Al llegar a la discoteca nos costó aparcar porque había muchos coches en la zona. Había bastante seguridad, era la única discoteca de verano grande en unos cuantos kilómetros, así que Cris me había contado que los chicos de otros pueblos cercanos solían venir los fines de semana y se agradecía que hubiese tanta seguridad. Pese a eso, la entrada era libre. El recinto era enorme, casi todo el suelo era de cemento, por lo menos así no se metía la arena en las sandalias que eso era muy incómodo para bailar. Había bastantes quioscos que hacían de barras de bar, y algunas zonas con mesas altas de coctel. Muchísimos altavoces y la música sonando a todo volumen, parecía que ponían música variada, íbamos a pasarlo bien, estaba segura.
- Ven, sé dónde están los demás – dijo Cris sin soltarme la mano para pasar entre la gente.
Yo estaba emocionada, el sitio era mejor de lo que me esperaba y había mucho ambiente, aunque la mayor parte de mi emoción era por lo que había pasado un rato antes. A lo lejos vi a Bea subida en algún sitio bailando como loca y no pude evitar reírme. Cris echó un brazo sobre mis hombros acercándome más a él, y yo volví a meter mi mano en su bolsillo trasero apretándole un poco el cachete, nos miramos sonriendo y nos dimos un beso rápido.
- ¿Qué quieres tomar? – me preguntó cuando llegamos a la barra más cercana a donde estaban nuestros amigos.
- Ron con cola, por favor – pedí a la camarera.
- Que sean dos – dijo Cris.
- Y una botella de agua pequeña – agregué sonriendo. Cris me miró sorprendido y yo me reí - ¿Quéeee? Aún tengo mucho calor y el ron no me va a refrescar suficiente – le dije y volví a besarle.
Con nuestras bebidas en la mano, nos acercamos donde estaban los chicos. Yo ya iba moviéndome al ritmo de la música.
- No lo puedes evitar ¿verdad? – susurró Cris en mi oído.
- ¿El qué? ¿bailar? – me hice la tonta sonriendo – es instintivo, oigo música y mis pies se mueves solos…
Bea y Sara me vieron desde unas escaleras donde estaban subidas. Estaba segura de que esas escaleras a modo de gradas estaban ahí para que la gente se sentase, pero ellas las estaban usando como su escenario particular. Me saludaron e hicieron gestos para que fuese con ellas, así que le di un beso a Cris que se quedó en una mesa hablando con sus amigos y yo me fui a bailar con las chicas.
- ¿Me separo de vosotras un rato y ya estáis borrachas o qué? – les dije mientras le daba un beso a cada una.
- No estamos borrachas… todavía – se rio Bea. Noté en su voz que tenía algo de tono, pero la había visto más borracha otros fines de semana.
- ¿Y tú qué? – dijo Sara, que estaba más serena que Bea – Dijiste un rato y habéis desaparecido dos horas.
- Estábamos en una colina – sonreí.
- ¿¡¿Qué?!? Yo mato a mi primo – dijo horrorizada - ¿en serio tu primera vez ha sido en el medio del campo? Lo mato… de verdad – negaba con su cabeza.
- No, tranquila… no lo hemos hecho – sin darme cuenta borré la sonrisa de mi cara – yo quería, pero él dijo que no era el mejor lugar.
- Y entonces ¿por qué habéis tardado tanto? – siguió preguntando ella.
- Necesitábamos tiempo a solas – volví a sonreír, no tenía pensado contarles demasiados detalles. – Bailamos, nos enrollamos…
- ¿Hizo algo que no quisieras?
- No… más bien creo que era él el que no quería hacer algunas cosas… - lo solté sin pensarlo mucho, pero con solo recordar lo que habíamos hecho era incapaz de quitar la sonrisa de mi cara.
- Créeme que todo lo que hayáis hecho, él quería hacerlo – Sara se rio y me abrazó… algo me decía que su primo le contaba más a ella que a ninguna otra persona.
Dejamos de hablar de cosas trascendentales, yo estaba feliz con todo lo que había pasado. Extrañaba las manos de Cris sobre mi piel, pero necesitaba un rato con mis amigas. Bailamos sin parar unas cuantas canciones seguidas y después fuimos con los chicos. Necesitaba mi botella de agua y la tenía Cris. Estuvimos con ellos un rato riéndonos y tonteando hasta que empezó a sonar por los altavoces Ángel de amor de Maná, el ritmo rockero y latino de esa canción me encantaba y me separé de la mesa para bailar y cantar esa canción. Cris no dejaba de mirarme sonriendo y le hice un gesto para que se acercase hacia mí pero negó con la cabeza. Yo quería bailar con él pero no importaba que no viniese, podía seguir bailando sola… aunque no dejaría de insistir hasta que cediese y bailase conmigo alguna canción.
Cuando sonaba una canción de David Bisbal vi que Cris se acercaba a mí, y eso que esta vez no le había hecho ningún gesto para que se acercase. Llegó a mi lado y me agarró de la cintura y de una de mis manos para hacerme girar. Me dejaba bailar pero él apenas se movía, así que ralenticé mi ritmo y le besé.
- ¿Por qué los chicos no soléis bailar? No es necesario ser un bailarín experto, sólo moverse un poco al ritmo de la música… - le dije sonriendo.
- Las chicas bailáis mejor – me acercó a él y me besó.
- Tonterías… antes lo hiciste muy bien – sonreí mirándole a los ojos.
- Lo de antes no cuenta, nadie estaba mirando – susurró y le noté avergonzado.
- Nadie nos mira ahora, Cris – le dije – sólo estamos tú, yo y la música. – Él se rio – Shhh… - demandé silencio por su parte y me pegué más a su cuerpo moviéndome muy lentamente. – Cierra los ojos – cuando lo hizo me acerqué a su oído y seguí susurrándole algunas instrucciones básicas – Intenta relajarte pero sin soltar mi cuerpo, pon las manos donde estés cómodo pero que dejen espacio para movernos un poco… Ahora interioriza el ritmo de la música: tu-tutu-tutu-tutu-tu, tu-tutu-tutu-tutu-tu, tu-tutu-tutu-tutu-tu… ¿lo tienes? – él asintió levemente- Bien pues entonces llegó el momento de moverse un poquito, tú eliges mover las caderas o los pies, pero con movimientos pequeños, nada exagerado, es mejor empezar bailando en el mismo sitio… - noté que bajó sus manos a mis caderas, así que yo empecé a mover las caderas suavecito al ritmo de la música, quizás así lograse que él me siguiera, y lo hizo. - ¿Ves? Lo estás haciendo… ¡muy bien! No pares, sigue con ese ritmo… pero recuerda que sólo estamos tú, yo y la música, si abres los ojos, sólo mírame a mí y sigue sintiendo el ritmo…
Él sonrió y yo me separé unos centímetros de su cuerpo para besarle. Poco a poco me fui separando más y solté una de sus manos de mi cadera para tener más espacio para bailar… intenté que una de sus manos siempre estuviese en mí para que él no perdiese el ritmo, ni siquiera cuando el DJ cambio la canción. En ese momento me acerqué a su oído de nuevo y le marqué el nuevo ritmo para seguir bailando juntos, pero dos canciones fueron suficientes para él, antes de que terminase la segunda puso sus manos en mi trasero acercándome a él. Sonreí.
- Lo has hecho muy bien bombón…
No pude decir nada más, porque atrapó mis labios en un beso apasionado y empezó a acariciarme la espalda.
- Ahora sí debemos recordar que no estamos solos – dije sonriendo en sus labios.
- Mierda… ahora querría estar a solas contigo.
- Pues vámonos de aquí – le dije acariciando su cara.
Nos dimos la vuelta y Cris cogió mi bolso de la mesa donde estaban los chicos.
- ¡Desi! ¡Desi! – oí gritar a Bea, paré y llegó corriendo hasta nosotros - ¿a dónde vais?
- No lo sé – dije sonriendo.
- En una hora en el parque de detrás de casa por favor… si llegamos separadas mi madre me mata – me miró suplicante.
- Allí estaremos – dijo Cris.
Salimos de allí tonteando entre nosotros y una vez en la calle eché a correr hasta el coche y Cris me siguió y me alcanzó justo cuando yo llegaba al coche. Sabía que podía haberme alcanzado antes pero no lo hizo. Me atrapó entre sus brazos mientras yo me reía, me hizo girar para quedar frente a frente y me apoyó contra el coche besándome desesperadamente, como si llevásemos un millón de días sin vernos. Me dejó sin aliento y me separé de él apenas unos segundos, pero echando mis brazos alrededor de su cuello volví a besarle ardientemente, aunque con algo menos de fuerza que él.
- Vámonos – susurró en mis labios.
- ¿A dónde? – pregunté divertida.
- Conozco un sitio tranquilo cerca de tu casa… así llegaremos a tiempo de que Bea no se preocupe.
Nos subimos al coche. No le dejé poner la música alta, no eran horas de despertar a medio pueblo y menos si queríamos tener un rato íntimo en algún lugar… me dejé llevar a donde él quisiera, en ese momento no me importaba nada más que estar con él y no quería ser responsable, quería sus labios y sus manos en mi cuerpo… cogí sus CDs y estuve mirándolos, buscando algo que pudiese ser romántico, pero la mayoría eran de música dance o flamenco-pop, así que me quedé con mi CD y con el de Alejandro Parreño. Estaba indecisa.
- ¿Qué has elegido? Pon lo que quieras nena.
- ¿Mi CD o Alejandro Parreño? – dije sonriendo.
- El tuyo – dijo él firmemente.
Habíamos llegado al barrio de Bea, y estábamos a solo dos calles de la casa. Cris metió el coche en una parcela que era una especie de aparcamiento con tejadillos para los coches. Estaba abierto y prácticamente vacío, sólo había un par de motos cerca de la entrada y una caravana al fondo tapada con una lona, seguramente de alguien que la usaría ese mismo verano para ir de vacaciones.
- Es uno de los aparcamientos que hay en el polígono para trabajadores de las fábricas y en fin de semana apenas se usa – dijo Cris.
- ¿Así que ya has venido aquí más veces? – pregunté curiosa… sabía lo de su ex y después sólo estaba yo, así que no debía sentir celos, pero ¿los sentía?
- Todo el pueblo conoce estos aparcamientos, hay varios en el polígono, además recuerda que trabajo aquí cerca, los uso entre diario – se rio.
Cambié el CD y aunque él quería mantener el mío en el reproductor, lo saqué y puse el de Alejandro Parreño. Me miró sorprendido pero no dijo nada. Solté mi cinturón de seguridad y me senté de lado observándole. Él hizo lo mismo y ahí nos quedamos los dos mirándonos con adoración el uno al otro sin importar nada más. Levantó su mano y acarició mi cara y mis labios.
- Desi… no sé qué estás haciendo conmigo… me vuelves loco y sólo quiero estar contigo cada segundo.
No dije nada… no sabía qué decir… sentía lo mismo pero decirlo en voz alta sólo haría que la idea se asentase más y yo no había venido aquí a enamorarme sino a intentar sanar mi corazón… no quería enamorarme… no podía hacerlo… no de él…
Como si adivinásemos lo que pensaba el otro, ambos acercamos nuestras bocas y nos besamos con pasión. Su mano se deslizó por mi cuello y bajó por mi pecho haciéndome entrar en calor repentinamente. Gemí en sus labios y sujeté su mano en mi pecho, no quería que la retirase de allí, mis pezones estaban duros y dolían apretados en el sostén, pero su mano aliviaba esa sensación. Me moví en el asiento del coche… el calor que se estaba formando en mi zona íntima no me dejaba tener las piernas juntas y necesitaba abrirlas. Cris se separó de mí.
- Nena… ¿qué sucede? ¿quieres que pare? ¿estás bien? – noté preocupación en su voz, pero él no había hecho nada mal, me gustaba lo que estaba haciendo.
- Estoy bien – sonreí tímidamente para intentar tranquilizarle – sólo necesitaba separar un poco las piernas. Hace un poco de calor… - intenté besarle de nuevo, pero él se separó de mí.
- Espera un momento… - dijo saliendo del coche.
¿Qué había pasado? ¿Por qué salía del coche? Le vi pasar por delante del coche y llegar a mi puerta, cuando la abrió volví a sonreír. Se agachó para quedar a la altura de mis ojos, me tomó de las manos y yo me incorporé en el asiento para quedar más cera de él, quería besarle pero no me dejó.
- Desi… no vamos a hacer el amor hoy, ¿lo entiendes? – asentí.
- Lo entiendo, pero… - le miré a los ojos con deseo y recordé las palabras de Sara diciéndome que le pidiese lo que quisiese sin dejarlo a su imaginación – necesito tus besos y tus manos en mi cuerpo.
Mi respiración estaba muy agitada… mi cuerpo reclamaba el roce de su piel, pero aún no sabía lo que significaba eso, todo era tan nuevo para mí... Él se incorporó y tomó mis manos para ayudarme a salir del coche. Me besó profundamente y me acercó al capó del coche para volver a sentarme ahí como hicimos unas horas antes en la colina, separó mis piernas y se colocó entre ellas.
- Nena… dime qué quieres que haga – susurró en mi oído justo antes de besar desesperadamente mi cuello.
Otra ola de calor se apoderó de mí. No podía hablar y tampoco sabía qué decir… agarré una de sus manos y la puse en mi nuca sobre el nudo de mi top, seguro que él sabía qué hacer. Su otra mano la puse en mi muslo lo más arriba que pude pero intentando no parecer demasiado ansiosa. Me acerqué todo lo que pude a su cuerpo y besé su cuello primero en un lado, después en su nuez. Él gruñó un poco cuando bajé mi boca hacia la base de su cuello dejando un reguero de besos y en ese momento él desató mi top echando hacia delante los tirantes.
Desde los bolsillos traseros de su pantalón donde tenía mis manos, le empujé hacia mí, quería sentirle más cerca. Sus labios buscaron los míos y la mano que había desatado mi top me acarició el hombro y siguió bajando por mi piel hasta retirar el top y mi sostén dejando uno de mis pechos al aire. Gemí su nombre cuando pellizcó mi pezón, fue suave, pero se sintió intenso en todo mi cuerpo. Su otra mano estaba en mi vientre bajo, había recogido mi minifalda y frotaba su pulgar suavemente sobre mi clítoris a través de la tela de mis braguitas que yo notaba completamente mojadas otra vez.
Lo estaba haciendo… él estaba avivando el calor dentro de mí… pensé que lo calmaría pero no, cada vez sentía más y más calor. No podía continuar así, tuve que separarme de él y de su boca, echando mi espalda hacia atrás y apoyando mis manos en el capó para sujetarme. Él llegaba a besar mi cuello y además le dejaba más espacio para seguir tocándome como lo estaba haciendo. No sé cuánto tiempo duró todo eso, me estaba gustando mucho pero a la vez me estaba debilitando, notaba como mi cuerpo empezaba a deshacerse y mis fuerzas flaqueaban, él debió notarlo porque me sostuvo por la espalda quitando su mano de mi pecho, aunque su otra mano seguía acariciando mi sexo a través de mis braguitas. El nudo que se iba formando en el interior de mi vientre se convirtió en un fuerte estremecimiento que después se extendió por todo mi cuerpo haciéndome temblar. Él ahogó mi gemido con sus labios y apretó su pulgar contra la abertura de mi v****a y noté que mis bragas se mojaban aún más. Me incorporé lo suficiente para abrazarle y besarle con la mayor pasión que pude en ese momento. Pese a que mi cuerpo aún temblaba, sentía una felicidad diferente en mí. Cuando separamos nuestros labios él apoyó su frente en la mía, sus ojos aún seguían llenos de deseo… más aún que antes… me sonrojé, cubrí mi pecho y tapé mis ojos con una mano.
- Lo siento… yo… tú… - al intentar hablar noté que mi respiración no estaba tan calmada como yo creía, él sonrió y apartó mi mano de mis ojos.
- Mírame nena… - me pidió, y sin saber por qué, le hice caso – dímelo mirándome a los ojos. – No podía, esos ojos estaban llenos de deseo y yo no sabía qué hacer. Aparté mi mirada.
- Me da vergüenza – susurré… él soltó una risita.
- Pues dímelo sin mirarme a los ojos, pero dímelo nena.
- Tú… - cogí aire –hiciste todo esto… por mí… y yo… no sé qué hacer por ti.
- Hoy no se trata de mí, sino de ti – movió mi cabeza lo justo para quedar de nuevo frente a frente y le miré a sus ojos que seguían cargados de deseo - ¿Crees que no he disfrutado verte tener tu primer orgasmo? Aunque… - tragó saliva – me gustaría probarte… - dijo en un susurro.
- ¿Qué? – pregunté un poco asustada. Él empezó de nuevo a mover suavemente el dedo de tenía sobre mi vulva, pero esta vez lo hacía sólo por el borde de mis braguitas.
- Quiero probar tu sabor nena… no tienes que hacer nada… sólo relájate o bésame, eso ayudará.
Si me había dicho que le besase, entonces al menos no iba a bajar su boca a mi intimidad que fue lo primero que se me pasó por la mente, pero entonces ¿qué pensaba hacer? No estaba segura… aún notaba palpitar y contraerse mi v****a, y en ese momento creí sentir no uno, sino dos de sus dedos jugar con mis pliegues por debajo de mis bragas. Después de algunas caricias entre mis pliegues, noté que metía uno de los dedos en mi v****a, no mucho, quizás solo medio dedo, pero gemí al notarlo dentro y mis labios buscaron desesperadamente los suyos. Jugó un poco con su dedo dentro de mí mientras nos besábamos ahogando mis gemidos y después lo sacó lentamente subiendo su mano hasta nuestras bocas. Dejó de besarme para saborear sus dedos, cerrando sus ojos del deleite. Cuando dejó de saborear sus dedos no pude resistirme y tuve que volver a besarle.
- Cris… tengo frío – había sudado tanto que me estaban entrando escalofríos.
Él me abrazó y me ayudó a bajar al suelo. Mierda… ahora sí que parecían gelatina mis piernas. Me ayudó a entrar en el coche y después se fue al asiento del conductor y entró él.
- Creo que es mejor que nos vayamos para casa – dijo él mirando su reloj – seguro que José y Bea están al llegar.
Eran sólo dos manzanas, ni siquiera abroché el cinturón de seguridad, pero cuando Cris paró el coche al lado de la plaza que había detrás de la casa, me acurruqué en el asiento mirándole, no podía dejar de sonreír y él también se veía feliz.
- Estás hermosa.
- Después de esto… no sé qué esperarme del sexo. – Cris se rio.
- El sexo es maravilloso si se hace bien – dijo acariciando mi cara.
- Cris… quiero hacerlo contigo antes de irme.
- Nena, todo llegará – y volvió a besarme.
Nos quedamos mirándonos en silencio, hasta la música estaba parada, sólo éramos nosotros dos, y algún beso de vez en cuando. Mi móvil sonó con un mensaje. Era Bea: “Espero que estés llegando ya a casa”. Sonreí pero no le respondí, cuando llegasen ya nos verían.