Cap 37. Tira y afloja

2072 Palabras
Los días siguieron pasando y llegó el momento de hacer la matrícula del siguiente curso de la universidad. Con tres asignaturas troncales suspensas, ese año no me concederían beca, aunque por suerte había conseguido ahorrar algo de dinero los años anteriores y podría afrontar el pago de la matrícula sin pedírselo a papá y mamá, sabía que ellos lo habrían pagado encantados pero era mi culpa haber perdido esa beca así que quería hacerme responsable de las consecuencias. Tenía que asegurarme de que ese curso iría mejor que el anterior así que me matriculé de las tres troncales para repetirlas y de cuatro asignaturas optativas de tercer curso que eran cuatrimestrales, así repartía las asignaturas del tercer curso en dos años y podía asegurarme mejor de aprobar los siguientes dos cursos. Las clases empezaban a primeros de octubre, así que pocas semanas después era mi cumpleaños y ya iba a cumplir 20. Las clases empezaron bien, aunque no coincidía en ninguna asignatura con mis amigas de otros años, pero no me importaba. Ya era mi tercer año en la universidad y casi un segundo hogar después de pasar allí tantas horas al día entre clases y laboratorios, así que ya no me sentía sola, simplemente pasaba desapercibida ante los demás y en las horas libres quedaba con Julia para vernos aunque fuese un rato en la biblioteca o la cafetería. En algunos momentos seguía echando de menos a Cristian pero ya no dolía y no volví a llorar. Mi objetivo era estudiar, sacar adelante el curso que yo misma me había configurado e intentar ser feliz. Los fines de semana seguían siendo más de lo mismo, viernes y sábado salir a bailar con las chicas. Verónica y su hermana Sara se echaron novio, así que ya no salían todos los fines de semana con nosotras, sin embargo Noelia y Marta empezaron a llamarnos a Bea y a mí para quedar todos los fines de semana. Cuando llegó el día de celebrar mi cumpleaños, Bea y yo quedamos con Noe y Marta para cenar y después ya ir a bailar. En el pub seguíamos siendo prácticamente los mismos grupos que todos los fines de semana, así que ya se corría la voz de quién cumplía años o quién estaba celebrando algo, y mi cumpleaños no pasó desapercibido aunque yo lo hubiese querido, ya se encargaban mis amigos de eso… incluido Rober que puso un CD con una canción de cumpleaños en cuanto nos vio entrar por la puerta. ¡Casi muero de la vergüenza! Aquella noche me sentía más observada que nunca y aunque me gustaba que la gente nos mirase bailar a mis amigas y a mí, no me gustaba ser el máximo centro de atención. De todas formas, mis amigas lo sabían y me arropaban un poco cuando veían que me empezaba a sentir abrumada por algo. Aquella noche una persona en concreto estuvo más cercana a mí que de costumbre, Dani. Vino varias veces en la noche a bailar conmigo, más juntos, más separados, agarrándome de la mano o de la cintura, acercándome o alejándome de él, pero bailaba conmigo, sin apartar sus ojos de mí casi en ningún momento, pero no me hacía sentir mal ni incómoda. Lo que me hacía era querer acercarme más a él. Mientras los dos bailábamos entrelazados la canción Suerte de Shakira, apretó su mano en mi espalda baja entre la cinturilla de mi pantalón y mi top para acercarme más a su cuerpo, sin apartar la mirada de los ojos del otro y sin borrar la sonrisa que ambos teníamos. Éramos prácticamente de la misma altura, así que nuestros rostros quedaron a unos pocos centímetros y no supe quién de los dos había reaccionado primero pero en cuestión de un segundo nos estábamos besando sin frenar el movimiento de nuestras caderas al compás de la música. En algún momento oímos un fuerte silbido y nos separamos sonriendo los dos. - Feliz cumpleaños preciosa – me dijo antes de volver a besarme. Volvieron a silbar y nos volvimos a separar. Aquella vez sí que vimos quién había silbado, fue Fran pero su expresión cuando crucé mi mirada con él no era de felicidad ni de indiferencia, no supe descifrar aquella mirada, pero me dio igual, él no quería nada conmigo pero su amigo que también era guapo y estaba buenísimo sí que quiso enrollarse conmigo, y no iba a desaprovechar esa oportunidad… estaba harta de ser la pobrecita a la que nadie quiere romper el corazón pero al final todos se lo rompen, así que ese día me iba a aprovechar de que uno de los “más deseados” del pub quisiera besarme. Aquello fue el inicio de un gran tira y afloja entre Dani y yo… durante muchos meses estuvimos enrollándonos cada fin de semana en el pub. Él llegaba con sus amigos siempre después que nosotras, me buscaba y me besaba como si fuese su novia e hiciese un mes que no me veía, después durante la noche bailábamos juntos siempre que podíamos y nos seguíamos besando en el medio de la pista de baile, o a un lado, o en un rincón más oscuro, o incluso en la calle cuando él salía a fumar un cigarro… no hablábamos mucho, nos dedicábamos a bailar, besarnos y tocar nuestros cuerpos cuando estábamos fuera del alcance de miradas curiosas, pero nunca pasó nada más, nunca nos vimos fuera de las noches de baile. La mayoría de los días me seguía dando la sensación de que a Fran no le gustaba aquello, pero ya no me importaba. Un día Bea me lo comentó pero sólo le recordé que pudo haber sido él y no quiso y, aunque seguía igual de guapo que siempre ahora la que no quería nada con él era yo. Había otras dos personas que no estaban muy a gusto con que yo me enrollase con Dani y no eran mis amigas, sino Rober y Alex. Más de una vez pensé que debía hacerle caso a Rober, él decía que Dani no era un chico para mí, que sólo era una cara bonita y un cuerpo marcado, pero yo merecía mucho más, y Rober me conocía muy bien, pero Dani me daba lo que yo quería en ese momento… ambos presumíamos de enrollarnos juntos allí, delante de todos, pero yo sabía perfectamente que no había nada más y yo tampoco quería nada más. Los besos y las caricias me hacían querer más contacto físico pero no lo quería de Dani, no tenía esa necesidad de él, así que simplemente cuando me apetecía lo hacía yo sola, sabía dónde y cómo me gustaba que me tocase Cristian y de eso aprendí. Alex por el contrario no me decía que Dani no era bueno para mí… simplemente intentaba demostrarme cariño siempre que podía. Me llamaba dulcemente “flaca” o “flaquita”. Me hacía gracia porque siempre había sido gordita, aunque desde los 17 ya no estaba tan rellenita (mamá decía que tanto bailar me iba bien para la figura). En pocos meses desde que empezó a trabajar en el pub ya se dio cuenta de que algunos chicos nos saludaban con un pico y él también quiso hacerlo. La diferencia era que él sólo me lo pedía a mí, pero no me molestó. Él era muy simpático con todas mis amigas, pero conmigo además de simpático era cariñoso. Nos habíamos conocido en verano por Rober y pensaba que era por eso. La verdad es que Alex era muy guapo, además con ese acento argentino podía enamorar a cualquier chica, y nada que decir de sus grandes brazos que con el más mínimo abrazo me hacían sentir segura o me daban calor en las noches frías cuando salía a despejarme un poco de tanto bailar. Yo lo tomaba como gestos cariñosos de un amigo, y Dani nunca mostró celos de aquello así que nada parecía extraño. Todo eso pasaba los fines de semana, y durante el resto de la semana las clases iban viento en popa. No iba a volver a dejar que ninguna distracción me quitase de estudiar y sacar adelante mi curso… mi meta era terminar mi primer ciclo de biología para poder cambiarme de facultad y hacer el segundo ciclo de bioquímica y lo iba a conseguir. Los exámenes de la primera evaluación me fueron bastante bien, sólo suspendí una de las asignaturas troncales, pero como era anual, en junio tenía posibilidad de examinarme de todo el curso y seguro que ahí lo conseguiría. Dani nunca nubló mis pensamientos durante el estudio. No estaba enamorada de él, sólo quería con él lo que teníamos, ni más ni menos, así que no fue ninguna distracción. Me dediqué a estudiar duro y cuando llegó final de curso por fin lo conseguí. Aprobé todas las asignaturas de ese curso. Estaba muy emocionada. El fin de semana siguiente a terminar los exámenes, Dani apareció con una chica en el pub. No quise admitirlo delante de nadie, pero dolió más de lo que me imaginaba. Por primera vez en muchos meses Dani no vendría a buscarme, había llegado al pub con otra chica colgada de su cuello y todos los que iban al pub sabían que yo era la que se enrollaba con él. Intenté que nada pareciese extraño entre nosotros dos, cuando vino a saludar me dio un pico como hacía antes, nos sonreímos y yo seguí bailando con mis amigas. Evidentemente ellas se dieron cuenta y se preocuparon por mí, pero le resté importancia. Después de poco más de una hora aquella chica y sus amigas se marcharon y entonces Dani vino a buscarme, tonteamos mucho pero no le besé, me había dolido más de lo que pensaba verle con ella y tenía que pensar cómo me sentía con eso. Mis amigas decían que me enrollase con él para demostrarle que era mejor que la cría con la que se había enrollado antes. Rober me decía que no me rebajase a su nivel y no volviese a enrollarme con él. Y Alex una vez que salí a la puerta y me senté a su lado no quería que volviese a entrar de nuevo. Al final no hice caso a ninguno, seguí tonteando con Dani toda la noche pero no le besé hasta que nos fuimos a despedir para volver a casa. Aquel verano Bea me había vuelto a invitar a ir de vacaciones a su pueblo. Recuerdos de Cris venían a menudo a mi cabeza después de que me lo dijese, y tardé más de una semana en darle una respuesta. Al haber aprobado todo el curso mamá y papá no me pusieron pegas. María sin embargo me dijo que lo pensase bien. Yo creía que las heridas estaban curadas porque no lloraba por los recuerdos, pero tenía que admitir que me dolía acordarme de Cris y de cómo me dejó. En las vacaciones de Semana Santa, Bea había roto con José, pero ella tenía allí muchos más amigos y era capaz de olvidar mejor que yo las rupturas, de hecho no le afectó mucho romper con José. - Nena no te preocupes, no tenemos que ver ni a José ni a Cris – me dijo unos días antes de que nos fuésemos a su pueblo. - No quiero hablar de él Bea… y tampoco quiero verle. – Suspiré – O sea, si tengo que verle de lejos pues vale, pero no quiero coincidir con él en el mismo grupo. - No pasa nada, Sara lo sabe y cuando quedemos con ella no habrá ni rastro de su primo. - Gracias tía… no sé si podría soportarlo. Pensé que lo había superado pero creo que era porque pensaba que no volvería a verle y aunque me apetece mucho volver a ir de vacaciones contigo, me aterra pensar en volver a verle. - Tranquila – dijo Bea – no le veremos, y si le vemos pasaremos de él. No olvides llevarte los mejores modelitos por si acaso… que vea lo que dejó escapar. Esa última frase me hizo reír. La mayoría de las veces Bea sabía cómo convertir un drama amoroso en algo que me hiciese reír y en este momento se lo agradecía muchísimo. Ese año sólo iba a ir una semana al pueblo de Bea y pensábamos aprovecharla al máximo.
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