Vanesa y sus amigas se fueron a duchar mientras Cris y yo poníamos las pizzas en el horno. Cenaríamos en la cocina porque ellas estaban cansadas de tanto sol y de la piscina y querían poner una película después de cenar. Comimos las pizzas charlando con ellas, contándonos, bueno más bien contándome a mí cosas de su vida, Cris las conocía desde pequeñas porque siempre habían sido amigas de su hermana. Después Cris y yo recogimos la cocina mientras ellas ponían una película y se tumbaban en el sofá.
En el porche había un sofá balancín, así que Cris y yo nos pusimos unas copas y nos salimos al porche. Había hecho tanto calor durante el día, que seguía haciendo calor por la noche, pero queríamos dejarles espacio a las chicas y además estar nosotros solos. Encendimos un par de velas antimosquitos, así no encenderíamos las luces del porche. Cris se sentó con las piernas estiradas para mover un poco el balancín y yo me tumbé con la cabeza apoyada en su regazo. Nos mirábamos a la tenue luz de las velas. Cris me acariciaba el pelo y la cara. Hablábamos bajito para que las chicas no nos escuchasen, y además podíamos escuchar a los grillos y otros sonidos de la naturaleza. Al cabo de un rato me incorporé y me acurruqué junto al cuerpo de Cris apoyando la cabeza en su hombro, así podía abrazarle y besarle de vez en cuando.
Cuando terminó la película, Vanesa se asomó al porche para decirnos que se iban a dormir. Nos quedamos un rato más hablando en el balancín, hasta que Cris me dio un beso profundo que correspondí con todo el amor que tenía en mí en ese momento y él me acercó para que quedase sentada sobre él, con mis piernas abiertas a sus lados, frente a frente, besándonos. Era la primera vez en esa posición, cada parte de nuestros cuerpos al alcance de las manos del otro, pero él no retiró sus manos de mi cintura, ni yo de su cuello. Estuvimos así besándonos durante mucho rato, hacía mucho calor entre nosotros, más calor aún del que la noche ya tenía. Miré el reloj de Cris, pasaba la medianoche.
- ¿Nos damos un baño en la piscina los dos solos? – le pregunté y él asintió.
Me bajé de sus piernas, cogí las velas y él las copas que teníamos a medias y las llevamos a la mesita que estaba al lado de las tumbonas. Cris se acercó a la caseta y encendió unos focos dentro de la piscina. Mientras volvía a mi lado me desaté el pareo que tenía atado al cuello como si fuese un vestido y dejé mis gafas sobre la mesita. Sin gafas no le veía, pero sabía que me estaba mirando, así que desaté el top de mi bikini y lo dejé junto al pareo. Justo antes de que llegase a mi lado, me metí en el agua… hacía calor, pero de inmediato mis pezones se endurecieron en contacto con el agua fría. Cris se quitó su camiseta y se metió en el agua apenas unos segundos después, nos miramos fijamente y le sonreí, en ese momento él se acercó a mí y devoró mis labios. Sus manos se movían por todo mi cuerpo. No nos dijimos nada. No había palabras en ese momento, sólo éramos él, yo y mucha pasión. Me llevó hasta el borde de la piscina apoyando mi espalda en él, el agua me llegaba justo por encima del pecho, estábamos abrazados besándonos y volví a enroscar mis piernas en su cintura. Él separó un poco su cuerpo del mío, pero yo no solté mis piernas. Me miró los pechos y sonrió.
- ¿Por qué te has quitado el bikini? – me dijo en apenas un susurro.
- Porque no sabía si lo hubieses hecho tú.
Volví a besarle pero él se separó de mí acariciando mi cuerpo, una de sus manos pellizcó uno de mis pezones. Nos movimos hacia una zona que cubría un poco menos de forma que mis pechos quedasen fuera del agua y entonces se metió uno de mis pezones en su boca, chupó, lamió, sopló y mordió provocándome un sinfín de emociones y de placer. Gemí, gemí y me retorcí de placer en sus manos. Mientras seguía jugando con mis pezones, una de sus manos bajó hasta mis braguitas y a través de la tela acarició todos esos puntos sensibles que estaban deseando su tacto desde hacía un rato, provocando que volviese a gemir.
- Nena… - me dijo con deseo - ¿quieres que sigamos en la habitación?
Yo no podía hablar en ese momento así que sólo asentí. Cogimos las toallas y nos secamos un poco… no podíamos dejar todo lleno de agua.
- Dame un momento y ahora vengo a por ti – me susurró al oído mientras yo me envolvía en la toalla.
Se fue hacia la casa, pero no le hice mucho caso, cogí mi pareo, las gafas, el top del bikini y las velas y me fui al porche. Ya estaba seca, salvo las braguitas del bikini, así que me mantuve envuelta en la toalla para que absorbiese la mayor parte de la humedad. Yo estaba en el porche mirando hacia la piscina y no me di cuenta de que él había salido hasta que sopló las velas que yo había dejado en la barandilla del porche. Entonces me giré y volvimos a besarnos. Él me tomó de la mano y sin decir nada entramos en la casa, cerramos la puerta y me llevó a la habitación, en la entrada me tapó los ojos con una de sus manos y con la otra abrió la puerta.
- Yo te guío – susurró en mi oído y me dio un leve empujoncito para empezar a movernos hacia adentro.
Cuando puso una mano en mi tripa intuí que debía pararme, solté una risita algo nerviosa e intenté quitar su mano de mi cara pero no me dejó. Oí que cerró la puerta y entonces retiró su mano de mi cara. Había algunas velas en las mesillas y en la cómoda de la habitación, no muchas, pero sí suficientes para darle un toque romántico a la habitación. Me giré y le besé. Él sonrió y me quitó las gafas para dejarlas sobre la cómoda.
- Desi… tú sigues siendo la que marca el ritmo… Con dormir abrazados yo ya seré el hombre más feliz, pero dime qué quieres tú.
- Mi corazón ya es tuyo… pero quiero que mi cuerpo también lo sea.
Con eso bastó para volver a tener sus labios sobre los míos. Mientras me guiaba hasta la cama sus besos fueron bajando por mi cuello y mi clavícula, pero sus manos no se movían de mi cintura, sobre la toalla que envolvía mi cuerpo. Mis manos se enredaban en su pelo y le acariciaban pecho y espalda. Me ayudó a tumbarme en el centro de la cama. Estaba nerviosa, pero a la vez estaba emocionada e impaciente. Él dejó su toalla a un lado de la cama y se tumbó a mi lado apoyado en su brazo para poderme besar y acariciar.
Quitó el nudo de mi toalla y la abrió muy despacio para dejar mi cuerpo visible. Se incorporó y se apoyó sobre sus rodillas a mi lado y se inclinó a besarme de nuevo. Fue repartiendo besos por todo mi cuerpo, desde la frente hasta las puntas de los dedos de mis manos y después hasta el borde de mis braguitas. Me hizo cosquillas con los besos en la tripa y me retorcí un poco. Acomodó unas almohadas en el cabecero de la cama para que yo estuviese un poco incorporada y no completamente tumbada. Se volvió a tumbar a mi lado besándome profundamente, nuestros labios y nuestras lenguas se fundían. Una de sus manos recorría todo mi cuerpo hasta que se deslizó por debajo de mis braguitas y rozó mi clítoris. Su roce me hizo jadear… estaba esperándolo, pero aun así me sorprendió. Me giré para quedar un poco de lado mirándole a los ojos mientras nos besábamos y él retiró su mano de mí.
- No… por favor… - susurré y apoyé uno de mis pies en el colchón de forma que mis piernas quedasen abiertas – vuelve a tocarme.
Y él volvió a meter su mano entre mis braguitas dándome ese placer que mi cuerpo anhelaba. Apoyé una de mis manos en su pecho acariciándole como él lo había hecho conmigo y la fui bajando hasta llegar a su bañador. No me atreví a meter la mano por dentro, así que le acaricié por encima de la tela del bañador. Su m*****o estaba ya duro, pero noté que con mi tacto aún se ponía más duro y grueso. Él gimió en mis labios y su sonido ronco despertó una ola de placer por mi cuerpo.
- ¿Quieres que me lo quite? – me susurró con una sonrisa. Yo asentí.
Se quitó el bañador quedando completamente desnudo ante mí. Volvió a ponerse en la misma posición que estaba antes. Yo no podía dejar de mirar su erección, era la primera vez que veía un pene salvo en las fotografías de los libros de anatomía. Cris me besó profundamente y tomó mi mano con la suya envolviéndola alrededor de su erección y comenzó a moverla arriba y abajo suavemente mientras me besaba. Después de unos minutos soltó mi mano para que siguiese yo sola y sus dedos volvieron a jugar con mis pliegues dentro de mis braguitas. Notaba lo húmeda que estaba y no era solo por haber salido de la piscina hacía un rato, era esa humedad que salía de mí. Cris metió suavemente un dedo dentro de mí y mis músculos se tensaron, lo sacó empapado y lo lamió antes de volver a besarme.
- Desi… ¿quieres continuar? – susurró. Yo solo asentí, no podía hablar, de mi garganta sólo salían pequeños gemidos que yo misma intentaba ahogar entre mis labios para no hacer mucho ruido.
Cris me besó dulcemente mientras se incorporaba y me hacía quedar apoyada completamente en mi espalda. Bajó a los pies de la cama y se puso de rodillas ahí. Dejo un beso en mi ombligo, otro en el borde de las braguitas y después metió sus dedos en los laterales de la tela para deslizar lo que quedaba del bikini por mis piernas hasta quitármelo. Bea me había ayudado a depilarme y recortar mi vello púbico para este momento, pero me sentí avergonzada de estar completamente desnuda delante de Cris. Él notó que algo no iba bien.
- Nena… ¿estás bien? – susurró mientras se acercaba a mi boca para besarme de nuevo. Me tapé la cara con las manos.
- Me da vergüenza que me veas desnuda – solté una pequeña risita. Él levantó una de mis manos y yo no opuse resistencia.
- Déjame demostrarte lo hermosa que te veo – y retiró mi otra mano para volver a besarme.
Separó un poco mis piernas para colocarse entre ellas. Bajó con besos por todo mi cuello, mi pecho, mi tripa y se detuvo a besar mis muslos mientras sus dedos volvían a tocar ese centro de placer que había entre mis piernas. Le miré a los ojos, mis manos sólo llegaban a tocar su cabeza y hundí mis dedos en su pelo. Agachó su cabeza y pasó su lengua por mis pliegues hasta mi clítoris, húmeda, caliente y muy despacio. Ambos gemimos y yo arqueé mi espalda. Durante un par de minutos pero que parecieron horas jugó con su lengua y dejó besos por todo mi sexo. Noté que las paredes de mi v****a se ensanchaban y seguía experimentando muchas sensaciones de placer nuevas. Cris se acercó a mi boca y me besó profundamente, noté el sabor de mi humedad en su boca, me gustaba. Abrió un cajón de la mesilla y sacó un preservativo. Su m*****o seguía duro y grueso pero no me dejaba tocarlo. Vi cómo se colocaba el preservativo.
- Si te duele, dímelo y paro – susurró en mi oído y volvió a besarme.
Mientras nuestros labios estaban unidos, noté sus dedos acariciándome de nuevo y dejando paso a su m*****o que se presionó en la entrada de mi v****a.
- Lo haré despacio nena… - volvió a susurrar, pero esta vez separado de mis labios, aunque me miraba fijamente a los ojos.
Noté que entraba en mí. Dolía, mis ojos se cerraron apretando los párpados. Jadeé y Cris se detuvo.
- Nena… - susurró sin preguntar nada más. Abrí los ojos y le miré, sus ojos preguntaban por él.
- Estoy bien… - dolía pero era soportable. – Sigue… - le supliqué.
Entonces Cris me besó, y siguió introduciéndose en mí. Sus labios apagaban todos mis gemidos y jadeos… no podía controlarlos. Una vez que me acostumbré a tenerle dentro de mí, el calor empezó a recorrer todo mi cuerpo.
- Nena… - volvió a decir. Le sonreí – saldré despacio.
Otra mezcla de dolor y placer me invadió cuando empezó a salir de mí, pero no salió del todo. Y después volvió a entrar. No pude controlar el tiempo ni quería hacerlo, pero estuvo un buen rato entrando y saliendo de mí despacio mientras me besaba apasionadamente ahogando los gemidos de placer que llegaban a mi boca. Todo aquello era alucinante, cada célula de mi cuerpo se había despertado y estaba envuelta en placer. Sin salir de mí, su boca bajó a uno de mis pechos y succionó mi pezón, después lo mordisqueó sin hacerme daño, pero aquello me dio aún más placer. De forma instintiva una de mis manos fue a mi otro pezón y yo misma lo pellizqué aumentando más el placer. Cris fue aumentando el ritmo de sus entradas y salidas de mí. Notaba que me derretía alrededor de su m*****o y entre sus brazos. Mi cuerpo se arqueaba cada vez más bajo su tacto y su peso hasta que una enorme ola de placer y calor estalló en mí y me recorrió todo el cuerpo dejándome casi sin fuerzas.
- ¿Crees poder aguantar un poco más nena? – susurró él con la voz ronca.
Yo notaba como mi vientre palpitaba muy fuerte y me dolía un poco ya que, debido a su pene dentro de mí, los músculos de mi interior no se podía contraer totalmente, pero asentí, porque incluso eso me estaba gustando. Con algunos movimientos de cadera de Cris, noté como él también temblaba y su expresión cambió a una de absoluto placer. Apoyó su cuerpo sobre mí sin aplastarme, me besó apasionadamente y noté que una lágrima se escapaba de mis ojos cerrados. Él la besó para eliminarla de mi cara.
- Abre los ojos nena – me susurró y le hice caso - ¿por qué lloras? ¿qué pasa? – dijo un poco preocupado.
- No lloro – le contesté – sólo se me escapó una lágrima de emoción.
- Te quiero nena… - dijo antes de besarme otra vez. Y mientras me besaba salió completamente de mí. Gemí una última vez en sus labios.
Se incorporó para retirar el preservativo, se puso unos bóxer y se tumbó a mi lado tapándonos con la sábana. Los dos estábamos sudando. Me puse de lado y él se pegó a mi espalda abrazándome.
- Nena, ¿cómo te sientes? – me susurró mientras besaba mi cuello.
- No lo sé… son muchas sensaciones juntas…
- ¿Quieres contármelo? – preguntó.
- Me duele, pero a la vez me ha gustado mucho… todas las emociones que despiertas en mí con cada roce de tu cuerpo son más fuertes que el dolor.
- Dicen que sólo duele así la primera vez… ¿quieres ir al baño o necesitas algo de la cocina?
- Creo que sí, iré al baño… ¿me traes un vaso de agua fría porfa?
Cris asintió y salió de la habitación. Yo me levanté de la cama como pude porque me flojeaban las piernas. Cogí mi neceser y me fui al baño. Bea me había dicho que seguramente sangraría un poco la primera vez, y así fue, después de limpiarme vi que tenía un poco de sangre así que me puse una braguita limpia con un salvaslip y lavé mi cara y mis brazos en el lavabo para refrescarme. Olía a una mezcla de cloro de la piscina con nuestros sudores, pero no me molestaba. Me puse una camiseta de tirantes y volví a la cama. Cris ya estaba allí con mi vaso de agua fría. Había apagado todas las velas excepto las de una de las mesillas. Me bebí el vaso de agua casi entero y besé a Cris, después soplé las velas que quedaban encendidas y me tumbé en la cama con mi cabeza apoyada en el pecho de Cris, él me abrazó y susurró “buenas noches princesa” en mi cabeza entre besos.
En algún momento mi cuerpo sucumbió al sueño. Cuando abrí los ojos ya entraba luz por las rendijas de la persiana. Me levanté al baño y busqué mi móvil para ver la hora pero no recordaba dónde estaba. Después de refrescarme un poco porque seguía teniendo mucho calor, me volví a cama. Cris nunca se quitaba su reloj así que busqué su muñeca para ver la hora, las 07:30h de la mañana… “demasiado temprano” pensé para mí y me volví a acurrucar en la cama, me dolían los ojos por haber dormido poco. Cris se revolvió en la cama y me abrazó.
- ¿Qué haces despierta tan temprano? – me dijo sin ni siquiera abrir los ojos.
- Tenía que ir al baño, pero voy a intentar dormir otra vez, estoy agotada.
- Bésame antes de dormir… nena… - me pidió.
Me di la vuelta para quedar frente a él y le di un beso suave en los labios. Pensé que se dormiría, pero me agarró de la cintura y me acercó más a él besándome de forma hambrienta. Levantó mi cuerpo como si no pesase nada, giró para quedar él bocarriba y me colocó sobre él, ambos seguimos besándonos en los labios, en la mandíbula, en el cuello, demandando más el uno del otro. Me incorporé para separarme un poco de él y quedé sentada sobre sus caderas con las manos apoyadas en su pecho.
- ¿Quieres dormir otro poco o no? – le dije mientras me reía.
- Y tú… ¿qué es lo que quieres? – dijo metiendo su mano entre nuestras caderas y frotando suavemente la tela de mis braguitas en el punto más sensible.
Me estremecí pensando en la noche anterior, y una pequeña ola de calor se apoderó de mí, pero aún sentía algo de dolor así que decidí bajarme de encima de él y tumbarme a su lado.
- Aún me duele un poco – dije sin querer mirarle a la cara.
Levantó un poco mi cara con sus dedos para que le mirase a los ojos.
- Te quiero Desi, no tengas miedo ni vergüenza de decirme lo que pasa o lo que quieres.
- Sí quiero… pero aún estoy un poco dolorida ¿crees que se pase pronto?
- No lo sé cariño… pero durmamos un poco más – me dijo besándome los labios y después la frente.
Cerré los ojos y en seguida volví a dormirme hasta que oímos un ruido en la cocina y después oímos hablar a las chicas. Ya se habían levantado y seguramente estarían preparándose el desayuno. Cris también se despertó, aunque nos quedamos un rato remoloneando en la cama hasta que dejamos de oír ruido en la cocina.
- Nena… ¿te gustaría que nos quedásemos un rato más aquí? Ayer sobró comida, podemos comer aquí y nos vamos a casa ya después de comer o a media tarde.
- Me encantaría, pero tengo que hablar con Bea… además si hacemos eso no podremos quedar por la tarde porque tendré que recoger la maleta y mis cosas – él hizo un puchero.
- Necesito verte esta noche… tenemos que despedirnos – dijo un poco triste.
- No lo digas así – mis ojos se llenaron de lágrimas.
Me besó para intentar distraerme, pero aun así las lágrimas cayeron por mis mejillas.
- ¿De verdad seguiremos en contacto? – le pregunté mientras acariciaba su cara.
- Eres mi novia Desi, claro que seguiremos hablando, todos los días – me aseguró – además intentaré ir pronto a verte a Madrid.
Eso me dio un poco más de fuerza, y volvimos a besarnos.
- Vale, hagamos algo… - le propuse – alarguemos la mañana aquí todo lo que podamos. Nos vamos al pueblo para comer en casa y preparar la maleta, y luego nos vemos a media tarde y pasamos el resto del día juntos. ¿Te parece?
- Me parece genial… ¿por dónde empezamos?
- Creo que debemos ir a ver a esas chicas y asegurarnos de que hayan dormido bien y estén desayunando. Además, yo también quiero desayunar en el porche antes de que empiece a hacer más calor.