Cuando entramos a casa eran casi las 6h de la mañana. Intentamos no hacer ruido para no despertar a nadie. Al día siguiente nos levantamos a la hora de comer, era domingo pero ni aperitivo ni nada… comida y siesta. Durante la siesta Bea me preguntó varias veces qué habíamos hecho Cris y yo, pero sólo le hice un resumen rápido llenos de besos y caricias, pero nada sobre medio desnudarme en un aparcamiento ni sobre un orgasmo, no estaba preparada para hablar de eso ni siquiera con Bea.
No quería que el tiempo allí se terminase nunca… estaba tan a gusto con Bea y sus amigos, y sobre todo con Cris, que se me estaba haciendo duro pensar que sólo quedaban unos días para volver a Madrid, para volver a la realidad. Lo cierto era que apenas llevaba allí ocho días, pero habían sido tan intensos que parecían meses.
El domingo por la tarde salimos sólo Bea y yo. Después de la siesta nos fuimos a tomar café y a dar un paseo por el pueblo eso significaba pantalones cortos, camiseta y zapatillas deportivas. Bea me contó que lo había hecho con José. Parecía que no se creía que Cris y yo no lo hubiésemos hecho, pero ya se lo había dicho tres veces… si no se lo creía era su problema. El caso era que antes yo no estaba segura, pero después de lo de la noche anterior sabía que quería que fuese él el primero.
- Desi… - me dijo Bea poniéndose seria – Te estás enamorando de Cris ¿verdad?
- No vayas a soltarme un “te lo advertí” por favor…
- Vale, lo tomaré como un sí… Sabes que no es necesario que cortéis vuestra relación aunque vuelvas a Madrid, ¿verdad?
- ¿Y qué hacemos, Bea? ¿mantener una relación por teléfono y no volver a vernos? – empezaron a formarse lágrimas en mis ojos.
- Yo también voy a tener una relación a distancia con José, no será complicado… ellos pueden subir algún fin de semana a Madrid y otros fines de semana nosotras podemos venir al pueblo.
- Bea, eso no funcionará… mis padres no me dejarán venir tan a menudo.
- Si quieres que funcione al menos debes intentarlo… ¿por qué no lo hablas con Cris?
- ¿Y qué le digo? ¿Qué si quiere ser mi novio? – dije con sarcasmo.
- No sé… prueba… o simplemente dile lo que sientes – dijo encogiéndose de hombros – pero sé sincera de verdad.
- Él ya sabe lo que siento…
- Nena, los chicos son muy simples… o se lo dices a las claras o no pillan las indirectas.
- Jajaja… - me reí – Créeme que Cris sí las pilla – dije con algo de picardía en la voz recordando la noche anterior.
- Desi… - Bea se puso seria - ¿Qué ha pasado que no me has contado?
- Nada malo, lo prometo – dije sonriendo y limpiando las últimas lágrimas que quedaban en mis ojos.
- Tíaaaa… cuéntamelo o se lo pregunto directamente a él.
- No, por favor… no le digas nada… - supliqué, sabía que si la provocaba era capaz de ir y preguntarle, aunque él seguramente no diría nada pero prefería ahorrarle esa vergüenza. – Anoche, cuando nos fuimos después de cenar… - ella aplaudió emocionada.
- ¿A dónde fuisteis? – dijo impaciente.
- Si me interrumpes no te lo cuento – juntó sus labios e hizo un gesto como de cerrar una cremallera, pero seguía notando su sonrisa emocionada por el cotilleo. – Nos fuimos al mirador de la colina. No había nadie más que nosotros, y como llevábamos mi CD puesto en el coche, subimos la música a tope y estuve allí bailando, le encanta verme bailar.
- Y… ¿a quién no le gusta verte bailar esa música? – soltó una risita – y más con la ropa que llevabas ayer… seguro que él te comía con los ojos mientras bailabas.
- ¡Qué no me interrumpas! – le di un codazo antes de continuar – También le enseñé a bailar un poco. Nos enrollamos mientras bailábamos y… le dije que quería sentir sus caricias por todo mi cuerpo.
- ¿Qué? – dijo ella abriendo los ojos como platos.
- Y lo hizo – mordí mis labios con preocupación de cuál fuese la reacción de Bea.
- ¿Me estás diciendo que dejaste que te metiese mano? – asentí.
- Pero se contuvo. Dijo que no quería que mi primera vez fuese sobre el capó del coche.
Las dos nos reímos a carcajadas.
- ¿En serio, sobre el capó del coche?
- ¿Qué? Fue un momento genial… un sitio bonito, noche calurosa, cielo estrellado, yo sentada en el capó del coche con las piernas abiertas y él entre mis piernas… - me reí tapándome la cara con un poco de vergüenza.
- ¿Y por eso tardasteis tanto en bajar a la disco? – Asentí con la cabeza. – Mierda… ¿qué has hecho con mi amiga? – Bea arrugó la nariz – Ya no eres la niña buena del grupo.
- ¿Perdona…? – la miré mal – y me dice eso la que lo hizo ayer con su novio ¿dónde? ¿en el baño de una discoteca? – Volvimos a reír y Bea me abrazó.
- Y entonces… cuando os fuisteis más tarde… - se puso seria - ¿a dónde fuisteis? Me da miedo preguntar, pero… ¿qué hicisteis?
- Me da cosa contarlo… no vayas a decir nada, porfa, aún lo estoy procesando – suspiré. – Me volvió a decir que no quería que lo hiciésemos en el coche, pero yo quería sentir más de lo que habíamos hecho antes y lo hizo… me tocó hasta que ya no pude más y todo mi cuerpo se contrajo. – mi amiga tenía una cara extraña, casi horrorizada, con la boca abierta pero no decía nada. – Bea dime algo…
- Y tú… ¿Qué… hiciste?
- Nada… - agaché la mirada un poco avergonzada – no sabía qué hacer aparte de sentir lo que él estaba haciendo con mi cuerpo.
- ¡Ay nena! Pobrecillo…
Levanté la cabeza y ella estaba aguantando la risa.
- Joder… sabía que no tenía que contarte nada – me enfadé por su cara y me levanté de donde estábamos sentadas dispuesta a continuar mi paseo, con o sin ella.
- Desi… espera… - me alcanzó y me abrazó – te quiero amiga. Por fin descubres algunos placeres de la vida – y soltó una risita.
Continuamos nuestro paseo después de las confesiones. Oí sonar un mensaje en mi teléfono:
CRIS: “Nena, cómo estás? Qué haces hoy? Nos vemos un rato? Extraño tus besos”.
Bea se asomó a leer el mensaje, puso cara de asco pero después sonrió:
- ¡Qué cursi! Dile que vamos al bar de Emilio a tomar algo.
Le respondí: “Estoy de paseo con Bea por el pueblo, vamos a tomar algo al bar de Emilio. Te vienes? Yo también extraño tus besos y tus caricias”.
No habíamos pensado parar a tomar nada, pero me sentí entusiasmada de que quisiera quedar y Bea lo sabía aunque yo no dije nada. Así que nos dirigimos al bar y nos sentamos en la terraza a tomar algo. Bea también escribió a José para que se viniese un rato. Cris tardó unos quince minutos en llegar, le sonreí en cuanto le vi llegar y en seguida vino a darme un beso que me hizo súper feliz, se sentó a mi lado y me agarró de la mano jugando con mis dedos. Él no se daba cuenta de lo que me hacía sentir con solo rozarme con las yemas de sus dedos. Tomamos un par de rondas y los chicos nos llevaron a casa. El coche de Cris era como nuestro refugio, en cuanto nos subimos él me besó profundamente, teníamos unos minutos para nosotros solos y yo me perdí en su beso.
- ¿Has podido descansar nena? – dijo acariciando mi mejilla.
- Sí, pero creo que no ha sido suficiente – dije sonriendo.
- ¿Y eso? ¿Saliste hasta muy tarde anoche? – preguntó haciéndose el tonto como si no hubiese estado allí.
- Ufff… no te haces idea… además fue una noche muy intensa – acaricié su cara mientras le hacía ojitos.
- ¿Ah sí? – se rio acercándose a mis labios y volvió a besarme con la misma pasión que lo había hecho la noche anterior. – Soñé contigo Desi.
- ¿Fue un buen sueño? – él asintió – me gusta que sueñes conmigo. Yo también he soñado algunos días contigo.
Sonreímos y nos besamos un par de veces más. Después nos fuimos para casa.
- Desi… - me detuvo cuando iba a salir del coche – Vanesa me ha pedido tu número de móvil ¿te importa que se lo dé?
- No cariño, dáselo… pero ¿ella está bien?
- Sí, es solo que quiere preguntarte una cosa – me sonrió.
- Vale, dile que me escriba, o si quiere quedamos un día esta semana.
Le di un último beso y me bajé del coche. Bea y José ya estaban en la plaza detrás de casa así que los chicos se marcharon y nosotras entramos en casa.
Aquella noche después de cenar, Bea y yo nos subimos a la habitación a hablar de nuestras cosas. Aún estábamos cansadas de la noche anterior, así que nos tumbamos en las camas con sólo la lamparita de noche encendida a ver si nos dormíamos pronto.
Mi móvil sonó con un mensaje de un número desconocido: “Hola Desi, soy Vanesa. Quería pediros una cosa a mi hermano y a ti, pero quiero hablar contigo primero. Te apetece que quedemos mañana un rato y hablamos?”
Llegó otro mensaje, esta vez de Cris: “Buenas noches nena, ya tengo ganas de verte de nuevo. Por favor cuéntame lo de mi hermana cuando te enteres, me tiene intrigado”.
Contesté primero a Cris: “Dime que mañana podemos pasar la tarde juntos porfa. Por la mañana voy a ver a tu hermana… de verdad no sabes nada de lo que quiere?”.
Su respuesta no tardó: “Qué va… no me dice nada. Tendrás que contarme tú. Descansa nena, buenas noches… y sueña bonito”.
Al final Bea habló con Sara y quedamos con ella al día siguiente a media mañana para ir a tomar café cerca del ayuntamiento. Sara nos dijo que sus tíos vivían por ahí, así yo podría hablar con Vanesa cerca de su casa para que no anduviese sola por el pueblo.
Por la mañana me puse un vestido corto de flores y me recogí el pelo en un moño. Después de desayunar y ayudar un poco con las tareas de casa, Bea y yo nos fuimos a buscar a Sara, y las tres juntas nos dimos el paseo hasta el ayuntamiento. La cafetería estaba en una de las esquinas de la plaza, y yo había quedado con Vanesa en la fuente que había en el centro. Cuando llegamos, Vanesa ya estaba allí, Bea y Sara se fueron a la cafetería y yo me quedé con Vanesa en un banco a la sombra de un árbol.
- Tienes a tu hermano preocupado – dije sonriendo, la noté un poco nerviosa.
- Es una tontería… - dijo ella tímida.
- Vanesa, dime qué pasa. Sé que apenas nos conocemos, pero fuiste muy sincera conmigo el otro día… no seas tímida ahora y cuéntame. – Le hablé tranquila para que ella también se soltase.
- Bueno verás… es que mi familia tiene un cortijo fuera del pueblo y tenemos piscina, barbacoa y eso. Mis padres solo me dejan ir si van ellos, pero quería ir con mis amigas sin padres… y había pensado que si vais vosotros también a lo mejor mis padres aceptan.
- Pero Vanesa… a mí no me conocen tus padres, ¿por qué no lo hablas con tu hermano directamente, o incluso con Sara? Seguro que pueden organizar algo con su grupo, y que vayáis vosotras también…
- No… sería demasiada gente mayor…
- Bueno, cuéntame el plan, qué es lo que quieres hacer con tus amigas… y después ya vemos cómo organizamos para que haya algunos mayores, pero no demasiados – le dije intentando pensar un plan.
- Pues seríamos tres. Quería ir por la mañana, pasar allí el día entero y… y quedarnos a dormir y ya volver al día siguiente…
- Ya veo… ¿y cuándo habías pensado que fuese? Porque yo el lunes por la mañana tengo que volver a Madrid.
- ¿Qué? ¿ya te vas?
- Sí… me va a dar mucha pena, pero tengo que volver con mi familia y tengo mucho que estudiar para la universidad… Venga, dime, ¿cuándo quieres ir a pasar el día al cortijo?
- ¿El sábado estaría bien?
- Bueno… hacemos una cosa… voy a intentar pensar un plan y lo hablo con Cris. Pero no entiendo por qué querías hablarlo conmigo y no con él directamente.
- Porque diría que no… piensa que todavía soy una cría… que soy muy pequeña para salir sola con mis amigas fuera del pueblo…
- Es que aún eres pequeña para salir del pueblo sin papá y mamá – dijo Cris acercándose por detrás a nosotras y asomando su cabeza entre las nuestras. Vanesa y yo dimos un bote en el banco del susto que nos había dado… él se rio.
- ¿Qué haces aquí? – le dijo Vanesa enfadada a su hermano.
- Mamá me dijo que habías bajado a la plaza y Desi me dijo que habíais quedado por la mañana… sabía que estaríais juntas… ¿me contáis qué estáis planeando?
- Cris… cariño… - le dije poniéndole ojitos que sabía que no iba a poder resistir, él se giró hacia mí y me dijo un pico en los labios. – Las dos te queremos mucho… pero has interrumpido una conversación de chicas… - me miró levantando una ceja - ¿nos dejas solas porfa? Bea y Sara están en la cafetería de la esquina por si quieres un café… - se incorporó de mala gana, pero luego me miró con ojitos traviesos.
- Así que las dos me queréis mucho, ¿eh? – dijo.
- Sí, pero vamos a dejar de hacerlo si no te vas… - me reí.
Al final se fue cruzando la calle en dirección diferente a la cafetería, así que supuse que tampoco quería tomar café con las chicas.
- ¿Ves? – dijo Vanesa un poco avergonzada.
- Vanesa, siempre vas a ser su hermana pequeña... él siempre va a querer protegerte.
- ¿Tienes hermanos mayores Desi?
- Chicos no, tengo una hermana mayor… es genial pero a tu edad también se comportaba de forma demasiado protectora conmigo… me hacía la vida imposible metiéndose conmigo y no le gustaba nada de lo que yo hacía – me reí pensando en mi hermana María.
Nos quedamos un rato en silencio.
- Te prometo que lo pienso todo bien y hablo con tu hermano. Voy a intentar convencerle, pero hay que pensar en comida, cena, desayuno, bebidas, juegos, algo para entretenerse y cualquier cosa que queráis… excepto alcohol – ella arrugó la nariz – no me mires así Vanesa… tenéis 15 años, no pienso dejar que bebáis alcohol si estáis bajo mi responsabilidad, tenedlo claro.
- Está bien…
- ¿Y de verdad sólo vais a ser tres chicas? ¿y los chicos? – pregunté.
- Jajaja… - ella se rio - ¿no me dejan ir con mis amigas y crees que me dejarían invitar a chicos?
- No, seguro que no te dejarían, pero eso no quita que lo intentes… ¿los invitarías?
- Bueno… quizás dos chicos…
- Está bien, tres chicas y dos chicos… - le guiñé un ojo – pero no prometo nada sobre los chicos. – Ella hizo un gesto entendiendo lo que le decía. - ¿Algo más que preguntar?
- ¿Cris sabe que te vas ya el lunes a Madrid? – Asentí, pero no pude sonreír, no quería hablar de esto con ella.
- Vanesa ¿quieres venirte a tomar algo con Bea y Sara? Luego te acompañamos a casa.
- No, me espera mi madre en casa. – Dijo levantándose del banco – ¡Gracias Desi!
- Luego te cuento lo que hable con tu hermano.
Me despedí de ella y me fui a buscar a Bea y a Sara. Les conté lo que quería Vanesa. Yo seguía sin entender por qué me lo pedía a mí, Sara era su prima y se llevaban muy bien, seguramente ella haría todo lo posible porque Vanesa y sus amigas pudiesen pasar un día sin padres en el cortijo. Sara dijo que ella no podía ir todo el día, pero por la tarde podían ir un rato Miguel y ella si al final salía el plan adelante, y Bea dijo que por ella pasaba de cuidar a niñas de 15 años, pero que si Cris decía que sí, ella se lo diría a José por si le apetecía. Si Bea y José no venían habría que contarles a sus padres por qué su hija iba a estar en casa y yo no… ufff, esto se ponía difícil, aunque yo tuviese confianza con Carol, no sabía si ella estaría de acuerdo con eso.