Después de cenar, los chicos eligieron película aunque al menos preguntaron si preferíamos acción o terror. Típico de chicos. Elegimos acción y pusieron “The Fast and The Furious”. Rubén alcanzó varias botellas para tomar unas copas, pero antes de ponerlas sacó vasos de chupitos para todos, preparó una mezcla y sirvió los vasos.
- ¡Porque esta chica vuelva a tener su maravillosa sonrisa y deje de suspirar por un imbécil! –dijo levantando su vaso y mirándome a mí.
Todos rieron a carcajadas, pero yo sólo le dediqué una sonrisa, leve pero sincera. Bea y Sara estaban sentadas en el sofá con Miguel y José delante de la televisión, y yo estaba sentada en la alfombra justo delante del sofá. Rubén se sentó a mi lado, aunque era cuatro o cinco años mayor que yo, realmente no parecía que hubiese tanta diferencia de edad, me recordó un poco al hermano de Lidia, aunque Rubén era mucho más guapo y musculoso.
- La vida sigue Desi, y eres una chica genial y muy guapa. Encontrarás a alguien que te quiera de verdad – dijo echándome un brazo por encima de los hombros mientras le daba al play a la película.
- Tú… sabes algo de él ¿verdad? – dije con algo de miedo en la voz, pero me atreví a mirarle a los ojos.
- Lo único que sé es que es un imbécil por tenerte así… que no te merece y no merece que vuelvas a llorar por él. Así que no lo hagas más. – asentí y miré hacia la pantalla.
- Está muy rico el chupito, gracias. – Él se inclinó hacia a la mesa de café donde había dejado la coctelera y las botellas y acercó la coctelera donde aún quedaba para unos cuántos chupitos más y sirvió uno para mí y otro para él.
- Todo tuyo, pero bebe despacio, aunque no lo parezca lleva bastante alcohol.
Según iba pasando la película, me daba cuenta de que muchas de las canciones llevaban esos ritmos de hip-hop que me gustaban y mis pies y mis dedos se iban moviendo al ritmo. Rubén volvió a acercarse a mí y me preguntó:
- ¿Te gusta la película o sólo la música? – su pregunta me hizo reír.
- Me gusta la película… y también la música – sonreí. Rubén me daba mucha tranquilidad.
- Luego podemos poner música en el sótano si quieres – me dijo al oído. - ¡Chicos, a Desi ya le apetece bailar! Después de la peli bajamos al sótano – dijo riéndose y levantando una mano. Vi que Sara chocaba la mano con su hermano.
- ¡Eeeehhhh! Yo no he dicho eso… sigo depre – me reí.
- ¡Eso se arregla con más chupitos! – Rubén se rio más.
De vez en cuando me iba pinchando o haciendo cosquillas, él también intentaba animarme, y a ratos lo conseguía. Cuando acabó la película bajamos al sótano. Tenían una habitación grande con un montón de instrumentos musicales y también una mesa de mezclas como las de los DJs, parecía que a Rubén también le gustaba la música. Puso música y las chicas y yo empezamos a bailar. Los chicos seguían haciendo el tonto entre ellos. Fue genial, era como una sala de fiestas privada, y ni siquiera nos habíamos arreglado para salir, o al menos yo no… ni siquiera me maquillé porque con la llorera que sabía que iba a tener por la tarde se hubiese corrido todo el maquillaje y hubiese sido peor, pero no importaba, todos ellos estaban ahí por mí… bueno quizás Miguel y José estaban por sus novias, y Rubén porque era su casa, pero Bea y Sara estaban ahí por mí y ellos nos estaban acompañando.
De vez en cuando me acercaba a la mesa y elegía algún disco para cambiarlo. Sabía manejarla un poco porque había visto muchas veces a Rober, pero Rubén no me dejaba tocar la mesa, sólo los discos así que yo elegía y él lo ponía. Terminé bailando sola en medio de la pista, o más bien en medio de la sala que habíamos convertido en pista de baile, y Rubén se acercó a bailar conmigo, mantenía las distancias lo más que se podía como pareja de baile, pero se notaba que estaba acostumbrado a bailar con las chicas. Me agarró de ambas manos y las colocó alrededor de su cuello, me puse nerviosa, aunque mis pies siguieron moviéndose. Él me miraba fijamente a los ojos sonriendo y colocó sus manos en mis caderas, los dos seguíamos el ritmo de una canción latina.
- No voy a besarte – me dijo bajito con su cara muy cerca de la mía.
- Puedes hacerlo si quieres – dije sonriendo.
- En otras circunstancias lo haría… pero estás dolida y un poco borracha, no me voy a aprovechar de eso.
No pude responder a eso. Era verdad que había bebido demasiados chupitos, pero sabía que él tenía razón… era un chico muy guapo y estaba buenísimo, además era atento y se había pasado toda la noche pendiente de mí intentando animarme y hacerme sentir bien, y en ese momento quería besarle para agradecerle todo lo que estaba haciendo por mí, pero realmente no eran sus labios los que quería y no eran sus manos las que anhelaba… por suerte él frenó antes de que yo hiciese algo de lo que después me pudiese arrepentir.
Cuando terminó la canción Rubén volvió a mirar los discos y yo seguí bailando una canción más y después cogí mi móvil y me senté en un sillón. Tenía un mensaje de María de hacía un par de horas: “Peque cómo sigues? Sabes algo ya? Dime al menos que estás entretenida y lo estás pasando bien… o dime si estás llorando, no importa te quiero igual”.
Le contesté: “Hemos tenido tarde de chicas en casa de la amiga de Bea, después han venido sus novios y el hermano de Sara y hemos estado cenando y viendo películas. Si no pienso en él, creo que estoy bien, pero sigo sin saber nada. Mañana hablamos”.
Y ya que estaba con el móvil en la mano, le envié un mensaje a Cris: “Qué es lo que pasa? Qué he hecho para que me ignores así? He venido solo por ti aunque veo que no te importa. Gracias por mostrarme que no era verdad lo que decías en tus mensajes”.
Después de eso, apagué el teléfono, no quería saber nada de nadie que no estuviese en esa habitación, ellos habían sido mi apoyo en ese asqueroso fin de semana. Después de un rato decidimos que era hora de terminar la noche, entre todos recogimos tanto la sala del sótano como el salón, y después Sara y Rubén salieron a despedirnos a la puerta. Todos me dieron muchos abrazos y muchos ánimos, pero nadie mencionó a Cris. Rubén fue el último en despedirse, me abrazó más que los demás y me hizo sonreír.
- Nunca pierdas esa sonrisa tan bonita, y menos por un chico. Que seas muy feliz Desi – dijo antes de apretarme otra vez entre sus brazos.
- Gracias por ser mi mejor amigo esta noche, no hubiese sido lo mismo sin ti – le respondí.
Y antes de soltarme de su abrazo le di un pico en los labios. Me miró con los ojos abiertos como platos y yo solo me encogí de hombros y le sonreí una última vez antes de darme la vuelta y bajar las escaleras de la entrada. Bea y yo nos despedimos con la mano y echamos a andar dirección a casa. Ya no llovía pero había llovido bastante porque había muchos charcos.
Al día siguiente nos levantamos tarde, me dolía la cabeza y seguramente fuese por los chupitos y haber llorado tanto el día anterior… salimos sólo a tomar el aperitivo Bea y yo, aunque después se nos unió José. Me volví a sentir mal por estar estropeando su fin de semana juntos e intenté disculparme, pero ninguno de los dos aceptó mis disculpas porque decían que no tenían nada que disculpar, que las cosas simplemente suceden. Me alegraba de tenerles allí a mi lado.
Por la tarde, en el autobús de vuelta a Madrid mi móvil sonó con un mensaje. Bea iba medio dormida a mi lado, pero abrió los ojos al oír el sonido. Lo saqué del bolso.
- Es de Cris – dije mirando a Bea sin saber qué hacer.
- A qué esperas, ábrelo a ver qué quiere ese imbécil – dijo ella un poco enfadada.
Me arrimé a ella para leerlo las dos a la vez.
“Desi… nuestras vidas son muy diferentes. No podemos hacernos felices el uno al otro. Intenta olvidarme y sé feliz”.
¿Perdona? ¿Intenta olvidarme? Era mi primer novio… mi primera vez… ¿cómo iba a poder olvidar todo lo que había pasado aquel verano? Lloré… lloré durante mucho rato… la gente de alrededor nos miraba sin saber qué pasaba pero yo no podía dejar de llorar, no me daba ni siquiera para sentirme avergonzada de ser el centro de atención en el autobús. Bea ni siquiera intentó insultarle ni criticarle, sólo me abrazó para que llorase en su hombro. Cuando el autobús hizo una parada a mitad de camino, le envié un mensaje a María: “Todo solucionado, pero no estoy bien. Ha roto conmigo. Vienes a buscarme a la estación? Te necesito”.
Su respuesta llegó enseguida: “Por supuesto, allí estaré. Te quiero peque, intenta no llorar demasiado”.
Cuando llegamos a la estación de autobuses, María y Pablo ya nos estaban esperando. Pablo se quedó alejado, pero María vino corriendo a abrazarme y después de unos minutos, Bea se unió al abrazo. No hicieron falta palabras, pero yo volví a llorar desconsoladamente. Tanto que para volver a casa Bea se sentó en el asiento del copiloto para que María pudiese ir detrás conmigo. No tardamos mucho en llegar al barrio, pero a mitad de camino simplemente dejé de llorar. Cuando María se dio cuenta, limpió los restos de lágrimas con sus pulgares y me besó por toda la cara haciéndome cosquillas en las mejillas.
Pablo aparcó cerca de casa de Bea, la acompañamos a la puerta y quedamos en hablar durante la semana para vernos algún día ya que aún no empezaban las clases. Después nos despedimos de Pablo, María se iba a quedar conmigo. Desde luego mi hermana tenía un novio que era un sol, no sólo se preocupaba por ella sino por todo lo que le rodeaba a ella, incluyéndome a mí… era el único novio que le había conocido a María, pero sin duda pensaba que era el mejor.
No volví a llorar por Cristian. Me dolía que me hubiese dejado así… creía que era mejor que hubiésemos hablado, pero ¿qué sabía yo de rupturas si había sido mi primer novio? Dolía mucho… aquella noche María se quedó conmigo hasta tarde tumbada en mi cama, prácticamente sin hablar después de que le contase lo que había pasado el fin de semana. De su boca salieron un millón de insultos y malas palabras hacia él y en el fondo se alegró de no haberlo conocido porque si lo conociese iría ella misma a darle una paliza, aquello me hizo reír. Cuando ya las dos bostezábamos sin parar, decidió irse a su habitación a dormir. Era cerca de la 1h de la madrugada, y ya con los ojos cerrados noté que mi móvil vibró un par de veces, abrí un ojo y vi que era un mensaje de Bea:
“Nena, espero que puedas descansar. Intenta no llorar demasiado, no merece la pena. Esta semana nos vemos todos los días si quieres. Te quiero amiga”.
Mi móvil volvió a vibrar mientras lo tenía en la mano. Esta vez era un mensaje de Sara: “Yo lo mato. Bea me acaba de contar. Olvídate de él pero no de nosotros, queremos volver a verte por aquí Desi, eres una chica genial y te he cogido mucho cariño”.
No tenía intenciones de contestar a ninguna de las dos, estaba cansada y quería dormir. Al dejar el móvil en la mesilla, volvió a vibrar. Lo cogí con intención de ponerlo en silencio total, sin vibración y vi un mensaje de un número que no tenía guardado en mi agenda. Lo abrí por curiosidad, mi día no podía empeorar mucho.
“Desi, soy Rubén, le pedí tu número a mi hermana. Olvídate del imbécil de mi primo pero no te olvides de los demás que estamos aquí esperando a que vuelvas algún día. Intenta ser feliz, sé que pronto lo lograrás. La sonrisa que aparece en tu cara mientras bailas es la que siempre debería estar presente. Si algún día quieres hablar, aquí tienes mi número. Descansa preciosa”.
“Gracias por quedarte conmigo anoche. De verdad. Necesitaba algo de compañía diferente. Creo que hubiese sido un poco incómodo estar sola con Bea, Sara y sus novios” le respondí casi de inmediato.
Mi móvil volvió a encenderse: “Desde el primer día que te vi, supe que eras especial. Lo malo es que no todo el mundo es capaz de verlo. Prométeme que te rodearás sólo de gente que te haga sentir especial y que te haga feliz”.
“No puedo prometer nada… parece que mi destino es que siempre me rompan el corazón. Gracias por preocuparte de mí, supongo que pronto estaré bien, la vida sigue y aún tengo muchas cosas por hacer. Buenas noches, un beso, y gracias!” volví a responder y dejé mi móvil en la mesilla bocabajo para que no ver si se volvía a iluminar.
Me quedé pensando en la noche anterior, cómo sentí que Rubén quería besarme pero no lo hizo, y en el pequeño beso de despedida que yo le di. Aquello había sido extraño pero me hizo sentir bien. Quizás era verdad aquello de que la mancha de una mora con otra verde se quita… aunque sinceramente no me sentía preparada para estar con otro chico.
La semana fue pasando, había salido publicada ya la última nota que me faltaba por saber y también había aprobado esa asignatura, estaba muy contenta… al menos algo bueno había salido de aquella relación: mis ánimos para estudiar y aprobar cinco de las ocho asignaturas que había suspendido aquel curso. Cuando llegó el fin de semana tuve que contarles a nuestras nuevas amigas qué había pasado. Rober había vuelto a la cabina de DJ y también me preguntó, así que le conté y me abrazó tan fuerte… sentí que lloraba él en vez de yo y ambos nos dimos la vuelta mirando el cajón de los CDs para que nadie más lo notase.
No hacía falta preguntar mucho, sabía por qué estaba así… Bea actuaba con él como si nunca hubiesen tenido algo, solo le saludaba y le pedía canciones como hubiese hecho con cualquier DJ. Eso a Rober le destrozaba porque seguía enamorado de ella y a mí también me mataba porque Rober era uno de mis mejores amigos.