Es mi hermano, no mi novio

1221 Palabras
POV ENZO Estaba en lo mío, concentrado en unos informes, cuando un ruido afuera me sacó de mi concentracion. ¿Y ese escándalo? Apreté el botón del intercomunicador. Nada. Silencio. Kasandra no contestó. Raro. Eso nunca pasa. ¿Dónde se metió? Esta chica sí que me va a sacar las canas. Nunca está presente cuando más lo necesito. Me levanté, salí del despacho y entonces la vi. Kasandra estaba abrazando a un tipo. Un desconocido. ¿pero que se está creyendo esta mujer? Mi corazón por alguna razón empezaba a acelerarse, lo peor de todo es que no entendía el por qué. Eso si, sentí una punzada muy fea. Ella me daba la espalda, así que lo vi bien. Buen porte, bien vestido, pinta de todo menos empleado mío. ¿Quién carajos es ese? ¿Y qué hace ella dándole un abrazo así, como si estuvieran en un romance? ¿será su novio? Porque nunca la había visto en este plan con nadie más. —¡Kasandra Stein! —solté en seco. Ella se despegó rápido del tipo, pero la sonrisa no se le borró ni un poquito. Me miró medio confundida, como si no entendiera el por qué del grito. Caminé hacia ellos, sin prisa, pero con intención. —¿Se puede saber qué estás haciendo? —le solté, mirándola directo, sin rodeos.— creo que te he hablado claro desde antes y este número no me gusta para nada. —Él es mi... —empezó a decir, pero ni le di chance de terminar. Ya había visto todo y no necesitaba ninguna mentira de su parte. No hace falta ser un genio. Ya me imaginaba la historia. Apreté los puños. Estaba muriendo de rabia. Me había visto la cara de tonto, de imbecil mejor dicho. —No te pago para que andes en arrumacos con tu novio en horario laboral. ¿No te queda claro, señorita Stein? ¿o quieres que te lo diga en otro idioma?— ella me miró con los ojos de par en par. No sé si estaba muerta de miedo o simplemente estaba muriéndose de pena. No me importa. —Señor Bianchi, se está equivocando. Él solo... —Silencio. A mi oficina. Ahora —ordené, y me di media vuelta.— no quiero seguir escuchándote. Solo ve y no quiero repetirme una vez más. Ya dentro, me senté sin saber qué me pasaba. Algo me molestaba más de lo normal. ¿Era por el tipo? No, claro que no. Era porque Kasandra estaba perdiendo tiempo en el trabajo, sí, eso era. ¡No! No quiero ser un mentiroso conmigo mismo. Era porque ese hombre estaba con ella. No quiero aceptarlo, pero eso me dolió mucho. —Vamos, Enzo —me dije a mí mismo—. No hagas un drama. Solo es una pareja de novios como cualquier otra. Aunque esta era más especial. Lo admito, Kasandra es atractiva. Pero eso no tiene nada que ver. Es eficiente, profesional. Punto. Me lo repetí como si con eso se me fuera a quitar el fastidio. Pero no, acá estoy con cara amargada y con los puños apretados. Estoy que reviento de enojo. Ella entró al despacho y de una lanzó: —¿Y esa escena? ¿Qué fue eso? Me ha metido en vergüenza. No puedo creer que se haya portado así. De todas las cosas que yo pensé de usted, nunca creí que también tenía esa forma de tratar a las personas en público y menos delante de una persona tan importante como él. —La pregunta debería hacértela yo a ti —le respondí sin levantar la vista del portátil.— no estés hablando al peso de la lengua porque tengo mis motivos, Kasandra. Ahora es mejor que me expliques qué fue todo eso que miré. Soy tu jefe y te exijo. —Señor Bianchi, el hombre que vio afuera es Daniel Stein. Mi hermano. Mi hermano mayor. Vino a ver al jefe de marketing, el señor Pedrosa. Tenía rato que no nos veíamos. Solo quería darme una sorpresa. Y usted... usted llegó gritando, y justo le estaba diciendo que no es tan mal jefe como parece... hasta que se apareció usted y arruinó todo —escupió las palabras sin pausa. Mierda. Creo que he metido la pata hasta el fondo. Y todo por no medir mi enojo. —¿Tu hermano? —alcancé a decir. Ahora era yo el que estaba muerto de la pena. Me rasqué la cabeza en forma de nerviosismo. —¡Por fin escucha algo lógico! ¡Qué paciencia la mía! —espetó, cruzada de brazos. Estaba enojada. Y con justa razón. Nos quedamos en silencio un rato. Yo tragando mi orgullo. —Lo siento. ¿Está bien? Me equivoqué. Cualquiera podría entender que entre ustedes dos estaba pasando algo más, era mi deber como tu jefe poner el orden acá. Ella me miró un momento largo. —Está bien. ¿Necesita algo más? Ya terminó mi turno —dijo sin moverse. —No. Puedes irte. —Buenas noches, señor Bianchi —me dijo, y se fue. Llevaba la cara muy seria. Y sí. Estaba enojada. Con razón. Y todo por mi culpa. Que estupido que fui. Tan solo si la hubiera dejado hablar en ese momento. * POV KASANDRA Qué tipo más bruto. ¿De verdad pensó que Daniel era mi novio? O sea, ¿de dónde saca esas ideas? Y si lo fuera, ¿qué? No es asunto suyo. Él es mi jefe, punto. No sé por qué se comporta como un adolescente. Daniel solo pasó por la oficina porque no tenía más tiempo, tenía que volar a Texas por una junta. Nada raro, lo suyo es andar de un lado a otro. Pero yo sí tenía ganas de verlo. Quería mostrarle el departamento, enseñarle cómo me estoy acomodando. Pero bueno, parece que el universo tenía otros planes. Igual, él me dijo que el próximo mes se da una vuelta. Eso me tranquiliza. Ahora por fin estoy viviendo en mi propio espacio. Ya no tengo que andar compartiendo con Leonor y Luther. Me siento bien, libre. Alquilar este lugar con mi propio dinero fue como un pequeño grito de victoria. Siempre quise trabajar, hacer mi dinero, pero Aarón... él siempre me salía con que no hacía falta, que me quedara de brazos cruzados. Y yo, como una mensa enamorada, le hacía caso. Pero eso ya fue. Hoy, por fin, me voy a mi casa. A MI casa. Y eso… se siente como un primer sueño logrado. * POV ENZO No puedo creer la estupidez que acabo de soltar. ¿En serio pensé que ese tipo era su novio? ¡Era su hermano! Su maldito hermano. Y yo, Enzo Bianchi, con toda mi pinta de tipo astuto… quedé como un idiota. ¿Y lo peor? Me picó el bicho de los celos. ¿Por qué, carajo? Si Kasandra es mi asistente. Trabaja para mí. Punto. Pero no… ahí estaba yo, apretando los dientes como si me hubiera ganado el derecho a ponerme celoso. Me veo todo ridículo. Jamás me había pasado esto con nadie. Con tantas mujeres que he conocido tenía que venir mi asistente y ponerme el mundo de cabeza. Qué ridículo, Enzo, que ridículo… Esta vocecita en mi cabeza necesita apagarse de una buena vez.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR