigo les será otorgado a todos aquellos que han osado desafiar las leyes. Criminales, escorias de la sociedad, y sus mugrosos cómplices que los representan y les cagan la vida a los que pretenden alejarse de las malas influencias. Leyes que favorecen a quienes la promulgan, que ayudan a los victimarios antes que a las víctimas. Llegó la hora de dar vuelta todo, reescribir lo necesario, arrancar las páginas de esta historia dominada por cretinos que gozan de la calle y la buena vida. A ellos les diremos: no más. —Todavía me adoran —dijo Anton, en presencia de Micaela, sin mover su boca de estrafalarios dientes—. Tienen razón para hacerlo. La mujer no podía cuestionar que el dios cristiano existiera de verdad, ya que tenía un monstruo frente a sus ojos para confirmarlo. —Soy u

