Cap 39. Borracho o nunca

2902 Palabras
Al día siguiente era domingo y nos arreglamos para ir a tomar el aperitivo con los padres de Bea. Me puse un vestido verde de tirantes con un poco de vuelo en la falda y unas sandalias bajas ya que aún me dolían los pies de los tacones de la noche anterior. Después de comer, como todos los domingos en aquel pueblo había que salir a tomar café con Sara y ahora también con Tere. Pasamos a buscar a Sara por su casa, y Rubén se asomó desde la ventana del piso de arriba solo para saludarnos, estaba sin camiseta ¡vaya cuerpazo tenía! Intenté tapar mis mejillas sonrojadas poniéndome la mano delante de la cara haciendo que me tapaba el sol, pero una vez que saludó y volvió a meter su cuerpo dentro de la casa, Bea explotó en risas mientras Sara salía de casa. Con Tere habíamos quedado en la plaza así que empezamos a caminar mientras Bea seguía riéndose. - ¿Nos cuentas el chiste para que nos riamos también? – dijo Sara. - La verdad es que no tiene tanta gracia – respondí yo antes de que Bea hablase. - Es que no es un chiste… - dijo Bea intentando recomponerse y dejar de reírse. - ¿Entonces? – preguntó Sara mirándonos primero a una y luego a la otra. - Es que a tu hermano le gusta Desi y no se corta en demostrarlo – dijo Bea. Yo sólo me tapé la cara de la vergüenza. Y escuché que Sara se rio. - Perdona Desi… - dijo Sara agarrándome de las muñecas para retirar mis manos de mi cara. – Me río por la reacción que has tenido. Yo ya sé que le gustas a Rubi – dijo abrazándome. – Lo sé desde el año pasado, aunque él no lo quiere admitir, pero Bea tiene razón, se le nota demasiado – soltó su abrazo pero dejó su mano puesta en mi espalda – la pegunta es ¿a ti te gusta él? - Si no dejáis de hacer de celestinas cada vez que vengo al pueblo voy a dejar de venir – dije sin contestar a su pregunta. - Sí, vale… pero contesta ¿te gusta Rubi? – dijo Sara sonriendo. - ¿Y a quién no le gusta tu hermano? Si es guapísimo y está tremendo – sonreí. - ¿Sabes Desi? Haz lo que quieras con él, excepto enamorarte… Rubi nunca se compromete. – Se puso seria – Ya conoces a la parte imbécil de la familia… no quiero tener que incluir a mi hermano en la lista de imbéciles. - No te preocupes Sara, en serio… sólo voy a estar aquí una semana y no estoy buscando nada – dije. - Como quieras, pero Rubi puede ayudarte con esa espina que tienes clavada respecto a los chicos de este pueblo – Bea y ella se rieron de nuevo. - Vale, ya… no quiero hablar más del tema – zanjé la conversación. Hubo que cambiar de tema, con Bea y Sara siempre era fácil… empezaron a hacer planes para toda la semana. Mientras iban diciendo cosas que hacer llegamos a la plaza y nos sentamos a la sombra a esperar que llegase Tere. Una vez que llegó nos fuimos camino del ayuntamiento a la misma cafetería donde íbamos el verano anterior y allí estuvimos tomando café y unos helados mientras hablábamos toda la tarde. Sara tenía razón, Tere era muy maja y encajaba muy bien con nosotras. Sobre las 20h Tere dijo que había quedado con Gaby un rato así que se fue, y nosotras nos fuimos hacia el bar de Emilio a tomar algo. Después de un par de rondas, decidimos irnos para casa. Al pasar por la plaza de camino a casa, en una de las terrazas estaban Rubén y Juan con lo que supuse que era su grupo de amigos, eran por lo menos diez entre chicos y chicas. - ¡Hermanita! – dijo Rubén todo eufórico cuando vio a Sara. Nos detuvimos a saludar. Juan besó a Bea en los labios, el chico que el día anterior estaba con Juan también vino a saludarnos, y Rubén nos agarró a su hermana y a mí por la cintura, una con cada mano. - ¿Son o no son las chicas más guapas que hay en el pueblo? – dijo mirando a sus amigos y después a nosotras. - Anda ya – dijo Sara separándose y dándole un golpe en el brazo a su hermano. Él me miró a mí. - Zalamero… ¿cuántas cervezas llevas ya? – le dije bajito manteniendo mi sonrisa. - Alguna más de las que debería, pero yo también estoy de vacaciones así que no importa – se rio y me dio un beso en la mejilla – aun así, te sigues viendo preciosa. - Chicas… - dije asomándome por delante del cuerpo de Rubén - ¿nos vamos? - No… quedaros, una ronda y os acompañamos – dijo Rubén mirando a Juan que estaba abrazando a Bea por la espalda. Él asintió. Nos quedamos con ellos y pidieron una ronda más incluyendo bebidas para nosotras. Rubén nos presentó a Bea y a mí a sus amigos, Sara ya los conocía. Cuando terminamos, no nos dejaron pagar nada, esa ronda la pagaron Rubén y Juan. - Y ahora… lo prometido es deuda – dijo Rubén mirando a Juan – acompañemos a las señoritas a casa. Juan y Bea iban de la mano, y Rubén nos llevaba a Sara y a mí de la cintura. Íbamos hablando y riendo por las tonterías que decía Rubén. Cuando llegamos al cruce de la calle de Bea con la calle donde vivían Sara y Rubén nos detuvimos. - Voy entrando en casa – le dijo Sara a su hermano. – Chicas, avisadme luego con el plan para mañana. - Ok – dijo Bea, que siguió andando con Juan un poco más. Rubén se había quedado parado en el cruce sin soltar mi cintura. Nos mirábamos a los ojos y ambos sonreíamos. - Creo que hoy soy yo el que va demasiado borracho – dijo él rascándose la nuca. - Entonces creo que me encargo yo de la despedida y ya cuando estés sobrio hablamos. Le agarré de la barbilla inclinándola hacia abajo y me puse de puntillas para llegar a sus labios y darle un dulce y corto beso en ellos. Noté que mis mejillas se sonrojaron al hacerlo, pero no me importó. - Hasta mañana – le dije apoyando de nuevo los talones en el suelo y me di la vuelta para empezar a andar hacia donde se habían parado Bea y Juan. - Desi… - dijo Rubén agarrándome del brazo y dándome la vuelta para que le mirase – Creo que si no lo hago ahora borracho no lo haré nunca… Y en cuanto nuestras miradas se cruzaron, su boca se adueñó de la mía fundiendo nuestros labios y nuestras lenguas en un beso que al principio fue dulce pero después se fue volviendo poderoso. - Ahora sí… hasta mañana preciosa – dijo cuando se separó de mis labios. Y dejó un beso tierno en mi frente y una sonrisa boba en mi cara. Me di la vuelta y caminé hacia Bea y Juan. Bea me agarró de la cintura y me apretó hacia ella. - Deduzco que eres la madrileña guapísima e inalcanzable que conoció el verano pasado – dijo Juan riéndose. Bea y yo nos encogimos de hombros y después reímos también. Una manzana antes de llegar a casa, Juan y Bea se separaron… no querían llegar de la mano y arriesgarse a que les viesen sus padres, aunque no entendí por qué si un rato antes se habían besado en el medio de la plaza y les había visto todo el mundo. Cuando llegamos a casa los padres y los abuelos de Bea estaban sentados en la puerta hablando con los padres de Juan. - ¡Hola! – dijo Juan muy alegremente y de forma generalizada para todos – Mirad a quién me he encontrado en la plaza – nos señaló y se volvió hacia la madre de Bea. – Carol, no las dejes salir solas, que son unas ligonas y no queremos problemas con los chicos del pueblo – se rio a carcajadas. - ¡Eres imbécil! – dijo Bea dándole un manotazo en el brazo. Carol se rio. - Tú cuídamelas cuando te las encuentres – le dijo Carol a Juan divertida. Todos se rieron. Juan se metió en casa y Bea y yo nos sentamos en el escalón de la puerta. - Hay cena dentro si queréis comer algo – nos dijo Carol - ¿o ya habéis cenado? - Ufff yo sí que voy a coger algo fresquito que tengo mucho calor – dije – Bea ¿quieres algo? - Sí, voy contigo. Y las dos nos metimos a la casa y fuimos hacia la cocina. Nos hicimos unos minibocadillos y nos salimos al patio a comérnoslos. - ¿Entonces vas a estar con Rubén? – me preguntó Bea mientras cenábamos. - No sé – me encogí de hombros. - En serio Desi, con el beso que te ha dado queda más que claro que él quiere. - Sí, claro que quiere… - ¿Pero…? – insistió Bea. - Te cuento algo, pero no me interrumpas hasta que acabe – Bea asintió con la cabeza mientras daba otro mordisco a su bocadillo. – El año pasado cuando Cris desapareció y estuvimos en casa de Sara, Rubén quería besarme, pero me dijo que no lo iba a hacer porque yo iba un poco borracha con los chupitos que había tomado. – Bea hizo una mueca y levanté la mano para frenarla… aún no había terminado. – Anoche yo volvía a estar borracha y de bajón, y el volvió a estar ahí para mí. No nos enrollamos porque yo estaba borracha y dolida, además le dije que no quería enrollarme con nadie de aquí. Y hoy me ha dicho que si no lo hacía estando él borracho, no lo haría nunca… y ahí ha sido cuando me ha besado… - suspiré y Bea me miró como pidiendo permiso para hablar, pero continué. – Estoy hecha un lio… por un lado no quiero nada con nadie de aquí, pero por otro lado me encanta estar con él y… joder, me ha encantado ese beso… - bebí un poco de limonada y le di un mordisco a mi bocadillo, Bea ya casi había terminado el suyo, pero yo apenas lo había empezado. - ¿Entonces…? – fue lo único que dijo Bea. - ¿Entonces qué? - ¿Te vas a enrollar con él estos días o no? –parecía que Bea no estaba entendiendo nada. - No lo sé – me encogí de hombros – supongo que habrá que esperar a volver a vernos y ver qué pasa. - ¿Pero tú quieres? - Sí, Bea – dije poniendo los ojos en blanco. – Es un tío genial y ha estado a mi lado en momentos un poco vergonzosos… cualquier chico no aguanta a una chica llorando por otro – di otro mordisco a mi bocadillo. – Además no nos vamos a engañar… está buenísimo y ¿quién no querría estar con él, aunque sea solo un rollo? - Yoooo… - dijo ella riéndose. – No, ya en serio… adelante, pero haz caso a Sara, no te enamores, Rubén nunca ha tenido una relación seria. - Tranquila Bea, esta vez sé que si pasa algo no será más que unos días. Tienes razón, tengo que pensar que es algo como lo de Dani, si te veo bien, pero si no te veo sigo con mi vida. En esas estábamos cuando sonaron un par de mensajes en móvil. Me levanté a cogerlo de la mesa de la cocina. Uno era de mi hermana y el otro de Rubén. Me sorprendió ver su nombre y leí en voz alta los mensajes para que Bea lo supiese: MARÍA: “Peque cómo estás? Mami me ha dicho que llamas todos los días pero a mí no me has contado. Va todo bien? No quiero que vuelvas a caer en los brazos del imbécil. Cuídate mucho y me cuentas cuando puedas. Te quiero”. RUBÉN: “No estoy tan borracho como para no recordar mañana lo que ha pasado. Tú decides si quieres continuar, espero tu señal. Buenas noches nena”. - ¿Vas a contestar a Rubén? – me preguntó Bea. - No, primero a María, pero creo que no le voy a decir nada de Rubén. “Todo bien. Por fin sé la verdad de lo que pasó y con eso creo que puedo cerrar ese capítulo. Ayer me dio el bajón pero ya se me ha pasado. No le he visto ni quiero verle, los amigos de Bea me ayudarán con eso. Te prometo que voy a estar bien estos días. Yo también te quiero”. Le di a enviar y seguí comiendo para terminar pronto de cenar. - Y a Rubén ¿qué le vas a contestar? – preguntó Bea. - Aún no lo sé… - ¿Le vas a dejar esperando? – Bea abrió los ojos demasiado. - Puede… - me encogí de hombros y seguí con mi cena y mi limonada. Ella sólo se rio. Después de un rato los abuelos de Bea se subieron a acostar, su padre entró al salón a ver la televisión y nosotras nos salimos a la calle con Carol a tomar el fresco. Los vecinos también se habían recogido ya a su casa, así que ahí estábamos las tres sentadas en la puerta de la calle. - Así que ¿estáis hechas unas ligonas? – Dijo Carol. - Yo no… - dijo Bea – sólo Desi. - Eso no es cierto – dije – tu hija ligó anoche. - Uy ¿si? ¿con quién? ¿le conozco? – preguntó Carol riéndose. Yo miré a Bea. - No le hagas caso a Desi mamá – dijo Bea. – Ella sí que ha ligado, que tiene loquito al hermano de Sara. - ¿En serio? – dijo Carol. Yo me tapé la cara con las manos. - Eso parece – dije sin destapar mi cara – pero yo no quiero más chicos de aquí en mi vida. - No te lo crees ni tú – se rio Bea. – Tenías que verle mami… no le quita ojo a Desi en ningún momento, siempre está intentado hablar con ella y hacerla sonreír, y cuando quedamos con Sara siempre se hace notar para que Desi le mire… es muy gracioso. - ¡Ya, Bea! – dije un poco molesta – Yo no hago nada… ni busco nada… además el año pasado estuve con su primo… - Mira Desi – dijo Carol intentando tranquilizarme – Rubén es un chico muy majo, le conocemos porque es amigo de Juan – señaló la casa de los vecinos – así que todo lo que te digo siempre, aplica también en este caso, disfruta de la juventud, con la cabeza bien puesta en su sitio, pero disfruta, y si surge algo pues surge… no te avergüences ni tengas miedo. Estoy segura de que Rubén es consciente de lo que pasó el año pasado y no dejará que vuelva a pasar. - Bueno venga… cambiemos de tema, no quiero hablar de esto – dije. - Mamá… ¿qué planes tenemos para mañana? – preguntó Bea. - Tu padre y yo nos vamos a Linares por la mañana, pero vendremos a comer a casa ¿os queréis venir? – Bea me miró y asentimos las dos. – Bien pues a la cama pronto que a las 9h como muy tarde os quiero en pie o nos vamos sin vosotras. Nos fuimos a la cama, no sin antes echarle en cara a Bea que le hubiese contado a su madre lo de Rubén. Ella alegó que era mejor que su madre lo supiese por si pasaba algo o por si necesitábamos que nos cubriese con algo. Ya desde la cama, Bea le mandó un mensaje a Sara para quedar después de comer para ir a la piscina, y yo decidí responder al mensaje de Rubén: “No sé de qué señal me hablas. Yo nunca he estado tan borracha como para olvidar algo, ni siquiera el beso que te di el año pasado. Mañana vamos a la piscina con tu hermana después de comer, por si quieres que nos veamos”. En apenas un par de minutos mi móvil se iluminó con una respuesta por su parte: “Sabes que te conocí en bikini? No puedo borrar esa imagen de mis recuerdos: tú saliendo de la piscina de mi casa, sonriendo, mojada, feliz… descansa, nos vemos mañana”. Dejé el teléfono debajo de la almohada para mirar la hora si me despertaba de noche. Cerré los ojos y me dormí hasta que Carol entró a la habitación a despertarnos a la mañana siguiente: - Vamos dormilonas… a desayunar que nos vamos.
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