—¡Buen día, mi princesa!
Escuché tu voz. Abrí los ojos. Estabas al otro lado de la cama, desnudo. Estuvimos toda la madrugada cogiendo como conejos sin parar. Estaba adolorida. No sentía nada igual que hace unas semanas entre nosotros. Todo estaba cambiando, vos te enamoraste o eso parecía, en ese momento. Giré mi cabeza para admirarte en los últimos rayos de sol. Me sonreíste. No esperaba que siguieras en la cabaña, si tenías que darle explicaciones a Sofía.
—Hola…No te fuiste.
—No, quise quedarme con vos, bonita. Te lo merecías.—me dijiste, acariciando mi mejilla y corriste un mechón de pelo que me molestaba sobre la cara—Son las cuatro de la tarde, ¿querés tomar unos mates y me contas bien con quién saliste anoche?
—Para, ¿Vas a darme restricciones de con quién estoy o qué mierda hago?
—No estoy jugando, no me provoques, Natalia.
—No, Gerónimo. Estás equivocado. Soy tu perra, no tu novia.
Rodeaste los ojos. Me plantaste un beso fugaz, y te pusiste de pie rápidamente. Luego entraste al baño del dormitorio para orinar, escuchaba el sonido cayendo sobre el inodoro y tiraste la cadena. Volviste y me sonreíste como si nada, así indiferente como siempre. Respiré hondo. No iba a ser nada tranquila esta tarde cuando te ponías en modo controlador. Tenía que buscar una excusa para que no sospecharas, o es que ya lo sabías. No lo sé.
Nos bañamos por turnos. Disfruté el agua tibia, refrescando el calor de mi cuerpo, en pleno verano. Lavé bien mi cabello rubio y exfolie mis manos con una crema para ello. Estaban resecas, no me gusta. Salí vestida con unos shorts de algodón gris y una remera de The Smiths, tu banda favorita. Bajé a a cocina. Estabas preparando la comida.
—Hablé con tu hermano. Javier sabe todo, ¿verdad?—dije directamente.
—Eh, sí, ¿por qué?
—Pensé que querías mantenerlo en secreto, ¿Estás seguro que no va a abrir la boca?
—Confió mucho en él, vos deberías hacer lo mismo, Natalia. Seguís quejándote de todo, ya te pareces a Sofía.
—No me nombres a esa mina, ¡No la tolero con su cara de buenita!—dije, sentándome en una butaca a la isla.
—Entonces, ¿de qué hablaron?
—De cosas, no sé.
¿Cómo iba a decirte que mis planes eran destruir todo lo que te hacía feliz? En este caso, Sofía era un estorbo importante para llegar a vos. Cancelar la boda era mi primer objetivo. Cocinaste unos roast beef con ensalada de tomate y huevo. Luego me pediste que analicé sobre guardar secretos de otras personas frente a vos, es decir, querías saber de qué hablé con tu hermano. Te despediste con un beso y saliste de la cabaña. Te escuché subir al auto y alejarte por el camino hacia la ruta. Respiré hondo. Todavía tenía que resolver la forma de hacer caer a Sofía. Me dediqué a ello, formando un plan increíble que me asegurara tener éxito.
A la noche, me llamaste, escondiéndote de Sofía que estuvo persiguiéndote desde que llegaste, exigiendo una explicación por no llegar a casa anoche. Sabía que en un momento vas a perder la paciencia con ella, confesándole que estabas acostándote conmigo. Bueno, desde ese punto me servía para terminar con mi primer paso hacia mi venganza.
—¿Cómo estás?—me preguntaste.—Perdón por irme tan pronto. Necesitaba estar con ella y pensar sobre lo que quiero de vos.
—¿Qué decís? ¿Qué tengo que ver con tu vida, Gerónimo? Está claro que no estás listo para comprometerte con alguien.
—¿Y vos? Tampoco das el ejemplo acostándote conmigo sin pedir nada a cambio. Ni siquiera sé si estas enamorada. Estás fría y distante hace unos días, ¿estás bien, Natalia?
Me quedé callada. No estaba enamorada, estaba siguiendo las reglas del corazón de hielo. Una ley social que se aplica a no intervenir las emociones. Me servía. No estaba sintiendo emoción ni amor por vos, era mucho más complicado. No podía explicarte eso, tenía que mentirte, como vos hacías con otras personas.
—Estoy enamorada de vos. Desde que apareciste en mi vida, supe que deseaba estar con vos toda la vida.—dije, fingiendo tener sentimientos profundos hacia vos. Te escuché sonreír. Lo estabas.—Te quiero, Gero. Sos muy importante para mí.
—Ahora, parece más real. Me preocupaba que estés perdiendo el interés porque no tenemos citas reales.
—No importa. Me diste una oportunidad de estar a tu lado, ¿cómo voy a estar enojada por ello? Lo entiendo, bebé. Estás muy ocupado.
—¿Mañana nos vemos? Ya estoy libre. Sofía va a viajar a una conferencia en dos días. Podemos salir a la ciudad.
—Está bien, dale. No hay problema, bebé.—dije sonriendo. Nos despedimos.
Me acomodé en la cama, después de ponerme la pijama. Si Sofía no estaba, podía convencerte de ir a tu casa. Allí podría conseguir pruebas que tu novia no estaba siendo sincera respecto a casarse por amor, sino por conveniencia. Traté de dormir. Los próximos días tenía que ejecutar mi primer paso del plan de venganza.