Cap 15. Juego peligroso

2333 Palabras
El viernes de la semana siguiente volvíamos a estar Bea y yo en el mismo pub bailando y tomando unas copas. En alguno de mis giros los vi entrar y comenzaron su recorrido saludando a los grupos de gente: apretones de manos y abrazos para ellos, y besos en la mejilla y picos para ellas, por supuesto no todas las chicas les daban picos. Llegaron a saludar al DJ y pasaron justo por nuestro lado, sentí una mano rozar mi espalda y giré mi cabeza para encontrarme con Fran. -          Hola Desiré – sonrió y supe lo que quería. Lo hice. Junté mis labios con los suyos en un pequeño beso y le devolví la sonrisa. -          Fran… puedes llamarme Desi. Él miró a Bea como pidiendo permiso y ella sin dudarlo se unió al club de saludarse con un pico aunque la mano de Fran seguía en mi cintura. Dani dejó de hablar con el DJ y se acercó a nosotras sin decir nada, aunque sabíamos que también venía a buscar su beso y ya habíamos entrado a su juego. Podía ser un juego peligroso para mi dañado corazón, pero habíamos entrado y yo tenía ganas de jugar, ganase o perdiese. Los días iban pasando. En la facultad el segundo cuatrimestre era un poco más duro, además de las clases de la mañana, casi todas las tardes teníamos prácticas y laboratorios, así que casi todos los días nos teníamos que quedar a comer en la universidad. Por suerte, Julia y yo íbamos juntas a casi todos los laboratorios y nos solíamos poner de compañeras cuando las prácticas eran en grupos. Había mucho que estudiar porque además de los exámenes de las asignaturas teóricas también íbamos a tener exámenes de prácticas. De todas formas, ningún fin de semana dejábamos nuestras noches de baile del viernes y del sábado. Yo estudiaba todos los días, incluyendo sábados y domingos porque entre semana con los laboratorios no tenía demasiado tiempo de estudiar, pero también necesitaba ese desahogo, esos momentos de desconexión y de relax que nos daba salir a bailar. Las noches del fin de semana seguían siendo nuestro momento de sentirnos nosotras mismas y de disfrutar. Lidia tuvo algunas discusiones con Juan y terminaron su relación, así que salía casi siempre con nosotras. Ella llevaba muy bien la ruptura, no nos dijo gran cosa sobre lo que había pasado, pero mi intuición me decía que esto venía de atrás y que no había sido de la noche a la mañana. Se le notaba incluso contenta de poder salir más con nosotras, y nosotras por supuesto felices. Ella también entró en el juego de los picos con Dani y Fran. Cuando salíamos, cada vez me fijaba más en Fran. ¿Qué tenía ese chico que me atraía tanto? Era un poco misterioso, siempre con las gafas de sol puestas. También intentaba parecer que era un tipo duro, aunque era difícil de creer porque era delgado y porque a veces nuestras miradas se cruzaban y entonces él me daba una sonrisa coqueta que me encantaba. Me gustaba, me gustaba mucho… cada semana más. Algunos días hablábamos un poco. Descubrí cosas de él, tenía 21 años, trabajaba en una empresa de electrónica, vivía en un pueblo a las afueras de Madrid y tenía una hermana de mi edad pero no solían salir juntos. Otros días, simplemente nos mirábamos y nos sonreíamos mutuamente. A veces incluso llegamos a bailar juntos. Para mí era muy fácil moverme al ritmo de la música, era como si hubiese nacido bailando… y algunas veces él se acercaba y seguía mi ritmo. Como mucho ponía una mano en mi cintura, nunca me tocaba más que eso para bailar al ritmo, pero era sensual cuando lo hacía. Llegó el final del primer curso de la universidad. Un montón de exámenes y mucho que estudiar. Reducimos nuestras horas de diversión durante unas cuantas semanas y sólo salíamos los sábados, pero era suficiente para darlo todo y desconectar de tanto estudiar. Lidia aprobó todas las asignaturas de su primer curso, Bea suspendió tres y yo suspendí una. Eso significaba que Bea y yo tendríamos que estudiar en verano. Nunca me había pasado eso pero la universidad era muy diferente al instituto y no podía dejar que eso me hundiera. El verano fue pasando, vacaciones, días de estudio, piscina, compras con las chicas, fines de semana llenos de horas de baile, picos con Dani y Fran, miles de miradas cruzadas con Fran, miles de sonrisas intercambiadas con él… y… ahí estaba el peligro que tanto temía, me estaba empezando a enamorar de ese chico del que apenas conocía una parte de su vida. Había cogido la costumbre de mirar a todas las garitas de los cuarteles por los que pasábamos al ir a casa de los abuelos a comer. No solía haber soldados en todas, pero me gustaba mirarles e intentaba imaginar cómo sería el trabajo de soldado. Hacía mucho que no pensaba en él, pero un día al pasar por ahí me acordé de Checo. No me sentí mal, ni triste, sólo confusa. No volví a saber nada de él y aunque a veces veía a sus amigos por el barrio, nunca más volví a hablar con ellos, nos saludábamos, pero nada más. Me di cuenta de que mi corazón estaba sanando, e incluso parecía estar siendo ocupado por otro chico. Llegó septiembre y aprobé mi examen. Conseguí terminar el primer curso completo y en un par de semanas empezaría el segundo curso de la universidad. Tenía ganas de que empezasen las clases y volver a ver a mis amigas allí, sobre todo a Julia. Tenía que ponerle al día de todo lo que había pasado con Fran en verano. Para el segundo curso también tenía el turno de las 8:30h, pero ya me había acostumbrado a madrugar y no me importaba. Lo que más me preocupaba del segundo curso era que tenía doce asignaturas, y la mitad eran anuales, además me habían tocado algunos profesores que supuestamente eran muy severos. Mis amigas tenían algunas asignaturas diferentes a las mías, pero al menos las troncales las teníamos iguales, así que parte del día seguiríamos yendo juntas a clase. Otra cosa que me preocupaba era que los laboratorios también eran muchas más horas que el curso anterior, así que iba a ser complicado estudiar todos los días y llevar todas las asignaturas al día. Además, tenía una sensación extraña, lo que más me apetecía a todas horas era escuchar música y bailar… por primera vez en mi vida no sentía que los estudios fuesen mi centro, sabía que tenía que centrarme en las clases, tenía que estudiar y mantener mi beca, tenía que seguir mis sueños de licenciarme y trabajar como científica, pero no me apetecía. Las clases empezaron la primera semana de octubre, y unas semanas después llegó mi cumpleaños. 19 años… y aquí seguía, de nuevo enamorada de un chico con el que no parecía posible que pudiese haber ninguna relación seria. Llevábamos varios meses con el juego de los picos, las miradas y las sonrisas… pero nada pasaba de ahí. Recordé todo el tiempo en el que deseé que mi primer beso me lo diese Checo y que él fuese mi primer novio, y la verdad era que en ese momento sentía algo parecido por Fran, quería tener algo con Fran. El día que salimos a celebrar mi cumpleaños nos lo pasamos en grande. Bea se puso más que contenta con las copas y terminó enrollándose con uno de los amigos de Fran y Dani, el otro chico moreno que bailaba con ellos, le llamaban Jay aunque su nombre real era Santiago. Jay era más mayor, tenía 32 años. Cuando me enteré no me lo podía creer, Bea tenía 19 igual que yo, y también le habíamos visto tontear con chicas más pequeñas en la discoteca a la que a veces íbamos por la tarde a la sesión sin alcohol… era mucha diferencia de edad. Lidia y yo nos preocupamos por Bea, por lo que pudiese hacer. El chico parecía majo, pero con 32 años y ligando con una de 19 no parecía muy sensato, y aunque el amor no entienda de edades, eso no era amor, sólo deseo o algo así. Entre copas y bailes fue pasando la noche. Bea estaba casi todo el rato con Jay, y Lidia y yo nos divertíamos y bailábamos todo el rato, pero sin quitarle un ojo de encima a Bea porque a veces se le iba la cabeza cuando se trataba de chicos guapos. En uno de los bailes espectáculo de los chicos, Bea se acercó donde estábamos Lidia y yo para estar un rato con nosotras mientras los veíamos bailar. Se colocó entre nosotras apoyando sus brazos sobre nuestros hombros. -          ¡Ay, chicas! ¡Cómo besa Jay! Me encanta – dijo sonriendo. -          Estás demasiado contenta – se rio Lidia. -          Síiii – zapateó un poco para demostrarlo – es que se nota que es mayor, sabe cómo tratar a una chica – nos reímos. -          Creo que Lidia se refiere a que te estás pasando ya de copas y por eso estás contenta – le dije, y nos volvimos a reír. -          Puede que sí – nos miró sonriendo. – Prometo que lo que queda de noche sólo tomaré refrescos. Pero… tengo algo que contarte Desi – me miró y se puso seria. – He intentado conseguirte otro regalo de cumpleaños. -          ¿De qué hablas? ¿Dónde y cuándo has intentado conseguirme un regalo? – algo no me gustaba en esa frase o más bien en el tono de decirlo. -          Sólo no te enfades conmigo porfa Desi. – Mal, cada vez que empezaba así algo, me terminaba enfadando, pero sabía que ya no había remedio, suspiré profundamente para darle paso a su confesión. – He hablado con Fran. -          ¿Quéeee? ¡No! Dime que no le has dicho nada de mí – le miré cómo bailaba con sus amigos. -          ¿Y qué le iba a decir si no algo sobre ti? – me replicó. Yo sólo tapé mi cara con mis manos. No podía ser… esa niña loca siempre se metía en todo. -          Bueno ¿y…? – dijo Lidia. -          Pues, cree que eres muy guapa... – me empezaba a impacientar y Bea hablaba muy despacio. – y le encantaría estar con alguien como tú… -          Tus palabras dicen una cosa y tu tono dice otra – le dije un poco triste – así que suelta ya el “pero”. -          Pero dice que eres una amiga muy especial y una chica muy buena, y que él es un cabrón y no quiere hacerte daño. Dice que no quiere verte sufrir por él. – Me abrazó. – Lo siento amiga, con cómo te mira, no me imaginaba que me diría eso. Otra vez mi corazón roto en pedacitos… quizás hubiese sido mejor no enterarse de esto. Quizás hubiese sido mejor seguir con el jueguecito que estábamos teniendo sin saber nada más el uno del otro, sin que él supiese que me gustaba demasiado y sin que yo supiese que “le gustaba pero que no quería hacerme daño”. Cuando acepté entrar en su juego, sabía que era un juego peligroso… ahora ambos sabíamos lo que el otro pensaba. Pero yo me había enamorado y de nuevo había perdido en el juego del amor. Después de aquello no conseguía seguir con ánimos, ya no me apetecía bailar, tampoco me apetecía seguir ahí, no dejaba de mirarle y a veces él cruzaba su mirada conmigo y me sonreía igual que lo hacía siempre, pero a mí ya no me salían las sonrisas. Lidia se dio cuenta de que yo ya no estaba bien, y fue a buscar a Bea que otra vez estaba con Jay para decirle que nos íbamos para casa. Las dos llegaron juntas a la entrada de la cabina del DJ donde yo estaba esperando. El DJ se llamaba Rober, era muy simpático y había empezado a guardarnos los bolsos y las cazadoras en la cabina, ahí sólo estaba él, no entraba nadie más, así que nuestras cosas estaban seguras ahí. Para salir teníamos que pasar al lado de Fran y su grupo… no sabía qué hacer. Era hora de los besos de despedida. Por un lado, quería ese beso, pero por otro no estaba segura de que fuese buena idea… quería dejar las cosas como estaban, no cambiar nada, y eso significaba aceptar ese beso hoy y seguir con el juego, pero quizás eso siguiese rompiendo mi corazón. Bea fue a despedirse de Jay, Lidia se paró un segundo delante de Fran, yo iba justo detrás de ella así que me miró pidiéndome permiso de algo que no supe entender por eso yo sólo le sonreí. Entonces Lidia apoyó su mano en el hombro de Fran e hizo un gesto con su cabeza señalando hacia mí y se fue a darle un beso a Dani. Me quedé parada frente a Fran y él me miró a los ojos y sonrió. A mí no me salía una sonrisa, estaba nerviosa y mordí mis labios mientras nos mirábamos. Y entonces actué por impulso, puse lentamente mis dos manos sobre su mandíbula, una a cada lado de su cara, y el tacto con su piel me tranquilizó un poco, cerré los ojos y posé mis labios en los suyos tan solo un par de segundos, pero intenté soltar todo lo que sentía por él en ese beso. Aquello me marcó, ese chico me gustaba mucho y no conseguía sacarlo de mi cabeza. Pero otra vez era la misma canción: el chico pensaba que la chica era demasiado buena y que estar con él la haría sufrir y por eso él no quería estar con ella, aunque le gustase.
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