Nos fuimos un viernes por la tarde y llegamos allí antes de la cena. Ese día Bea no había quedado con nadie así que salimos a cenar con sus padres y después simplemente nos fuimos a comer un helado mientras dábamos un paseo las dos solas. Las calles estaban llenas de gente que iba a tomar algo, de botellón o a la discoteca de verano. Mi corazón daba un vuelco cada vez que veía un coche n***o pensando que era el coche de Cris, pero no le vimos en ningún momento.
Al día siguiente, sábado, habíamos quedado con Sara para ir a su casa a la piscina después de comer.
- ¡Desiiiiii! – Chilló Sara cuando nos abrió la puerta de su casa. – Cómo me alegro de que hayas venido este verano también. Tienes que ponerme al día de tu vida, Bea no me ha contado casi nada.
Las tres nos echamos a reír a carcajadas y nos abrazamos. Sara nos estuvo poniendo al día de lo que había pasado en el grupo. Merche se había ido a vivir a otra provincia con su novio y se iban a casar al año siguiente, además desde que Bea y José ya no estaban juntos, José y Cris nunca salían con ellos y no tenían ni idea de porqué. Sara comentó que Cris ya no se juntaba tanto con ella ni le contaba sus cosas como habían hecho desde pequeños. Total que al final solían juntarse sólo Sara, Miguel, Gaby y Tere, que era una chica que había conocido Gaby y se habían hecho novios, y algunos días salía con ellos también Rubén (el hermano mayor de Sara) y algunos de sus amigos.
Sara insistió en que Tere nos iba a caer muy bien, era un poco más pequeña que nosotras, tenía 19 años recién cumplidos, pero dijo que era muy buena chica. Así que quedamos en que por la noche iríamos a la discoteca de verano y allí quedaríamos con ellos.
Entre risas, chapuzones, chucherías y tomar el sol se nos fue la tarde hablando de nuestras cosas como si no llevásemos un año sin vernos, aunque Sara me regañó por no haber seguido en contacto con ella.
- Lo siento Sara, quería seguir en contacto, pero después de lo de Cris no me resultaba fácil hablar con vosotros… tenía miedo de que alguien me fuese a decir algo de él y no quería saber nada. – Me disculpé.
- Es normal nena, lo entiendo – dijo Sara. - ¿Y ahora cómo lo llevas?
- Bueno… admito que me tiene muy nerviosa pensar que nos podamos encontrar. Sinceramente, no quiero verle – dije con tristeza.
- No pareces muy convencida…
- Vaaaale… - Bea me dio un codazo – sí, es cierto… por un lado tengo ganas de verle pero por otro prefiero no verle. Diosssss… sois lo peor, me hacéis bajar todas las defensas que he ido levantando para protegerme.
- Ah… - Bea se encogió de hombros – las amigas hacemos eso… dejarte vivir y protegerte nosotras. Además, Sara… Desi no te ha contado que lleva muchos meses enrollándose con uno de los más guapos de la disco donde salimos en Madrid y que además tiene a otro chico supercachas loquito por ella – el comentario de Bea me hizo reír.
- ¿Y qué querías? ¿Qué me quedase llorando toda la vida? – le di un golpe en el brazo a mi amiga.
- Vaya, vaya… - dijo Sara – así me gusta, que no pierdas el tiempo pensando en el imbécil de mi primo y que aproveches los 20, que sólo se viven durante un año.
Oímos un golpe en la puerta de la casa y Sara gritó:
- ¡Rubiiii! ¡Estamos en la piscina! – su hermano se asomó a una ventana de la planta de arriba de la casa.
- ¡Me pongo el bañador y bajo! – dijo él.
- Chicas… tendremos compañía de mi hermano… sigue siendo un inmaduro igual que el año pasado – ella se rio. – No creo que madure nunca – Bea y yo nos unimos a las risas.
- ¡Qué mala eres tía! – dije – si tu hermano es un solete.
- Sí, sí… pero es un cabra loca… - dijo ella – 25 años y sigue de picaflor.
Nos volvimos a reír. Aunque nos callamos de golpe cuando él apareció en el patio nada más que con su bañador y unas chanclas.
- Pero bueno… ¡mira quién está aquí! – sonrió Rubén de oreja a oreja acercándose a mí. – Pero si es la madrileña con la sonrisa más bonita que ha visto este pueblo.
Noté que me subían los colores, pero me levanté de la tumbona donde estaba y le abracé dándole un beso en la mejilla.
- Hola – dije sonriendo y dejando mi mano en su hombro, él no quitaba la suya de mi espalda baja.
- ¡Hola Bea! – dijo saludando a mi amiga con la mano. Después fijó su mirada de nuevo en mí. - ¿Cómo has estado preciosa? No hemos vuelto a hablar desde que te fuiste.
- No lo tomes a mal, no he hablado con nadie de aquí desde septiembre – sonreí intentando quitarle importancia.
- Ya… pero has decidido volver… - comentó.
- No tenía otra opción – dijo Bea adelantándose a mi respuesta – necesito a mi mejor amiga incluso en vacaciones.
- Solo me quedaré esta semana… después tengo planes con mi familia – dije sin dejar de sonreír – vuelvo a tener todo el verano libre porque aprobé todas las asignaturas del curso así que tengo que aprovechar el verano para descansar y disfrutar.
- ¡Qué bien! Entonces…bienvenida a tus vacaciones de 2003. – Me soltó para meterse en la piscina.
Nosotras seguimos charlando de nuestras cosas en las tumbonas y Rubén estuvo un rato nadando.
- Chicas, ¿os apetece pedir cena, chupitos y una peli? – dijo Rubén aún desde el agua.
- Ni lo sueñes Rubi – gritó su hermana – esta noche salimos a bailar que es sábado.
- Está bien, pues nos veremos por allí.
Cuando ya había bajado el sol Bea y yo nos fuimos a casa para ducharnos y arreglarnos. Saldríamos a cenar nosotras dos solas y después iríamos a la discoteca. Me puse una falda vaquera que me llegaba por la mitad del muslo, y un top ajustado de florecitas pequeñas en rojo y blanco, sin mangas y con escote de pico. Me maquillé resaltando el verde de mis ojos y me puse unas sandalias blancas de tiras y tacón alto. Bea también llevaba falda aunque la suya era rosa, con un top y sandalias negras.
Salimos de casa dirección a la plaza y de ahí iríamos hacia el ayuntamiento porque íbamos a cenar en uno de los bares que estaban cerca de allí, ya que los amigos de Bea no solían ir mucho a esos bares y así había menos posibilidades de cruzarnos con los chicos a los que no queríamos ver. Nos sentamos en una mesa dentro del local porque estaba puesto el aire acondicionado, en la calle aún hacía mucho calor. Pedimos nuestros tintos de verano y la cena y allí pasamos un par de horas entre picoteos, vinos y risas entre amigas. Se acercaron un par de chicos a saludar, uno era Juan, el hijo de los vecinos de Bea, y el otro su amigo Manuel. Iban un poco borrachos así que Bea les despachó pronto para que no nos arruinasen la cena.
Ya cerca de la media noche, salimos del bar y nos fuimos hacia la discoteca. Apenas cruzar la puerta de la discoteca al aire libre vimos a Sara y a Miguel, y nos acercamos a ellos, y unos minutos después llegaron Gaby y Tere. Sara nos presentó y como de costumbre las chicas nos fuimos a bailar y los chicos se quedaron en una mesa cercana con sus bebidas. Después de unas cuantas canciones sin parar de bailar fuimos a por unas copas para beber algo y descansar un rato con los chicos. Había llegado Rubén y estaba hablando con Miguel, Gaby y Juan (el vecino de Bea). Al principio me extrañó pero al fin y al cabo esto era un pueblo todos se conocían más o menos.
Cuando tuvimos nuestras copas nos fuimos a la mesa donde estaban los chicos. Sara y Tere se engancharon a sus novios, era genial estar en grupo porque podían compartir tiempo con ellos y también con Bea y conmigo. Yo seguía bailando al ritmo de la música mientras bebía de mi copa de ron con cola, pero vi que Bea tonteaba mucho con Juan. Después de un buen rato de tonteo, Bea se acercó a mí:
- Nena, me voy un rato con Juan, los chicos te cuidan – miró hacia la mesa donde estaba Rubén apoyado sonriendo en nuestra dirección.
- ¿En serio? Tía, va muy pedo… - le hice pucheros queriendo decirle que no se fuese con él.
- No te preocupes, no va tan borracho, él es así de loco… te veo en un rato – me dio un beso en la mejilla y se fueron los dos.
Me dio el bajón… Bea se iba con Juan, Sara y Tere llevaban ya bastante rato sin soltar a sus novios… y yo estaba ahí sola. La persona menos indicada llegó a mi mente ¿Qué estaría haciendo Cris? Dos noches en el pueblo y no le había visto… ¿A quién intentaba engañar diciendo que no quería verle, a los demás o a mí misma? Además, nadie había sido capaz de decirme porqué el año anterior me dejó así, sin despedirse ni nada, y con un mensaje. Recuerdos de aquello volvieron a mi cabeza e inconscientemente mis ojos se llenaron de lágrimas, tuve que hacer un esfuerzo enorme porque no cayesen. Me acerqué a la mesa y dejé mi vaso ya vacío, apoyé los brazos en la mesa justo al lado de Rubén, así al menos no me miraría de frente y no vería mis lágrimas. Pero sentí que me miraba, así que agaché la cabeza entre mis brazos simulando que miraba mis pies, suerte que era una mesa alta de coctel. Sentía que había bebido más de lo que estaba acostumbrada y esa sensación me hacía tener aún más ganas de llorar.
- ¿Otra copa? – me dijo Rubén acariciando mi espalda.
Me estremecí al sentir su mano y levanté la cabeza.
- Después de cinco vinos y dos copas, creo que ya he bebido demasiado por hoy – dije un poco más triste de lo que me hubiese gustado. ¿Dónde se había ido la alegría que tenía hace un rato por estar divirtiéndome con mis amigas? Una lágrima resbaló por mi mejilla.
- ¡Ey, nena! ¿Qué pasa? – Preguntó Rubén preocupado al ver aquella lágrima. La limpié con mis dedos.
- No pasa nada… sólo creo que he bebido de más.
- Nadie llora por beber de más, Desi… - dijo él girándome un poco para abrazarme.
- Juntar alcohol con recuerdos dolorosos no es bueno – susurré con mi frente apoyada en su cuello.
- Ven… vamos a por el último trago y me cuentas qué te pasa.
No quería beber más alcohol, pero me dejé guiar por él hasta la barra. Nos sentamos a un lado, en dos taburetes altos que había libres.
- ¿Un chupito? – me preguntó.
- Sólo uno – dije mirando a lo lejos sin un punto fijo.
- Dos chupitos especiales, una cola con lima y un whisky sólo – le pidió Rubén a la camarera.
Rubén puso un vaso de chupito delante de mí. Era de color rosa. Lo cogí y le miré a los ojos.
- ¿Qué es? – le pregunté.
- Ni idea… pero huele a gominolas – dijo mientras me sonreía y se encogía de hombros.
Chocamos los vasos y los bebimos de un trago. Tenía alcohol, pero no demasiado, y era dulce, sin duda tenía granadina, a Bea le encantaría ese chupito.
- Y ahora ¿me dices qué ha pasado para que te dé ese bajón? – yo aparté mis ojos de él y negué con la cabeza. - ¿Es por mi primo? – volvió a preguntarme mientras ponía sus dedos en mi barbilla y me giraba la cara para que nos pudiésemos mirar a los ojos.
En sus ojos vi preocupación y puede que rabia. No soltaba mi barbilla así que opté por cerrar los ojos mientras me encogía de hombros.
- Desi, mírame, por favor… - abrí los ojos lentamente respondiendo a su súplica – Bea nos dijo que estabas mejor, que lo habías superado, hasta tenías un chico especial en Madrid… no me puedo creer que un año después vuelvas a llorar por el imbécil de mi primo.
- Yo también creí que lo había superado…
- ¿Pero…?
- Pero ni siquiera sé qué fue lo que pasó, Rubén… nadie me dijo nada, no supe nunca nada… dejé de llorar porque simplemente no sabía por qué lloraba… supongo que no lo superé del todo porque no sabía qué era lo que tenía que superar… - más lágrimas cayeron de mis ojos – y ahora estoy aquí, donde le conocí, con sus amigos y sin él… y sigo sin saber qué pasó…
- Ya no importa lo que pasó Desi… él no quiso seguir contigo y eso debería ser suficiente.
- ¿Y si no es suficiente? – le miré a los ojos – todo me recuerda a él, todos me recordáis a él… y eso hace que le eche de menos… - eso último salió de mis labios casi como un suspiro.
Limpié mis lágrimas otra vez y Rubén me abrazó.
- Tú sabes lo que pasó ¿verdad? – le dije estando aún entre sus brazos.
- Ya no importa, nena – besó mi cabeza.
- A mí sí me importa… necesito saberlo para intentar pasar página del todo – suspiré – dímelo, por favor, Rubén… empezó a salir con alguien más, ¿verdad? – durante unos minutos permanecimos en silencio aún abrazados, pero después me fui deshaciendo lentamente de su abrazo. – Sabes… todos piensan que soy frágil porque siempre acabo llorando… pero llorar es la única forma que tengo para sacar todo lo que tengo dentro ya sea tristeza, rabia o impotencia. Soy más frágil si no sé las cosas. Cuando sé lo que hay puedo aferrarme a algo para pasar página… dímelo por favor.
- No conoció a nadie… él… a los pocos días de ir a Madrid a verte… volvió con su ex. – Aquello no me lo esperaba, fue casi como haberme dado una bofetada. Mis ojos se abrieron como platos.
- ¿Se… se van… a casar? – las palabras no acababan de salir de mi boca. – Me contó que antes de romper su relación estaban planeando casarse…
- Desde entonces llevan rompiendo y volviendo juntos por temporadas. No creo que se casen… pero tienes que convencerte de que tu momento con él ya pasó. No mereces a alguien como él…
- ¿Y qué merezco entonces? ¿alguien como tú? – intenté sonreírle, pero la pregunta sonó un poco vacía.
- Probablemente tampoco… - se rio – pero si yo te prometiese la luna, haría lo imposible por bajártela.
- No me prometas nada, Rubén… hoy no estoy para promesas.
- ¿Por qué no? – volvió a sonreír… tenía una sonrisa preciosa, bueno toda su cara era preciosa, y el jodío lo sabía y se valía de ello.
- Porque creo que hoy estoy más borracha que el día que no quisiste besarme… así que… si entonces no lo hiciste, no creo que sea buena idea hacerlo ahora.
- Tienes razón, pero déjame volver a ser tu amigo esta noche – volvió su cabeza intentando buscar a su hermana – creo que nos han dejado solos, así que voy a tener que cuidar de ti hasta que se dignen a volver por aquí.
- Gracias – esta vez le abracé yo a él – eres un gran amigo.
Y nos quedamos los dos sentados en la barra con nuestras bebidas, charlando de cosas de la vida. Nos diferenciaban cinco años pero Rubén parecía un chico sensato, o al menos alguien que había ido aprendiendo las lecciones que se le habían planteado.
Después de un largo rato de charla, aparecieron Bea y Sara con sus respectivos acompañantes. Yo había ido al aseo a retocarme el maquillaje, pero los ojos seguían rojos, así que Bea y Sara se dieron cuenta de que había estado llorando aunque ya estaba tranquila y volvía a sonreír por las tonterías que decía Rubén.
- ¿Qué ha pasado? – dijo Sara mirándome primero a mí y después a su hermano.
- Nada, todo está bien – contesté, pero ella volvió a mirar a su hermano.
- Se lo tuve que decir… ella necesitaba saberlo para estar bien – Sara le miró con odio.
- Sara… Rubi tiene razón… necesitaba saberlo – le dije – no puedo estar aquí toda una semana martirizándome… sabiendo la verdad ahora puedo pasar página. Pero… os odio a todos por no habérmelo dicho antes – eso último lo dije con cara de enfado.
- Nena… - intentó decir Bea.
- A ti también te odio… ellos me conocen poco y no se atrevían a decírmelo, pero tú… eres mi mejor amiga desde pequeñitas, sabes que necesito saber toda la verdad para dejar ir algo así…
- Nena… lo siento… de verdad creía que lo habías superado… - dijo Bea un poco triste y avergonzada. Juan nos miraba a todos sin saber de qué iba todo aquello, pero Rubén se lo explicó.
- El verano pasado Desi estuvo con el imbécil de mi primo y la dejó por SMS y sin dar explicaciones – le dijo Rubén a su amigo.
- ¡Perfecto! Publicarlo mañana en el periódico del pueblo y que se entere todo el mundo – dije de repente muy enfadada bajándome del taburete – o ir a decirle a él que no se esconda, que ya sé la verdad y me suda los cojones lo que haga con su puta vida.
Entre el alcohol y el enfado, era posible que me hubiese pasado un poco al decir aquello, pero no quería que todo el pueblo supiese cómo me sentía. Eché a andar lo más deprisa que pude dirección a la salida, hasta que unos fuertes brazos me agarraron desde atrás y me detuvieron.
- No te puedes ir sola… - susurró en mi oído.
- No podéis contar mis movidas así a un desconocido, y menos delante de mí – casi grité.
- Somos amigos nena, además él no va a decir nada… ni siquiera se lleva bien con mi primo.
- Eso no me consuela… - dije bajando un poco el tono, aunque seguía enfadada.
- Estás muy sexy cuando te enfadas… incluso tanto como cuando sonríes.
- Deja de ser tan zalamero conmigo, Rubi… tú no quieres enrollarte conmigo porque estoy borracha y yo no quiero enrollarme con nadie de este pueblo porque estoy dolida – le dije intentando darme la vuelta para quedar frente a él, aunque no me dejó.
- Yo no he dicho que no quiera enrollarme contigo… solo digo que mereces a alguien mejor que yo, pero no quita que me sienta atraído por ti – dejó un suave beso en mi cuello justo debajo de mi oreja. Me hizo temblar y querer besarlo más que cualquier otra cosa, pero no podía ceder.
- Vale… - suspiré – o me acompañas tú a casa o llamas a Bea para que me acompañe o me voy sola, pero yo me voy ya, sola o acompañada…
Noté que uno de sus brazos me soltaba y giraba un poco su cuerpo, aunque el otro brazo me mantenía fija en el mismo sitio y no me permitía ver nada. En un momento, me soltó del todo y Bea apareció a mi lado.
Sólo nos miramos, ninguna de las dos dijo nada. Echamos a andar hacia la salida. Cuando llegamos a la esquina de la calle, me paré un momento y desabroché mis sandalias para quitármelas.
- Estás loca, ¿piensas ir andando descalza? – dijo Bea riéndose.
- Me están matando los tacones… o me las quito o mañana tendré ampollas… te recuerdo que tenemos que cruzar medio pueblo andando – dije sin reírme.
Entonces ella se quitó las sandalias también y echamos a andar descalzas por la calle prácticamente desierta con las sandalias en la mano.
- Bueno… ¿a dónde fuiste con Juan? – le pregunté a Bea ya sin tono de enfado.
- A los olivos a echar un polvo – puse los ojos en blanco con su comentario – ni te imaginas el tiempo que llevo queriendo enrollarme con él.
- Tía… es tu vecino ¿en serio?
- Justo por eso… le he visto sin camiseta desde que me acuerdo. Está buenísimo y tiene un descapotable.
Las dos nos echamos a reír… Bea a veces era muy profunda, pero otras veces era muy superficial… aunque la quería mucho tal como era.
- Bueno y tú con Rubén ¿qué? – volvió a hablar ella después de unos minutos caminando en silencio.
- ¿Qué de qué? – pregunté haciéndome la tonta… creí saber por dónde iba su pregunta.
- Que cuál es el rollo que os traéis entre los dos.
- Le gusto – dije encogiéndome de hombros.
- Y ¿te vas a liar con él?
- ¿Qué? ¿en serio me preguntas eso, Bea? – la miré incrédula y ella asintió. – Ha sido el único que se ha atrevido a decirme la verdad, aunque ha sido después de aguantar mis lágrimas por su primo durante más de una hora… ¡claro que no me voy a enrollar con él!
- Pero le gustas… y él te gusta a ti…
- ¿Y?
- Pues que te enrolles con él si quieres.
- Sí quiero Bea, pero no lo voy a hacer… sólo voy a estar aquí una semana y paso de irme llorando otra vez.
- ¿Y por qué no haces como con Dani? Te enrollas con él y después pasáis el uno del otro hasta el siguiente fin de semana… pues con Rubén igual, te enrollas con él y cuando te vayas sigues con tu vida… - me reí.
- ¿Eso es lo que vas a hacer tú con Juan?
- Probablemente yo pase de Juan ya mañana mismo… - nos reímos las dos a carcajadas – en serio Desi, si quieres liarte con Rubén aprovecha.
- Que no Bea, y no le des más vueltas… es el primo de mi ex y el hermano de una buena amiga.
- Seguro que a Sara no le importa – dijo ella.
- Seguro que sí… y no quiero hablar más del tema.
Un rato después llegamos a casa, entramos sin hacer ruido y en el baño de la planta de abajo nos lavamos bien los pies porque los llevábamos negros y no podíamos andar así por la casa y menos aún meternos en la cama.
Dormí por puro agotamiento… pero no sin antes darle un par de vueltas a Rubén. Esos brazos, esa voz grave susurrando en mi oído, el beso que me dio en el cuello… por un lado me sentía como el juguete nuevo del pueblo, llegaba y nada más verme ya tenía un chico a mis pies esperando a besar la novedad, pero por otro lado Rubén ya quiso besarme el año anterior ¿significaría eso que le gustaba de verdad? Pufff demasiado que pensar después de todo lo que había bebido y lo que había pasado aquella noche… así que simplemente con el recuerdo de sus brazos me quedé dormida.