Al día siguiente habíamos quedado a las 11:30h, los chicos vinieron a buscarnos a casa cada uno con su coche, la excusa era que después pasábamos a buscar a los demás. Cris y yo volveríamos a su casa a recoger las cosas que habíamos comprado y a Vanesa y sus amigas. Bea y José se iban a ir a desayunar antes de ir al cortijo y les encargamos de comprar pan, helados y hielos.
Cuando llegamos a casa de Cris, yo me quedé en la calle apoyada en el coche, no vi necesario entrar a su casa, además me daba vergüenza conocer a sus padres, no éramos novios ni nada de eso… Cris tampoco insistió mucho porque sabía lo tímida que yo era y además ya lo tenía todo preparado, sólo había que meterlo en el maletero del coche. Vivían en una casa de dos pisos muy parecida a la de la familia de Bea, con la fachada blanca y un zócalo de azulejos preciosos, además en las ventanas y balcones había muchas macetas con flores. Como hacíamos en casa de Bea, ellos también tenían la puerta de la calle abierta con apenas una cortina de flecos. Una señora mayor se asomó sonriente:
- Pasa hija… no te quedes en la calle – me dijo.
- No se preocupe, Cris y Vanesa no tardarán en salir.
- Abuela ¿qué pasa? – oí preguntar a Vanesa.
- Nada, tu hermano… que ha dejado a la muchacha fuera…
- No, de verdad, no pasa nada, puedo esperar aquí – volví a decir.
- Tonterías… - la mujer seguía insistiendo en que pasase. Vanesa vino a asomarse.
- Entra Desi, no pasa nada – dijo ella.
- No, no te preocupes, os espero aquí.
- Creo que si no entras, es posible que mi abuela haga salir a toda la familia… - se rio Vanesa.
Al final tuve que entrar en la casa. Era una casa muy bonita y muy bien decorada, con muebles antiguos y muchos detalles. Vanesa me llevó de la mano a la cocina donde estaba Cris con sus padres. Cris me miró y sus ojos preguntaban qué estaba haciendo ahí después de insistir en que no iba a entrar. Sus padres me miraron, aunque sólo su madre sonrió.
- Papá, mamá, ella es Desi… - me presentó Vanesa.
- Hola… - dije saludando con la mano. Estaba más roja que un tomate.
Cris miró a su hermana pero no pude averiguar qué estaba pasando por su cabeza, nunca le había visto así, aunque parecía estar fulminándola con la mirada.
- Hola Desi – su madre vino y me plantó dos besos en las mejillas – soy Mª Luisa y mi marido Juan – volví a saludar con la mano en dirección al padre que asintió con la cabeza sin dejar el vaso que tenía en la mano. – Vanesa y Cris nos han hablado de ti, gracias por acompañar a las chicas no nos gusta que salgan solas todavía.
- No se preocupe, cuidaremos de ellas y de la casa – dije tímidamente.
- Bueno, nos vamos – dijo Cris.
Me dio su mochila para que la llevase yo al coche y entre Vanesa y él sacaron la compra. Mª Luisa salió detrás de nosotros con una bolsa de cosas que quería que llevásemos a la casa del campo, les dio un beso a sus hijos y vi que le decía algo al oído a Cris y él se puso rojo y sonrió pero no escuché. Después vino a despedirse de mí.
- A ver si podemos vernos pronto, Desi –no supe qué contestar a eso así que sólo sonreí, pero fue una sonrisa triste. Ella debió notarlo y me abrazó.
Nos metimos en el coche y Cris se puso en marcha.
- Vanesa ¿y tus amigas? – pregunté mirando hacia el asiento de atrás donde iba ella.
- He quedado con ellas en la plaza, ya estarán esperándonos.
Cuando llegamos a la plaza, efectivamente ahí estaban esperándonos. Tanto Vanesa como sus amigas eran delgaditas y con cuerpos aún poco desarrollados, me recordaron un poco a mí a su edad, salvo por lo de delgadita que yo a su edad estaba más bien rellenita. Cuando subieron al coche nos saludaron a Cris y a mí, y los cinco emprendimos el camino hacia la salida del pueblo para coger la carretera. Yo ya había ido por esa carretera con Cris aunque la otra vez era de noche y no estaba segura de si seguíamos el mismo camino o solo uno parecido. Salimos de la carretera principal y nos metimos en una secundaria para después coger un camino con algunas curvas y pasamos cerca del embalse y la presa. Sonreí y miré a Cris:
- La presa – susurré, pero él me escuchó perfectamente y también sonrió.
- Luego te cuento.
Se adentró un poco más entre los olivos y llegamos a una parcela vallada en el medio del olivar. Había una casa preciosa, de ladrillo y tejas rojos, toda en una planta, con un gran porche, algunos árboles dando sobra, rosales y otras flores sembradas, un cenador grande y la piscina en una zona solada con baldosas. También había sitio para dejar varios coches y que no estorbasen para hacer vida en la parcela. Era una casa de campo muy bonita. Cris me dio las llaves para que bajase del coche y abriese el candado de la puerta para meter el coche.
Una vez dentro de la parcela, dejamos la puerta cerrada pero sin candado, así cuando llegasen los chicos podrían meter los coches igual que habíamos hecho nosotros. Entre todos vaciamos el maletero y llevamos todas las cosas al porche mientras Cris abría la casa y desconectaba la alarma de seguridad. Me había contado que esa casa sólo la usaban algunos fines de semana, y también para reuniones familiares o con amigos, y que todo el olivar donde estaba la casa era de su familia.
Metimos toda la compra en la cocina y yo me quedé allí metiendo la comida y las bebidas en la nevera. Vanesa y sus amigas dormirían en la habitación que siempre usaba Vanesa, había sitio para las tres allí, estaba al fondo de la casa y tenía su propio cuarto de baño, las oímos alborotadas, iban a cambiarse y a ponerse los bikinis para salir a la piscina en seguida. Cris vino hacia mí por la espalda y me besó el cuello justo debajo de la oreja, me hizo cosquillas y me reí.
- Mi madre ha dicho que podemos usar su habitación. También tiene baño propio como la de Vanesa – me dijo y le di otro beso – voy a llevar las mochilas.
- Espera… ¿qué sabe tu madre de… nosotros? – y nos señalé a ambos - ¿Por qué te ha dicho eso?
- Sabe que estamos juntos… sin detalle, pero lo sabe – me puse roja como un tomate, no me esperaba eso.
- Pero tranquila… ella no juzga a nadie y le parece bien que hayamos decidido darnos esta oportunidad el uno al otro… además piensa que eres muy guapa – me tapé la cara de vergüenza aunque en el fondo me había hecho sonreír. Cris besó mis manos – voy a dejar las mochilas, ahora te enseño la casa.
- Vale, voy a terminar de meter esto a la nevera.
Por suerte las bebidas habían estado ya en la nevera en casa de Cris así que venían fresquitas y no haría falta esperar para tomar algo. En menos de cinco minutos Cris estaba de nuevo en la cocina, terminamos de recoger todo entre los dos. La cocina no era demasiado grande y estaba incluida en el salón, lo que daba más amplitud. Cris me fue enseñando toda la casa, era casi cuadrada, la cocina y el salón ocupaban la mayoría de la casa, se notaba que estaba hecha para reuniones familiares y de amigos porque había mucho espacio. Y alrededor de esa zona común, había 5 dormitorios y los baños, uno con acceso desde la habitación de Vanesa y otro dormitorio, otro con acceso desde el salón y otro incluido en la habitación principal, la que íbamos a usar Cris y yo. Fuimos levantando un poco las persianas para que hubiese algo de luz en la casa pero que no entrase demasiado calor, y la habitación que íbamos a usar fue la última que me enseñó Cris. Era muy bonita y con decoración moderna en comparación con el resto de las habitaciones de la casa, y el baño era enorme, los otros baños tenían una ducha, pero este tenía una bañera cuadrada tipo jacuzzi. No me imaginaba algo así, era casi como una habitación de hotel. Me quedé en la puerta del baño observando todo como una boba hasta que Cris me abrazó por la espalda y di un saltito porque me asustó.
- Podemos llenar el jacuzzi esta noche si quieres – susurró en mi oído. Me reí.
- Ya claro… con las niñas y nuestros amigos en las otras habitaciones… - le di un pequeño golpe en el brazo para que me soltase. – Creo que yo también me voy a poner el bikini para darme un baño en la piscina que ya hace calor.
Le besé y me fui hacia mi mochila para sacar mi bikini verde y un pareo a juego.
- Voy a montar la parrilla de gas en el porche que tarda menos que encender la barbacoa y así está todo listo para cuando haya que preparar la comida.
Cuando salí de la casa, Vanesa y sus amigas ya estaban en el borde de la piscina echándose bronceador y Cris estaba acabando de montar la parrilla. Me quedé a ayudarle y después fuimos a una caseta de jardín para sacar unas tumbonas y unas sombrillas y ponerlas cerca de la piscina.
Se estaba genial allí. No sabía cuántas veces habría hecho Cris un día de campo como ese, para mí era la primera vez que pasaba un día de campo sin mi familia, y por supuesto, la primera vez que lo pasaba como “adulto responsable” de unas adolescentes, aunque tenía la sensación de que esas niñas se parecían mucho a mí y nos harían fácil cuidar de ellas, debían portarse bien y ser responsables si querían que éste fuese el primero de muchos días de campo sin padres y ellas lo sabían.
Cuando terminamos de prepararlo todo me quedé en una tumbona bajo una sombrilla y Cris fue a por un aperitivo para nosotros, las chicas ya estaban dentro de la piscina. Un rato después, llegaron José y Bea, metieron en la casa las cosas que habían traído y después Bea se vino a tumbar conmigo mientras los chicos hacían algo en el porche de la casa.
- Desi… - me dijo Bea un poco dubitativa.
- ¿Qué pasa nena? – me asusté un poco al oírle llamarme con dudas, no solía hacerlo.
- No… no pasa nada… - seguía con algo de duda en su voz – es solo que…
- Venga tía, suéltalo… - insistí.
- Es que me ha dicho José que si nos vamos a dormir a su casa…
- ¿Pero…? – dije sorprendida.
- Lo sé, lo sé… si no nos quedamos, Cris y tú estaréis aquí solos con las niñas… pero ha venido el hermano de José a pasar el finde, vive fuera y José quiere salir con él y su novia esta noche porque llevan varios meses sin verse.
- Oh vaya… bueno, lo entiendo… a ver… no me importa quedarme aquí sola con Cris y con las niñas, pero… - dudé.
- No te preocupes Desi, todo va a ir bien.
- Ya pero… ¿y si necesito cerca una amiga?
- Pues me llamas, ten siempre el móvil a mano y yo haré lo mismo, en 15 minutos podemos estar aquí si pasa cualquier cosa, pero no va a pasar nada.
- Bueno, no sé… vamos a dormir juntos por primera vez – dije sonrojándome.
- ¿A dormir o a…? – preguntó ella poniéndome ojitos pícaros. Nos echamos a reír las dos.
- No lo sé Bea… ya veremos qué pasa.
- Nena, me lo tienes que contar todo mañana o esta noche si necesitas hablar me llamas sea la hora que sea, pero no te pongas nerviosa. Haz sólo lo que quieras hacer y como diría Sara, usad protección – nos volvimos a reír recordando el día que Sara me lo dijo en plena calle.
- Ufff… estaba tranquila pensando que estaríais aquí, pero ahora sabiendo que no vais a estar, estoy un poco nerviosa… - dije. Bea se levantó de su tumbona y vino hacia la mía.
- Todo va a estar bien Desi – dijo abrazándome. – Si él no te cuida y te trata como te mereces le cortaré los huevos – nos volvimos a reír a carcajadas mientras nos abrazábamos.
- ¿De qué os reís tanto? – dijo Cris mientras José y él se acercaban a nosotras.
- Cosas de chicas – dijo Bea levantándose de mi tumbona y guiñándome un ojo.
José se tumbó en la tumbona donde estaba Bea un rato antes y ella se sentó a su lado para echarle crema para el sol. Cris me dio un beso e intentó levantarme para que fuese a la piscina con él pero no lo consiguió, así que se agachó para darme un beso profundo y apasionado, y cuando nos separamos para recuperar el aliento, él salió corriendo y saltó a la piscina, así que dejé mi pareo en la tumbona y le seguí, después de ese beso no podía dejarme ahí sola sin más…
En cuanto me metí en la piscina, Cris nadó hacia mí y me atrapó entre sus brazos besándome con fuerza y con deseo. Aunque el agua se sentía fresca bajo el sol del mediodía, noté como me derretía en sus brazos con ese beso y enrollé mis piernas en su cintura, él sujeto mi cuerpo tan cerca del suyo que noté su erección entre mis piernas. Me subió más calor aún por el cuerpo y él susurró un “te deseo” en mis labios. Volvimos a besarnos profundamente y él empezó a apretar mi trasero con una de sus manos y uno de mis pechos con la otra. Estábamos de espaldas a los demás así que no podían ver lo que Cris me hacía. Mis pezones duros dolían y sólo se calmaban con el tacto de su mano, además los dedos de su otra mano jugaban con el borde de mi bikini y a veces rozaban zonas más sensibles.
- Cris… nos van a ver… - susurré.
- Lo único que pueden ver es lo mucho que te deseo – dijo él volviendo sus manos a mi espalda.
- Yo también te deseo – le dije al oído justo antes de besarle el cuello.
- Lo sé princesa… - llenó mi cuello y mi hombro de besos – coge aire nena, que hace mucho calor.
Ambos cogimos aire y, abrazados como estábamos Cris nos sumergió en el agua. No notaba lo caliente que tenía la cabeza hasta que estuve completamente debajo del agua. Después de eso Cris salió de la piscina y fue a poner música, yo me quedé un rato más en el agua, pero no me había echado bronceador así que no podía quedarme mucho rato al sol y en seguida salí del agua y me tumbé bajo una sombrilla.
Vanesa y sus amigas parecían pasárselo bien, tenían unas tumbonas y sombrillas al otro lado de la piscina para ellas, así podían estar a su rollo sin sentir que estábamos agobiándolas, aunque Cris y yo las mirábamos de reojo cada cierto tiempo para asegurarnos de que todo estaba bien.
Se acercaba la hora que llegarían Sara y Miguel, así que José y Cris se fueron a encender la parrilla para empezar a hacer la comida. Yo fui a preparar ensalada y algunas cosas de picar. Cuando estaba en la cocina poniéndolo todo en una bandeja, entró Vanesa.
- ¿Ayudo con algo? – me preguntó.
- Voy a llevar todo esto a la mesa – dije señalando vasos, platos, servilletas y cubiertos – y a preparar un par de ensaladas.
- Vale, voy llevándolo yo y ahora te ayudo con las ensaladas.
Vanesa entró y salió varias veces de la cocina hasta que llevó todo al cenador y dejó preparada la mesa. Después se quedó conmigo en la cocina preparando varios boles con aperitivos mientras yo terminaba de preparar las ensaladas.
- Desi… ¿qué sientes por mi hermano? – me preguntó un poco tímidamente. Yo me quedé parada mirando a la ensaladera, no me esperaba esa pregunta… y no sabía qué contestarle, ella era su hermana pequeña.
- ¿A qué te refieres, cariño? – le dije intentando no darle demasiadas vueltas sin saber la intención de su pregunta.
- Pues eso… ¿qué sientes por mi hermano? ¿cómo te sientes estando con él? – se quedó pensando un momento y noté que quería decir algo más – Veo cómo os besáis y cómo estáis cuando estáis juntos y me pregunto si vais a seguir siendo novios cuando tú te vayas.
- Ay Vanesa… - sus palabras me pusieron un poco triste, recordé que en apenas dos días estaríamos separados. Dejé lo que tenía en las manos, la abracé y le di un beso en la cabeza – Ni siquiera nosotros sabemos qué pasará cuando me vaya. Tu hermano es especial y le quiero con locura.
- Desi… ¿puedo escribirte cuando te vayas? Me caes muy bien.
- Claro Vanesa, puedes escribirme siempre que quieras. – Por la ventana de la cocina vi que Sara y Miguel ya habían llegado – ahora lleva estos boles a la mesa anda que ya está aquí tu prima, y pregúntales qué quieren beber para sacarlo.
La charla con Vanesa me dejó triste. ¿Qué pasaría cuando yo me fuese en dos días? Nadie lo sabía, Cris y yo ni siquiera habíamos querido hablar del tema, yo quería seguir en contacto, pero sabía que sería difícil y probablemente dolería bastante estar separados… habían sido sólo dos semanas juntos y parecían años. Le había contado parte de mis secretos y había descubierto tantas cosas con él que tenía miedo de sentirme vacía y sola sin él. Cogí una cebolla y empecé a cortarla y mis ojos se llenaron de lágrimas. Unos brazos me atraparon por detrás sentí un beso en mi cuello.
- ¿Por qué lloras? – me dijo Cris.
- Sólo es la cebolla… - dije, con suerte me creería.
- Imposible, yo no noto nada… Vanesa me ha dicho que estabas llorando.
- ¿Sabías que tu hermana piensa que somos novios? – me miró un poco sorprendido por el comentario. – Me ha preguntado si puede seguir en contacto conmigo cuando me vaya…
- Y tú ¿qué opinas? – seguía abrazado a mí por la espalda y yo seguía picando la cebolla.
- Le he dicho que puede escribirme siempre que necesite.
- No me refería a eso Desi… ¿qué opinas de lo de ser novios? – en ese momento la sorprendida fui yo.
- ¿Me estás pidiendo ser tu novia aun sabiendo que me voy en dos días? – no me lo podía creer.
- Te haré todo lo feliz que quieras estos dos días y después… si tú quieres… estoy dispuesto a intentar una relación a distancia… solo tendrás que contarme tus planes de verano para planear cómo podemos seguir viéndonos.
Solté lo que tenía en las manos y las limpié con un trapo de la cocina. Me di la vuelta entre sus brazos para quedar frente a él y le besé con el mejor beso que salió de mis labios. Mis lágrimas volvieron a caer, pero ya no eran lágrimas tristes.
- Te quiero – le dije cuando nos separamos, y el volvió a besarme con pasión, aunque no dijo nada. Supuse que era la mejor respuesta para mi declaración.
Dicho y hecho todo eso, Cris volvió con los chicos a la parrilla y yo terminé de aliñar y remover las ensaladas para llevarlas a la mesa.
Comimos y bebimos entre risas y conversaciones muy agradables. Después tomamos café, copas, helados… algunos se durmieron siesta, otros se bañaron en la piscina. Bailamos, cantamos, echamos partidas de cartas. Nos lo pasamos muy bien todos juntos, y a media tarde Vanesa y sus amigas se unieron a nosotros. Era mejor un grupo unido, aunque fuésemos de diferentes edades, que dos grupos separados, así había más posibilidades de pasarlo mejor. Un rato antes de la cena Sara, Miguel, Bea y José se marcharon, pero no sin que antes Bea y Sara me repitieran que las llamase si necesitaba cualquier cosa y que disfrutase de la noche con Cris, esas conversaciones me ponían más nerviosa aún.