Después de comer, Cris me escribió un mensaje: “Nena, paso a buscarte a las 18.30h”. José también quedó a esa hora con Bea. Bien, al menos saldríamos juntas de casa para que no sospechasen sus padres.
- Estás preciosa con ese vestido – me dijo Cris cuando me subí al coche.
- Bah… no es para tanto – sonreí y le di un beso. - ¿A dónde vamos?
- Depende… ¿qué te apetece hacer?
- Tenemos que hablar de tu hermana – le dije sonriendo.
- Vale pues allá vamos.. estoy muy intrigado, no quiere decirme nada.
A los pocos minutos me di cuenta de a dónde íbamos: al mirador de la colina. Se estaba convirtiendo en un sitio especial para nosotros, y era un buen sitio para pasar la tarde con él. Como las veces anteriores que habíamos ido allí, no había nadie, y a la luz del día yo seguía sin entender por qué la gente no iba allí, ni siquiera los jóvenes. Estaba sólo a las afueras del pueblo, se podía ir andando perfectamente, aunque nosotros siempre fuésemos en coche. Habíamos parado a comprar unos refrescos y algunas chucherías para picar mientras hablábamos. En las mesas estaba dando el sol y aún hacía calor, así que nos sentamos en el césped a la sombra de uno de los árboles. Nos besamos durante mucho rato, y el ambiente se empezó a calentar entre nosotros, pero paramos e intentamos calmarnos… cuando volvimos a respirar sin estar agitados, nos echamos a reír, no podíamos estar separados ni un instante.
Acabamos tumbados en el césped mirando al cielo con las manos enlazadas. Y ahí, le conté lo que quería Vanesa. Al principio no quiso y tuve que usar unos cuantos besos para convencerle. Se negó a que fuesen chicos, sólo chicas… decía que era suficiente con cuidar de tres chicas adolescentes, que no quería vigilar crisis de hormonas. También le dije que Bea y Sara lo sabían y me propuso organizar algo con el grupo en plan que fuésemos todos a pasar el día, pero Vanesa no quería que le controlásemos tanto. Ella quería estar a solas con sus amigas y no sentirse controlada. Noté que había algo que le preocupaba a Cris.
- Cris, ¿qué pasa? Te noto muy pensativo.
- No es nada… - dijo él poniendo sus manos bajo la cabeza y mirando al cielo. Yo me incorporé sobre mis codos para mirarle a la cara.
- Venga… ya voy conociendo tus gestos… algo te preocupa, dime qué es.
- Me preocupas tú nena… ¿de verdad quieres ir allí solo conmigo y con tres chiquillas de 15 años?
- ¿Y por qué no iba a querer? – le miré sorprendida por su pregunta – pasamos mucho rato a solas y tu hermana quiere estar con sus amigas sola, podemos vigilarlas desde la distancia – me reí.
- ¿Y por la noche? – me miró a los ojos – ¿Has pensado cómo dormiremos? – él estaba serio y yo me sorprendí por su pregunta.
- Hombre… no conozco tu casa, pero… pensaba… dormir contigo… - dije poniendo una mano sobre su pecho, me sonrojé…
- ¿En serio? – desapareció la preocupación de la cara de Cris, y apareció una sonrisa tímida. Él se incorporó para quedar sentado.
- Cris… me voy el lunes por la mañana a Madrid, por supuesto que me encantaría pasar el sábado entero contigo, día y noche… necesito el mayor tiempo posible a tu lado antes de regresar a la rutina.
Me incorporé para quedar sentada yo también frente a él y le sonreí. Él me agarró la cara con las dos manos y me besó, un beso largo y profundo que nubló todos mis sentidos. Estuvimos haciendo los planes, Cris me dijo que la casa era grande y que se lo diríamos a Bea y a Sara para que viniesen con José y Miguel, aunque yo ya sabía la respuesta de Sara porque ella misma me lo dijo por la mañana, ellos sólo podrían ir por la tarde después de comer y no se quedarían a dormir… faltaba ver qué harían Bea y José, aunque sinceramente no me importaba mucho… si ellos iban y se quedaban a dormir genial, y si no, pues tenía aún unos días para convencer a la madre de Bea de que todo esto no era una locura.
Cris quedó en hablar él con sus padres primero, para tantear el terreno y luego ya iría Vanesa a pedirles permiso a sus padres. La tarde se nos pasó volando allí sentados en la colina hablado y disfrutando de la compañía del otro. El sol ya no se veía pero aún estaba el cielo azul cuando sonó un mensaje en mi móvil, era Bea: “Hora de recogerse, dónde estáis? Nos tomamos una caña antes de volver a casa?”. Cris asintió y contesté a Bea.
“OK a la caña, dónde estáis? Tardamos 10 min en llegar” escribí.
Bea en seguida me dijo dónde estaban y nos fuimos con ellos. En vez de una, fueron tres o cuatro rondas, pero con eso ya volvíamos a casa cenadas.
Aprovechamos a contarles el plan a Bea y a José, y les pareció bien. Ellos tampoco vendrían todo el día, también querían tiempo a solas, pero parecía que se quedarían allí a dormir también, así que genial, al menos Bea y yo estaríamos juntas y sería más fácil que sus padres aceptasen.
Por la noche antes de dormir le envié un mensaje a Vanesa contándole que su hermano había aceptado con la condición de ningún chico y además se mantenía mi condición de nada de alcohol. Me dio las gracias muy emocionada. Me acordé de cómo nos llevábamos María y yo cuando yo tenía 15 años, no es que tuviésemos la mejor relación cuando yo empecé el instituto, pero cuando cumplí los 16 volvimos a ser tan cercanas como lo habíamos sido antes, en aquel momento yo necesitaba el apoyo de mi hermana y ella me lo dio, Vanesa necesitaba el de su hermano y yo estaba dispuesta a hacer que lo tuviese. Esa niña me caía mejor de lo que pensé después de que fuese dura conmigo el día que nos conocimos, se notaba que quería mucho a su hermano y aunque él no lo demostrase tanto, también la quería muchísimo.
La semana fue pasando como la anterior. Salíamos todos los días de paseo, a tomar algo, un par de días fuimos a casa de Sara a la piscina, y casi todos los días tuve mis ratos a solas con Cris, aunque siempre que se calentaba un poco la cosa entre nosotros, algo pasaba que nos hacía frenar… yo quería volver a sentir sus manos en mi cuerpo, no era suficiente con comernos a besos y con caricias por encima de la ropa, yo quería más, necesitaba más, y estaba segura de que él también.
Los padres de Bea no pusieron problemas al plan del sábado, aunque les engañamos un poco diciéndoles que íbamos a ir todo el grupo y que nos quedábamos allí todos a dormir. Lo prefirieron porque seguramente beberíamos y había que coger los coches para volver y no podíamos conducir habiendo bebido. Eso me recordó que en algún momento tenía que apuntarme a la autoescuela porque yo era la que no solía beber porque no me gustaba demasiado, pero también era la única de mis amigos (incluso de los de Madrid) que no tenía carné de conducir.
El viernes por la mañana me fui con Cris y Vanesa a hacer la compra para el sábado. Compramos carne y verduras para hacerlas en la parrilla a mediodía y Vanesa y sus amigas querían pizza para la cena así que cogimos también unas cuantas pizzas variadas que las haríamos en el horno que había en la cocina. Cogimos también un montón de aperitivos, refrescos, vino y ron, algo de ensalada, postres y algo para desayunar, aunque la madre de Cris había dicho que en la casa había leche, café y chocolate, pero pensé que era mejor llevar algo y no vaciar la despensa que tenían allí. Lo íbamos a pasar muy bien. Bea y José se vendrían desde por la mañana al cortijo con nosotros y al final Sara y Miguel sí que irían a comer, pero llegarían tarde porque Miguel salía a las 14h de trabajar.
El viernes por la noche salimos a tomar algo con todo el grupo, íbamos a aprovechar porque el sábado no saldríamos. Me puse mis vaqueros favoritos, largos y de pata ancha, pero bajitos de cintura y ajustados a las caderas, y los combiné con un top atado al cuello blanco con florecitas amarillas, naranjas y rojas. Me encantaba salir a bailar con esos vaqueros y cualquier top que quedase ajustado, además teniendo en cuenta que la discoteca era al aire libre, nadie me iba a decir nada por ir a bailar con mis deportivas que apenas se veían con esos pantalones. Después de cenar algo, nos fuimos de botellón al paseo del cementerio como la semana anterior… música a todo volumen en los coches, vasos y botellas, bolsas de aperitivos, muchas risas y muchos bailes. Y después de estar allí un par de horas nos fuimos a la discoteca. Esa noche Cris no quiso bailar y yo me notaba nerviosa aunque no sabía por qué. La música y bailar me ayudaban a tranquilizarme, y estar con mis amigas también. Miguel se tuvo que ir pronto porque madrugaba al día siguiente y Sara se quedó un poco más con nosotros. Cuando Sara quiso irse a casa, Cris y yo no la dejamos que se fuese sola, la llevaríamos en el coche y quedé con Bea que nos veríamos una hora más tarde en la plaza de detrás de casa para entrar juntas.
No tardamos nada en llegar a casa de Sara y en cuanto entró en casa nos fuimos. Cris metió el coche al aparcamiento donde habíamos estado la semana anterior y aunque me gustaba la idea de pasar un rato más a solas con él, estar allí me puso un poco más nerviosa. Entendí que mis nervios eran por querer estar a solas con él. En seguida que paró el coche, desabrochó su cinturón y el mío y me hizo girar un poco en el asiento para quedar frente a frente con él, entonces atrapó mi boca en un beso apasionado, mis brazos rodearon su cuello y sus manos comenzaron a acariciarme la espalda, los brazos, la tripa justo en el borde del pantalón y al final una de sus manos acabó apretando uno de mis pechos, lo que me hizo gemir en sus labios. Todo mi cuerpo se embriagó de deseo por él y sin pensarlo, una de mis manos bajó por su cuello, su pecho, su abdomen y terminó en su entrepierna. En ese momento fue él quien gimió en mis labios. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero tenía la necesidad de tocarle igual que él me tocaba a mí mientras nos devorábamos a besos.
Una de sus manos tomó la mía y la movió suavemente, noté cómo se formaba su erección por debajo de la ropa y de mi mano.
- Enséñame cómo hacerlo – murmuré a milímetros de sus labios.
Entonces él negó con la cabeza y retiró suavemente nuestras manos de su pantalón.
- No puedo nena… hoy no… no en el coche – susurró mientras seguía besándome.
- ¿Qué significa eso? – me separé de golpe de él, me molestaba, parecía que no quería que le tocase.
- Nena… créeme que sí que quiero… pero quiero esperar a mañana… tengo una sorpresa. – Me sonrió y me besó antes de que yo volviese a protestar.
- Te… necesito… Cris…, no sé si… puedo… esperar… - dije entre sus besos, pero lo único que me dejó fue poner mis manos en su cuello o su espalda.
Él sin embargo movió sus manos por cada parte de mi cuerpo, sobre la ropa, pero igualmente provocó una gran excitación en mí. ¿Qué iba a hacer sin él cuando regresase a Madrid? Había despertado todas esas nuevas sensaciones en mí que me hacían querer más. Definitivamente ya empezaba a doler el pensar que en unos días estaríamos a más de 300km de distancia y seguramente no nos veríamos en mucho tiempo. Entre besos y caricias se colaron esos pensamientos y aunque tenía los ojos cerrados un par de lágrimas resbalaron por mis mejillas. Cris lo notó:
- Nena… - secó mis lágrimas con los pulgares, yo no abrí los ojos por miedo a que saliesen más - ¿Qué sucede?
- No quiero irme… no quiero separarme de ti… - dije abriendo mis ojos y apoyando la cabeza en su hombro.
- Ojalá pudiésemos pasar más tiempo juntos… ojalá viviésemos más cerca… - acarició mi cabeza – pero seguiremos en contacto, ya lo sabes – besó mi frente, pero no me tranquilizó lo suficiente, él también sonaba un poco triste.
Me separó de su cuerpo agarrando mi cara con ambas manos y volvió a besarme dulcemente. Le abracé y así nos quedamos hasta que sonó mi teléfono… seguramente fuese Bea que ya habían llegado a casa.